La primera dificultad (y no es pequeña) con que tropezamos al
iniciar este estudio, es la necesidad imprescindible de empezar por
hacer un detenido análisis del alfabeto valenciano, análisis que por
precisión ha de ser una especie de amalgama de Prosodia y
Ortografía que á los peligros naturales en cualquier otro caso de
producir el desorden en el libro y la confusión en el lector, reune la
inmensa dificultad de que nuestra lengua tiene tantas prosodias
como comarcas de alguna importancia hay en esta región; y en
cuanto á ortografía, sobre no tener ninguna real y verdadera,
tenemos en la práctica dos completamente distintas y hasta
opuestas entre sí y sin ninguna fijeza dentro de sí mismas, la
antigua y la moderna.
Aunque en este libro nos proponemos tan solo regularizar en lo
posible la segunda, nos es preciso hacer el estudio del alfabeto que
es su base, relacionando el antiguo ó clásico valenciano con el
moderno ó castellano á fin de que éste quede sujeto á reglas fijas y
no ocurra como hoy, que una misma palabra se escribe de
diferentes maneras según el gusto, los prejuicios ó la ilustración de
quien lo hace.
Esto ofrece bastantes dificultades, pues sería preciso inventar
nuevos signos ó letras para expresar con fidelidad los diversos
sonidos de nuestra lengua en las varias comarcas del reino; pero si
consideramos que en todos los idiomas ocurre lo propio, no hay
necesidad de tal invención, puesto que un mismo signo servirá para
que cada cual entienda lo escrito aunque al leerlo lo pronuncie de
diverso modo á como lo pronuncia quien lo escribió.
Así, por ejemplo, escribiremos en adelante _chove_ y _chermá_,
palabras que los de la capital leerán como pudiera leerlas un
castellano, mientras que los de Castellón ó Alicante las
pronunciarán suavizando la _ch_ hasta darle el sonido que un
italiano daría á la _g_ antes de _e_ ó de _i_. Pero no hay que
alarmarse por esto, ya que en todas partes ocurre lo mismo; un
castellano escribe _hermana_ y muchos andaluces leen _germana_;
_caridad_, y los madrileños leen _caridaz_; _obrero_, y leen los
gallegos _obreru_.
Prescindamos por lo tanto de estos temores y vamos á estudiar
tales diferencias para saber á qué atenernos y unificar por ahora el
lenguaje escrito, ya que el hablado no puede unificarlo sino el
tiempo y otras circunstancias independientes por completo de la
voluntad de un hombre.