NOTAS:

[3] Carnaval del año 1832.

SÁTIRA

CONTRA LOS MALOS VERSOS DE CIRCUNSTANCIAS

...El corazón entero y generoso

Al caso adverso inclinará la frente

Antes que la rodilla al poderoso.

_Rioja_

No hay cosa, Andrés, como nacer poeta.

No hay plaga que al alumno de las nueve,

No hay mal que al infeliz no le acometa.

¿Creerás que huyendo de la turba aleve

De los necios, sin fin, siempre he buscado

Un rincón en el mundo oscuro y breve,

Donde esconderme de ellos resguardado?

¿Y presumes que en balde lo pretendo

Desde que la razón su luz me ha dado?

Donde quiera que voy, vanme siguiendo;

Agárranse de mí, como la yedra

Del árbol que la vive sosteniendo.

Entre los pies me nacen, como medra

Entre cepas la grama; que parece

Que aquí produce un necio cada piedra.

Ni me sirve correr, que también crece

Su paso con el mío, ni el embozo

En los ojos llevar aunque tropiece.

Me ven, y danme gritos sin rebozo.

¿No es el fatuo don Blas aquel que alarga

El paso allá detrás con tanto gozo?

¡Ay del que sufra su infernal descarga!

¿Es él, mi Andrés? Pues en mi busca viene,

Que tengo de eso mi experiencia larga.

No hay escapar, que hablarme se previene.

Ayúdame á salir de tanto aprieto,

Y dejémosle aquí si nos conviene.

«¡Don Juan!--¡Don Blas!--Os busco.--¿Sí?--Un soneto

Os tengo que pedir.--Andrés, ¿no digo?--

No os le perdono por ningún respeto:

Que sobre ser poeta sois mi amigo.--

Pues ¿qué ocurrió, don Blas? Vuestra honda saña

¿Qué vestigio mató, qué alto enemigo?

¿Otra América hallasteis para España?

¿Qué bienes á la patria le produce

Vuestro insigne valor ó vuestra hazaña?--

¿Qué patria? ¿Qué valor? ¿Á qué conduce

Todo eso que mentasteis tan prolijo?

Causa mayor mi gozo reproduce.

Un chico me nació. ¿Nadie os lo dijo?--

¡Jesús! ¡sea en hora buena! ¡Os juro, hermano,

Que es caso singular! ¿Hay tal? ¿Un hijo?

Dios os le haga, don Blas, muy buen cristiano.--

¿Os vais?--Estoy de prisa.--¡Oíd! Mohíno

Quedo, don Juan.--Don Blas, bésoos la mano.--»

¡Voto á tal, que el asunto es peregrino!

¿Lo oiste, Andrés? ¿No exige el majadero

Que las gracias le cante del mezquino?

Pues esto á cada punto más certero

Que un destino se encuentra el pobre vate,

Ó que un bolsón henchido de dinero.

Pídenos versos otro, más orate,

Porque se casa. ¡Pícara demencia!

¡Mala mujer le hostigue y le maltrate!

¿Y versos va á buscar? Busque paciencia,

Pues bien la ha menester aquel bolonio

Que se pone en tan dura penitencia.

Pues otro que andará por esos trigos

Envuelto en paño negro, solitario,

No pedirá consuelo á sus amigos;

Vendrá á pedirme un canto funerario

Porque ha enviudado de su casta esposa.

De elegías se deje el perdulario.

«¡Ay, que me fué tan buena, tan virtuosa!».

¡Embustero! Ponzoña tan nociva

Guarde encerrada la inclemente losa.

Vaya; entiérrela presto, no reviva,

Y descanse del susto el maridazo.

Mas si tanto la quiso cuando viva,

Calle y llore en silencio su porrazo;

Que más dice una lágrima abrasada,

Que no el yerto poema de un pelmazo.

¿Yo á todo he de hacer versos? ¡Qué! ¿Templada

Habrá de estar mi musa á todas horas,

Y á todo como cera preparada?

Pues deja, que ya atruenan las sonoras

Campanas y cañones. ¿Por ventura

Públicas fiestas hay? ¡Bien! Las canoras

Liras se templen, porque el tiempo apura.

Versos haya en las próximas funciones.

Versos vomite el vate con premura[4].

Ya el resplandor de innúmeros hachones,

Que confunden la noche con el día,

Nos deslumbra en ventanas y balcones.

Y no es nada la pública alegría,

Ni es la función magnífica y completa

Si el vate no aumentó la algarabía.

Fulmine la _Tertulia_ á la _Luneta_

En papeles azules y encarnados

Las lisonjas del mísero poeta;

Como suelen llover santos pintados,

Concluida la cuaresma, en aleluyas,

Que arrebatan los chicos á puñados.

Ni te excuses, Andrés, ni le arguyas,

Ni al viento vuelvas para huir la proa;

No han de valerte las razones tuyas;

Que habrá quien luego la opinión te roa,

Si no haces de la noche á la mañana

Un himno por lo menos, ó una loa.

Salga el Pirene con figura humana,

Y la España, en el diálogo terciando

La coronada villa mantuana,

Y aparezca el Olimpo relumbrando,

Y hablen Mercurio, Júpiter, Minerva,

Que es cosa nunca vista; y todo el bando

De la usada alegórica caterva,

Mas que á todos nos tenga bien molidos

Esa canalla idólatra y proterva.

Mas oye, que ya zumba en mis oídos

El rumor de los versos que á millares

Por las troneras bajan impelidos.

_Atruena el bronce los inmensos mares_,

El vate empezará de circunstancias,

_Y leventa su frente Manzanares_.

Y acaso entre metáforas más rancias,

_Salve_ ó _salud_, continuará diciendo,

Y una oda embutirá de extravagancias.

Á Febo en ella invocará, fingiendo

Modestia y miedo, porque su _arpa de oro

Templada nunca estuvo al son tremendo_.

Sin olvidar aquello de _decoro_,

_Y de la Iberia sol, luciente estrella,

Y puebla en viento y su cantar sonoro_;

Tal confusión atarugando en ella,

_De contento, de gloria, de esperanza,

De aurora, de horizonte y de centella,_

_De dicha y de ventura y bienandanza,

Del Iris de la paz, de corazones,

De discordia apagada y de venganza_;

Que no habrá quien entienda dos renglones,

Si antes, para espantar al diablo oscuro,

Diez conjuros no le echa y bendiciones.

¿Yo he de hacer un soneto, estruendo puro?

¿Yo he de alabar en versos de hojarasca

Al soberano, Andrés? No; te lo Juro.

No haya función, si quieren, sin tarasca;

Mas sé alabar yo poco: soy sincero.

La lisonja en las fauces se me estaca.

No porque al rey ¡pardiez! no amo y venero;

Me estimo ¡vive Dios! tan buen vasallo

Como cualquier poeta chapucero.

Mas no mis fuerzas suficientes hallo,

Y para no aturdirle con sandeces,

Le amo en silencio, le respeto y callo.

Pero si alguna, en fin, de tantas veces

Le hubiere de ensalzar, echando afuera

Sesquipedales voces y vejeces,

Ya que indigna y humilde no creyera

De tan excelso honor el _arpa_ mía,

«Buen rey, en versos claros le dijera;

Ese aplauso que escuchas y alegría,

De gratitud son muestras generosas,

Que hasta el trono, Señor, tu pueblo envía;

Tu pueblo, que con lágrimas copiosas

De antiguas glorias los recuerdos tristes

Llora, y por cuyo bien nunca reposas.

Tú á la España benéfico infundistes

Nuevo aliento, Señor; tú á glorias nuevas

Con tu noble tesón la dispusistes.

Y acaso tornarán. Ilustres pruebas

Responden de tu amor por todas partes;

Tú con las ciencias hasta el cielo elevas

El esplendor hermoso de las artes;

Dasles hogar[5], y premios y laureles

Á sus alumnos tímidos repartes.

Tú un santuario sublime á los Apeles[6],

Á los Zeuxis de España consagrando,

Y á sus Fidias también y Praxiteles[7],

Para la patria en él irás formando

Canos, Murillos, cuya falta llora,

Émulos dignos del romúleo bando;

Tú á la dulce armonía halagadora

Digna escuela ofreciste[8]. Tú levantas

Con tu pródiga mano bienhechora

Nuevo templo á las musas[9]. ¡Oh! de cuántas

Naciones envidiado, que descuella

Mayor grandeza entre grandezas tantas.

Tú al Terencio español la honra más bella,

La recompensa das más esplendente,

Que nunca pudo ambicionar su estrella[10].

Tú eternos monumentos, reverente

Y justo, á Temis erigiste[11]. El oro

Tú al seno de la patria nuevamente

Le arrancas[12]; que la América el tesoro

No rinde á la metrópoli en tributo,

Triste ocasión de nuestra afrenta y lloro.

En llanto apenas del colono enjuto,

Pueblos enteros á tu impulso nacen,

Que en gozo truecan el dolor y el luto[13].

La honra perdida y crédito renacen[14];

No hay para ti costoso sacrificio,

Que á tu voz los estorbos se deshacen.

Para siempre aniquilas el suplicio

Que holló la noble dignidad del hombre[15].

Cada aurora un reciente beneficio

Viene en los pechos á grabar tu nombre.

¿Quién los dirá?... ¡En sus páginas la historia

Quizá á tus hijos con su cuento asombre!

Esto es mejor, buen rey, que una victoria.

¡Plegue al cielo, Señor, de tu reinado

Hacer eterna la naciente gloria!».

Esto entre tanto vate adocenado

Ni uno jamás le dijo. Así le hablara,

Si mi numen á tanto fuera osado.

Que es mi alabanza, cuanto justa, clara,

Sin enturbiar las ondas del Pactolo,

Ni el curso blando de la fuente avara,

Sin llamar en mi auxilio al rubio Apolo,

Ni andarme por los cielos tras las musas,

Para decir verdades basto solo.

Que eso de echarse, Andrés, en mil confusas

Y altisonantes voces sin sentido

Á buscar por las nubes garatusas,

Y amontonar á tientas de seguido

Sin salir del eterno formulario,

Que ni es del ensalzado apetecido,

Encomio sobre encomio mercenario,

Más que incensar á un hombre generoso

Es tirarle á la cara el incensario.

Mejor como el de Aguino vigoroso,

En levantar diviértome una ampolla

Con cada verso al necio y al vicioso;

El estruendo dejando y la bambolla

Del estro metafórico afectado

Al que ha de echar sus versos en la olla.

Ni pido, ni ambiciono: bien hallado

Me estoy con esa honesta medianía,

En que es independiente el hombre honrado.

Ni he menester para atacar un día,

Como es feudo, á mi rey, que el oro suyo

Descienda á desatar la lengua mía.

Mas reniego de ti, si el numen tuyo,

Andrés, á todo viento se menea,

Y que eres torpe adulador concluyo.

¿Versos al que en la cuna bambonea?

¿Y al que vive más versos y al que muere?...

¡Mal haya quien los haga y quien los lea!

Yo quiero por mi parte, si acudiere

Á importunar al Dios que nos inspira,

Para versos que un necio me pidiere,

Que airado el numen de la torpe lira

Rompa las cuerdas que mi indigna vena

Vendiere á la lisonja ó la mentira.

Y contento seré si en justa pena

De la verdad hollada que desdeño,

Á que nunca la diga me condena.

Consiento en que, mirándome con ceño

La musa airada, que mi fuego aviva,

Mis versos den, á quien los viere, sueño.

Quiero, en fin, que por pena me prescriba

Un moderno Calígula, en mi mengua,

Que aquellos versos que adulando escriba,

Borre yo mismo con mi propia lengua.

[Ilustración]

Obras completas de Fígaro, Tomo 1 · 第 62 / 121 题