DON URBANO. Máximo tiene razón...
CUESTA. Seguramente. (_Cuesta y Don Urbano pasan también al lado de
Evarista, quedando solos a la izquierda Máximo y el Marqués._)
MÁXIMO. ¿Puedo saber ya, señor Marqués, el resultado de su primera
observación?
MARQUÉS. Me ha encantado la chiquilla. Ya veo que no había exageración
en lo que usted me contaba.
MÁXIMO. ¿Y la penetración de usted no descubre bajo esos donaires algo
que...?
MARQUÉS. Ya entiendo... belleza moral, sentido común... No hay tiempo
aún para tales descubrimientos. Seguiré observando.
MÁXIMO. Porque yo, la verdad, consagrado a la ciencia desde edad muy
temprana, conozco poco el mundo, y los caracteres humanos son para mí
una escritura que apenas puedo deletrear.
MARQUÉS. Pues en esa escritura y en otras sé yo leer de corrido.
MÁXIMO. ¿Viene usted a mi casa?
MARQUÉS. Iremos un rato. Es posible que mi mujer me riña si sabe que
visito el taller de Electrotecnia y la fábrica de luz. Pero Virginia no
ha de ser muy severa. Puedo aventurarme... Después volveré aquí, y con
el pretexto de admirar a la niña en el piano, hablaré con ella y
continuaré mis estudios.
MÁXIMO (_alto_). ¿Viene usted, Marqués?
DON URBANO. ¿Pero nos dejan?
MARQUÉS. Me voy un rato con este amigo.
EVARISTA. Marqués, estoy muy enojada por sus largas ausencias, pero muy
enojada. No podrá usted desagraviarme más que almorzando hoy con
nosotros. Es castigo, Don Juan;[27] es penitencia.
MARQUÉS. Yo la acepto en descargo de mi culpa, bendiciendo la mano que
me castiga.
EVARISTA. Tú, Máximo, vendrás también.
MÁXIMO. Si me dejan libre a esa hora, vendré.
ELECTRA. No vengas, hombre... por Dios, no vengas. (_Con alegría que no
puede disimular._) ¿Vas a venir? Di que sí. (_Corrigiéndose._) No, no:
di que no.
MÁXIMO. ¡Ah! No te libras de mí. Chiquilla loca, tú tendrás juicio.
ELECTRA. Y tú lo perderás, sabio tonto, viejo... (_Le sigue con la
mirada hasta que sale. Salen Máximo y el Marqués por el jardín. José
entra por el foro._)