¡Qué bien en un hombre luce

Que callando sus agravios,

Aun las venganzas sepulte!

Desta suerte ha de vengarse

Quien espera, calla y sufre.

Bien habemos aplicado,

Honor, con cuerda esperanza,

Disimulada venganza

A agravio disimulado.

¡Bien la ocasion advertí

Cuando la cuerda corté,

Cuando los remos tomé

Para apartarme de allí,

Haciendo que pretendia

Acercarme! Y ¡bien logré

Mi intento, pues que maté

Al que ofenderme queria

(Testigo es este puñal),

Al agresor de mi afrenta,

A quien dí en urna violenta

Monumento de cristal!

¡Bien en la tierra rompí

El barco, dando á entender

Que esto pudo suceder

Sin sospecharse de mí!

Pues ya que conforme á ley

De honrado, maté primero

Al galan, matar espero

A Leonor: no diga el Rey,

Viendo que su sangre esmalta

El lecho que áun no violó,

Que no vaya, porque yo

En mi casa no haga falta.

Pues esta noche ha de ver

El fin de mi desagravio,

Medio más prudente y sabio

Para acabarlo de hacer.

Leonor (¡ay de mí!), Leonor,

Bella como licenciosa,

Tan infeliz como hermosa,

Ruina fatal de mi honor;

Leonor, que al dolor rendida,

Y al sentimiento postrada,

Dejó la muerte burlada

En las manos de la vida,

Ha de morir. Mis intentos

Solo los he de fiar,

Porque los sabrán callar,

De todos cuatro elementos.

Allí al agua y viento entrego

La media venganza mia;

Y aquí la otra mitad fia

Mi dolor de tierra y fuego;

Pues esta noche mi casa

Pienso intrépido abrasar.

Fuego al cuarto he de pegar,

Y yo, en tanto que se abrasa,

Osado, atrevido y ciego

La muerte á Leonor daré,

Porque presuman que fué

Sangriento verdugo el fuego.

Sacaré acendrado dél

El honor que me ilustró,

Ya que la liga ensució

Una mancha tan cruel;

Y en una experiencia tal,

Por los crisoles no ignoro

Que salga acendrado el oro

Sin aquel bajo metal

De la liga que tenía

Y su valor deslustraba.

Así el mar las manchas lava

De la gran desdicha mia:

El viento la lleve luego,

Donde no se sepa della;

La tierra ande por no vella,

Y cenizas la haga el fuego;

Porque así el mortal aliento,

Que á turbar el sol se atreve,

Consuma, lave, arda y lleve

Tierra, agua, fuego y viento. _(Vase.)_

ESCENA XVII.

EL REY, EL DUQUE DE BERGANZA, ACOMPAÑAMIENTO.

DUQUE.

Pensando el mar que dormia

Segundo sol en su esfera,

Mansamente retrató

A sus ondas las estrellas.

REY.

Vine, Duque, por el mar;

Que aunque pude por la tierra,

Me pareció que tardaba,

Cuanto por aquí es más cerca.

Y habiendo estado las aguas

Tan dulces y lisonjeras,

Que el cielo, Narciso azul,

Se vió contemplando en ellas,

Ha sido justo venir

Donde tantos barcos vea,

Cuyos fanales parecen

Mil abrasados cometas,

Mil alados cisnes, pues

Formando esta competencia,

Unos con las alas corren,

Y otros con los remos vuelan.

DUQUE.

A todo ofrece ocasion

La noche apacible y fresca.

REY.

Entre la tierra y el mar

Deleitosa vista es esta;

Porque mirar tantas quintas,

Cuyas plantas lisonjean

Ninfas del mar, que obedientes

Con tanta quietud las cercan,

Es ver un monte portátil,

Es ver una errante selva;

Pues vistas dentro del mar,

Parece que se menean.

Adios, dulce patria mia,

Que en él espero que vuelva

(Puesto que es la causa suya),

Donde ceñido me veas

De laurel entrar triunfante

De mil victorias sangrientas,

Dando á mi honor nueva fama,

Nuevos triunfos á la Iglesia,

Que espero ver.

_Voces._

_(Dentro.)_ ¡Fuego, fuego!

REY.

¿Qué voces, Duque, son esas?

DUQUE.

Fuego, dicen; y hácia allí

La quinta, que está más cerca,

Y si no me engaño, es

La de Don Lope de Almeida,

Se está abrasando.

REY.

Ya veo

En ímpetu salir della,

Hecha un volcan de humo y fuego,

Las nubes y las centellas.

Grande incendio, al parecer,

De todas partes la cerca:

Parece imposible cosa

Que nadie escaparse pueda.

Acerquémonos á ver

Si hay contra el fuego defensa.

DUQUE.

¡Señor! ¿Tal temeridad?

REY.

Duque, accion piadosa es esta,

No temeridad.

ESCENA XVIII.

DON JUAN, _medio desnudo_.--DICHOS.

D. JUAN.

Aunque

Cenizas mi vida sea,

He de sacar á Don Lope,

Que es su cuarto el que se quema.

REY.

Detened aquese hombre.

DUQUE.

Desesperado, ¿qué intentas?

D. JUAN.

Dejar en el mundo fama

De una amistad verdadera.

Y pues que presente estás,

Es bien que la causa sepas.

Apénas, oh gran señor,

Nos recogimos, apénas,

Cuando en un punto, un instante,

Creció el fuego de manera,

Que parece que tomaba

Venganza de su violencia.

Don Lope de Almeida está

Con su esposa, y yo quisiera

Librarlos.

ESCENA XIX.

MANRIQUE.--DICHOS.

MANRIQ.

Echando chispas,

Como diablo de comedia,

Salgo huyendo de mi casa,

Que soy desta Troya Eneas.

Al mar me voy á arrojar,

Aunque menor daño fuera

Quemarme, que beber agua.

ESCENA XX.

DON LOPE, _medio desnudo, que saca á_ DOÑA LEONOR, _muerta_.--DICHOS.

D. LOPE.

¡Piadosos cielos, clemencia,

Porque, aunque arriesgue mi vida,

Escapar la suya pueda!--

¡Leonor!

REY.

¿Es Don Lope?

D. LOPE.

Yo

Soy, señor, si es que me deja

El sentimiento, no el fuego,

Alma y vida, con que pueda

Conoceros, para hablaros,

Cuando vida y alma atentas

A esta desdicha, á este asombro,

A este horror, á esta tragedia,

Yacen postradas y mudas.

Esta muerta beldad, esta

Flor en tanto fuego helada,

Que solo el fuego pudiera

Abrasarla, que de envidia

Quiso que no resplandezca,

Esta, señor, fué mi esposa,

Noble, altiva, honrada, honesta,

Que en los labios de la fama

Deja esta alabanza eterna.

Esta es mi esposa, á quien yo

Quise con tanta terneza

De amor, porque sienta más

El no verla y el perderla

Con una tan gran desdicha,

Como en vivo fuego envuelta,

En humo denso anegada;

Pues cuando librarla intenta

Mi valor, rindió la vida

En mis brazos. ¡Dura pena!

¡Triste horror! ¡fuerte suceso!

Aunque un consuelo me deja,

Y es, que ya podré serviros;

Pues libre desta manera,

En mi casa no haré falta.

Con vos iré, donde pueda

Tener mi vida su fin,

Si hay desdicha que fin tenga.--

Y vos, valiente Don Juan, _(Ap. á él.)_

Decid á quien se aconseja

Con vos, cómo ha de vengarse

Sin que ninguno lo sepa;

Y no dirá la venganza

Lo que no dijo la afrenta.

REY.

¡Notable desdicha ha sido!

D. JUAN.

Pues óigame vuestra Alteza

A parte; porque es razon

Que solo este caso sepa.

Don Lope sospechas tuvo,

Que pasaron de sospechas

Y llegaron á verdades;

Y en resolucion tan cuerda,

Por dar _á secreto agravio_

Tambien _venganza secreta_,

Al galan mató en el mar,

Porque en un barco se entra

Con él solo: así el secreto

Al agua y fuego le entrega,

Porque el que supo el agravio

Sólo la venganza sepa.

REY.

Es el caso más notable

Que la antigüedad celebra;

Porque secreta venganza

Requiere secreta ofensa.

D. JUAN.

Esta es verdadera historia

Del gran Don Lope de Almeida,

Dando con su admiracion

Fin á la tragicomedia.

EL ALCALDE DE ZALAMEA.

DRAMA EN TRES JORNADAS.

PERSONAS.

EL REY FELIPE II.

DON LOPE DE FIGUEROA.

DON ÁLVARO DE ATAIDE, _capitan_.

UN SARGENTO.

LA CHISPA.

REBOLLEDO, _soldado_.

PEDRO CRESPO, _labrador viejo_.

JUAN, _hijo de Pedro Crespo_.

ISABEL, _hija de Pedro Crespo_.

INÉS, _prima de Isabel_.

DON MENDO, _hidalgo_.

NUÑO, _su criado_.

UN ESCRIBANO.

_Soldados._

_Un tambor._

_Labradores._

_Acompañamiento._

_La escena en Zalamea y sus inmediaciones._

JORNADA PRIMERA.

_Campo cercano á Zalamea._

ESCENA PRIMERA.

REBOLLEDO, CHISPA, SOLDADOS.

REBOLL.

¡Cuerpo de Cristo con quien

Desta suerte hace marchar

De un lugar á otro lugar

Sin dar un refresco!

TODOS.

Amén.

REBOLL.

¿Somos gitanos aquí,

Para andar desta manera?

Una arrollada bandera

¿Nos ha de llevar tras sí,

Con una caja...

SOLD. 1.º

¿Ya empiezas?

REBOLL.

Que este rato que calló,

Nos hizo merced de no

Rompernos estas cabezas?

SOLD. 2.º

No muestres deso pesar,

Si ha de olvidarse, imagino,

El cansancio del camino

A la entrada del lugar.

REBOLL.

¿A qué entrada, si voy muerto?

Y aunque llegue vivo allá,

Sabe mi Dios si será

Para alojar; pues es cierto

Llegar luégo al comisario

Los alcaldes á decir

Que si es que se pueden ir,

Que darán lo necesario.

Responderles, lo primero,

Que es imposible, que viene

La gente muerta; y si tiene

El concejo algun dinero,

Decir: «Señores soldados,

Orden hay que no paremos:

Luégo al instante marchemos.»

Y nosotros, muy menguados,

A obedecer al instante

Orden, que es en caso tal,

Para él órden monacal,

Y para mí mendicante.

Pues ¡voto á Dios! que si llego

Esta tarde á Zalamea,

Y pasar de allí desea

Por diligencia ó por ruego,

Que ha de ser sin mí la ida;

Pues no, con desembarazo,

Será el primer tornillazo

Que habré yo dado en mi vida.

SOLD. 1.º

Tampoco será el primero

Que haya la vida costado

A un miserable soldado;

Y más hoy, si considero

Que es el cabo desta gente

Don Lope de Figueroa,

Que si tiene fama y loa

De animoso y de valiente,

La tiene tambien de ser

El hombre más desalmado,

Jurador y renegado

Del mundo, y que sabe hacer

Justicia del más amigo,

Sin fulminar el proceso.

REBOLL.

¿Ven ustedes todo eso?

Pues yo haré lo que yo digo.

SOLD. 2.º

¿Deso un soldado blasona?

REBOLL.

Por mí muy poco me inquieta;

Pero por esa pobreta,

que viene tras la persona...

CHISPA.

Seor Rebolledo, por mí

Voacé no se aflija, no;

Que, como ya sabe, yo,

Barbada el alma, nací:

Y ese temor me deshonra;

Pues no vengo yo á servir

Ménos que para sufrir

Trabajos con mucha honra;

Que para estarme, en rigor,

Regalada, no dejara

En mi vida, cosa es clara,

La casa del regidor,

Donde todo sobra, pues

Al mes mil regalos vienen;

Que hay regidores que tienen

Mesa franca con el mes.

Y pues al venir aquí,

A marchar y padecer

Con Rebolledo, sin ser

Postema, me resolví,

Por mí ¿en qué duda ó repara?

REBOLL.

¡Viven los cielos, que eres

Corona de las mujeres!

SOLD. 2.º

Aquesa es verdad bien clara.

¡Viva la Chispa!

REBOLL.

¡Reviva!

Y más si por divertir

Esta fatiga de ir

Cuesta abajo y cuesta arriba,

Con su voz al aire inquieta

Una jácara ó cancion.

CHISPA.

Responda á esa peticion

Citada la castañeta.

REBOLL.

Y yo ayudaré tambien.

Sentencien los camaradas,

Todas las partes citadas.

SOLD. 1.º

¡Vive Dios, que ha dicho bien!

_(Cantan Rebolledo y la Chispa.)_

CHISPA.

_Yo soy titiri, titiri, tina,

Flor de la jacarandina._

REBOLL.

_Yo soy titiri, titiri, taina,

Flor de la jacarandaina._

CHISPA.

_Vaya á la guerra el alférez,

Y embárquese el capitan._

REBOLL.

_Mate moros quien quisiere,

Que á mí no me han hecho mal._

CHISPA.

_Vaya y venga la tabla al horno,

Y á mí no me falte pan._

REBOLL.

_Huéspeda, máteme una gallina;

Que el carnero me hace mal._

SOLD. 1.º

Aguarda; que ya me pesa

(Que íbamos entretenidos

En nuestros mismos oidos)

De haber llegado á ver esa

Torre, pues es necesario

Que donde paremos sea.

REBOLL.

¿Es aquella Zalamea?

CHISPA.

Dígalo su campanario.

No sienta tanto voacé,

Que cese el cántico ya:

Mil ocasiones habrá

En que lograrle, porque

Esto me divierte tanto,

Que como de otras no ignoran

Que á cada cosita lloran,

Yo á cada cosita canto,

Y oirá uced jácaras ciento.

REBOLL.

Hagamos alto aquí, pues

Justo, hasta que venga, es,

Con la órden el Sargento,

Por si hemos de entrar marchando

Y en tropas.

SOLD. 1.º

Él solo es quien

Llega ahora; mas tambien

El Capitan esperando

Está.

ESCENA II.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.--DICHOS.

CAPITAN.

Señores soldados,

Albricias puedo pedir:

De aquí no hemos de salir,

Y hemos de estar alojados

Hasta que Don Lope venga

Con la gente que quedó

En Llerena; que hoy llegó

Orden de que se prevenga

Toda, y no salga de aquí

A Guadalupe, hasta que

Junto todo el tercio esté,

Y él vendrá luego; y así,

Del cansancio bien podrán

Descansar algunos dias.

REBOLL.

Albricias pedir podias.

TODOS.

¡Víctor nuestro Capitan!

CAPITAN.

Ya está hecho el alojamiento:

El comisario irá dando

Boletas, como llegando

Fueren.

CHISPA.

Hoy saber intento

Por qué dijo, voto á tal,

Aquella jacarandina:

«Huéspeda, máteme una gallina;

Que el carnero me hace mal.» _(Vanse.)_

* * * * *

_Calle._

ESCENA III.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

CAPITAN.

Señor Sargento, ¿ha guardado

Las boletas para mí,

Que me tocan?

SARG.

Señor, sí.

CAPITAN.

¿Y dónde estoy alojado?

SARG.

En la casa de un villano,

Que el hombre más rico es

Del lugar, de quien despues

He oido que es el más vano

Hombre del mundo, y que tiene

Más pompa y más presuncion

Que un infante de Leon.

CAPITAN.

Bien á un villano conviene

Rico aquesa vanidad.

SARG.

Dicen que esta es la mejor

Casa del lugar, señor:

Y si va á decir verdad,

Yo la escogí para tí,

No tanto porque lo sea,

Como porque en Zalamea

No hay tan bella mujer...

CAPITAN.

Dí.

SARG.

Como una hija suya.

CAPITAN.

Pues

Por muy hermosa y muy vana,

¿Será más que una villana

Con malas manos y piés?

SARG.

¿Que haya en el mundo quien diga

Eso?

CAPITAN.

¿Pues no, mentecato?

SARG.

¿Hay más bien gastado rato

(A quien amor no le obliga,

Sino ociosidad no más)

Que el de una villana, y ver

Que no acierta á responder

A propósito jamás?

CAPITAN.

Cosa es que en toda mi vida,

Ni áun de paso, me agradó;

Porque en no mirando yo

Aseada y bien prendida

Una mujer, me parece

Que no es mujer para mí.

SARG.

Pues para mí, señor, sí,

Cualquiera que se me ofrece.

Vamos allá; que por Dios,

Que me pienso entretener

Con ella.

CAPITAN.

¿Quieres saber

Cuál dice bien de los dos?

El que una belleza adora,

Dijo, viendo á la que amó:

«Aquella es mi dama,» y no:

«Aquella es mi labradora.»

Luego si dama se llama

La que se ama, claro es ya

Que en una villana está

Vendido el nombre de dama.

Mas ¿qué ruido es ese?

SARG.

Un hombre,

Que de un flaco rocinante

A la vuelta desa esquina

Se apeó, y en rostro y talle

Parece á aquel Don Quijote,

De quien Miguel de Cervántes

Escribió las aventuras.

CAPITAN.

¡Qué figura tan notable!

SARG.

Vamos, señor; que ya es hora.

CAPITAN.

Lléveme el Sargento ántes

A la posada la ropa,

Y vuelva luégo á avisarme. _(Vanse.)_

ESCENA IV.

DON MENDO, NUÑO.

D. MEND.

¿Cómo va el rucio?

NUÑO.

Rodado,

Pues no puede menearse.

D. MEND.

¿Dijiste al lacayo, dí,

Que un rato le pasease?

NUÑO.

¡Qué lindo pienso!

D. MEND.

No hay cosa

Que tanto á un bruto descanse.

NUÑO.

Aténgome á la cebada.

D. MEND.

¿Y que á los galgos no aten,

Dijiste?

NUÑO.

Ellos se holgarán;

Mas no el carnicero.

D. MEND.

Baste;

Y pues han dado las tres,

Cálzome palillo y guantes.

NUÑO.

¿Si te prenden el palillo

Por palillo falso?

D. MEND.

Si álguien,

Que no he comido un faisan,

Dentro de sí imaginare,

Que allá dentro de sí miente,

Aquí y en cualquiera parte

Le sustentaré.

NUÑO.

¿Mejor

No seria sustentarme

A mí, que al otro? que en fin

Te sirvo.

D. MEND.

¡Qué necedades!

--En efecto, ¿que han entrado

Soldados aquesta tarde

En el pueblo?

NUÑO.

Sí, señor.

D. MEND.

Lástima da el villanaje

Con los huéspedes que espera.

NUÑO.

Más lástima da y más grande

Con los que no espera...

D. MEND.

¿Quién?

NUÑO.

La hidalguez; y no te espante;

Que si no alojan, señor,

En cas de hidalgos á nadie,

¿Por qué piensas que es?

D. MEND.

¿Por qué?

NUÑO.

Porque no se mueran de hambre.

D. MEND.

En buen descanso esté el alma

De mi buen señor y padre,

Pues en fin me dejó una

Ejecutoria tan grande.

Pintada de oro y azul,

Exencion de mi linaje.

NUÑO.

Tomáramos que dejara

Un poco del oro aparte.

D. MEND.

Aunque si reparo en ello,

Y si va á decir verdades,

No tengo que agradecerle

De que hidalgo me engendrase,

Porque yo no me dejara

Engendrar, aunque él porfiase,

Si no fuera de un hidalgo,

En el vientre de mi madre.

NUÑO.

Fuera de saber difícil.

D. MEND.

No fuera, sino muy fácil.

NUÑO.

¿Cómo, señor?

D. MEND.

Tú, en efecto,

Filosofía no sabes,

Y así ignoras los principios.

NUÑO.

Sí, mi señor, y áun los ántes

Y postres, desde que como

Contigo; y es, que al instante,

Mesa divina es tu mesa,

Sin medios, postres ni ántes.

D. MEND.

Yo no digo esos principios.

Has de saber que el que nace,

Sustancia es del alimento

Que ántes comieron sus padres.

NUÑO.

¿Luego tus padres comieron?

Esa maña no heredaste.

D MEND.

Esto despues se convierte

En su propia carne y sangre:

Luego si hubiera comido

El mio cebolla, al instante

Me hubiera dado el olor,

Y hubiera dicho yo: «Tate,

Que no me está bien hacerme

De excremento semejante.»

NUÑO.

Ahora digo que es verdad...

D. MEND.

¿Qué?

NUÑO.

Que adelgaza la hambre

Los ingenios.

D. MEND.

Majadero,

¿Téngola yo?

NUÑO.

No te enfades;

Que si no la tienes, puedes

Tenerla, pues de la tarde

Son ya las tres, y no hay greda

Que mejor las manchas saque,

Que tu saliva y la mia.

D. MEND.

Pues esa, ¿es causa bastante

Para tener hambre yo?

Tengan hambre los gañanes;

Que no somos todos unos;

Que á un hidalgo no le hace

Falta el comer.

NUÑO.

¡Oh, quién fuera

Hidalgo!

D. MEND.

Y más no me hables

Desto, pues ya de Isabel

Vamos entrando en la calle.

NUÑO.

¿Por qué, si de Isabel eres

Tan firme y rendido amante,

A su padre no la pides?

Pues con eso tú y su padre

Remediaréis de una vez

Entrambas necesidades:

Tú comerás, y él hará

Hidalgos sus nietos.

D. MEND.

No hables

Más, Nuño, en eso. ¿Dineros

Tanto habian de postrarme,

Que á un hombre llano por suegro

Habia de admitir?

NUÑO.

Pues ántes

Pensé que ser hombre llano,

Para suegro, era importante;

Pues de otros dicen, que son

Tropezones, en que caen

Los yernos. Y si no has

De casarte, ¿por qué haces

Tantos extremos de amor?

D. MEND.

¿Pues no hay sin que yo me case,

Huelgas en Búrgos, adonde

Llevarla, cuando me enfade?

Mira si acaso la ves.

NUÑO.

Temo, si acierta á mirarme

Pedro Crespo...

D. MEND.

¿Qué ha de hacerte,

Siendo mi criado, nadie?

Haz lo que manda tu amo.

NUÑO.

Sí haré, aunque no he de sentarme

Con él á la mesa.

D. MEND.

Es proprio

De los que sirven, refranes.

NUÑO.

Albricias, que con su prima

Inés á la reja sale.

D. MEND.

Dí que por el bello oriente,

Coronado de diamantes,

Hoy, repitiéndose el sol,

Amanece por la tarde.

ESCENA V.

ISABEL É INÉS, _á una ventana_.--DICHOS.

INÉS.

Asómate á esa ventana,

Prima, así el cielo te guarde:

Verás los soldados que entran

En el lugar.

ISABEL.

No me mandes

Que á la ventana me ponga,

Estando este hombre en la calle,

Inés, pues ya cuánto el verle

En ella me ofende sabes.

INÉS.

En notable tema ha dado

De servirte y festejarte.

ISABEL.

No soy más dichosa yo.

INÉS.

A mi parecer, mal haces

De hacer sentimiento desto.

ISABEL.

¿Pues qué habia de hacer?

INÉS.

Donaire.

ISABEL.

¿Donaire de los disgustos?

D. MEND.

_(Llegando á la ventana.)_

Hasta aqueste mismo instante,

Jurara yo á fe de hidalgo

(Que es juramento inviolable)

Que no habia amanecido;

Mas ¿qué mucho que lo extrañe,

Hasta que á vuestras auroras

Segundo dia les sale?

ISABEL.

Ya os he dicho muchas veces,

Señor Mendo, cuán en balde

Gastais finezas de amor,

Locos extremos de amante

Haciendo todos los dias

En mi casa y en mi calle.

D. MEND.

Si las mujeres hermosas

Supieran cuánto las hace

Más hermosas el enojo,

El rigor, desden y ultraje,

En su vida gastarian

Más afeite que enojarse.

Hermosa estais, por mi vida.

Decid, decid más pesares.

ISABEL.

Cuando no baste el decirlos,

Don Mendo, el hacerlos baste

De aquesta manera.--Inés,

Éntrate acá dentro, y dale

Con la ventana en los ojos. _(Vase)_

INÉS.

Señor caballero andante,

Que de aventurero entrais

Siempre en lides semejantes,

Porque de mantenedor

No era para vos tan fácil,

Amor os provea. _(Vase.)_

D. MEND.

Inés,

Las hermosuras se salen

Con cuanto ellas quieren.--Nuño.

NUÑO.

¡Oh que desairados nacen

Todos los pobres!

ESCENA VI.

PEDRO CRESPO; _despues_ JUAN CRESPO.--DICHOS.

CRESPO.

_(Ap.)_ ¡Que nunca

Entre y salga yo en mi calle,

Que no vea á este hidalgote

Pasearse en ella muy grave!

NUÑO.

_(Ap. á su amo.)_ Pedro Crespo viene aquí.

D. MEND.

Vamos por esotra parte;

Que es villano malicioso.

_(Sale Juan Crespo.)_

JUAN.

_(Ap.)_ ¡Que siempre que venga, halle

Esta fantasma á mi puerta,

Calzada de frente y guantes!

NUÑO.

_(Ap. á su amo.)_ Pero acá viene su hijo.

D. MEND.

No te turbes ni embaraces.

CRESPO.

_(Ap.)_ Mas Juanico viene aquí.

JUAN.

_(Ap.)_ Pero aquí viene mi padre.

D. MEND.

_(Ap. á Nuño._ Disimula.) Pedro Crespo,

Dios os guarde.

CRESPO.

Dios os guarde.

_(Vanse Don Mendo y Nuño.)_

ESCENA VII.

PEDRO Y JUAN CRESPO.

CRESPO.

_(Ap.)_ Él ha dado en porfiar,

Y alguna vez he de darle

De manera que le duela.

JUAN.

(_Ap._ Algun dia he de enojarme.)

¿De dónde bueno, señor?

CRESPO.

De las eras; que esta tarde

Salí á mirar la labranza,

Y están las parvas notables

De manojos y montones,

Que parecen al mirarse

Desde léjos montes de oro,

Y áun oro de más quilates,

Pues de los granos de aqueste

Es todo el cielo el contraste.

Allí el bieldo, hiriendo á soplos

El viento en ellos süave,

Deja en esta parte el grano,

Y la paja en la otra parte;

Que áun allí lo más humilde

Da el lugar á lo más grave.

¡Oh, quiera Dios que en las trojes

Yo llegue á encerrarlo, ántes

Que algun turbion me lo lleve,

O algun viento me lo tale!

Tú, ¿qué has hecho?

JUAN.

No sé cómo

Decirlo sin enojarte.

A la pelota he jugado

Dos partidos esta tarde,

Y entrambos los he perdido.

CRESPO.

Haces bien, si los pagaste.

JUAN.

No los pagué; que no tuve

Dineros para ello: ántes

Vengo á pedirte, señor...

CRESPO.

Pues escucha ántes de hablarme.

Dos cosas no has de hacer nunca:

No ofrecer lo que no sabes

Que has de cumplir, ni jugar

Más de lo que está delante;

Porque si por accidente

Falta, tu opinion no falte.

JUAN.

El consejo es como tuyo;

Y porque debo estimarle,

He de pagarte con otro.

En tu vida no has de darle

Consejo al que ha menester

Dinero.

CRESPO.

Bien te vengaste. _(Vanse.)_

* * * * *

_Patio ó portal de la casa de Pedro Crespo._

ESCENA VIII.

CRESPO, JUAN, EL SARGENTO.

SARG.

¿Vive Pedro Crespo aquí?

CRESPO.

¿Hay algo que usted le mande?

SARG.

Traer á su casa la ropa

De Don Álvaro de Ataide,

Que es el capitan de aquesta

Compañía, que esta tarde

Se ha alojado en Zalamea.

CRESPO.

No digais más: eso baste;

Que para servir á Dios,

y al Rey en sus capitanes,

Está mi casa y mi hacienda.

Y en tanto que se le hace

El aposento, dejad

La ropa en aquella parte,

Y id á decirle que venga

Cuando su merced mandare

A que se sirva de todo.

SARG.

El vendrá luego al instante. _(Vase.)_

ESCENA IX.

CRESPO, JUAN.

JUAN.

¿Que quieras, siendo tan rico,

Vivir á estos hospedajes

Sujeto?

CRESPO.

Pues ¿cómo puedo

Excusarlos ni excusarme?

JUAN.

Comprando una ejecutoria.

CRESPO.

Díme por tu vida, ¿hay álguien

Que no sepa que yo soy,

Si bien de limpio linaje,

Hombre llano? No por cierto:

Pues ¿qué gano yo en comprarle

Una ejecutoria al Rey,

Si no le compro la sangre?

¿Dirán entónces que soy

Mejor que ahora? Es dislate.

Pues ¿qué diran? Que soy noble

Por cinco ó seis mil reales.

Y eso es dinero, y no es honra;

Que honra no la compra nadie.

¿Quieres, aunque sea trivial,

Un ejemplillo escucharme?

Es calvo un hombre mil años,

Y al cabo dellos se hace

Una cabellera. Este

En opiniones vulgares,

¿Deja de ser calvo? No,

Pues que dicen al mirarle:

«¡Bien puesta la cabellera

Trae Fulano!» Pues ¿qué hace,

Si aunque no le vean la calva,

Todos que la tiene saben?

JUAN.

Enmendar su vejacion,

Remediarse de su parte,

Y redimir las molestias

Del sol, del hielo y del aire.

CRESPO.

Yo no quiero honor postizo,

Que el defecto ha de dejarme

En casa. Villanos fueron

Mis abuelos y mis padres;

Sean villanos mis hijos.

Llama á tu hermana.

JUAN.

Ella sale.

ESCENA X.

ISABEL, INÉS.--CRESPO, JUAN.

CRESPO.

Hija, el Rey nuestro señor,

Que el cielo mil años guarde,

Va á Lisboa, porque en ella

Solicita coronarse

Como legítimo dueño:

A cuyo efecto marciales

Tropas caminan con tantos

Aparatos militares

Hasta bajar á Castilla

El tercio viejo de Flándes

Con un Don Lope, que dicen

Todos que es español Marte.

Hoy han de venir á casa

Soldados, y es importante

Que no te vean; y así, hija,

Al punto has de retirarte

En esos desvanes, donde

Yo vivia.

ISABEL.

A suplicarte

Me dieses esta licencia

Venía. Yo sé que el estarme

Aquí, es estar solamente

A escuchar mil necedades.

Mi prima y yo en ese cuarto

Estaremos, sin que nadie,

Ni áun el mismo sol, hoy sepa

De nosotras.

CRESPO.

Dios os guarde.

Juanito, quédate aquí,

Recibe á huéspedes tales,

Miéntras busco en el lugar

Algo con que regalarles. _(Vase.)_

ISABEL.

Vamos, Inés.

INÉS.

Vamos, prima;

Mas tengo por disparate

El guardar á una mujer,

Si ella no quiere guardarse.

_(Vanse Isabel y Juan.)_

ESCENA XI.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.--JUAN.

SARG.

Esta es, señor, la casa.

CAPITAN.

Pues del cuerpo de guardia al punto pasa

Toda mi ropa.

SARG.

_(Ap. al Capitan.)_ Quiero

Registrar la villana lo primero. _(Vase.)_

JUAN.

Vos seais bien venido

A aquesta casa; que ventura ha sido

Grande venir á ella un caballero

Tan noble como en vos le considero.

(_Ap._ ¡Qué galan! ¡Qué alentado!

Envidia tengo al traje de soldado.)

CAPITAN.

Vos seais bien hallado.

JUAN.

Perdonaréis no estar acomodado;

Que mi padre quisiera

Que hoy un alcázar esta casa fuera.

Él ha ido á buscaros

Que comais; que desea regalaros,

Y yo voy á que esté vuestro aposento

Aderezado.

CAPITAN.

Agradecer intento

La merced y el cuidado.

JUAN.

Estaré siempre á vuestros piés postrado.

_(Vase.)_

ESCENA XII.

EL SARGENTO.--EL CAPITAN.

CAPITAN.

¿Qué hay, Sargento? ¿Has ya visto

A la tal labradora?

SARG.

Vive Cristo,

Que con aquese intento

No he dejado cocina ni aposento,

Y no la he encontrado.

CAPITAN.

Sin duda el villanchon la ha retirado.

SARG.

Pregunté á una criada

Por ella, y respondióme que ocupada

Su padre la tenía

En ese cuarto alto, y que no habia

De bajar nunca acá; que es muy celoso.

CAPITAN.

¿Qué villano no ha sido malicioso?

Si acaso aquí la viera,

Della caso no hiciera;

Y sólo porque el viejo la ha guardado,

Deseo, vive Dios, de entrar me ha dado

Donde está.

SARG.

Pues ¿qué haremos

Para que allá, señor, con causa entremos,

Sin dar sospecha alguna?

CAPITAN.

Sólo por tema la he de ver, y una

Industria he de buscar.

SARG.

Aunque no sea

De mucho ingenio, para quien la vea

Hoy, no importará nada;

Que con eso será más celebrada.

CAPITAN.

Óyela, pues, ahora.

SARG.

Dí, ¿qué ha sido?

CAPITAN.

Tú has de fingir...--Mas no; pues ha venido

_(Viendo venir á Rebolledo.)_

Ese soldado, que es más despejado,

Él fingirá mejor lo que he trazado.

ESCENA XIII.

REBOLLEDO, LA CHISPA.--DICHOS.

REBOLL.

_(A la Chispa.)_ Con este intento vengo

A hablar al Capitan, por ver si tengo

Dicha en algo.

CHISPA.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 7 / 19 段