PANTOJA, CUESTA; EVARISTA, DON URBANO, EL MARQUÉS, _que vienen del
jardín_.
EVARISTA (_soltando el brazo del Marqués_). Felices, Cuesta. Pantoja,
¡cuánto me alegro de verle hoy!... (_Cuesta y Pantoja se inclinan y le
besan la mano respetuosamente. Siéntase la señora a la derecha; el
Marqués, en pie, a su lado. Los otros tres forman grupo a la izquierda
hablando de negocios._)
MARQUÉS (_reanudando con Evarista una conversación interrumpida_). Por
ese camino, no sólo pasará usted a la Historia, sino al Año
Cristiano.[18]
EVARISTA. No alabe usted, Marqués, lo que en absoluto carece de mérito.
No tenemos hijos: Dios arroja sobre nosotros caudales y más caudales.
Cada año nos cae una herencia. Sin molestarnos en lo más mínimo ni
discurrir cosa alguna, el exceso de nuestras rentas, manejado en
operaciones muy hábiles por el amigo Cuesta, nos crea sin sentirlo
nuevos capitales. Compramos una finca, y al año la subida de los
productos triplica su valor; adquirimos un erial, y resulta que el
subsuelo es un inmenso almacén de carbón, de hierro, de plomo... ¿Qué
quiere decir esto, Marqués?
MARQUÉS. Quiere decir, mi venerable amiga, que cuando Dios acumula
tantas riquezas sobre quien no las desea ni las estima, indica muy
claramente que las concede para que sean destinadas a su servicio.
EVARISTA. Exactamente. Interpretándolo yo del mismo modo, me apresuro a
cumplir la divina voluntad. Lo que hoy me trae Cuesta, no hará más que
pasar por mis manos, y con esto habré consagrado al Patrocinio[19] siete
millones largos, y aún haré más, para que la casa y colegio de Madrid
tengan todo el decoro y la magnificencia que corresponden a tan grande
instituto... Impulsaremos las obras de los colegios de Valencia[20] y
Cádiz...[21]
PANTOJA (_pasando al grupo de la derecha_). Sin olvidar, amiga mía, la
casa de enseñanzas superiores, que ha de ser santuario de la verdadera
ciencia...
EVARISTA. Bien sabe el amigo Pantoja que no ceso de pensar en ello.
DON URBANO (_pasando también a la derecha_). En ello pensamos noche y
día.