Pueblan los campos de esta Isla, según hemos dicho ántes, ho

Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

Los errores obvios de imprenta han sido corregidos.

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han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.

EL CAMPESINO

PUERTORRIQUEÑO.

SUS CONDICIONES FÍSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,

CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS,

POR

FRANCISCO DEL VALLE ATILES,

DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUJÍA.

MEMORIA

PREMIADA EN EL CERTAMEN DEL ATENEO PUERTORRIQUEÑO,

CORRESPONDIENTE AL AÑO 1886.

DE CONFORMIDAD CON EL LAUDO DEL JURADO

ELEGIDO POR LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES Y ARTISTAS,

DE MADRID.

SECCIÓN DE CIENCIAS MORALES.

[Ilustración]

PUERTO RICO.

TIPOGRAFÍA DE JOSÉ GONZÁLEZ FONT.

FORTALEZA, NÚMERO 27.

1889.

EL CAMPESINO

PUERTORRIQUEÑO.

SUS CONDICIONES FÍSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,

CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS,

POR

FRANCISCO DEL VALLE ATILES,

DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUJÍA.

MEMORIA

PREMIADA EN EL CERTAMEN DEL ATENEO PUERTORRIQUEÑO,

CORRESPONDIENTE AL AÑO 1886.

DE CONFORMIDAD CON EL LAUDO DEL JURADO

ELEGIDO POR LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES Y ARTISTAS,

DE MADRID.

SECCIÓN DE CIENCIAS MORALES.

PUERTO RICO.

TIPOGRAFÍA DE JOSÉ GONZÁLEZ FONT.

FORTALEZA, NÚMERO 27.

1887.

EL CAMPESINO PUERTORRIQUEÑO.

SUS CONDICIONES

FÍSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,

CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS.

Os diré toda la verdad, porque es

ella la que salva. Hombres hay

que juzgan bueno ocultarla; estos

son impostores ó tímidos que Dios

rechaza, porque la verdad es Dios

mismo y velarla es velar á Dios.

LAMENNAIS.

_El Libro del Pueblo._

PREÁMBULO.

La Junta Directiva del Ateneo de Puerto Rico ha tenido á bien someter

á estudio la interesante cuestión de _El campesino puertorriqueño_.

Nosotros, más que por otro motivo, por sernos simpático el asunto,

cuando el Certámen se anunció resolvimos redactar esta Memoria; pero

algunas circunstancias individuales nos obligaron á suspender el

trabajo, cuando aun no llegaba á la mitad. Sólo después de prorrogado

el plazo de admisión por acuerdo del Ateneo, reanudamos la tarea

comenzada, y la hemos seguido con una precipitación que, si no puede

servir de disculpa á la deficiencia de este trabajo, servirá por lo

ménos como excusa de su desaliño.

Sin pretensiones de ninguna especie, hemos procurado consignar hechos y

apreciarlos con imparcialidad, estudiando las causas que según nuestro

modo de ver los determinan; en ocasiones hemos tenido que refrenar

nuestro provincialismo para conseguir aquel propósito; pero estamos

seguros de haber hecho lo posible para mantenernos dentro del carácter

imparcial que debe animar al que estudia esta clase de asuntos. Luego

proponemos los remedios que estimamos convenientes para impedir el

mal, porque mal y grande es por cierto que en una provincia como la de

Puerto Rico, esencialmente agrícola, exista un considerabilísimo número

de brazos, y brazos precisamente destinados á la agricultura, incapaces

por sus condiciones físicas, intelectuales y morales de aportar, de una

manera cumplida, su contingente á la obra del progreso.

Hemos seguido en la redacción de esta Memoria el mismo órden con que ha

sido enunciado el tema que nos proponemos desarrollar. "Estado actual

de las condiciones físicas, intelectuales y morales del campesino

puertorriqueño y su familia, causas que lo determinan y medios para

mejorar dichas condiciones." En la primera parte hacemos algunas

consideraciones generales, sin profundizar en ellas, porque tienen su

lugar en la sección correspondiente.

Al investigar las causas que determinan el estado físico del campesino,

tratamos á grandes rasgos de las condiciones de la Isla, bajo sus

aspectos, clima, suelo, etc., es decir, de todo aquello que deba

tenerse en cuenta en la apreciación del medio; datos de los cuales no

hemos creido que debíamos prescindir, pues su importancia es grande

en el análisis de estos problemas sociales. Por eso entramos en él,

bien que tratándole someramente, ya que á ello nos obliga la premura

del tiempo, dada la brevedad del plazo que se concede para estudiar

problemas tan árduos como el que motiva este trabajo.

El estudio de los caractéres intelectuales del campesino, se nos ha

facilitado mucho por los trabajos recientemente publicados en el país,

que se refieren á la cultura intelectual de nuestra Isla.

Los caractéres morales que ostentan nuestros jíbaros, encuéntranse

sobradamente explicados por la historia de este pequeño trozo de

tierra, en el que no por serlo se dejan de presentar los mismos

problemas que en otras partes preocupan la atención; problemas que

siendo nuestros, á nosotros principalmente nos interesa resolverlos.

Por eso, porque hemos visto en el tema propuesto por el Ateneo esa

aspiración, nos hemos decidido á concurrir al Certámen, no creyendo

resolver desde luego cuestión tan trascendental como la que envuelve

el estado social del grupo rural puertorriqueño, sino aportando á

la obra nuestro pobre trabajo, y sin buscar en ello otra cosa que

el reconocimiento de la buena voluntad que nos guía. Lo primero es

acopiar materiales para la obra; si ella resultase demasiado árdua

para nuestras fuerzas, otras personas podrán, sin duda, hacer más, con

mayor provecho. Por nuestra parte bástanos la satisfacción de haber

coadyuvado en la medida de nuestras fuerzas á propósito tan laudable

como lo es el mejoramiento de nuestras clases agrícolas.

ETNOLOGÍA.

No tenemos la pretensión de hacer un estudio completo de etnología

puertorriqueña. Agrupar en cuadros más ó ménos sencillos los variados

elementos etnológicos que constituyen nuestra actual población no sería

obra imposible, pero requiere una labor especial que no creemos sea

de absoluta necesidad para el desarrollo del tema presente; aparte de

que, asunto de tal interés no cabría dentro de la modesta extensión que

pensamos dar á esta Memoria. Creemos, sin embargo, que será conveniente

apuntar algunas ideas generales acerca de este asunto, las cuales son

dignas de tenerse en cuenta, y nos importará recordar cuando estudiemos

las causas que determinaron el modo de ser del campesino borincano.

Poblada la Isla de Puerto Rico hasta fines del siglo XV por la raza

indígena--especie americana--raza originaria de las regiones del

nordeste de Asia, que--ateniéndonos á la descripción que de sus

caractéres físicos nos hacen los historiadores, y á la clasificación

de Mr. de Quatrefages,--hemos de considerar como una raza mixta, de

las aproximadas al tronco amarillo, vino el descubrimiento á cambiar

radicalmente este estado de cosas, trayendo con los españoles, que

desde el principio del siglo XVI ocuparon la Isla, el elemento blanco

que poblaba el suelo de la península española, en el cual, como

sabemos, existían confundidas razas mediterráneas distintas: vascos,

semitas en sus dos ramas, é indo-europeos en su rama aryo-romana. Luego

cuando la Real Cédula de 1513 autorizó la importación de esclavos, se

introdujo en la colonia naciente la especie negra, y por último, una

vez abierta la Isla al comercio universal, á ella han venido, aunque en

poco importante número, distintas razas y aún otras especies que son un

factor secundario en la etnología puertorriqueña.

Alguna influencia, aunque poca, debemos asignar al tronco indígena,

como elemento etnológico; pues los españoles mezclaron desde los

primeros dias de la conquista su sangre con la india. Este parentesco

no es, sin embargo, de los más importantes, pues aunque la Historia

asegura que cuando Don Juan Cerón pasó en 1509 á San Juan, la isla

"estaba tan poblada de gente como una colmena," es lo cierto que

en 1582, por haber emigrado los unos y sucumbido los otros, no

había ya naturales en el país; cosa que había motivos para esperar

que sucediese, en más ó ménos lejano plazo, desde que ocupó el

limitado territorio de Borínquen una raza más viril y civilizada

que la indígena, supuesto que los españoles sólo tenían en contra

la naturaleza del clima, mientras que á su favor estaban todas las

ventajas de la civilización. Es axiomático que la cultura de los

pueblos invasores es siempre fatal para los pueblos salvajes invadidos.

Además de esta ley, que se cumple indefectiblemente en el combate de

la vida, como quiera que la superioridad para el triunfo la preparan

elementos varios, debemos anotar que el trabajo rudo á que se sometió

á los indios, principalmente el de las minas, las nuevas costumbres

impuestas á los indígenas, el abatimiento consiguiente á un pueblo

dominado, que vé ocupado el querido suelo patrio por extraña gente,

las enfermedades importadas y otras muchas causas, entre las cuales

predominó, por desgracia, la explotación de los vencidos y el mal trato

que se les dió, á pesar de las Reales recomendaciones que ordenaban

lo contrario; son causas que contribuyen á justificar el hecho de la

rápida extinción del primitivo habitante de Puerto Rico.

La falta de brazos que esta desaparición originó, hizo pensar á

los conquistadores en los esclavos negros para satisfacer aquella

necesidad. La raza etíope vino, pues, al suelo borincano; de modo

que, si bien ésta nunca llegó á estar representada por un número de

indivíduos superior al de los blancos, fué no obstante suficiente para

que constituyera un factor tan fundamental como la raza caucásica de la

población actual de Puerto Rico. De estos factores, por los inevitables

cruzamientos, se ha originado el elemento mestizo, distinto de los

anteriores.

Es sabido que en las costas, por su acceso al comercio, es más fácil

el cruzamiento de razas que en los pueblos del interior, en donde

el trato con extraños apénas tiene lugar. Obsérvase, además, que la

mujer muestra siempre mayor repugnancia á mezclar su sangre con la

de una raza inferior, y si tenemos en cuenta la degradación que la

esclavitud imprime á los que la sufren, se explica el porqué la mujer

blanca de los campos, aunque pobre, huyó por largo tiempo de contraer

lazos amorosos con el negro. Las mismas circunstancias influyeron en

que muchos blancos, aún los que se dedicaron á las mismas labores del

campo que el esclavo, rehuyeran el matrimonio con las negras. Tales

causas creemos que son bastantes para explicarnos el hecho de que hoy,

en nuestra población rural, pueda distinguirse de las familias negra,

mezclada de blanco y negro, y mestiza--en la que el sello indio es

perceptible por caractéres físicos apreciables para todo el mundo--otra

cuya filiación caucásica pura no es discutible.

Últimamente, después que el hábito y la vida en el mismo suelo han

suavizado las asperezas que existían entre personas de razas tan

opuestas, luego que las castas han desaparecido, rota la línea de

separación por el blanco, ménos escrupuloso en solicitar á la mujer

negra, sobre todo si el consorcio es transitorio y obedece á caprichos

pasajeros, los cruzamientos se han generalizado más en todas formas

y la pureza de razas va siendo cada dia más rara; por lo cual, á

causa del predominio que siempre tuvo y sigue teniendo en Puerto Rico

el elemento caucásico, y atentos á los datos que la observación nos

suministra, puede asegurarse que la raza negra, no engrosada por la

inmigración, está llamada á desaparecer de la Isla por fusión dentro

de la raza superior que la absorbe, modificándose á su vez. En este

cruzamiento que presenciamos, el aniquilamiento de la raza negra no se

produce ya porque las enfermedades ó el mal trato la hagan menguar,

sino porque la raza blanca renueva constantemente sus representantes,

mientras que la abolición de la trata cortó la corriente inmigratoria

del negro, corriente que siempre fué muchísimo ménos activa que la

determinada por el mejor mercado de la Isla de Cuba, además de que la

tendencia natural que inclina al hombre á mejorar las circunstancias de

orígen, obra en el mismo negro y principalmente en la mujer de color,

facilitando la fusión.

Aún estamos á mucha distancia de la resultante de esa mezcla de razas,

pues los caractéres comunes que aquella deberá tener, caractéres

que--como es sabido--para significar su posesión deberán ser

trasmisibles de un modo regular por la herencia, sólo se adquieren

con lentitud y á fuerza de siglos; pero indudablemente, la adaptación

al medio, modificando al europeo que logró y logra resistir á las

condiciones climatológicas del país, su influencia sobre el negro y

sobre el mestizo, influencia que hoy se hace ya extensiva al interior

de los campos, deberán al cabo producir en la sucesión de los tiempos,

si estos cruzamientos persisten bajo el mismo suelo y en mejores

circunstancias para la vida, una raza apropiada á las necesidades del

clima ó mejor del medio; raza que bajo la saludable influencia de una

educación ajustada á los progresos que la civilización ha realizado,

se podría encontrar en condiciones físicas, intelectuales y morales

buenas para subsistir, sin tener que mirar con recelo á la familia

anglo-sajona vecina. Poner al habitante de Puerto Rico en condiciones

favorables para la lucha por la existencia, no es una utopia; todo es

obra de la educación. Únicamente por medio de ella se puede alcanzar

esa "acorde armonía del organismo con su objeto", esa condición de vida

_sine qua non_ para el hombre de todas las regiones habitables del

globo.

GRUPO RURAL.

En tésis general, afirman los higienistas "que la salud y vitalidad

de las gentes del campo son muy superiores á las del grupo urbano."

Esta verdad, que tiene por fundamento circunstancias sobradas que la

justifiquen, como más adelante veremos, tiene, no digamos de un modo

absoluto, pero sí de una manera general, su excepción en Puerto Rico.

Pero ántes de explanar esta idea, y con el fin de evitar confusiones,

conviene precisar lo que entendemos por campesino, voz en la que

comprendemos al _jíbaro_, que es á quien nos referimos en las líneas

anteriores.

Y por jíbaro entendemos, para todo lo que digamos en este estudio,

"el campesino puertorriqueño sin instrucción" como lo define un

querido amigo nuestro, (en un libro que su galana pluma nos ofrecerá

pronto)[1] ó sea el _rústico_, _gañán_, _paleto_, aceptando en esto el

mismo criterio de otro ilustrado publicista de grata memoria.[2] Esta

aclaración que un reputado escritor creyó con fundamento que debía

hacer en su erudito estudio de reciente publicación,[3] la repetimos y

á ella nos atenemos, entre otras razones, porque creemos que el estudio

solicitado por el Ateneo puertorriqueño, sólo puede referirse al

_jíbaro_. Aplícase en general la palabra campesino á los habitantes del

campo, pero la índole del estudio y el objetivo que es de suponer se

propuso aquel centro en el tema elegido para el certámen de 1886, nos

autorizan á limitar la acepción de la palabra al concepto expresado.

[1] Don Manuel Fernández Juncos.--_Estudio de costumbres._

[2] Don José Pablo Morales.--_Almanaque Aguinaldo._

[3] Don Salvador Brau.--_La Campesina._

Del apuntamiento etnológico hecho anteriormente podemos deducir

que entre los campesinos puertorriqueños los hay pertenecientes á

la raza blanca, á la negra, y á la mezcla de las dos, por lo que

habría necesidad de estudiar cada uno de estos grupos por separado;

pero como el género de vida es igual para los indivíduos de las

tres agrupaciones, ya pertenezcan á una ó á otra raza, y como el

predominio de la blanca es todavía notable en el interior, sólo en

conjunto estudiaremos las condiciones físicas, intelectuales y morales

de los tres grupos étnicos referidos, pues algunas cualidades de

estas les son comunes, sin perjuicio de señalar las características

de raza y algún detalle que los distinga cuando así lo creamos

necesario. Desde luego podemos decir, hablando en general, que el

campesino blanco puertorriqueño de nuestros dias se parece bastante

al criollo que describía Fray Íñigo Abad en su Historia de Puerto

Rico, anotada por nuestro respetable amigo el conspícuo escritor Don

José Julián Acosta. Decia Fray Íñigo: "los criollos son bien hechos y

proporcionados, su constitución es delicada y en todos sus miembros

tienen una organización muy fina y suelta, propia de un clima cálido;

carecen de viveza regular en las acciones, y tienen color y aspecto de

convalescientes; son pausados, taciturnos. Las mujeres son de buena

disposición, pero el aire salitroso del mar les consume los dientes y

priva de aquel color vivo y agradable que resalta en las damas de otros

países... Los mulatos son de color oscuro y bien formados, más fuertes

y acostumbrados al trabajo que los blancos criollos."

Muchas de estas cualidades caracterizan hoy todavía al criollo, pero

pueden aplicarse de un modo más especial y concreto al campesino, pues

por lo que respecta al habitante de las poblaciones, ya sean estas

del interior y mejor si son de la costa, ha ganado en condiciones

físicas desde que los progresos de la civilización le han dado medios

de vivir mejores que en aquellos tiempos á que se refiere el discreto

historiador citado. No queremos decir que hoy el criollo puertorriqueño

viva dentro de las más exquisitas y apropiadas condiciones para

su mejoramiento, sino que algo ha ganado, mucho tal vez, como era

lógico esperar, desde aquella época hasta nuestros dias. Que necesita

aun mejorar, es evidente; y á ello llegará, así lo esperamos, si el

cultivo intelectual aumenta como debe; pero dejemos este asunto que nos

apartaría por el momento del motivo principal de estas líneas.

Para ser exactos, respecto de las condiciones físicas, intelectuales

y morales que ostenta el campesino puertorriqueño, conviene hacer una

distinción dentro del grupo rural, distinción que no es arbitraria,

y sobre todo que está justificada por ciertas diferencias de que

haremos mención. Para nosotros el campesino de los alrededores de las

poblaciones y haciendas se diferencia bastante del que habita en los

barrios más lejanos, cultivando en pequeños predios de su propiedad

los frutos menores y dedicado á la crianza de animales útiles, ó bien

_agregado_ á alguna heredad mayor.

El jíbaro del primer grupo, nómada por lo que respecta al lugar donde

trabaja, no puede atender tan cumplidamente á su subsistencia, por

razones que no son del caso examinar ahora; es un jornalero expuesto á

todas las fluctuaciones del trabajo y con mayores necesidades y vicios.

El del segundo grupo, pequeño propietario, (si el suelo que ocupa no

es estéril y si el fisco no le arruina) puede alimentarse, vestir y

aposentarse mejor, por lo cual podemos distinguir mayor fortaleza de

organización, más saludable aspecto en los últimos que en los primeros

y un carácter moral más elevado.

Todo el mundo ha oido hablar de ciertos jíbaros que, aun viejos, montan

á caballo, trabajan y cumplen todas sus obligaciones, siendo modelos de

honradez; que viven internados, distantes de las poblaciones; jíbaros

de color blanco por lo común, de aspecto sano, y cuya familia huirá

de seguro al ver aproximarse una persona extraña y no aparecerá en

la sala del bohío, dejando que el padre, ó la madre si aquél no está,

reciba al visitante; si éste se detiene, verá, así que la desconfiada

rusticidad de la familia cesa, cómo poco á poco irán apareciendo caras

nuevas, muchas de ellas jóvenes bonitas, que le sorprenderá encontrar

entre las selvas, no bien vestidas, acaso sin calzado, pero frescas

y sanas, gracias á una alimentación medianamente regularizada, tal

vez al ozono en que abunda la atmósfera sana que rodea á la casa, y

á la dulzura de un clima distinto del de la costa, según tendremos

ocasión de ver en las notas sobre climatología de Puerto Rico, que

necesitaremos exponer en este trabajo. Desgraciadamente no es lo

general encontrar en los campos puertorriqueños familias de esta clase

en mayoría, pero las hay; mas no adelantemos las ideas.

El jíbaro de Puerto Rico es esbelto; si se le vé encogido no es por

falta de gallardía en sus miembros, sino á causa de su natural reserva,

que se revela hasta en este detalle. Es enjuto y le son aplicables

todas las cualidades de un temperamento nervioso-linfático: aunque

su viveza física no es notoria, su organización ligera le permite

desarrollar cuando quiere toda la agilidad de que es capaz un habitante

de los países insolados abundantemente: por lo demás, el campesino de

todas partes, bien se sabe que es inferior en viveza al hombre culto.

El vigor del campesino borinqueño ofrece particularidades dignas de

notarse: si como cree Spencer "el grado de vigor depende esencialmente

de la índole de la alimentación"--veremos cuando tratemos de las causas

de esta carencia de vigor, que si á esa ley principalmente está sujeta

la limitada vigorosidad de nuestro campesino, en resistencia para el

trabajo no hay quien le supere.--"El jíbaro--ya lo dijimos en otra

ocasión--trabaja tanto proporcionalmente á su alimentación como el

mejor jornalero y más bien alimentado de otras partes."[4]

[4] _Tres causas de atraso_, artículos publicados en _La Salud_,

por el autor.

Sí; su vigor, limitado y todo, le permite trabajar con constancia las

10 ú 11 horas de labor diarias, cosa que no es explicable como no sea

á causa de esa _complexión enjuta y seca é increspatura general de

fibras_ observadas por Fray Íñigo y dependiente, á su juicio, del uso

frecuente del café entre los criollos, uso todavía general en el país.

Entiéndase que no sostenemos que el amor al trabajo sea cualidad

dominante en el jíbaro, no; tenemos "en la climatología, en el estado

político social del país y en el orígen histórico" del puertorriqueño,

razones que explican esa negativa inclinación de una manera sobrada;

pero nos parece que la acusación de haraganería recaida sobre el

_jíbaro_ tan en absoluto, exije que se demuestre al ser formulada, ó

que se limite á sus justas proporciones el hecho consignado; exige

además que se de cuenta de todas las causas del hecho, y estudiando así

el asunto sus términos decrecen quizá más de lo que á primera vista

pueda creerse.

Es preciso no juzgar por las apariencias; es preciso no contentarse con

decir que el campesino es indolente y que le gusta la hamaca más que el

trabajo; otros podrían decir que trabaja más de lo que podía esperarse,

que su indolencia, entre otras muchas razones, tiene fundamento en que

por desgracia el trabajo "no encuentra (como sucede en Sevilla según

Hauser) suficiente estímulo en este país, donde prevalece el sistema

del favoritismo" y donde--añadimos nosotros--el pequeño propietario

no resiste la enorme contribución municipal que sobre él pesa, además

de las otras cargas, y donde, como ya ántes hemos apuntado, en tésis

general el pobre campesino está poco ó mucho enfermo; pero así y todo

trabaja desde el amanecer hasta el anochecer á jornal ó á destajo

(mal alimentado y mal resguardado por el vestido, de las influencias

atmosféricas), trabaja decimos, cuanto le es preciso para ganar lo

indispensable con que atender á sus escasas necesidades. Verdad es que

ha limitado dichas necesidades hasta lo incomprensible, perjudicando su

salud y sus energías; pero acaso en esta misma conducta no carezca por

completo de justificación.

CONDICIONES FÍSICAS.

Pueblan los campos de esta Isla, según hemos dicho ántes, hombres

blancos, negros y mestizos, razas extremas que constituyen grupos bien

caracterizados físicamente, y los productos del cruzamiento, agrupación

en que la uniformidad de caractéres no es tan constante, ya por el

variable predominio de uno de los dos elementos originarios sobre el

otro, ya á causa de los enlaces de mestizos entre sí y con indivíduos

de las razas de donde proceden. Así, para evitar las confusiones á que

pudiera dar lugar la variedad de tipos étnicos que hay que considerar

en esta parte de nuestro estudio, hemos decidido, al tratar de cada

uno de los caractéres físicos, señalar sólamente las diferencias

primordiales á que dan lugar las razas; y á fin de llevar un órden

claro en la exposición, siguiendo á distinguidos antropólogos, vamos

á ocuparnos de los caractéres exteriores, anatómicos, fisiológicos y

patológicos.

Creemos que hasta hoy no se ha publicado obra alguna en que se

estudie al actual habitante de Puerto Rico. Si existe algo relativo á

antropología puertorriqueña lo desconocemos; por tanto, como no hemos

podido hacer algunas consultas que nos habrían sido de gran utilidad,

hemos tenido que limitarnos á nuestras apreciaciones, más ó ménos

defectuosas, y á deducir de generalidades y de estudios verificados en

zonas parecidas á la nuestra, analogías con que suplir la falta de un

estudio especial que no podíamos hacer, entre otras razones, porque tan

sólo para acopiar materiales--aún habiéndonos limitado á los caractéres

anatómicos que ofrece nuestro campesino--necesitaríamos invertir

algunos años.

Hecha esta aclaración vamos á abordar la materia.

CARACTÉRES EXTERIORES.

_Talla._--La talla, como dice Littré, es uno de los elementos

demográficos mejor conocidos, á causa de su fácil determinación y de

las exigencias de las quintas. En Puerto Rico, en donde no existe el

reclutamiento, hay que acudir al recuerdo histórico de las milicias

disciplinadas para apreciar este dato, y eso tan sólo por lo que

respecta al campesino blanco, único obligado al servicio militar cuando

existía éste.

Desde luego diremos que la talla media de nuestro _jíbaro_ no parece

que deba ser muy inferior á la media universal, provisionalmente

aceptada de 1.^m 635, que ha sido por cierto considerada excesiva por

Quatrefages; pues todos los informes que hemos podido recoger están

contestes en que no era una de las causas más frecuentes de quedar

libre del servicio de las armas la falta de estatura; y siendo así

que la talla que se exijía al miliciano era de 1.^m 596, la misma que

para el ejército metropolitano, claro es que si no hubo necesidad de

disminuirla era porque con facilidad se cubría el contingente exigido

por las quintas.

Aparte de esta consideración, lo que por punto general podemos apreciar

á simple vista, es que entre los jíbaros, ya pertenezcan á una ó á otra

raza, no predominan las tallas rechonchas, sino más bien las estaturas

medianas; abundan personas altas y no faltan hombres pequeños, pero no

es lo común.

Aquí, como en todas partes, la mujer es más pequeña que el hombre.

Este hecho, resultado de las mediciones practicadas hasta hoy, se

confirma en el grupo rural borincano. Á nosotros nos ha parecido, por

lo que respecta al sexo femenino, que el número de campesinas de corta

estatura es más considerable que el de campesinos; principalmente entre

las blancas y las que por su color recuerdan al indio, se encuentran

muchas mujeres pequeñas.

* * * * *

_Proporción del cuerpo y de los miembros._--La proporcionalidad y

la simetría en la estructura general del cuerpo es un carácter de

los hombres pertenecientes á la especie mediterránea. El jíbaro

puertorriqueño no es por lo común defectuoso; no obstante, hemos creido

advertir que tanto las extremidades superiores como las inferiores

tienden á adquirir mayor largura que la debida.

En los negros adviértese la mayor longitud de los brazos, propia de la

raza.

Por lo que se refiere á las mujeres del campo, no hemos comprobado que

exista falta de proporción entre el cuerpo y las extremidades; por

el contrario, la jíbara es bien formada, y hasta podría llamársela

esbelta, á no ser por su desgarbo en el andar.

Las mestizas ostentan proporciones muy armónicas; casi todas son bien

formadas.

La generalidad de las negras no se distingue por este concepto.

* * * * *

_Coloración._--Si entre indivíduos pertenecientes á una misma especie

el color no es constante y varía, como sucede con la raza llamada

caucásica, desde el blanco rosa más puro, hasta el moreno más oscuro,

con mucha más razón encontraremos estos distintos tonos de coloración

entre campesinos de tan distintas razas como los puertorriqueños,

principalmente entre los mestizos. Y así es en efecto; existe la

variedad más abigarrada en lo que se refiere al color. Entre los

blancos predomina el color oscuro, propio del habitante de las zonas

cálidas.

Como casi todos los jíbaros están anémicos, por excepción se ven

algunos de temperamento sanguíneo; y claro es que el color rosa ó rojo

vivo es raro; el color blanco en ellos es mate, amarillo ó amarillo

verdoso, principalmente en los cloróticos y anémicos.

Á los negros y mestizos que están enfermos se les advierte un color

cenizoso.

En las mujeres se observa con frecuencia el cútis manchado ó con pecas.

Asímismo es variadísimo el color de los ojos. Hay campesinos de ojos

azules y pardos; pero ordinariamente tienen los ojos negros.

* * * * *

_Piel y principales anexos._--La acción del calor determina en la

piel una sobre actividad funcional notable, especialmente en la

perspiración; de aquí que los habitantes de climas cálidos tengan por

lo común la piel blanda y húmeda.

En ciertas razas, y especialmente en la negra, la piel suave y como

satinada es más espesa. La frescura y suavidad de cútis de las negras

es muy estimada en los harenes.

Ocurre la pregunta de si el campesino de orígen europeo, al ser

sometido á la acción de este clima, ha sufrido la transformación

orgánica de que acabamos de hablar, y desde luego la buena lógica hace

esperar una contestación afirmativa, siquiera aceptemos que ese cambio

no haya adquirido un grado de desarrollo tan grande como en el negro.

Si respecto del desarrollo de las glándulas sebáceas no decimos lo

mismo, es porque no se advierte, entre los jíbaros blancos, el olor

desagradable que se percibe en los negros y en muchos mulatos, olor que

se ha explicado por el predominio de esa clase de glándulas, debido al

excesivo aflujo de sangre á la superficie cutánea.

* * * * *

_Vellosidades._--Los campesinos son bien barbados, especialmente los

blancos; entre los mestizos y negros se encuentra mayor número de

lampiños.

El pelo de la cabeza en ellos es abundante, variando, como es de

suponer, desde el que no se riza nunca, hasta el que se ostenta

fuertemente encrespado, propio del hombre africano.

El color del pelo también varía; pero domina el negro; hemos encontrado

ejemplares de pelo rojo y no pocos de pelo rubio.

* * * * *

_Cráneo y cara._--El cráneo del jíbaro no ofrece deformidad alguna. La

cara presenta rasgos agradables; los ojos son grandes, vivos y están

horizontalmente situados; por rareza se encuentran ojos oblícuos como

los de los chinos; la nariz es bien formada y la boca pequeña.

Entre las mujeres estos rasgos adquieren mayor delicadeza; sobre todo

la hermosura de los ojos negros es común entre ellas.

Estos rasgos fisonómicos cambian en el campesino descendiente de

africanos, en el cual la nariz es ancha y los labios son gruesos

deformando la boca, grande por lo general.

Entre los mestizos se encuentran personas no exentas de hermosura,

máxime cuando en ellas predomina el elemento caucásico; sobre todo

entre las mujeres las hay bellas, pero por lo general la nariz y la

boca del elemento africano se trasmiten al mestizo con sus formas

características afeándo las facciones.

* * * * *

_Tronco y miembros._--La belleza del cuerpo depende, como es sabido,

de la diferencia del diámetro entre el pecho, la cintura y la pelvis,

diferencia que no falta en el campesino puertorriqueño, alejándole por

este detalle de muchos indivíduos de las razas amarilla y americana que

no tienen cintura.

La circunferencia del torax nos demuestra que el campesino tiene el

pecho desarrollado; en todos notamos amplitud torácica suficiente

cuando no están enfermos.

En la mujer el pecho está ménos desarrollado; por punto general no ha

adquirido la amplitud debida.

La _esteatopigia_ que dá carácter á la Venus Hotentote no se observa en

las campesinas blancas; no puede decirse que en este particular ocurra

en Puerto Rico lo que según Livingstone comienza á manifestarse entre

ciertas mujeres Boërs, á pesar de pertenecer á la raza blanca pura. El

_delantar_ que con la _esteatopigia_ son dos particularidades propias

de las Hotentotes y Boschinianas, tampoco se encuentra entre ellas.

Entre las mestizas existen casos, aunque raros, de abultamiento

excesivo de las caderas; protuberancia muy notable en casi todas las

negras y especialmente en las africanas puras.

Por lo que respecta al hombre blanco puede asegurarse que el

abultamiento de las nalgas es mucho menor en el criollo que en el

europeo.

Ha sido señalado como carácter propio de la raza negra el tener la

pantorrilla alta y poco desarrollada, pero esto no debe ser un signo

de exacta fijeza y exclusivo, porque entre personas de raza blanca,

principalmente en Puerto Rico, es frecuente encontrar éste carácter.

Las manos de los campesinos son anchas y callosas; los piés se

desarrollan más en el sentido de su anchura; la planta endurecida

es casi plana, ó por lo ménos está muy disminuida la bóveda que de

ordinario presenta: en muchos, el dedo grande está bastante separado de

los otros y como opuesto, á causa de que se sirven de él para varias

faenas.

CARACTÉRES ANATÓMICOS.

Muy á la ligera tenemos que pasar por esta parte de nuestro estudio,

tanto porque desgraciadamente la anatomía comparada de las razas

humanas ha avanzado poco, cuanto porque aún en lo que se refiere á lo

más conocido, como es el esqueleto, carecemos de colecciones que nos

permitan recoger los datos oportunos.

Por lo que respecta al cráneo, por ejemplo, cuyos diámetros sirvieron

á Retzius para hacer la distinción entre las razas _dolicocéfalas_ y

_braquicéfalas_, á las que luego añadió Broca la _mesaticéfala_, nada

podemos decir.

Sería más que curioso averiguar cuál de estos tres caractéres domina

entre el elemento rural de este país; y no porque, como creyera

Retzius, el _índice cefálico horizontal_ sirva para clasificar las

razas humanas, puesto que este carácter coloca juntas á las razas más

distintas, sino por lo mismo que las mezclas de razas han sido grandes

en este suelo.

Pasaremos asímismo sin tratar del _índice cefálico vertical_,

_diámetros frontales_, etc., del campesino; en cuanto á las

_proyecciones craneanas_, nos limitaremos á recordar que en la raza

negra se proyecta más hacia adelante la cara que en la blanca.

El volúmen del cráneo es más pequeño en los negros que en los blancos;

la capacidad craneana, que es menor en la mujer que en el hombre, varía

en éste siguiendo una proporción ascendente desde el australiano al

europeo; conviene tener presente, sin embargo, que no puede deducirse

el grado de desarrollo intelectual de una raza, de este solo carácter;

pues resulta de las medidas de Morton, que el negro criollo de la

América del Norte tiene ménos capacidad craniana que el africano,

siendo superior en inteligencia á su progenitor.

Considerada la cara por sí sola deberíamos ocuparnos del _índice

facial_, de los rasgos nasales, _índice nasal_, _orbitario_,

prognatismo, etc., caractéres poco estudiados aún y de cuyos datos no

sacaríamos consecuencias para nuestro objeto.

Mencionaremos el _ángulo facial_ ideado por Camper y cuyas variaciones

son apreciables en las distintas razas, viéndose disminuir su abertura

desde el blanco al negro, por más que no corresponda siempre á la

superioridad angular una inteligencia excepcional; los escasos

datos que hemos recogido acerca de este punto en la familia jíbara

borinqueña, no nos autorizan á sacar deducciones dignas de tenerse en

cuenta.

Acerca de los huesos de la cabeza, nuestras observaciones nos permiten

asegurar que existe cierto grado de dureza más considerable en el

esqueleto de esa región en el negro, que en el blanco; y no lo

atribuimos solamente á la osificación de los senos frontales, observada

en las razas inferiores, sino á mayor espesor y solidez de todos los

huesos que lo forman; en las autópsias hemos comprobado con frecuencia

este detalle.

La caja osea torácica ofrece ordinariamente en el negro respecto del

blanco, la diferencia de ser en éste ancha y plana, mientras en aquel

es estrecha y prominente; en nuestras investigaciones hemos encontrado

que en los mestizos abunda esta forma de pecho, principalmente entre

las mujeres; en no pocas blancas hemos observado también esta forma de

pecho.

Aparte de las diferencias que los antropologistas han creido poder

señalar en el estudio de la pelvis, en las distintas razas humanas,

como tésis general se puede afirmar que entre los campesinos no son

frecuentes las deformidades pelvianas.

El mayor desarrollo que alcanza el hueso rádio y que dá lugar al

alargamiento que se observa en el brazo del negro, así como otros

detalles relativos al esqueleto de los brazos, no nos ha sido posible

comprobarlos suficientemente; en las extremidades inferiores hemos

notado, muy á menudo, entre los campesinos, el arqueamiento de las

piernas; carácter que si en antropología tiene una significación de

valor, no en todos los casos obedece á una conformación originaria,

pues no encontramos difícil que esa curvatura se produzca en la

infancia, á causa de poner de pié á los niños ántes de que los huesos

hayan adquirido solidez bastante para sostener el peso del cuerpo.

El exámen anatómico de las partes blandas nos lleva á tratar el

cerebro, y en general de todo el sistema nervioso. Lo haremos muy

sucintamente, y eso tan sólo para recordar que de los resultados

generales formulados hasta hoy, se deduce que el cerebro pesa ménos en

la mujer que en el hombre; que dicho peso varía proporcionalmente á la

estatura; que el cerebro del blanco pesa más que el del negro, y que

en los mestizos disminuye el peso al mismo tiempo que la proporción de

sangre blanca.

Ya queda dicho que el peso del cerebro por sí no significa, sin

embargo, mayor cultura intelectual; en cambio, los pliegues cerebrales,

_circunvoluciones_, parecen depender del grado de desarrollo de la

inteligencia.

Para terminar este apartado añadiremos que el sistema nervioso

predominante en el blanco por el cerebro, se manifiesta en el negro con

mayor número de expansiones nerviosas, troncos más gruesos y filetes

más numerosos. No cabe que hagamos aplicaciones concretas sobre este

punto.

Hemos tenido ocasión de corroborar en las autópsias que hemos

verificado, las observaciones de Prunez Bey, confirmadas por Jacquart,

acerca del predominio del sistema venoso sobre el arterial en el negro,

y el mayor volúmen de los pulmones del blanco, comparado con los de los

descendientes de africanos.

En cuanto al hígado, por punto general le hemos encontrado siempre

grande, tanto en el blanco como en el negro; ya veremos más adelante

que este hecho se explica satisfactoriamente, así como el de que los

estómagos ofrezcan á menudo afecta la mucosa.

No habiéndonos sido posible verificar más autópsias que las judiciales,

estos apuntes nos resultan deficientes; la necrografía sólo tendría

utilidad en este caso, verificándose en un gran número de cadáveres.

CARACTÉRES FISIOLÓGICOS.

Está demostrado que, bajo los trópicos, el hombre es naturalmente

sóbrio y prefiere para su alimentación las sustancias vegetales, sin

que este régimen de lugar á perturbaciones en la salud; pero esto,

que es cierto dentro de los límites racionales que la Ciencia señala,

conviértese en vicio cuando la alimentación es insuficiente.

Por desgracia este es el caso en que se encuentra la gran mayoría de

nuestros campesinos. La alimentación que usan es tan escasa, que apénas

si basta para la reparación de los gastos orgánicos á que dan lugar los

fenómenos de la vida. Cuando se recuerda que un hombre adulto gasta

cada dia Az. 20 gramos--C. 300 gramos--y Agua 3 kilos, necesitando,

según Moleschott, un trabajador para conservar su salud consumir

diariamente 130 gramos de albuminoideos secos, 84 gramos de grasa,

400 gramos de hidrato de carbono, y 30 gramos de sales, cuesta trabajo

comprender cómo la ruina orgánica no es aún más considerable en el

campesino borincano.

Tengamos presente las sustancias que constituyen de ordinario su

alimentación: arroz, plátano--del ménos nutritivo por cierto--batatas,

ñames, malangas, bacalao y pescado salado,--con frecuencia en pésimo

estado de conservación--maiz, no siempre; leche, con escasez, y se verá

claramente que la miseria orgánica tiene que ser la consecuencia de tal

régimen.

El jíbaro se alimenta mal. Además de las sustancias referidas, suele

comer alguna que otra vez carne de cerdo, y pan de trigo,--mal

preparado casi siempre,--pero ni esta variante es regla general, ni

basta á modificar el carácter de pobreza de que adolece la alimentación

cotidiana de las clases rurales de Puerto Rico.

Como consecuencia de esta defectuosa alimentación la nutrición general

ha de resentirse á causa de la composición de una sangre pobre de

elementos nutritivos, y todas las funciones orgánicas han de ser

influidas desfavorablemente por este concepto.

Perturbada la nutrición, han de faltar necesariamente las energías

musculares sanas, fisiológicas, que obligadas á producirse, lo hacen

con debilidad ó si se llenan debidamente es á beneficio de agentes,

de acción transitoria mal sana á la larga que sustituyen el defecto

nutritivo.

Como quiera que al estómago se le impone bajo un régimen pobre un

trabajo muy considerable, claro es que la fatiga del órgano sobreviene

y con ella la necesidad tan sentida entre los jíbaros del uso de

estimulantes, que al cabo determinan en la cavidad estomacal estados

patológicos de que luego hablaremos.

Esto mismo, añadido á la influencia climatológica, dá lugar á las

irregularidades en la función intestinal, función perezosa siempre,

principalmente en las mujeres.

El hígado, el bazo y el páncreas, modifican su modo de funcionar. La

sangre, por su calidad, afecta frecuentemente al músculo cardiaco; ésta

importante víscera funciona mal, disminuyendo su fuerza y aumentando

la frecuencia de sus contracciones, aminorándose la velocidad de la

corriente sanguínea y la presión del líquido vital.

La función respiratoria, gracias á la gran cantidad de aire oxijenado

que respira de ordinario el campesino, se verifica bien.

Los órganos de los sentidos no ofrecen particularidad digna de

mencionarse.

Por lo que respecta á la función cerebral nos limitaremos á apreciarla

con Gratiolet "por sus manifestaciones," de las que trataremos en lugar

oportuno.

En cuanto á la función catamenial, siendo un hecho conocido que en la

raza de color el flujo menstrual se presenta más temprano, debemos

añadir que entre las campesinas es siempre temprana la época de de la

aparición de aquél, tanto por la influencia del clima, cuanto por otras

causas del órden moral que apuntaremos oportunamente.

La actividad genital y la fecundidad son notables en el grupo rural;

entre ellos el número de hijos llega á veces á ser considerable; la

esterilidad puede asegurarse que es una bien rara excepción en el campo.

La secreción láctea es abundante en las madres, si bien la leche se

resiente de exceso de agua.

La duración de la vida no podemos fijarla; el Registro Civil,

establecido hace poco más de un año, lucha aún con las dificultades de

su instalación y los obstáculos propios del esparcimiento en que viven

los campesinos. En los registros parroquiales los datos referentes á

las edades no merecen entera confianza para justipreciar la vida media

del campesino. Puede asegurarse, sin embargo, que el jíbaro que vive en

regulares condiciones, llega á la vejez, y es un hecho evidente que su

ancianidad es ménos achacosa, más fuerte de lo que podía esperarse.

Confírmase en Puerto Rico lo que ya ha sido sentado por los

antropologistas, y es que la vida media en todas partes y para todas

las razas es poco más ó ménos igual.

CONDICIONES PATOLÓGICAS.

Entre las diversas enfermedades que el hombre puede contraer, ¿hay

algunas que sean exclusivas al campesino? No ciertamente; pero es

innegable que el grupo rural se encuentra sometido á influencias

distintas de las del grupo urbano, y por lo tanto sus aptitudes

morbosas han de ser diferentes. El hombre, en general, es apto para

contraer cualquier dolencia. Por lo que tiene de uniforme el organismo

humano, ó mejor dicho, de idéntico en lo fundamental, en toda la

especie, la morbosidad afecta por igual á todos los indivíduos; pero

por cuanto cada persona, sin dejar de ser en lo fundamental idéntica á

su congénere, es, no obstante, diferente en lo accidental, así como en

cada familia existen rasgos diferenciales, y en las razas caractéres

especiales que las distinguen entre sí, las condiciones de morbosidad

son variables para el indivíduo, la familia y la raza.

Todos los antropologistas convienen en que ciertas razas están más

predispuestas que otras á adquirir un estado morboso dado; y que

indivíduos de la misma raza adquieren aptitudes que les hacen indemnes

para ciertas enfermedades á que otros pagan tributo. Sin ir más lejos,

todo el mundo sabe que la edad es bastante para modificar las aptitudes

patológicas; no se padecen en la infancia, las enfermedades que en la

edad adulta y en la vejez; en cuanto al sexo, las diferencias morbosas

son aún más notables.

Pero de todas las causas capaces de ocasionar aptitudes distintas para

adquirir las enfermedades, ninguna tan digna de atención como el medio,

que si es acción modificadora importante, también puede constituir un

elemento perturbador del organismo.

Sabido es que la ciencia mesológica es de gran importancia en la

Sociología; pero no lo es ménos cuando se trata de patología humana;

la Geografía médica, por ejemplo, estudiando la influencia morbosa

ejercida por los agentes meteorológicos sobre el hombre, la influencia

del clima, etc., nos dá la clave de muchos hechos que observamos.

El hombre no puede llamarse cosmopolita, en el sentido de poder habitar

impunemente para su salud este ó aquel lugar del globo; es sabido que

el negro no prospera sacándole de los trópicos, y si hemos de atenernos

á las observaciones de los higienistas americanos, si por acaso

resiste físicamente al frio, es en menoscabo de su inteligencia; en la

provincia de Maine parece que se encuentra 1 loco por cada 14 negros;

estadística horriblemente dolorosa, que demuestra que en las regiones

del Norte no puede prosperar esta raza.

Las mismas enfermedades tienen sus estaciones y hasta sus países;

algunas no salen de ciertos límites, como, por ejemplo, la fiebre

amarilla que no se ha observado más allá de los 928 metros de altura,

ni el cretinismo á más de 1000 metros. Otras no se conocen en algunas

regiones. El paludismo, por ejemplo, tan común en nuestra Isla, no se

encuentra en el cabo de Nueva Esperanza.

Las mismas relaciones mútuas de los hombres entre sí, modifican la

patología de una región, y en este particular conviene señalar el

hecho de la desastrosa influencia que ejerce la raza blanca sobre las

razas inferiores cuyo país invade. Todo el que se dedique á estudiar

estas cuestiones de patología étnica, sabe que en las islas Sandwich,

en Nueva Zelandia, en las Marquesas, en toda la Polinesia, tanto en

la oriental como en la occidental, la presencia del europeo ha sido

seguida de una despoblación notablemente rápida, hecho que nos hace

recordar la cuestión del número de habitantes que, según los primitivos

historiadores, tenía Puerto Rico en la época del descubrimiento.

Posible es que existiese aquí tan crecido número de indígenas, y

fundamos nuestra creencia en los ejemplos análogos que nos ofrece la

historia contemporánea.

El capitán Cook en 1778 encontró en la Nueva Zelandia 400.000 maorís;

el año 1858 no quedaban sino 56.049; Porter en 1813 encontró 19.000

guerreros en las Marquesas, y en 1858 M. Jouan sólo halló 2.500;

Forster calcula en 20.000 almas la población de Taïti, y en 1857 la

estadística oficial sólo arroja 7.212. Estas elocuentes cifras de

hechos ocurridos en nuestros dias dan apoyo á dicha opinión.

El Campesino Puertorriqueño Sus Condiciones Físicas, Intelectuales y Morales, Causas que la Determinan y Medios Para Mejorarlas · 第 1 / 11 段