Decíme, hermano, si esto es páis ó qué.»

* * * * *

«Ya que querés saber algo más del comisario, te contaré algunas cosas,

pocas, porque no tengo tiempo: hay epidemia de tifoidea, y á cada rato

viene gente á la botica.

Ya sabés que Barraba le cobra coima al Rengo, dueño de la casa de juego

del Mirador; pues también le cobra á Laucha, el de la pulpería de La

Polvadera, al del reñidero de gallos, á otro que tiene un billar de

choclón á media cuadra de la plaza, y como si esto no bastara, ¡es

socio de la dueña de una casa pública, en la que ha hecho trabajar de

albañiles y peones á vigilantes y presos!

¡Es tan angurriento y tan raspa este animal, que no te podés imaginar

todo lo que hace para juntar plata! Así, Pago Chico es, gracias á

Barraba, el asilo de todos los cuatreros de la provincia que quieran

trabajar con él en completa impunidad. Su compadre, Romualdo Cejas es

el que capitanea la cuadrilla, esconde y negocia la hacienda robada.

Es un chino santiagueño, bastante alto y grueso, de ojos atravesados,

que cuando cae al pueblo viene de botas de charol, en un caballo

macanudamente aperado, con su rico poncho de vicuña hasta la rodilla,

tapándole el tirador en que trae facón y trabuco, lo mismo que Juan

Moreira.

Tiene el rancho á dos leguas del pueblo, en una isla que rodea un

cañadón siempre lleno de agua y pantanoso. El rancho, ó más bien los

ranchos, porque son varios, están en un albardón y atrás tienen un

corral de palo á pique. Allí vive él y toda su familia, además de los

cuatreros que lo ayudan.

Después se pasa otro bañado hondo y de agua muy cenagosa, que no se

seca nunca, y hay otro albardón, muchísimo más grande, donde meten la

hacienda robada. Nadie sabe por dónde la meten, ni nadie puede llegar

allí, porque el diablo de Cejas hace pisotear bien toda la orilla,

para que no se acierte con el paso.

De allí salen las haciendas y los cueros que se roban, allí se hacen

perdiz los padrillos de raza, los toros finos,--miles de pesos que van

á parar al matadero, como cualquier vaquillona ó cualquier novillo

criollo. Allí se «planchan» las marcas que, como sabés, es la operación

de quemar medio cuarto trasero al pobre animal, ó se «agrandan» las

mismas marcas, desfigurándolas con otros fierros. En fin, las picardías

conocidas.

La mitad de lo que saca Cejas es para Barraba, que si no no lo dejaría

trabajar. Naturalmente, el otro le birla gran parte de la ganancia,

porque para eso es un bribón desorejau, y el que roba á otro ladrón

tiene cien días de perdón. Pero donde no lo puede estafar, porque el

comisario lo fiscaliza, es en una carnicería que han puesto en las

afueras del pueblo para vender la carne robada. ¡Qué pensás de esto,

ché!

Pero, como ya te digo, no se harta, y aunque en la policía se come qué

sé yo cuántos vigilantes, nunca hay un nacional ni para el rancho de

los agentes y los presos, ni nadie le quiere fiar nada para cosas del

servicio.

Ayer mandó buscar una carrada de leña, dándole un vale al sargento

que se anduvo todas las carbonerías una por una, sin que le quisieran

vender sino con la platita en la mano. Cuando lo supo Barraba, por no

soltar sus realitos, hizo que hicieran fuego en la comisaría con las

patas de unos catres.

¡Se come hasta la alfalfa de los pobres patrias! Esto no te lo

explicarás, pero es así: la Intendencia le pasa una mensualidad para el

forraje de los caballos, que sin embargo tienen que contentarse con el

verdín del patio, hasta que se mueren de alegría.

¡Y cómo es de bruto! Figurate que á don Juan Dozo, municipal, le

robaron el otro día unos cuatrocientos pesos. Dozo, hizo su denuncia

á Barraba, y los milicos y los oficiales se echaron á nadar, sin

encontrar naturalmente ni la plata ni el ladrón.

Pues ¿qué te parece que hace Dozo? Se va á consultar á una adivina

que tenemos que llaman misia Dorotea, y ésta probablemente por alguna

venganza, le hace sospechar de uno de sus peones, llamado Sayús.

Dozo le cuenta la cosa á Barraba y éste, sin más ni más, hace prender

al peón, y allí en un cuarto que hay en el fondo de la comisaría,

comienza á ahorcarlo y descolgarlo, para que confiese... ¿Creés que es

mentira? Pues la denuncia ha ido al ministro de gobierno, que no ha

hecho nada, porque Barraba es hombre de la situación «un perro fiel»,

como él mismo dice.

Hacé públicas estas cosas. ¡Es preciso! ¡Hacelas públicas, para que no

vuelvan á suceder!

Por las que te cuento al correr de la pluma puedes imaginar las que

sucederán, pues estas fechorías son como la tifoidea que tenemos

actualmente: nunca son casos aislados en pueblos de este corte. Las que

yo sé son tremendas, pero ¡cómo serán las que no sé!

Dejame que te lo repita: Publicá esto para que no se haga más. Yo no

encuentro otro remedio...»

* * * * *

«Con motivo de la toma de posesión de los nuevos municipales, y por si

á la oposición se le antojase meter bochinche en la barra, Ferreiro

ha hecho venir del Sauce,--como si no bastara la policía--un gaucho

matón y compadre llamado Camacho, á quien le dicen «Moraira», y que

recorre las calles armado con un tremendo facón y un descomunal

trabuco naranjero, que al propósito anda dejando ver debajo del

poncho deshilachado. Este Moraira debe muchas á la justicia, porque

es madrugador, asesino y de alma atravesada. Es un flojo y un cobarde

cuando no está bebido; pero borracho es una fiera, de modo que ahora lo

hacen chupar como un saguaipé para que, por lo menos, meta un julepe á

alguno.

Ha muerto á traición á tres ó cuatro, en estos últimos años, pero como

nunca se ha atrevido con ningún oficialista, y siempre lo protegen

los que lo utilizan como instrumento, el castigo mayor que se le ha

dado hasta hoy, es el de hacerlo escaparse del partido en que «se

desgració», recomendándolo como «hombre de acción» á las autoridades de

cualquier otro.

Ferreiro lo ha traído por la fama terrible que tiene, pero

probablemente sin intención de utilizarlo de veras, porque es hombre de

intriga pero no de sangre. Sin duda nos ha querido correr con la vaina,

y te debo confesar que lo ha conseguido, porque este pueblo es muy

mulita y no quiere estar á las duras sino á las maduras.

Seguro que ya Ferreiro se ha arrepentido de haber llegado tan lejos,

porque el tal Camacho ó Moraira es una verdadera calamidad, y todo el

mundo lo acusa á él de haberlo traído, hasta los mismos carneros que no

se fían de semejante salvaje y andan con el Jesús en la boca en cuanto

lo tienen cerca, no sea cosa que caigan en la volteada, sin querer.

Anoche anduvo borracho á caerse, baladroneando y amenazando con matar

y degollar; salió á la calle con el trabuco cargado hasta la boca y

el gatillo alzado, preguntando á gritos dónde estaban esos «chivitos»

de m., hijos de una tal por cual, y diciendo que salieran si eran

c... para enseñarles quién es Moraira y quiénes son los del partido

provincial. De seguro que mata á alguien, quizás á alguna mujer ó

criatura, si el mismo Ferreiro no sale á buscarlo para llevárselo á

dormir la mona.

Camacho no se quería ir aunque Ferreiro se lo mandara, diciéndole

que todo estaba tranquilo, que habían triunfado, y que al día

siguiente--por hoy--habría asado con cuero y era preciso madrugar.

--Mire, patroncito--le dijo por fin Camacho, tartamudeando con la

tranca,--lu haré' porq' usté l'ordena. Pero sepasé que les h'e dar en

medio'e las guampas, p'a que otra vez no se metan á sonsos!... ¡Ah,

hijos di una, no estar aquí! ¡Mire lo que les haría, patrón!...

Y descargó al aire su trabuco que hizo el estruendo de un cañonazo. La

gente se asomó con miedo á las puertas y ventanas, llegaron algunos

vigilantes, muy asustados y sin animarse á llegar hasta Camacho que

se había caído con la borrachera, y hasta creo que se había quedado

dormido inmediatamente. Ferreiro hizo que lo levantaran y lo llevaran

á la posada, cuando debió hacer que lo metieran al calabozo. Quizá

tuviera ganas pero no se atrevió, porque, como dicen, el miedo no es

sonso ni junta rabia.

En fin, si este malevo sigue por acá, estoy seguro de que va armar

alguna de Dios es Cristo. Esta mañana temprano ya andaba otra vez

perdonando vidas por el pueblo, y metiéndose á chupar en todas las

trastiendas.

Un oficialista me ha dicho que Ferreiro va á hacer que se mame como una

cabra para que no pueda ir á la sesión municipal. Mirá si va y con la

tranca descarga el trabuco sobre los padres de la patria chica!»

* * * * *

«Sí, nos dicen «chivitos», para vengarse de que les digamos «carneros»,

como son. Lo de chivitos viene del doctor Fillipini, que como italiano,

no puede pronunciar «cívico», sino «chívico». De ahí tomaron pie para

la gracia los más diablos del Club del Progreso, y después todos los

provinciales ú oficialistas.

Ahora verás: Viera acaba de devolverles la pelota porque _El

Justiciero_ tituló «Pax multa» su artículo sobre las elecciones,

que como te imaginarás han sido lo más pacíficas, porque ni los

escrutadores fueron al atrio... Pues Viera dijo en _La Pampa_ que

ese latinajo de «Pax multa», quería decir «Palo y multas», que es lo

único que dan nuestros municipales. Como lo escribía muy en serio, á

Fernández, el director de _El Justiciero_, se le atravesó la cosa,

y anduvo averiguando lo que significaban las palabritas que él

interpretaba como «mucha paz». Nadie se lo supo decir á derechas,

así es que se fué á preguntárselo al cura Papagna, que es como

preguntármelo á mí.

--La pache de la multiúdine,--dicen que le contestó el cura al tun tun,

pero dejándolo completamente tranquilo.

Viera y yo nos hemos reído á carcajadas de la cosa, aunque Viera sea

siempre más serio que bragueta de provisor. Y, á propósito de Viera, el

otro día lo embromé lindo, conversando sobre un suelto de _La Pampa_ en

que se quejaba de que desde hace seis años no se publican los balances

municipales.

--No los publican por honradez,--le dije.

--¡Cómo por honradez!--gritó furioso.

--¡Claro!--le retruqué.--¡Les sería tan fácil falsificarlos, que si no

lo hacen es por honradez!

¿No te parece que tuve razón? Él, por lo menos, se quedó con la boca

abierta y después se rió. ¡Bah! Hasta los más desvergonzados tienen su

pucho de vergüenza, y eso les pasa á los municipales. ¿No te parece?»

* * * * *

«No todo han de ser políticas. Para que te divirtás un rato, te copio

en seguida un documento que me ha facilitado su autor, seguro de haber

hecho una obra maestra,--como que la manda á _La Nación_ de Buenos

Aires, nada menos, contando con que se la publicará en sitio preferente

(¡agarrá ese trompo en l'uña!). Es la crónica completa de una fiesta

que resultó un verdadero velorio. Pero ya te darás cuenta por lo que

dice el artículo, que es el siguiente con título y todo:

«CORRESPONDENCIA DE PAGO CHICO

«Señor Administrador de _La Nación_:--Se celebraron aquí el día de

Corpus-Cristi con gran brillo y concurrencia las legendarias fiestas

del Santo Patrono de este pueblo, San Antonio; y aniversario de su

fundación.

«Han sido tres fiestas en una; la fundación, del día 11, lo mismo que

nuestra gran Metrópoli, el Santo el 13 y Corpus-Cristi el 14.

«Ha sido todo un acontecimiento.

«Desde la víspera, voluminosas bombas atronaban el éter, demostrando

con la variedad de colores, florones y antorchas, rarísimas

visualidades.

«Nuestro Pirotécnico, D. Ludovico Pituelli, demostró como siempre

gran ciencia y mucha perfección en el ramo, lo que le valieron sendos

aplausos.

«La función religiosa ó sea la misa, estuvo solemne, lo mismo que la

procesión de tarde, por la inmensa plaza-alameda que cubría con sus

frondosos árboles todo el ritual, y ofreciendo el panorama más hermoso

que en esta clase de funciones he visto, mereciendo los mayores elogios

las hermanas de la Inmaculada Concepción.

«El Reverendo padre Papagna como buen orador sagrado, tomó á su cargo

el panegírico y el sermón resultó notable. Amenizaba el acto la

armoniosa banda de música dirigida por el maestro Castellone y que lo

más que impresiona al público es: que está tocada por siete legítimos

hermanos; quizás será la única en el mundo; dicha banda amenizó la

fiesta con perfección; se debe su presencia á la buena voluntad del

diputado Sr. Cisneros, quien la pagó de su bolsillo. La policía muy

correcta, lo mismo que el comisario Barraba y el pueblo entusiasmado

con los recreos populares, que terminaron con el manto nocturno y el

tronar de las bombas.

«Por la noche grandes bailes en la casa de los Srs. Gancedo Tortorano

y Bermúdez, en donde bellas niñas lucieron las gracias de Tersícore,

concluyendo armoniosamente con el crepúsculo matutino.

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