CAPÍTULO XL 579

PRÓLOGO

DE LA EDICIÓN MADRILEÑA DE 1843

De todos los ingenios cuyas obras forman el repertorio de la literatura

española contemporánea, ninguno hay más popular ni más universalmente

apreciado que don Mariano José de Larra. El nombre de Fígaro está

rodeado de una auréola de gloria á que no es fácil que llegue otro

cualquiera escritor de nuestros tiempos. No dejan de existir por

esto literatos de un mérito incontestablemente superior; pero la

especialidad de talento del ilustre autor que acabamos de citar le

señala un lugar aparte en las letras, y que en vano le disputará nadie.

Una revolución política, fecunda, como todas las revoluciones, en

disturbios y trastornos que han alterado esencialmente nuestras

costumbres y nuestros hábitos; una revolución literaria correspondiente

á la primera, que ha producido consecuencias análogas en la esfera

del arte, daban ancho campo á la crítica para que, en nombre de lo

santo y de lo bello, que con tanta frecuencia suelen ser hollados en

las conmociones sociales, hiciese una guerra legítima é incansable á

los excesos de todo linaje, á los desbordes de toda especie, á las

exageraciones de cualquier género. Dos caminos tenía abiertos para

desempeñar su obra, ambos en íntima relación con los dos principios que

se disputan eternamente la naturaleza humana: el de la desvergüenza, el

del ultraje, el de la pasión ciega y atropellada, ó el de la censura

fuerte, pero templada; el del ataque vigoroso, pero circunspecto; el

de la reflexión detenida y profunda. La diatriba y la sátira eran los

dos crisoles literarios por donde había de pasar el nuevo orden de

cosas que pugna por instalarse en nuestra sociedad, y los que habían

de ensayar los hombres según sus respectivas cualidades, al pintar sus

ilusiones desvanecidas, sus esperanzas defraudadas y sus desengaños

realizados.

Fígaro se decidió por el buen camino. Su genio era demasiado grande

para que hiciese la crítica de la sociedad que tenía delante de

los ojos de otra manera que como la han hecho los hombres más

privilegiados, como la hizo Aristófanes, como la hizo Persio, como la

hizo Cervantes. Reunía todas las cualidades á propósito para ello:

talento profundo, experiencia grandísima, y, sobre todo, vigor y

originalidad de estilo. Así es que nadie le ha igualado en la sátira,

si es que merecen el nombre de escritores satíricos aquéllos cuyo

mérito está sólo en zaherir las reputaciones adquiridas y hacer mofa

de las cosas más sagradas. La verdad es que el lugar que Larra dejó

vacante con su prematura y desastrosa muerte no ha sido vuelto á ocupar

todavía.

Era verdaderamente un defecto que, á pesar de la celebridad y del

mérito no desmentidos por nadie del ingenioso Fígaro, no existiese una

colección completa y seguida de sus obras. Todas ellas habían sido á la

verdad impresas en diversas épocas; todas habían tenido ediciones más ó

menos numerosas; pero jamás habían sido dadas á luz en un solo cuerpo

y formando una edición única. Esta falta, originada por las azarosas

circunstancias en que se ha encontrado la España, es la que el editor

propietario de todos los escritos del inmortal crítico ha querido

remediar con aquella que tiene ahora el honor de ofrecer al público, y

en que concurren cuantas condiciones se podían apetecer.

[Ilustración]

Obras completas de Fígaro, Tomo 1 · 第 52 / 121 题