Yo ví ayer

De la cama levantarse

Un capon con bigotera.

¿No te ries de pensarle

Curándose sobre sano

Con tan vagamundo parche?

A esto un epigrama hice.

(No te pido, Pedro el Grande,

Casas ni viñas; que solo

Risa pido: en este guante

Dad vuestra bendita risa

A un gracioso vergonzante.)

«Floro, casa muy desierta

La tuya debe de ser,

Porque eso nos da á entender

La cédula de la puerta:

Donde no hay carta, ¿hay cubierta?

¿Cáscara sin fruta? No,

No pierdas tiempo; que yo,

Esperando los provechos,

He visto labrar barbechos,

Mas barbi-deshechos no.»

REY.

¡Qué frialdad!

COQUIN.

No es más caliente.

ESCENA XIII.

DON ENRIQUE.--DICHOS.

D. ENR.

Dadme vuestra mano.

REY.

Infante,

¿Cómo estais?

D. ENR.

Tengo salud,

Contento de que se halle

Vuestra Majestad con ella;

Y esto, señor, á una parte:

Don Arias...

REY.

Don Arias es

Vuestra privanza: sacadle

De la prision, y haced vos,

Enrique, esas amistades,

Que á vos os deben las vidas.

D. ENR.

La tuya los cielos guarden,

Y heredero de tí mismo,

Apuestes eternidades

Con el tiempo. _(Vase el Rey.)_

ESCENA XIV.

DON ENRIQUE, DON DIEGO, COQUIN.

D. ENR.

Iréis, Don Diego,

A la torre, y al Alcaide

Le diréis que traiga aquí

Los dos presos. (_Ap._ ¡Cielos! dadme

_(Vase Don Diego.)_

Paciencia en tales desdichas

Y prudencia en tantos males.)

Coquin, ¿tú estabas aquí?

COQUIN.

Y más me valiera en Flándes.

D. ENR.

¿Cómo?

COQUIN.

Es el Rey un prodigio

De todos los animales.

D. ENR.

¿Por qué?

COQUIN.

La naturaleza

Permite que el toro brame,

Ruja el leon, muja el buey,

El asno rebuzne, el ave

Cante, el caballo relinche,

Ladre el perro, el gato maye,

Aulle el lobo, el lechon gruña,

Y sólo permitió darle

Risa al hombre, y Aristóteles

Risible animal le hace

Por difinicion perfecta;

Y el Rey, contra el órden y arte,

No quiere reirse. Déme

El cielo para sacarle

Risa, todas las tenazas

Del buen gusto y del donaire. _(Vase.)_

ESCENA XV.

DON GUTIERRE, DON ARIAS, DON DIEGO.--DON ENRIQUE.

D. DIEGO.

Ya, señor, están aquí

Los presos.

D. GUT.

Dános tus plantas.

D. ARIAS.

Hoy al cielo nos levantas.

D. ENR.

El Rey mi señor de mí

(Porque humilde le pedí

Vuestras vidas este dia)

Estas amistades fía.

D. GUT.

El honrar es dado á vos.--

_(Coteja la daga que se halló, con la espada del Infante.)_

(_Ap._ ¿Qué es esto que miro? ¡Ay Dios!)

D. ENR.

Las manos os dad.

D. ARIAS.

La mia

Es esta.

D. GUT.

Y estos mis brazos,

Cuyo lazo y nudo fuerte

No desatará la muerte,

Sin que los haga pedazos.

D. ARIAS.

Confirmen estos abrazos

Firme amistad desde aquí.

D. ENR.

Esto queda bien así.

Entrambos sois caballeros,

En acudir los primeros

A su obligacion; y así

Está bien el ser amigo

Uno y otro; y quien pensare

Que no queda bien, repare

En que ha de reñir conmigo.

D. GUT.

A cumplir, señor, me obligo

Las amistades que juro:

Obedeceros procuro,

Y pienso que me honraréis

Tanto, que de mi crêréis

Lo que de mí estais seguro.

Sois fuerte enemigo vos,

Y cuando lealtad no fuera,

Por temor no me atreviera

A romperlas, vive Dios.

Vos y yo para otros dos:

Me estuviera á mí muy bien

Mostrar entónces tambien

Que sé cumplir lo que digo;

Mas con vos por enemigo,

¿Quién ha de atreverse? ¿quién?

Tanto enojaros temiera

El alma cuerda y prudente,

Que á miraros solamente

Tal vez áun no me atreviera;

Y si en ocasion me viera

De probar vuestros aceros,

Cuando yo sin conoceros

A tal extremo llegara,

Que se muriera estimara

La luz del sol por no veros.

D. ENR.

(_Ap._ De sus quejas y suspiros

Grandes sospechas prevengo)

Venid conmigo, que tengo

Muchas cosas que deciros,

Don Arias.

D. ARIAS.

Iré á serviros.

_(Vanse Don Enrique, Don Diego y Don Arias.)_

ESCENA XVI.

DON GUTIERRE.

Nada Enrique respondió;

Sin duda se convenció

De mi razon. ¡Ay de mí!

¿Podré ya quejarme? Sí;

Pero consolarme, no.

Ya estoy solo, ya bien puedo

Hablar. ¡Ay Dios! ¡quién pudiera

Reducir solo á un discurso,

Medir con sola una idea

Tantos géneros de agravios,

Tantos linajes de penas

Como cobardes me asaltan,

Como atrevidos me cercan!

¡Ahora, ahora, valor,

Salga repetido en quejas,

Salga en lágrimas en vuelto

El corazon á las puertas

Del alma, que son los ojos!

Y en ocasion como esta,

Bien podeis, ojos, llorar:

No lo dejeis de vergüenza.

¡Ahora, valor, ahora

Es tiempo de que se vea

Que sabeis medir iguales

El valor y la prudencia!

Pero cese el sentimiento,

Y á fuerza de honor, y á fuerza

De valor, áun no me dé

Para quejarme licencia;

Porque adula sus penas

El que pide á la voz justicia dellas.

Pero vengamos al caso,

Quizá hallarémos respuesta.

¡Oh, ruego á Dios que la haya!

¡Oh, plegue á Dios que la tenga!--

Anoche llegué á mí casa,

Es verdad; pero las puertas

Me abrieron luego, y mi esposa

Estaba segura y quieta.

En cuanto á que me avisaron

De que estaba un hombre en ella,

Tengo disculpa en que fué

La que me avisó ella mesma.

En cuanto á que se mató

La luz, ¿qué testigo prueba

Aquí que no pudo ser

Un caso de contigencia?

En cuanto á que hallé esta daga,

Hay criados de quien pueda

Ser. En cuanto (¡ay dolor mio!)

Que con la espada convenga

Del Infante, puede ser

Otra espada como ella;

Que no es labor tan extraña,

Que no hay mil que la parezcan.

Y apurando más el caso,

Confieso (¡ay de mí!) que sea

Del Infante, y más confieso,

Que estaba allí, aunque no fuera

Posible dejar de verle;

Mas siéndolo, ¿no pudiera

No estar culpada Mencía?

Que el oro es llave maestra,

Que las guardas de criadas

Por instantes nos falsea.

¡Oh! ¡cuánto me estimo haber

Hallado esta sutileza!

Y así acortemos discursos,

Pues todos juntos se cierran

En que Mencía es quien es,

Y soy quien soy. No hay quien pueda

Borrar de tanto esplendor

La hermosura y la pureza.--

Pero sí puede, mal digo;

Que al sol una nube negra,

Si no le mancha, le turba,

Si no le eclipsa, le hiela.

¿Qué injusta ley condena,

Que muera el inocente y que perezca?

A peligro estais, honor,

No hay hora en vos que no sea

Crítica, en vuestro sepulcro

Vivís, puesto que os alienta

La mujer, en ella estais

Pisando siempre la huesa.

Yo os he de curar, honor,

Y pues al principio muestra

Este primero accidente

Tan grave peligro, sea

La primera medicina

Cerrar al daño las puertas,

Atajar al mal los pasos.

Y así es receta y ordena

_El Médico de su honra_

Primeramente la dieta

Del silencio, que es guardar

La boca, tener paciencia:

Luégo dice que apliqueis

A vuestra mujer finezas,

Agrados, gustos, amores,

Lisonjas, que son las fuerzas

Defensibles, porque el mal

Con el despego no crezca;

Que sentimientos, disgustos,

Celos, agravios, sospechas

Con la mujer, y más propia,

Aun más que sanan, enferman.

Esta noche iré á mi casa,

De secreto entraré en ella

Por ver qué malicia tiene

El mal; y hasta apurar ésta,

Disimularé, si puedo,

Esta desdicha, esta pena,

Este rigor, este agravio,

Este dolor, esta ofensa,

Este asombro, este delirio,

Este cuidado, esta afrenta,

Estos celos... ¿Celos dije?

¡Qué mal hice! Vuelva, vuelva

Al pecho la voz. Mas no,

Que si es ponzoña que engendra

Mi pecho, si no me dió

La muerte (¡ay de mí!) al verterla,

Al volverla á mí podrá;

Que de la víbora cuentan

Que la mata su ponzoña,

Si fuera de sí la encuentra.

¿Celos dije? ¿Celos dije?

Pues basta; que cuando llega

Un marido á saber que hay

Celos, faltará la ciencia;

Y es la cura postrera

Que el médico de honor hacer intenta.

_(Vase.)_

ESCENA XVII.

DON ARIAS, DOÑA LEONOR.

D. ARIAS.

No penseis, bella Leonor,

Que el no haberos visto fué

Porque negar intenté

Las deudas que á vuestro honor

Tengo; y acrêdor á quien

Tanta deuda se previene,

El deudor buscando viene,

No á pagar, porque no es bien

Que necio y loco presuma

Que pueda jamás llegar

A satisfacer y dar

Cantidad que fué tan suma;

Pero en fin, ya que no pago,

Que soy el deudor confieso:

No os vuelvo el rostro, y con eso

La obligacion satisfago.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, yo he sido

La que obligada de vos,

En las cuentas de los dos

Más interes ha tenido.

Confieso que me quitasteis

Un esposo á quien queria;

Mas quizás la suerte mia

Por ventura mejorasteis;

Pues es mejor que sin vida,

Sin opinion, sin honor

Viva, que no sin amor,

De un marido aborrecida.

Yo tuve la culpa, yo

La pena siento, y así

Solo me quejo de mí

Y de mi estrella.

D. ARIAS.

Eso no:

Quitarme, Leonor hermosa,

La culpa, es querer negar

A mis deseos lugar;

Pues si mi pena amorosa

Os significo, ella diga

En cifra sucinta y breve

Que es vuestro amor quien me mueve,

Mi deseo quien me obliga

A deciros, que pues fuí

Causa de penas tan tristes,

Si esposo por mí perdistes,

Tengais esposo por mí.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, estimo,

Como es razon, la eleccion;

Y aunque con tanta razon

Dentro del alma la imprimo,

Licencia me habeis de dar

De responderos tambien

Que no puede estarme bien,

No, señor, porque á ganar

No llegaba yo infinito;

Sino porque si vos fuisteis

Quien á Gutierre le dísteis

De un mal formado delito

La ocasion, y ahora viera

Que me casaba con vos,

Fácilmente entre los dos

De aquella sospecha hiciera

Evidencia; y disculpado,

Con demostracion tan clara,

Con todo el mundo quedara

De haberme á mí despreciado.

Y yo estimo de manera

El quejarme con razon,

Que no he de darle ocasion

A la disculpa primera;

Porque, si en un lance tal

Le culpan cuantos le ven,

No han de pensar que hizo bien

Quien yo pienso que hizo mal.

D. ARIAS.

Frívola respuesta ha sido

La vuestra, bella Leonor;

Pues cuando de antiguo amor

Os hubiera convencido

La experiencia, ella tambien

Disculpa en la enmienda os da.

¿Cuánto peor os estará

Que tenga por cierto, quien

Le imaginó, vuestro agravio,

Y no le constó despues

La satisfaccion?

D.ª LEON.

No es

Amante prudente y sabio,

Don Arias, quien aconseja

Lo que en mi daño se ve.

Pues si agravio entónces fué,

No por eso ahora deja

De ser agravio tambien;

Y peor, cuanto haber sido

De imaginado á creido.

Y á vos no os estará bien

Tampoco.

D. ARIAS.

Como yo sé

La inocencia de ese pecho

En la ocasion, satisfecho

Siempre de vos estaré.

En mi vida he conocido

Galan necio, escrupuloso

Y con extremo celoso,

Que en llegando á ser marido,

No le castiguen los cielos.

Gutierre pudiera bien

Decirlo, Leonor; pues quien

Levantó tantos desvelos

De un hombre en la ajena casa,

Extremos pudiera hacer

Mayores, pues llega á ver

Lo que en la propia le pasa.

D.ª LEON.

Señor Don Arias, no quiero

Escuchar lo que decís,

Que os engañais, y mentís.

Don Gutierre es caballero

Que en todas las ocasiones

Con obrar y con decir

Sabrá, vive Dios, cumplir

Muy bien sus obligaciones;

Y es hombre cuya cuchilla,

O cuyo consejo sabio,

Sabrá no sufrir su agravio

Ni á un infante de Castilla.

Si pensais vos que con eso

Mis enojos adulais,

Muy mal, Don Arias, pensais:

Y si la verdad confieso,

Mucho perdisteis conmigo;

Pues si fuerais noble vos,

No hablárades, vive Dios,

Así de vuestro enemigo.

Y yo, aunque ofendida estoy,

Y aunque la muerte le diera

Con mis manos si pudiera,

No le murmurara hoy

En el honor, desleal.

Sabed, Don Arias, que quien

Una vez le quiso bien,

No se vengará en su mal. _(Vase.)_

D. ARIAS.

No supe qué responder.

Muy grande ha sido mi error,

Pues en escuelas de honor

Arguyendo una mujer

Me convence. Iré al Infante,

Y humilde le rogaré

Que de estos cuidados dé

Parte ya de aquí adelante

A otro; y porque no lo yerre,

Ya que el dia va á morir,

Me ha de matar, ó no he de ir

En casa de Don Gutierre. _(Vase.)_

* * * * *

_Jardin._

ESCENA XVIII.

DON GUTIERRE, _que sale como saltando unas tapias_.--DOÑA MENCIA,

_durmiendo_.

D. GUT.

En el mudo silencio

De la noche, que adoro y reverencio,

Por sombra aborrecida,

Como sepulcro de la humana vida,

De secreto he venido

Hasta mi casa, sin haber querido

Avisar á Mencía

De que ya libertad del Rey tenía,

Para que descuidada

Estuviese (¡ay de mí!) desta jornada.

Médico de mi honra

Me llamo, pues procuro mi deshonra

Curar; y así he venido

A visitar mi enfermo á hora que ha sido

De ayer la misma, (¡cielos!)

A ver si el accidente de mis celos

A su tiempo repite:

El dolor mis intentos facilite.

Las tapias de la huerta

Salté, porque no quise por la puerta

Entrar. ¡Ay Dios! ¡qué introducido engaño

Es en el mundo, no querer su daño

Examinar un hombre,

Sin que el recelo ni el temor le asombre!

Dice mal quien lo dice;

Que no es posible, no, que un infelice

No llore sus desvelos:

Mintió quien dijo que calló con celos,

O confiéseme aquí que no los siente;

Mas ¡sentir y callar! otra vez miente.

Este es el sitio donde

Suele de noche estar: áun no responde

El eco entre estos ramos.

Vamos pasito, honor, que ya llegamos;

Que en estas ocasiones

Tienen los celos pasos de ladrones.--

_(Ve á Doña Mencía.)_

¡Ay, hermosa Mencía,

Qué mal tratas mi amor y la fe mia!

Volverme otra vez quiero.

Bueno he hallado mi honor, hacer no quiero

Por ahora otra cura,

Pues la salud en él está segura.

Pero ¿ni una criada

La acompaña? ¿Si acaso retirada

Aguarda?...--¡Oh pensamiento

Injusto! ¡oh vil temor! ¡oh infame aliento!

Ya con esta sospecha

No he de volverme; y pues que no aprovecha

Tan grave desengaño,

Apuremos de todo en todo el daño.

Mato la luz, y llego, _(Apaga la luz.)_

Sin luz y sin razon, dos veces ciego;

Pues bien encubrir puedo

El metal de la voz, hablando quedo.--

¡Mencía! _(Despiértala.)_

D.ª MEN.

¡Ay Dios! ¿qué es esto?

D. GUT.

No des voces.

D.ª MEN.

¿Quién es?

D. GUT.

Mi bien, yo soy: ¿no me conoces?

D.ª MEN.

Sí, señor; que no fuera

Otro tan atrevido...

D. GUT.

_(Ap.)_ Ella me ha conocido.

D.ª MEN.

Que así hasta aquí viniera.

¿Quién hasta aquí llegara,

Que no fuérades vos, que no dejara

En mis manos la vida,

Con valor y con honra defendida?

D. GUT.

(_Ap._ ¡Qué dulce desengaño!

¡Bien haya, amén, el que apuró su daño!)

Mencía, no te espantes de haber visto

Tal extremo.

D.ª MEN.

¡Qué mal, temor, resisto

El sentimiento!

D. GUT.

Mucha razon tiene

Tu valor.

D.ª MEN.

¿Qué disculpa me previene...

D. GUT.

Ninguna.

D.ª MEN.

De venir así tu Alteza?

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Tu Alteza! No es conmigo. ¡Ay Dios! ¡qué escucho!

Con nuevas dudas lucho.

¡Qué pesar! ¡qué desdicha! ¡qué tristeza!

D.ª MEN.

¿Segunda vez pretende ver mi muerte?

¿Piensa que cada noche...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Oh trance fuerte!

D.ª MEN.

Puede esconderse...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Cielos!

D.ª MEN.

Y matando la luz...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Matadme, celos!

D.ª MEN.

Salir á riesgo mio

Delante de Gutierre?

D. GUT.

_(Ap.)_ Desconfío

De mí, pues que dilato

Morir, y con mi aliento no la mato.

El venir no ha extrañado

El Infante, ni dél se ha recatado;

Sino sólo ha sentido

Que en ocasion se ponga (¡estoy perdido!)

De que otra vez se esconda.

¡Mi venganza á mi agravio corresponda!

D.ª MEN.

Señor, vuélvase luégo.

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Hay Dios! todo soy rabia, todo fuego.

D.ª MEN.

Tu Alteza así otra vez no llegue á verse.

D. GUT.

¿Quién por eso no más ha de volverse?

D.ª MEN.

Mirad que es hora que Gutierre venga.

D. GUT.

(_Ap._ ¿Habrá en el mundo quien paciencia tenga?

Sí, si prudente alcanza

Oportuna ocasion á su venganza.)

No vendrá, yo le dejo

Entretenido; y guárdame un amigo

Las espaldas el tiempo que conmigo

Estais: él no vendrá, yo estoy seguro.

ESCENA XIX.

JACINTA.--DICHOS.

JACINTA.

_(Ap.)_ Temerosa procuro

Ver quién hablaba aquí.

D.ª MEN.

Gente he sentido.

D. GUT.

¿Qué haré?

D.ª MEN.

¿Qué? Retirarte,

No á mi aposento, sino á otra parte.

_(Retírase Don Gutierre al paño.)_

¡Hola!

JACINTA.

Señora...

D.ª MEN.

El aire que corria

Entre esos ramos, miéntras yo dormia,

La luz ha muerto: luego

Traed luces. _(Vase Jacinta.)_

D. GUT.

(_Ap._ Encendidas en mi fuego.

Si aquí estoy escondido,

Han de verme, y de todos conocido,

Podrá saber Mencía

Que he llegado á entender la pena mia.

Y porque no lo entienda,

Y dos veces ofenda,

Una con tal intento,

Y otra pensando que lo sé y consiento,

Dilatando su muerte,

He de hacer la deshecha desta suerte.)

_(Entrase, y dice en voz alta.)_

¡Hola! ¿Cómo está aquí desta manera?

D.ª MEN.

Este es Gutierre: otra desdicha espera

Mi espíritu cobarde.

D. GUT.

¡No han encendido luces, y es tan tarde!

_(Sale Jacinta con luz, y Don Gutierre por otra puerta de donde se

escondió.)_

JACINTA.

Ya la luz está aquí.

D. GUT.

¡Bella Mencía!

D.ª MEN.

¡Oh mi esposo, mi bien y gloria mia!

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Qué fingidos extremos!

Mas, alma y corazon, disimulemos.

D.ª MEN.

Señor, ¿por dónde entrasteis?

D. GUT.

De esa huerta.

Con la llave que tengo, abrí la puerta.

Mi esposa, mi señora,

¿En qué te entretenías?

D.ª MEN.

Vine ahora

A este jardin, y entre estas fuentes puras

Me dejó el aire á obscuras.

D. GUT.

No me espanto, bien mio;

Que el aire que mató la luz, tan frio

Corre, que es un aliento

Respirado del céfiro violento,

Y que no sólo advierte

Muerte á las luces, á las vidas muerte,

Y pudieras dormida

A sus soplos perder tambien la vida.

D.ª MEN.

Entenderte pretendo,

Y aunque más lo procuro, no te entiendo.

D. GUT.

¿No has visto ardiente llama

Perder la luz al aire que la hiere,

Y que á este tiempo de otra luz inflama

La pavesa? Una vive y otra muere

A solo un soplo. Así, desta manera,

La lengua de los vientos lisonjera

Matarte la luz pudo,

Y darme luz á mí.

D.ª MEN.

(_Ap._ El sentido dudo.)

Parece que celoso

Hablas en dos sentidos.

D. GUT.

(_Ap._ Riguroso

Es el dolor de agravios;

Mas con celos ningunos fueron sabios.)

¡Celoso! ¿Sabes tú lo que son celos?

Que yo no sé qué son ¡viven los cielos!

Porque si lo supiera,

Y celos...

D.ª MEN.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí!

D. GUT.

Llegar pudiera

A tener... ¿qué son celos?

Atomos, ilusiones y desvelos,

No más que de una esclava, una criada,

Por sombra imaginada,

Con hechos inhumanos

A pedazos sacara con mis manos

El corazon, y luégo

Envuelto en sangre, desatado en fuego,

El corazon comiera

A bocados, la sangre me bebiera,

El alma le sacara,

Y el alma ¡vive Dios! despedazara,

Si capaz de dolor el alma fuera.

Pero ¿cómo hablo yo desta manera?

D.ª MEN.

Temor al alma ofreces.

D. GUT.

¡Jesus, Jesus mil veces!

Mi bien, mi esposa, cielo, gloria mia,

Ah mi dueño, ah Mencía,

Perdona, por tus ojos,

Esta descompostura, estos enojos;

Que tanto un fingimiento

Fuera de mí llevó mi pensamiento:

Y véte por tu vida; que prometo

Que te miro con miedo y con respeto,

Corrido deste exceso.

¡Jesus! No estuve en mí, no tuve seso.

D.ª MEN.

_(Ap.)_ Miedo, espanto, temor y horror tan fuerte

Parasismos han sido de mi muerte.

D. GUT.

_(Ap.)_ Pues médico me llamo de mi honra,

Yo cubriré con tierra mi deshonra.

JORNADA TERCERA.

_Alcázar de Sevilla._

ESCENA PRIMERA.

EL REY, DON GUTIERRE, Y TODO EL ACOMPAÑAMIENTO.

D. GUT.

Pedro, á quien el indio polo

Coronar de luz espera,

Hablarte á solas quisiera.

REY.

Idos todos.--Ya estoy solo.

_(Vase el acompañamiento.)_

D. GUT.

Pues á tí, español Apolo,

A tí, castellano Atlante,

En cuyos hombros constante

Se ve durar y vivir

Todo un orbe de zafir,

Todo un globo de diamante:

A tí pues rindo en despojos

La vida, mal defendida

De tantas penas, si es vida

Vida con tantos enojos.

No te espantes que los ojos

Tambien se quejen, señor.

Que dicen que amor y honor

Pueden, sin que á nadie asombre,

Permitir que llore un hombre;

Y yo tengo honor y amor.

Honor, que siempre he guardado

Como noble y bien nacido,

Y amor, que siempre he tenido

Como esposo enamorado:

Adquirido y heredado

Uno y otro en mí se ve,

Hasta que tirana fué

La nube que turbar osa

Tanto esplendor en mi esposa,

Y tanto lustre en mi fe.

No sé cómo signifique

Mi pena... Turbado estoy...

Y más cuando á decir voy

Que fué vuestro hermano Enrique

Contra quien pido se aplique

Desta justicia el rigor:

No porque sepa, señor,

Que el poder mi honor contrasta;

Pero imaginarlo basta

Quien sabe que tiene honor.

La vida de vos espero

De mi honra: así la curo

Con prevencion, y procuro

Que esta la sane primero;

Porque si en rigor tan fiero

Malicia en el mal hubiera,

Junta de agravios hiciera,

A mi honor desahuciara,

Con la sangre le lavara,

Con la tierra le cubriera.--

No os turbeis: con sangre digo

Solamente de mi pecho;

Que Enrique, estad satisfecho,

Está seguro conmigo.

Y para esto hable un testigo:

Esta daga, esta brillante

Lengua de acero elegante,

Suya fué; ved este dia

Si está seguro, pues fía

De mí su daga el Infante.

REY.

Don Gutierre, bien está;

Y quien de tan invencible

Honor corona las sienes,

Que con los rayos compiten

Del sol, satisfecho viva

De que su honor...

D. GUT.

No me obligue

Vuestra Majestad, señor,

A que piense que imagine

Que yo he menester consuelos

Que mi opinion acrediten.

¡Vive Dios, que tengo esposa

Tan honesta, casta y firme,

Que deja atras las romanas

Lucrecia y Porcia, y Tomiris!

Esta ha sido prevencion

Solamente.

REY.

Pues decidme:

Para tantas prevenciones,

Gutierre, ¿qué es lo que visteis?

D. GUT.

Nada: que hombres como yo

No ven; basta que imaginen,

Que sospechen, que prevengan,

Que recelen, que adivinen,

Que... No sé cómo lo diga;

Que no hay voz que signifique

Una cosa, que áun no sea

Un átomo indivisible.

Solo á vuestra Majestad

Di parte, para que evite

El daño que no hay; porque

Si le hubiera, de mí fíe

Que yo le diera el remedio

En vez, señor, de pedirle.

REY.

Pues ya que de vuestro honor

Médico os llamais, decidme,

Don Gutierre, ¿qué remedios

Antes del último hicisteis?

D. GUT.

No pedí á mi mujer celos,

Y desde entónces la quise

Más: vivia en una quinta

Deleitosa y apacible;

Y para que no estuviera

En las soledades triste,

Traje á Sevilla mi casa,

Y á vivir en ella vine,

Adonde todo lo goza

Sin que nada á nadie envidie;

Porque malos tratamientos

Son para maridos viles

Que pierden á sus agravios

El miedo, cuando los dicen.

REY.

El Infante viene allí,

Y si aquí os ve, no es posible

Que deje de conocer

Las quejas que dél me disteis.

Mas acuérdome que un dia

Me dieron con voces tristes

Quejas de vos, y yo entónces

Detras de aquellos tapices

Escondí á quien se quejaba;

Y en el mismo caso pide

El daño el propio remedio,

Pues al reves lo repite.

Y así quiero hacer con vos

Lo mismo que entónces hice;

Pero con un órden más,

Y es que nada aquí os obligue

A descubriros. Callad

A cuanto viereis.

D. GUT.

Humilde

Estoy, señor, á tus piés.

Seré el pájaro que fingen

Con una piedra en la boca. _(Escóndese.)_

ESCENA II.

DON ENRIQUE.--EL REY; DON GUTIERRE, _oculto_.

REY.

Vengais norabuena, Enrique,

Aunque mala habrá de ser,

Pues me hallais...

D. ENR.

¡Ay de mí triste!

REY.

Enojado.

D. ENR.

¿Pues, señor,

Con quién lo estais, que os obligue?

REY.

Con vos, Infante, con vos.

D. ENR.

Será mi vida infelice.

Si enojado tengo al sol,

Veré mi mortal eclipse.

REY.

¿Vos, Enrique, no sabeis

Que más de un acero tiñe

El agravio en sangre real?

D. ENR.

¿Pues por quién, señor, lo dice

Vuestra Majestad?

REY.

Por vos

Lo digo, por vos, Enrique.

El honor es reservado

Lugar, donde el alma asiste.

Yo no soy Rey de las almas:

Harto en esto sólo os dije.

D. ENR.

No os entiendo.

REY.

Si á la enmienda

Vuestro amor no se apercibe,

Dejando vanos intentos

De bellezas imposibles,

Donde el alma de un vasallo

Con ley soberana vive,

Podrá ser de mi justicia

Que áun mi sangre no se libre.

D. ENR.

Señor, aunque tu precepto

Es ley que tu lengua imprime

En mi corazon, y en él

Como en el bronce se escribe,

Escucha disculpas mias;

Que no será bien que olvides

Que con iguales orejas

Ambas partes han de oirse.

Yo, señor, quise á una dama

(Que ya sé por quién lo dices,

Si bien, con poca ocasion):

En efecto, yo la quise

Tanto...

REY.

¿Qué importa, si ella

Es beldad tan imposible...?

D. ENR.

Es verdad, pero...

REY.

Callad.

D. ENR.

Pues, señor, ¿no me permites

Disculparme?

REY.

No hay disculpa;

Que es belleza que no admite

Objecion.

D. ENR.

Es cierto, pero

El tiempo todo lo rinde,

El amor todo lo puede.

REY.

(_Ap._ ¡Válgame Dios! ¡qué mal hice

En esconder á Gutierre!)

Callad, callad.

D. ENR.

No te incites

Tanto contra mí, ignorando

La causa que á esto me obligue.

REY.

Yo lo sé todo muy bien.

(_Ap._ ¡Oh qué lance tan terrible!)

D. ENR.

Pues yo, señor, he de hablar:

En fin, doncella la quise.

¿Quién, decid, agravia á quién?

¿Yo á un vasallo...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Ay infelice!

D. ENR.

Que ántes que fuese su esposa,

Fué?...

REY.

No teneis qué decirme.

Callad, callad, que ya sé

Que por disculpa fingisteis

Tal quimera. Infante, Infante,

Vamos mediando los fines.

¿Conoceis aquesta daga?

D. ENR.

Sin ella á palacio vine

Una noche.

REY.

¿Y no sabeis

Dónde la daga perdisteis?

D. ENR.

No, señor.

REY.

Yo sí, pues fué

Adonde fuera posible

Mancharse con sangre vuestra,

A no ser el que la rige

Tan notable y leal vasallo.

¿No veis que venganza pide

El hombre que áun ofendido,

El pecho y las armas rinde?

¿Veis este puñal dorado?

Jeroglífico es que dice

Vuestro delito: á quejarse

Viene de vos, y he de oirle.

Tomad su acero, y en él

Os mirad: veréis, Enrique,

Vuestros defectos.

D. ENR.

Señor,

Considera que me riñes

Tan severo, que turbado...

REY.

Toma la daga.--¿Qué hiciste,

_(Dale la daga, y al tomarla, turbado el Infante corta al Rey en la

mano.)_

Traidor?

D. ENR.

¿Yo?

REY.

¿Desta manera

Tu acero en mi sangre tiñes?

¿Tú la daga que te di,

Hoy contra mi pecho esgrimes?

¿Tú me quieres dar la muerte?

D. ENR.

Mira, señor, lo que dices;

Que yo turbado...

REY.

¿Tú á mí

Te atreves? ¡Enrique, Enrique!

Deten el puñal, ya muero.

D. ENR.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 2 / 19 段