Pedro, á quien llama el mundo Justiciero,

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se

han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su

detección se han tenido en cuenta otras ediciones de estos dramas.

* Se ha respetado la ortografía original. También se han respetado las

inconsistencias en la acentuación.

* Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración

e interrogación.

* Las notas a pie de página se han renumerado y colocado tras el

párrafo o la estrofa en que se encuentra la llamada.

* En el original impreso, las indicaciones escénicas se distinguen

del texto principal por su menor tamaño. En esta transcripción se

presentan en cursiva.

* En la Jornada III de «El médico de su honra», se ha respetado la

numeración de las escenas del original impreso, que salta de la

escena VI a la escena VIII, omitiendo la escena VII.

TEATRO SELECTO

DE

CALDERON DE LA BARCA.

BIBLIOTECA CLÁSICA.

Doce reales cada tomo en toda España.

OBRAS PUBLICADAS.

Tomos.

HOMERO.--_La Ilíada_, traduccion directa del griego en verso

y con notas de D. José Gomez Hermosilla. 3

CERVANTES.--_Novelas ejemplares y viaje del Parnaso._ 2

HERODOTO.--_Los nueve libros de la historia_, traduccion directa

del griego, del padre Bartolomé Pou. 2

ALCALÁ GALIANO.--_Recuerdos de un anciano._ 1

VIRGILIO.--_La Eneida_, traduccion directa del latin, en verso

y con notas de D. Miguel Antonio Caro. 2

-- _Las églogas_, traduccion en verso, de Hidalgo.--_Las

geórgicas_, traduccion en verso, de Caro; ambas traducciones

directas del latin, con un estudio del Sr. Menéndez Pelayo. 1

MACAULAY.--_Estudios literarios._ 1

-- _Estudios históricos._ 1

-- _Estudios políticos._ 1

-- _Estudios biográficos._ 1

-- _Estudios críticos._ 1

Traduccion directa del inglés de M. Juderías Bender.

QUINTANA.--_Vidas de españoles célebres._ 2

CICERÓN.--_Tratados didácticos de la elocuencia_, traduccion

directa del latin de D. Marcelino Menéndez Pelayo. 2

SALUSTIO.--_Conjuracion de Catilina._--_Guerra de Jugurta_,

traduccion del infante D. Gabriel.--_Fragmentos de la

grande historia_, traduccion del Sr. Menéndez Pelayo,

ambas directas del latin. 1

TÁCITO.--_Los anales_, traduccion directa del latin de don

Cárlos Coloma. 2

PLUTARCO.--_Las vidas paralelas_, traduccion directa del griego

por D. Antonio Ranz Romanillos. 5

ARISTÓFANES.--_Teatro completo_, traduccion directa del griego

por D. Federico Baráibar. 2

POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS.--(_Teócrito, Bion y Mosco_).

Traduccion directa del griego, en verso, por el Ilmo. Sr. D.

Ignacio Montes de Oca, Obispo de Linares (Méjico). 1

MANZONI.--_Los Novios_, traduccion de D. Juan Nicasio Gallego. 1

ESQUILO.--_Teatro completo_, traduccion directa del griego,

con notas, por D. Fernando Brieva Salvatierra. 1

QUEVEDO.--_Obras satíricas y festivas._ 1

DUQUE DE RIVAS.--_Sublevacion de Nápoles._ 1

MADRID.--IMP. CENTRAL Á CARGO DE VÍCTOR SAIZ, COLEGIATA, 6

BIBLIOTECA CLÁSICA

TOMO XXXVII

TEATRO SELECTO

DE

CALDERON DE LA BARCA

PRECEDIDO DE UN ESTUDIO CRÍTICO

DE

D. MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

TOMO II

DRAMAS TRÁGICOS

EL MÉDICO DE SU HONRA.

Á SECRETO AGRAVIO SECRETA VENGANZA.

EL ALCALDE DE ZALAMEA.

EL MAYOR MONSTRUO LOS CELOS.

AMAR DESPUES DE LA MUERTE.

MADRID

LUIS NAVARRO, EDITOR

COLEGIATA, NÚM. 6

1881

EL MÉDICO DE SU HONRA.

PERSONAS.

EL REY DON PEDRO.

EL INFANTE DON ENRIQUE.

DON GUTIERRE ALFONSO.

DON ARIAS.

DON DIEGO.

COQUIN, _lacayo_.

DOÑA MENCÍA DE ACUÑA.

DOÑA LEONOR.

INÉS, _criada_.

TEODORA, _criada_.

JACINTA, _esclava herrada_.

LUDOVICO, _sangrador_.

UN SOLDADO.

UN VIEJO.

_Pretendientes._

_Acompañamiento._

_Música._

_Criados, criadas._

JORNADA PRIMERA.

_Vista exterior de una quinta de Don Gutierre, inmediata á Sevilla._

ESCENA PRIMERA.

_Suena ruido de caza, y sale cayendo el_ INFANTE DON ENRIQUE, _y algo

despues salen_ DON ARIAS _y_ DON DIEGO, _y el último_ EL REY DON PEDRO.

D. ENR.

¡Jesus mil veces! _(Cae sin sentido.)_

D. ARIAS.

¡El cielo

Te valga!

REY.

¿Qué fué?

D. ARIAS.

Cayó

El caballo, y arrojó

Desde él el Infante al suelo.

REY.

Si las torres de Sevilla

Saluda de esa manera,

¡Nunca á Sevilla viniera,

Nunca dejara á Castilla!--

¡Enrique, hermano!

D. DIEGO.

¡Señor!

REY.

¿No vuelve?

D. ARIAS.

A un tiempo ha perdido

Pulso, color y sentido.

¡Qué desdicha!

D. DIEGO.

¡Qué dolor!

REY.

Llegad á esa quinta bella

Que está del camino al paso,

Don Arias, á ver si acaso,

Recogido un poco en ella,

Cobra salud el Infante.

Todos os quedad aquí,

Y dadme un caballo á mí,

Que he de pasar adelante;

Que aunque este horror y mancilla

Mi rémora pudo ser,

No me quiero detener

Hasta llegar á Sevilla.

Allá llegará la nueva

Del suceso. _(Váse.)_

ESCENA II.

DON ENRIQUE, _desmayado_; DON ARIAS, DON DIEGO.

D. ARIAS.

Esta ocasion

De su fiera condicion

Ha sido bastante prueba.

¿Quién á un hermano dejara,

Tropezando desta suerte

En los brazos de la muerte?

¡Vive Dios!...

D. DIEGO.

Calla, y repara

En que, si oyen las paredes,

Los troncos, Don Arias, ven,

Y nada nos está bien.

D. ARIAS.

Tú, Don Diego, llegar puedes

A esa quinta: dí que aquí

El Infante mi señor

Cayó.--Pero no; mejor

Será que los dos así

Le llevemos donde pueda

Descansar.

D. DIEGO.

Has dicho bien.

D. ARIAS.

Viva Enrique, y otro bien

La suerte no me conceda.

_(Llevan al Infante.)_

* * * * *

_Sala en la quinta de Don Gutierre._

ESCENA III.

DOÑA MENCIA, JACINTA.

D.ª MEN.

Desde la torre lo ví,

Y aunque quién son no podré

Distinguir, Jacinta, sé

Que una gran desdicha allí

Ha sucedido. Venía

Un bizarro caballero

En un bruto tan ligero,

Que en el viento parecia

Un pájaro que volaba;

Y es razon que lo presumas,

Porque un penacho de plumas

Matices al aire daba.

El campo y el sol en ellas

Compitieron resplandores;

Que el campo le dió sus flores,

Y el sol le dió sus estrellas;

Porque cambiaban de modo,

Y de modo relucian,

Que en todo al sol parecian,

Y á la primavera en todo.

Corrió, pues, y tropezó

El caballo, de manera

Que lo que ave entónces era,

Cuando en la tierra cayó

Fué rosa; y así en rigor

Imitó su lucimiento

En sol, cielo, tierra y viento,

Ave, bruto, estrella y flor.

JACINTA.

¡Ay señora! en casa ha entrado...

D.ª MEN.

¿Quién?

JACINTA.

Un confuso tropel

De gente.

D.ª MEN.

¿Mas que con él

A nuestra quinta han llegado?

ESCENA IV.

DON ARIAS _y_ DON DIEGO, _que sacan en brazos al_ INFANTE _y

siéntanle en una silla_.--DOÑA MENCIA, JACINTA.

D. DIEGO.

En las casas de los nobles

Tiene tan divino imperio

La sangre del Rey, que ha dado

En la vuestra atrevimiento

Para entrar desta manera.

D.ª MEN.

_(Ap.)_ ¡Qué es esto que miro, cielos!

D. DIEGO.

El infante Don Enrique,

Hermano del rey Don Pedro,

A vuestras puertas cayó,

Y llega aquí medio muerto.

D.ª MEN.

¡Valgame Dios, qué desdicha!

D. ARIAS.

Decidnos á qué aposento

Podrá retirarse, en tanto

Que vuelva al primero aliento

Su vida.--Pero ¡qué miro!

¡Señora!

D.ª MEN.

¡Don Arias!

D. ARIAS.

Creo

Que es sueño ó fingido cuanto

Estoy escuchando y viendo.

¿Que el infante Don Enrique,

Más amante que primero,

Vuelva á Sevilla, y te halle

Con tan infeliz encuentro,

Puede ser verdad?

D.ª MEN.

Sí es:

¡Ojalá que fuera sueño!

D. ARIAS.

Pues ¿qué haces aquí?

D.ª MEN.

Despacio

Lo sabrás, que ahora no es tiempo

Sino sólo de acudir

A la vida de tu dueño.

D. ARIAS.

¡Quién le dijera que así

Llegara á verte!

D.ª MEN.

Silencio,

Que importa mucho, Don Arias.

D. ARIAS.

¿Por qué?

D.ª MEN.

Va mi honor en ello.

Entrad en ese retrete,

Donde está un catre cubierto

De un cuero turco y de flores;

Y en él, aunque humilde lecho,

Podrá descansar.--Jacinta,

Saca tú ropa al momento,

Aguas y olores que sean

Dignos de tan alto empleo. _(Vase Jacinta.)_

D. ARIAS.

Los dos, miéntras se adereza,

Aquí al Infante dejemos,

Y á su remedio acudamos,

Si hay en desdichas remedio.

_(Vanse los dos.)_

ESCENA V.

DOÑA MENCÍA; DON ENRIQUE, _sin conocimiento, en una silla_.

D.ª MEN.

Ya se fueron; ya he quedado

Sola. ¡Oh quién pudiera, cielos,

Con licencia de su honor

Hacer aquí sentimientos!

¡Oh quién pudiera dar voces,

Y romper con el silencio

Cárceles de nieve, donde

Está aprisionado el fuego,

Que ya, resuelto en cenizas,

Es ruina que está diciendo:

«Aquí fué amor»!--Mas ¿qué digo?

¿Qué es esto, cielos, qué es esto?

Yo soy quien soy. Vuelva el aire

Los repetidos acentos

Que llevó; porque áun perdidos,

No es bien que publiquen ellos

Lo que yo debo callar;

Porque ya, con más acuerdo,

Ni para sentir soy mia;

y solamente me huelgo

De tener hoy que sentir,

Por tener en mis deseos

Que vencer; pues no hay virtud

Sin experiencia. Perfecto

Está el oro en el crisol,

El iman en el acero,

El diamante en el diamante,

Los metales en el fuego;

Y así mi honor en sí mismo

Se acrisola, cuando llego

Á vencerme; pues no fuera

Sin experiencias perfecto.

¡Piedad, divinos cielos!

¡Viva callando, pues callando muero!

¡Enrique! ¡Señor!

D. ENR.

_(Volviendo en sí.)_ ¿Quién llama?

D.ª MEN.

Albricias...

D. ENR.

¡Válgame el cielo!

D.ª MEN.

Que vive tu Alteza.

D. ENR.

¿Dónde

Estoy?

D.ª MEN.

En parte, á lo ménos,

Donde de vuestra salud

Hay quien se huelgue.

D. ENR.

Lo creo,

Si esta dicha, por ser mia,

No se deshace en el viento;

Pues consultando conmigo

Estoy, si despierto sueño,

O si dormido discurro,

Pues á un tiempo duermo y velo.

¿Pero para qué averiguo,

Poniendo á mayores riesgos

La verdad? Nunca despierte,

Si es verdad que ahora duermo;

Y nunca duerma en mi vida,

Si es verdad que estoy despierto.

D.ª MEN.

Vuestra Alteza, gran señor,

Trate, prevenido y cuerdo,

De su salud, cuya vida,

Dilate siglos eternos,

Fénix de su misma fama,

Imitando al que en el fuego

Ave, llama, ascua y gusano,

Urna, pira, voz é incendio,

Nace, vive, dura y muere,

Hijo y padre de sí mesmo;

Que despues sabrá de mí

Dónde está.

D. ENR.

No lo deseo;

Que si estoy vivo y te miro,

Ya mayor dicha no espero;

Ni mayor dicha tampoco,

Si te miro estando muerto;

Pues es fuerza que sea gloria

Donde vive ángel tan bello.

Y así no quiero saber

Qué acasos ni qué sucesos

Aquí mi vida guiaron,

Ni aquí la tuya trajeron;

Pues con saber que estoy donde

Estás tú, vivo contento;

Y así ni tú que decirme,

Ni yo que escucharte tengo.

D.ª MEN.

(_Ap._ Presto de tantos favores

Será desengaño el tiempo.)

Dígame ahora, ¿cómo está

Vuestra Alteza?

D. ENR.

Estoy tan bueno

Que nunca estuve mejor;

Sólo en esta pierna siento

Un dolor.

D.ª MEN.

Fué gran caida;

Pero en descansando, pienso

Que cobraréis la salud;

Y ya os están previniendo

Cama donde descanseis.

Que me perdoneis, os ruego,

La humildad de la posada;

Aunque disculpada quedo...

D. ENR.

Muy como señora hablais,

Mencía. ¿Sois vos el dueño

De esta casa?

D.ª MEN.

No, señor;

Pero de quien lo es, sospecho

Que lo soy.

D. ENR.

¿Y quién lo es?

D.ª MEN.

Un ilustre caballero,

Gutierre Alfonso Solís,

Mi esposo y esclavo vuestro.

D. ENR.

¡Vuestro esposo! _(Levántase.)_

D.ª MEN.

Sí, señor.

No os levanteis, deteneos;

Ved que no podeis estar

En pié.

D. ENR.

Sí puedo, sí puedo.

ESCENA VI.

DON ARIAS, DON DIEGO.--DICHOS.

D. ARIAS.

Dame, gran señor, las plantas,

Que mil veces toco y beso,

Agradecido á la dicha

Que en tu salud nos ha vuelto

La vida á todos.

D. DIEGO.

Ya puede

Vuestra Alteza á este aposento

Retirarse, donde está

Prevenido todo aquello

Que pudo en la fantasía

Bosquejar el pensamiento.

D. ENR.

Don Arias, dadme un caballo,

Dadme un caballo, Don Diego.

Salgamos presto de aquí.

D. ARIAS.

¿Qué decís?

D. ENR.

Que me deis presto

Un caballo.

D. DIEGO.

Pues, señor...

D. ARIAS.

Mira...

D. ENR.

Estáse Troya ardiendo,

Y Eneas de mis sentidos,

He de librarlos del fuego. _(Vase D. Diego.)_

ESCENA VII.

DON ENRIQUE, DOÑA MENCÍA, DON ARIAS.

D. ENR.

¡Ay, Don Arias, la caida

No fué acaso, sino agüero

De mi muerte! Y con razon,

Pues fué divino decreto

Que viniese á morir yo,

Con tan justo sentimiento,

Donde tú estabas casada,

Porque nos diesen á un tiempo

Pésames y parabienes

De tu boda y de mi entierro.

De verse el bruto á tu sombra,

Pensé que altivo y soberbio

Engendró con osadía

Bizarros atrevimientos,

Cuando presumiendo de ave,

Con relinchos cuerpo á cuerpo

Desafiaba los rayos,

Despues que venció los vientos.

Y no fué, sino que al ver

Tu casa, montes de celos

Se le pusieron delante

Porque tropezase en ellos;

Que áun un bruto se desboca

Con celos; y no hay tan diestro

Jinete, que allí no pierda

Los estribos al correrlos.

Milagro de tu hermosura

Presumí el feliz suceso

De mi vida; pero ya,

Más desengañado, pienso

Que no fué sino venganza

De mi muerte, pues es cierto

Que muero, y que no hay milagros

Que se examinen muriendo.

D.ª MEN.

Quien oyere á vuestra Alteza

Quejas, agravios, desprecios,

Podrá formar de mi honor

Presunciones y conceptos

Indignos dél. Y yo ahora,

Por si acaso llevó el viento

Cabal alguna razon,

Sin que en partidos acentos

La trocase, responder

A tantos agravios quiero,

Porque donde fueron quejas,

Vayan con el mismo aliento

Desengaños. Vuestra Alteza,

Liberal de sus deseos,

Generoso de sus gustos,

Pródigo de sus afectos,

Puso los ojos en mí:

Es verdad, yo lo confieso.

Bien sabe, de tantos años

De experiencias, el respeto

Con que constante mi honor

Fué una montaña de hielo,

Conquistada de las flores,

Escuadrones que arma el tiempo.

Si me casé, ¿de qué engaño

Se queja, siendo sujeto

Imposible á sus pasiones,

Reservado á sus intentos,

Pues soy para dama más,

Lo que para esposa ménos?

Y así, en esta parte ya

Disculpada, en la que tengo

De mujer, á vuestros piés

Humilde, señor, os ruego

No os ausenteis desta casa

Poniendo á tan claro riesgo

La salud.

D. ENR.

¿Cuánto mayor

En esta casa le tengo?

ESCENA VIII.

DON GUTIERRE, COQUIN.--DICHOS.

D. GUT.

Déme los piés vuestra Alteza,

Si puedo de tanto sol

Tocar ¡oh rayo español!

La majestad y grandeza.

Con alegría y tristeza

Hoy á vuestras plantas llego,

Y mi aliento, lince y ciego,

Entre asombros y desmayos,

Es águila á tantos rayos,

Mariposa á tanto fuego.

Tristeza de la caida

Que puso con triste efeto

A Castilla en tanto aprieto,

Y alegría de la vida

Que vuelve restituida

A su pompa, á su belleza,

Cuando en gusto vuestra Alteza

Trueca ya la pena mia:

¿Quién vió triste la alegría?

¿Quién vió alegre la tristeza?

Honrad por tan breve espacio

Esta esfera, aunque pequeña;

Porque el sol no se desdeña,

Despues que ilustró un palacio,

De iluminar el topacio

De algun pajizo arrebol.

Y pues sois rayo español,

Descansad aquí; que es ley

Hacer el palacio el rey

Tambien, si hace esfera el sol.

D. ENR.

El gusto y pesar estimo

Del modo que le sentís,

Gutierre Alfonso Solís;

Y así en el alma le imprimo,

Donde á tenerle me animo

Guardado.

D. GUT.

Sabe tu Alteza

Honrar.

D. ENR.

Y aunque la grandeza

Desta casa fuera aquí

Grande esfera para mí,

Pues lo fué de una belleza;

No me puedo detener;

Que pienso que esta caida

Ha de costarme la vida;

Y no solo por caer,

Sino tambien por hacer

Que no pasase adelante

Mi intento... Y es importante

Irme; que hasta un desengaño

Cada minuto es un año,

Es un siglo cada instante.

D. GUT.

Señor, ¿vuestra Alteza tiene

Causa tal, que su inquietud

Aventure la salud

De una vida que previene

Tantos aplausos?

D. ENR.

Conviene

Llegar á Sevilla hoy.

D. GUT.

Necio en apurar estoy

Vuestro intento; pero creo

Que mi lealtad y deseo...

D. ENR.

Y si yo la causa os doy,

¿Qué direis?

D. GUT.

Yo no os la pido;

Que á vos, señor, no es bien hecho

Examinaros el pecho.

D. ENR.

Pues escuchad. Yo he tenido

Un amigo tal, que ha sido

Otro yo.

D. GUT.

Dichoso fué.

D. ENR.

A este en ausencia fié

El alma, la vida, el gusto

En una mujer. ¿Fué justo

Que atropellando la fe

Que debió al respeto mio,

Faltase en ausencia?

D. GUT.

No.

D. ENR.

Pues á otro dueño le dió

Llaves de aquel albedrío:

Al pecho que yo le fio,

Introdujo otro señor:

Otro goza su favor:

¿Podrá un hombre enamorado

Sosegar con tal cuidado,

Descansar con tal dolor?

D. GUT.

No, señor.

D. ENR.

Cuando los cielos

Tanto me fatigan hoy,

Que en cualquier parte que estoy,

Estoy mirando mis celos,

Tan presentes mis desvelos

Están delante de mí,

Que aquí los miro, y así

De aquí ausentarme deseo;

Que aunque van conmigo, creo

Que se han de quedar aquí.

D.ª MEN.

Dicen que el primer consejo

Ha de ser de la mujer;

Y así, señor, quiero ser

(Perdonad si os aconsejo)

Quien os dé consuelo. Dejo

Aparte celos, y digo

Que aguardeis á vuestro amigo

Hasta ver si se disculpa;

Que hay calidades de culpa

Que no merecen castigo.

No os despeñe vuestro brío:

Mirad, aunque esteis celoso,

Que ninguno es poderoso

En el ajeno albedrío.

Cuanto al amigo, confío

Que os he respondido ya;

Cuanto á la dama, quizá

Fuerza, y no mudanza fué:

Oidla vos, que yo sé

Que ella se disculpará.

D. ENR.

No es posible.

ESCENA IX.

DON DIEGO.--DICHOS.

D. DIEGO.

Ya está allí

El caballo apercibido.

D. GUT.

Si es del que hoy habeis caido,

No subais en él, y aquí

Recibid, señor, de mí

Una pia hermosa y bella,

A quien una palma sella,

Signo que vuestra la hace:

Que tambien un bruto nace

Con mala ó con buena estrella.

Es este prodigio pues

Proporcionado y bien hecho,

Dilatado de anca y pecho,

De cabeza y cuello es

Corto, de brazos y piés

Fuerte, á uno y otro elemento

Les da en sí lugar y asiento,

Siendo el bruto de la palma

Tierra el cuerpo, fuego el alma,

Mar la espuma, y todo viento.

D. ENR.

El alma aquí no podria

Distinguir lo que procura,

La pia de la pintura,

O por mejor bizarría,

La pintura de la pia.

COQUIN.

Aquí entro yo. A mí me dé

Vuestra Alteza mano ó pié,

Lo que está _(que esto es más llano)_

O más á pié ó más á mano.

D. GUT.

Aparta, necio.

D. ENR.

¿Por qué?

Dejadle, su humor le abona.

COQUIN.

En hablando de la pia,

Entra la persona mia,

Que es su segunda persona.

D. ENR.

Pues ¿quién sois?

COQUIN.

¿No lo pregona

Mi estilo? Yo soy, en fin,

Coquin, hijo de Coquin,

De aquesta casa escudero,

De la pia despensero,

Pues la siso al celemin

La mitad de la comida:

Y en efecto, señor, hoy,

Por ser vuestro dia, os doy

Norabuena muy cumplida.

D. ENR.

¿Mi dia?

COQUIN.

Es cosa sabida.

D. ENR.

Su dia llama uno aquel

Que es á sus gustos fïel;

Si lo fué á la pena mia,

¿Cómo pudo ser mi dia?

COQUIN.

Cayendo, señor, en él;

Y para que se publique

En cuantos lunarios hay,

Desde hoy diré: «A tantos cay

»San Infante Don Enrique.»

D. GUT.

Tu Alteza, señor, aplique

La espuela al ijar; que el dia

Ya en la tumba helada y fria,

Huésped del undoso dios,

Hace noche.

D. ENR.

Guárdeos Dios,

Hermosísima Mencía.

Y porque veais que estimo

El consejo, buscaré

A esta dama, y della oiré

La disculpa. (_Ap._ Mal reprimo

El dolor, cuando me animo

A no decir lo que callo.

Lo que en este lance hallo,

Ganar y perder se llama;

Pues él me ganó la dama,

Y yo le gané el caballo.)

_(Vanse el Infante, D. Arias, D. Diego y Coquin.)_

ESCENA X.

DON GUTIERRE, DOÑA MENCÍA.

D. GUT.

Bellísimo dueño mio,

Ya que vive tan unida

A dos almas una vida,

Dos vidas á un albedrío,

De tu amor y ingenio fío

Hoy, que licencia me dés

Para ir á besar los piés

Al Rey, mi señor, que viene

De Castilla; y le conviene

A quien caballero es,

Irle á dar la bienvenida.

Y fuera desto, ir sirviendo

Al infante Enrique, entiendo

Que es accion justa y debida,

Ya que debí á su caida

El honor que hoy ha ganado

Nuestra casa.

D.ª MEN.

¿Qué cuidado

Más te lleva á darme enojos?

D. GUT.

No otra cosa, ¡por tus ojos!

D. MEN.

¿Quién duda que haya causado

Algun deseo Leonor?

D. GUT.

¿Eso dices? No la nombres.

D.ª MEN.

¡Oh qué tales sois los hombres!

¡Hoy olvido, ayer amor,

Ayer gusto, y hoy rigor!

D. GUT.

Ayer, como el sol no via,

Hermosa me parecia

La luna; mas hoy, que adoro

Al sol, ni dudo ni ignoro

Lo que hay de la noche al dia.

Escúchame un argumento.

Una llama en noche oscura

Arde hermosa, luce pura,

Cuyos rayos, cuyo aliento

Dulce ilumina del viento

La esfera; sale el farol

Del cielo, y á su arrebol

Todo á sombra se reduce,

Ni arde, ni alumbra, ni luce;

Que es mar de rayos el sol.

Aplícolo ahora: yo amaba

Una luz, cuyo esplendor

Vivió planeta mayor,

Que sus rayos sepultaba:

Una llama me alumbraba;

Pero era una llama aquella,

Que eclipsas divina y bella,

Siendo de luces crisol;

Porque hasta que sale el sol,

Parece hermosa una estrella.

D.ª MEN.

¡Qué lisonjero os escucho!

Muy metafísico estais.

D. GUT.

En fin, ¿licencia me dais?

D.ª MEN.

Pienso que la deseais mucho,

Por eso cobarde lucho

Conmigo.

D. GUT.

¿Puede en los dos

Haber engaño, si en vos

Quedo yo, y vos vais en mí?

D.ª MEN.

Pues como os quedeis aquí,

Adios, Don Gutierre.

D. GUT.

Adios. _(Vase.)_

ESCENA XI.

JACINTA.--DOÑA MENCÍA.

JACINTA.

Triste, señora, has quedado.

D.ª MEN.

Sí, Jacinta, y con razon.

JACINTA.

No sé qué nueva ocasion

Te ha suspendido y turbado,

Que una inquietud, un cuidado

Te ha divertido.

D.ª MEN.

Es así.

JACINTA.

Bien puedes fiar de mí.

D.ª MEN.

¿Quieres ver si de tí fío

Mi vida y el honor mio?

Pues escucha atenta.

JACINTA.

Dí.

D.ª MEN.

Nací en Sevilla, y en ella

Me vió Enrique, festejó

Mis desdenes, celebró

Mi nombre... ¡felice estrella!

Fuése, y mi padre atropella

La libertad que hubo en mí:

La mano á Gutierre di,

Volvió Enrique, y en rigor,

Tuve amor, y tengo honor.

Esto es cuanto sé de mí. _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en el alcázar de Sevilla._

ESCENA XII.

DOÑA LEONOR É INÉS, _con mantos_.

INÉS.

Ya sale para entrar en la capilla:

Aquí le espera, y á sus piés te humilla.

D.ª LEON.

Lograré mi esperanza,

Si recibe mi agravio la venganza.

ESCENA XIII.

EL REY, CRIADOS, UN SOLDADO, UN VIEJO, PRETENDIENTES.--DICHAS.

_Voces._

_(Dentro.)_ ¡Plaza!

PRET. 1.º

Tu Majestad aqueste lea.

REY.

Yo le haré ver.

PRET. 2.º

Tu Alteza, señor, vea

Este.

REY.

Está bien.

PRET. 2.º

_(Ap.)_ Pocas palabras gasta.

PRET. 3.º

Yo soy...

REY.

El memorial solo me basta.

UN SOLD.

_(Ap.)_ ¡Turbado estoy! Mal el temor resisto.

REY.

¿De qué os turbais?

SOLDADO.

¿No basta haberos visto?

REY.

Sí basta. ¿Qué pedís?

SOLDADO.

Yo soy soldado.

Una ventaja.

REY.

Poco habeis pedido

Para haberos turbado.

Una jineta os doy.

SOLDADO.

¡Felice he sido!

UN VIEJO.

Un pobre viejo soy, limosna os pido.

REY.

Tomad este diamante.

VIEJO.

¿Para mí os le quitais?

REY.

Y no os espante;

Que, para darle de una vez, quisiera,

Sólo un diamante todo el mundo fuera.

D.ª LEON.

Señor, á vuestras plantas

Mis piés turbados llegan.

De parte de mi honor vengo á pediros

Con voces que se anegan en suspiros,

Con suspiros que en lágrimas se anegan,

Justicia: para vos y Dios apelo.

REY.

Sosegaos, señora, alzad del suelo.

D.ª LEON.

_(Levántase.)_

Yo soy...

REY.

No prosigais de esa manera.

Salíos todos afuera.

_(Vanse todos ménos la dama.)_

ESCENA XIV.

EL REY, DOÑA LEONOR.

REY.

Hablad ahora, porque si venísteis

De parte del honor, como dijísteis,

Indigna cosa fuera

Que en público el honor sus quejas diera,

Y que á tan bella cara

Vergüenza á la justicia le costara.

D.ª LEON.

Pedro, á quien llama el mundo Justiciero,

Planeta soberano de Castilla,

A cuya luz se alumbra este hemisfero,

Júpiter español, cuya cuchilla

Rayos esgrime de templado acero,

Cuando blandida al aire alumbra y brilla,

Sangriento giro, que entre nubes de oro

Corta los cuellos de uno y otro moro:

Yo soy Leonor, á quien Andalucía

Llama (lisonja fué) Leonor la bella;

No porque fuese la hermosura mia

Quien el nombre adquirió, sino la estrella;

Que quien decia bella, ya decia

Infelice; que el nombre incluye y sella

A la sombra no más de la hermosura

Poca dicha, señor, poca ventura.

Puso los ojos, para darme enojos,

Un caballero en mí, que ¡ojalá fuera

Basilisco de amor á mis despojos,

Áspid de celos á mi primavera!

Luego el deseo sucedió á los ojos,

El amor al deseo, y de manera

Mi calle festejó, que en ella via

Morir la noche y espirar el dia.

¿Con qué razones, gran señor, herida

La voz, diré que á tanto amor postrada,

Aunque el desden me publicó ofendida

La voluntad me confesó obligada?

De obligada pasé á agradecida,

Luego de agradecida á apasionada;

Que en la universidad de enamorados

Dignidades de amor se dan por grados.

Poca centella incita mucho fuego,

Poco viento movió mucha tormenta,

Poca nube al principio arroja luego

Mucho diluvio, poca luz alienta

Mucho rayo despues, poco amor ciego

Descubre mucho engaño; y así intenta

Siendo centella, viento, nube, ensayo,

Ser tormenta, diluvio, incendio y rayo.

Dióme palabra que sería mi esposo;

Que ese de las mujeres es el cebo

Con que engaña al honor el cauteloso

Pescador, cuya pasta es el Erebo,

Que aduerme los sentidos temeroso.

El labio aquí fallece, y no me atrevo

A decir que mintió. No es maravilla.

¿Qué palabra se dió para cumplilla?

Con esta libertad entró en mi casa;

Si bien siempre el honor fué reservado,

Porque yo, liberal de amor, y escasa

De honor, me atuve siempre á este sagrado

Mas la publicidad á tanto pasa,

Y tanto esta opinion se ha dilatado,

Que en secreto quisiera más perderla,

Que con público escándalo tenerla.

Pedí justicia; pero soy muy pobre:

Quejéme dél; pero es muy poderoso:

Y ya que es imposible que yo cobre,

Pues se casó, mi honor, Pedro famoso,

Si sobre tu piedad divina, sobre

Tu justicia me admites generoso,

Que me sustente en un convento pido.

Gutierre Alfonso de Solís ha sido.

REY.

Señora, vuestros enojos

Siento con razon, por ser

Un Atlante, en quien descansa

Todo el peso de la ley.

Si Gutierre está casado,

No podrá satisfacer,

Como decís, por entero

Vuestro honor; pero yo haré

Justicia como convenga

En esta parte; si bien

No os debe restituir

Honor que vos os teneis.

Oigamos á la otra parte

Disculpas suyas; que es bien

Guardar el segundo oido

Para quien llegue despues;

Y fiad, Leonor, de mí,

Que vuestra causa veré

De suerte, que no os obligue

A que digais otra vez

Que sois pobre, él poderoso,

Siendo yo en Castilla rey.

Mas Gutierre viene allí.

Podrá, si conmigo os ve,

Conocer que me informasteis

Primero. Aquese cancel

Os encubra: aquí aguardad,

Hasta que salgais despues.

D.ª LEON.

En todo he de obedeceros. _(Escóndese.)_

ESCENA XV.

COQUIN.--EL REY.

COQUIN.

_(Para sí.)_ De sala en sala, par diez,

A la sombra de mi amo,

Que allí se quedó, llegué

Hasta aquí. ¡El cielo me valga!

¡Vive Dios, que está aquí el Rey!

Él me ha visto, y se mesura.

Plegue al cielo, que no esté

Muy alto aqueste balcon,

Por si me arroja por él.

REY.

¿Quién sois?

COQUIN.

¿Yo, señor?

REY.

Vos.

COQUIN.

Yo

(¡Válgame el cielo!) soy quien

Vuestra Majestad quisiere,

Sin quitar y sin poner;

Porque un hombre muy discreto

Me dió por consejo ayer,

No fuese quien en mi vida

Vos no quisieseis; y fué

De manera la licion,

Que ántes, ahora y despues,

Quien vos quisiéredes solo

Fuí, quien gustareis seré,

Quien os place soy; y en esto,

¡Mirad con quién y sin quien!

Y así, con vuestra licencia,

Por donde vine me iré

Hoy con mis piés de compas,

Si no con compas de piés.

REY.

Aunque me habeis respondido

Cuanto pudiera saber,

Quién sois os he preguntado.

COQUIN.

Y yo os hubiera tambien,

Al tenor de la pregunta

Respondido, á no temer

Que en diciéndôs quien soy, luégo

Por un balcon me arrojeis,

Por haberme entrado aquí

Tan sin qué ni para qué,

Teniendo un oficio yo

Que vos no habeis menester.

REY.

¿Qué oficio teneis?

COQUIN.

Yo soy

Cierto correo de á pié,

Portador de todas nuevas,

Huron de todo interes,

Sin que se me haya escapado

Señor profeso ó novel;

Y del que me ha dado más,

Digo más, digo más bien.

Todas las casas son mias,

Y aunque lo son, esta vez

La de Don Gutierre Alfonso

Es mi accesoria, en quien fué

Mi pasto meridïano

Un andaluz cordobes.

Soy cofrade del contento;

El pesar no sé quién es,

Ni áun para servirle. En fin,

Soy, aquí donde me veis,

Mayordomo de la risa,

Gentilhombre del placer

Y camarero del gusto,

Pues que me visto con él.

Y por ser esto, he temido

El darme aquí á conocer;

Porque un Rey que no se rie,

Temo que me libre cien

Esportillas batanadas,

Con pespuntes al enves,

Por vagamundo.

REY.

¿En fin, sois

Hombre que á cargo teneis

La risa?

COQUIN.

Sí, mi señor;

Y porque lo echeis de ver,

Esto es jugar de gracioso

En palacio. _(Cúbrese.)_

REY.

Está muy bien;

Y pues sé quien sois, hagamos

Los dos un concierto.

COQUIN.

¿Y es?

REY.

¿Hacer reir profesais?

COQUIN.

Es verdad.

REY.

Pues cada vez

Que me hiciéredes reir,

Cien escudos os daré;

Y si no me hubiereis hecho

Reir en término de un mes,

Os han de sacar los dientes.

COQUIN.

Testigo falso me haceis,

Y es ilícito contrato

De enorme lesion.

REY.

¿Por qué?

COQUIN.

Porque quedaré lisiado

Si le acepto, ¿no se ve?

Dicen, cuando uno se rie,

Que enseña los dientes; pues

Enseñarlos yo llorando,

Será reirme al reves.

Dicen que sois tan severo,

Que á todos dientes haceis;

¿Qué os hice yo, que á mí solo

Deshacérmelos quereis?

Pero vengo en el partido;

Que porque ahora me dejeis

Ir libre, no lo rehuso;

Pues por lo ménos un mes

Me hallo aquí, como en la calle,

De vida; y al cabo dél,

No es mucho que tome postas

En mi boca la vejez.

Y así voy á examinarme

De cosquillas. Voto á diez,

Que os habeis de reir. Adios,

Y veámonos despues. _(Vase.)_

ESCENA XVI.

DON ENRIQUE, DON GUTIERRE, DON DIEGO, DON ARIAS, CRIADOS.--EL REY.

D. ENR.

Déme vuestra Majestad

La mano.

REY.

Vengais con bien,

Enrique. ¿Cómo os sentís?

D. ENR.

Más, señor, el susto fué

Que el golpe: estoy bueno.

D. GUT.

A mí

Vuestra Majestad me dé

La mano, si mi humildad

Merece tan alto bien;

Porque el suelo que pisais,

Es soberano dosel,

Que ilumina de los vientos

Uno y otro rosicler.

Y vengais con la salud

Que este reino ha menester,

Para que os adore España

Coronado de laurel.

REY.

De vos, Don Gutierre Alfonso...

D. GUT.

¿Las espaldas me volveis?

REY.

Grandes querellas me dan.

D. GUT.

Injustas deben de ser.

REY.

¿Quién es, decidme, Leonor,

Una principal mujer

De Sevilla?

D. GUT.

Una señora

Bella, ilustre y noble es,

De lo mejor de esta tierra.

REY.

¿Qué obligacion la teneis,

A que habeis correspondido

Necio, ingrato y descortés?

D. GUT.

No os he de mentir en nada;

Que el hombre, señor, de bien

No sabe mentir jamás,

Y más delante del Rey.

Servíla, y mi intento entónces

Casarme con ella fué,

Si no mudara las cosas

De los tiempos el vaiven.

Visitéla, entré en su casa

Públicamente; si bien

No le debo á su opinion

De una mano el interes.

Viéndome desobligado,

Pude mudarme despues,

Y así, libre de este amor,

En Sevilla me casé

Con Doña Mencía de Acuña,

Dama principal, con quien

Vivo, fuera de Sevilla,

Una casa de placer.

Leonor, mal aconsejada

(Que no la aconseja bien

Quien destruye su opinion),

Pleitos intentó poner

A mi desposorio, donde

El más riguroso juez

No halló causa contra mí,

Aunque ella dice que fué

Diligencia del favor.

¡Mirad vos si á una mujer

Hermosa favor faltara,

Si le hubiera menester!

Con este engaño pretende,

Puesto que vos lo sabeis,

Valerse de vos; y así

Yo me pongo á vuestros piés,

Donde á la justicia vuestra

Dará la espada mi fe,

Y mi lealtad la cabeza.

REY.

¿Qué causa tuvisteis pues

Para tan grande mudanza?

D. GUT.

¿Novedad tan grande es

Mudarse un hombre? ¿No es cosa

Que cada dia se ve?

REY.

Sí, pero de extremo á extremo

Pasar el que quiso bien,

No fué sin grande ocasion.

D. GUT.

Suplícôs no me apreteis;

Que soy hombre que, en ausencia

De las mujeres, daré

La vida por no decir

Cosa indigna de su ser.

REY.

¿Luego vos causa tuvísteis?

D. GUT.

Sí, señor; pero creed

Que si para mí descargo

Hoy hubiera menester

Decirlo, cuando importara

Vida y alma, amante fiel

De su honor, no lo dijera.

REY.

Pues yo lo quiero saber.

D GUT.

Señor...

REY.

Es curiosidad.

D. GUT.

Mirad...

REY.

No me repliqueis;

Que me enojaré, por vida...

D. GUT.

Señor, señor, no jureis;

Que mucho ménos importa

Que yo deje aquí de ser

Quien soy, que veros airado.

REY.

(_Ap._ Que dijese, le apuré,

El suceso en alta voz,

Porque pueda responder

Leonor, si aqueste me engaña,

Y si habla verdad, porqué

Convencida con su culpa,

Sepa Leonor que lo sé.)

Decid pues.

D. GUT.

A mi pesar

Lo digo. Una noche entré

En su casa, sentí ruido

En una cuadra, llegué,

Y al mismo tiempo que fuí

A entrar, pude el bulto ver

De un hombre, que se arrojó

Del balcon; bajé tras él,

Y sin conocerle, al fin

Pudo escaparse por piés.

D. ARIAS.

_(Ap.)_ ¡Válgame el cielo! ¿qué es esto

Que miro?

D. GUT.

Y aunque escuché

Satisfacciones, y nunca

Di á mi agravio entera fe,

Fué bastante esta aprension

A no casarme; porqué

Si amor y honor son pasiones

Del ánimo, á mi entender,

Quien hizo al amor ofensa,

Se le hace al honor en él;

Porque el agravio del gusto

Al alma toca tambien.

ESCENA XVII.

DOÑA LEONOR.--DICHOS.

D.ª LEON.

Vuestra Majestad perdone;

Que no puedo detener

El golpe á tantas desdichas

Que han llegado de tropel.

REY.

_(Ap.)_ ¡Vive Dios, que me engañaba!

La prueba sucedió bien.

D.ª LEON.

Y oyendo contra mi honor

Presunciones, fuera ley

Injusta que yo cobarde

Dejara de responder;

Que ménos perder importa

La vida, cuando me dé

Este atrevimiento muerte,

Que vida y honor perder.

Don Arias entró en mi casa...

D. ARIAS.

Señora, espera, deten

La voz. Vuestra Majestad

Licencia, señor, me dé,

Porque el honor desta dama

Me toca á mí defender.

Esa noche estaba en casa

De Leonor una mujer

Con quien me hubiera casado,

Si de la parca el cruel

Golpe no cortara fiero

Su vida. Yo, amante fiel

De su hermosura, seguí

Sus pasos, y en casa entré

De Leonor (atrevimiento

De enamorado), sin ser

Parte á estorbarlo Leonor.

Llegó Don Gutierre pues;

Temerosa Leonor dijo

Que me retirase á aquel

Aposento, yo lo hice,

¡Mil veces mal haya, amén,

Quien de una mujer se rinde

A admitir el parecer!

Sintióme, entró, y á la voz

De marido, me arrojé

Por el balcon. Y si entónces

Volví el rostro á su poder

Porque era marido, hoy

Que dice que no lo es,

Vuelvo á ponerme delante.

Vuestra Majestad me dé

Campo, en quien defienda altivo

Que no ha faltado á quien es

Leonor, pues á un caballero

Se le concede la ley.

D. GUT.

Yo saldré donde... _(Empuñan.)_

REY.

¿Qué es esto?

¿Cómo las manos teneis

En las espadas, delante

De mí? ¿No temblais de ver

Mi semblante? Donde estoy,

¿Hay soberbia ni altivez?--

Presos los llevad al punto:

En dos torres los poned;

Y agradeced que no os pongo

Las cabezas á los piés. _(Vase.)_

D. ARIAS.

Si perdió Leonor por mí

Su opinion, por mí tambien

La tendrá; que esto se debe

Al honor de una mujer.

D. GUT.

_(Ap.)_ No siento en desdicha tal

Ver riguroso y cruel

Al Rey; solo siento que hoy,

Mencía, no te he de ver. _(Llévanlos presos.)_

D. ENR.

(_Ap._ Con ocasion de la caza,

Preso Gutierre, podré

Ver esta tarde á Mencía.)

Don Diego, conmigo ven;

Que tengo de porfiar

Hasta morir, ó vencer. _(Vanse.)_

D.ª LEON.

¡Muerta quedo! ¡Plegue á Dios,

Ingrato, aleve y cruel,

Falso, engañador, fingido,

Sin fe, sin Dios y sin ley,

Que como inocente pierdo

Mi honor, venganza me dé

El cielo! ¡El mismo dolor

Sientas, que siento, y á ver

Llegues, bañado en tu sangre,

Deshonras tuyas, porqué

Mueras con las mismas armas

Que matas, amén, amén!

¡Ay de mí! mi honor perdí.

¡Ay de mí! mi muerte hallé.

JORNADA SEGUNDA.

_Jardín de la quinta._

ESCENA PRIMERA.

JACINTA Y DON ENRIQUE, _á oscuras_.

JACINTA.

Llega con silencio.

D. ENR.

Apénas

Los piés en la tierra puse.

JACINTA.

Este es el jardin, y aquí

Pues de la noche le encubre

El manto, y pues Don Gutierre

Está preso, no hay que dudes,

Sino que conseguirás

Victorias de amor tan dulces.

D. ENR.

Si la libertad, Jacinta,

Que te prometí, presumes

Poco premio á bien tan grande,

Pide más, y no te excuses

Por cortedad: vida y alma

Es bien que por tuyas juzgues.

JACINTA.

Aquí mi señora siempre

Viene, y tiene por costumbre

Pasar un poco la noche.

D. ENR.

Calla, calla, no pronuncies

Otra razon, porque temo

Que los vientos nos escuchen.

JACINTA.

Yo, para que tanta ausencia

No me indicie ó no me culpe

Deste delito, no quiero

Faltar de allí. _(Vase.)_

D. ENR.

Amor ayude

Mi intento. Estas verdes hojas

Me escondan y disimulen;

Que no seré yo el primero

Que á vuestras espaldas hurte

Rayos al sol. Acteon

Con Dïana me disculpe. _(Vase.)_

ESCENA II.

DOÑA MENCÍA, JACINTA, TEODORA, CRIADAS.

D.ª MEN.

¡Silvia, Teodora, Jacinta!

JACINTA.

¿Qué mandas?

D.ª MEN.

Que traigas luces,

Y venid todas conmigo

A divertir pesadumbres

De la ausencia de Gutierre,

Donde el natural presume

Vencer hermosos países

Que el arte dibuja y pule.--

Teodora.

TEODOR.

Señora mia.

D.ª MEN.

Divierte con voces dulces

Esta tristeza.

TEODOR.

Holgaréme

Que de letra y tono gustes.

_(Han puesto luz sobre un bufetillo, y siéntase Doña Mencía en unas

almohadas. Canta Teodora.)_

_Ruiseñor, que con tu canto

Alegras este recinto,

No te ausentes tan aprisa,

Que me das pena y martirio._

_(Se queda dormida Doña Mencía.)_

JACINTA.

No cantes más; que parece

Que ya el sueño al alma infunde

Sosiego y descanso. Y pues

Hallaron sus inquietudes

En él sagrado, nosotras

No la despertemos.

TEODOR.

Huye

Con silencio la ocasion.

JACINTA.

_(Ap.)_ Yo lo haré, porque la busque

Quien la deseó. ¡Oh criadas,

Y cuántas honras ilustres

Se han perdido por vosotras!

_(Vanse todas las criadas.)_

ESCENA III.

DON ENRIQUE.--DOÑA MENCÍA, _dormida_.

D. ENR.

Sola se quedó. No duden

Mis sentidos tanta dicha.

Y ya que á esto me dispuse,

Pues la ventura me falta,

Tiempo y lugar me aseguren.--

¡Hermosísima Mencía!

D.ª MEN.

_(Despierta.)_

¡Válgame Dios!

D. ENR.

No te asustes.

D.ª MEN.

¿Qué es esto?

D. ENR.

Un atrevimiento,

A quien es bien que disculpen

Tantos años de esperanza.

D.ª MEN.

¿Pues, señor, vos...

D. ENR.

No te turbes.

D.ª MEN.

Desta suerte...

D. ENR.

No te alteres.

D.ª MEN.

Entrasteis...

D. ENR.

No te disgustes.

D.ª MEN.

En mi casa, sin temer

Que así á una mujer destruye,

Y que así ofende á un vasallo

Tan generoso y ilustre?

D. ENR.

Esto es tomar tu consejo.

Tú me aconsejas que escuche

Disculpas de aquella dama,

Y vengo á que te disculpes

Conmigo de mis agravios.

D.ª MEN.

Es verdad, la culpa tuve;

Pero si he de disculparme,

Tu Alteza, señor, no dude

Que es en órden á mi honor.

D. ENR.

¿Que ignoro, acaso presumes,

El respeto que les debo

A tu sangre y tus costumbres?

El achaque de la caza,

Que en estos campos dispuse,

No fué fatigar la caza,

Estorbando que salude

A la venida del dia,

Sino á tí, garza, que subes

Tan remontada, que tocas

Por las campañas azules

De los palacios del sol

Los dorados balaustres.

D.ª MEN.

Muy bien, señor, vuestra Alteza

A las garzas atribuye

Esta lucha; pues la garza

De tal instinto presume,

Que volando hasta los cielos,

Rayo de pluma sin lumbre,

Ave de fuego con alma,

Con instinto alada nube,

Pardo cometa sin fuego,

Quieren que su intento burlen

Azores reales; y áun dicen

Que, cuando de todos huye,

Conoce al que ha de matarla;

Y así ántes que con él luche,

El temor la hace que tiemble,

Se estremezca y se espeluce.

Así yo, viendo á tu Alteza,

Quedé muda, absorta estuve,

Conocí el riesgo, y temblé,

Tuve miedo y horror tuve;

Porque mi temor no ignore,

Porque mi espanto no dude

Que es quien me ha de dar la muerte.

D. ENR.

Ya llegué á hablarte, ya tuve

Ocasion, no he de perderla.

D.ª MEN.

¿Cómo esto los cielos sufren?

Daré voces.

D. ENR.

A tí misma

Te infamas.

D.ª MEN.

¿Cómo no acuden

A darme favor las fieras?

D. ENR.

Porque de enojarme huyen.

ESCENA IV.

DON GUTIERRE.--DICHOS.

D. GUT.

_(Dentro.)_ Ten ese estribo, Coquin,

Y llama á esa puerta.

D.ª MEN.

¡Cielos!

No mintieron mis recelos,

Llegó de mi vida el fin.

Don Gutierre es este, ¡ay Dios!

D. ENR.

¡Oh qué infelice nací!

D.ª MEN.

¿Qué ha de ser, señor, de mí,

Si os halla conmigo á vos?

D. ENR.

¿Pues qué he de hacer?

D.ª MEN.

Retiraros.

D. ENR.

¿Yo me tengo de esconder?

D.ª MEN.

El honor de una mujer

A más que esto ha de obligaros.

No podeis salir (¡soy muerta!);

Que como allá no sabian

Mis criadas lo que hacian,

Abrieron luego la puerta.

Aun salir no podeis ya.

D. ENR.

¿Qué haré en tanta confusion?

D.ª MEN.

Detras de ese pabellon,

Que en mi misma cuadra está,

Os esconded.

D. ENR.

No he sabido,

Hasta la ocasion presente,

Qué es temor. ¡Oh qué valiente

Debe de ser un marido! _(Vase.)_

D.ª MEN.

Si inocente una mujer,

No hay desdicha que no aguarde,

¡Válgame Dios, qué cobarde

La culpa debe de ser!

ESCENA V.

DON GUTIERRE, COQUIN, JACINTA, DOÑA MENCÍA.

D. GUT.

Mi bien, señora, los brazos

Darme una y mil veces puedes.

D.ª MEN.

Con envidia de estas redes,

Que en tan amorosos lazos

Están inventando abrazos.

D. GUT.

No dirás que no he venido

A verte.

D.ª MEN.

Fineza ha sido

De amante firme y constante.

D. GUT.

No dejo de ser amante

Yo, mi bien, por ser marido;

Que por propia la hermosura

No desmerece jamás

Las finezas; ántes más

Las alienta y asegura,

Y así á su riesgo procura

Los medios, las ocasiones.

D.ª MEN.

En obligacion me pones.

D. GUT.

El alcaide que conmigo

Está, es mi deudo y amigo,

Y quitándome prisiones

Al cuerpo, me las echó

Al alma, porque me ha dado

Ocasion de haber llegado

A tan grande dicha yo,

Como es á verte.

D.ª MEN.

¿Quién vió

Mayor gloria?...

D. GUT.

Que la mia;

Aunque, si bien advertia,

Hizo muy poco por mí

En dejarme que hasta aquí

Viniese; pues si vivia

Yo sin alma en la prision

Por estar en tí, mi bien,

Darme libertad fué bien,

Para que en esta ocasion

Alma y vida con razon

Otra vez se viese unida;

Porque estaba dividida,

Teniendo prolija calma,

En una prision el alma

Y en otra prision la vida.

D.ª MEN.

Dicen que dos instrumentos

Conformemente templados,

Por los ecos dilatados

Comunican los acentos:

Tocan el uno, y los vientos

Hiere el otro, sin que allí

Nadie le toque; y en mí

Esta experiencia se viera;

Pues si el golpe allá te hiriera,

Muriera yo desde aquí.

COQUIN.

¿Y no le darás, señora,

Tu mano por un momento

A un preso de cumplimiento,

Pues llora, siente y ignora

Por qué siente y por qué llora,

Y está su muerte esperando

Sin saber por qué ni cuándo?

Pero...

D.ª MEN.

Coquin, ¿qué hay en fin?

COQUIN.

Fin al principio en Coquin

Hay, que eso estoy contando.

Mucho el Rey me quiere; pero

Si el rigor pasa adelante,

Mi amo será muerto andante,

Pues irá con escudero.

D.ª MEN.

_(A D. Gut.)_ Poco regalarte espero,

Porque como no aguardaba

Huésped, descuidada estaba.

Cena os quiero apercibir.

D. GUT.

Una esclava puede ir.

D.ª MEN.

Ya, señor, ¿no va una esclava?

Yo lo soy, y lo he de ser.--

Jacinta, vénme á ayudar.

(_Ap._ En salud me he de curar:

Ved, honor, cómo ha de ser,

Porque me he de resolver

A una temeraria accion.) _(Vanse las dos.)_

ESCENA VI.

DON GUTIERRE, COQUIN.

D. GUT.

Tú, Coquin, á esta ocasion

Aquí te queda, y extremos

Olvida, y mira que habemos

De volver á la prision

Antes del dia, y ya falta

Poco: aquí puedes quedarte.

COQUIN.

Yo quisiera aconsejarte

Una industria la más alta

Que el ingenio humano esmalta:

En ella tu vida está.

¡Oh qué industria...

D. GUT.

Díla ya.

COQUIN.

Para salir sin lesion

Sano y bueno de prision!

D. GUT.

¿Cuál es?

COQUIN.

No volver allá.

¿No estás bueno? ¿No estás sano?

Con no volver, claro ha sido

Que sano y bueno has salido.

D. GUT.

¡Vive Dios, necio, villano,

Que te mate por mi mano!

¿Pues tú me has de aconsejar

Tan vil accion, sin mirar

La confianza que aquí

Hizo el alcaide de mí?

COQUIN.

Señor, yo llego á dudar

(Que soy más desconfiado)

De la condicion del Rey;

Y así el honor de esa ley

No se entiende en el criado,

Y hoy estoy determinado

A dejarte y no volver.

D. GUT.

¿Dejarme tú?

COQUIN.

¿Qué he de hacer?

D. GUT.

Y de tí, ¿qué han de decir?

COQUIN.

¿Y heme de dejar morir,

Por sólo bien parecer?

Si el morir, señor, tuviera

Descarte ó enmienda alguna,

Cosa que, de dos la una,

Un hombre hacerla pudiera,

Yo probara la primera

Por servirte; mas ¿no ves

Que rifa la vida es?

Entro en ella, vengo y tomo

Cartas, y piérdola: ¿cómo

Me desquitaré despues?

Perdida se quedará,

Si la pierdo por tu engaño,

Desde aquí á ciento y un año.

ESCENA VII.

DOÑA MENCIA, _muy alborotada_.--DICHOS.

D.ª MEN.

Señor, tu favor me da.

D. GUT.

¡Válgame Dios! ¿qué será?

¿Qué puede haber sucedido?

D.ª MEN.

Un hombre...

D. GUT.

¡Presto!

D.ª MEN.

Escondido

En mi aposento he encontrado,

Encubierto y rebozado.

Favor, Gutierre, te pido.

D. GUT.

¿Qué dices? ¡Válgame el cielo!

Ya es forzoso que me asombre.

¿Embozado en casa un hombre?

D.ª MEN.

Yo le ví.

D. GUT.

Todo soy hielo.

Toma esa luz.

COQUIN.

¿Yo?

D. GUT.

El recelo

Pierde, pues conmigo vas.

D.ª MEN.

Villano, ¿cobarde estás?

Saca tú la espada, y yo

Iré.--La luz se cayó.

_(Al tomar la luz, la mata disimuladamente.)_

ESCENA VIII.

JACINTA Y DON ENRIQUE, _siguiéndola_.--DICHOS.

D. GUT.

Esto me faltaba más;

Pero á obscuras entraré. _(Vase.)_

JACINTA.

_(Ap. á Don Enrique.)_

Síguete, señor, por mí.

Seguro vas por aquí,

Que toda la casa sé.

_(Miéntras Don Gutierre ha entrado dentro por una puerta, lleva Jacinta

á Don Enrique por otro lado. Vuelve á salir Don Gutierre, y encuentra á

Coquin.)_

COQUIN.

¿Donde iré yo?

D. GUT.

_(Ap.)_ Ya encontré

El hombre.

COQUIN.

Señor, advierte...

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Vive Dios, que desta suerte,

Hasta que sepa quién es,

Le he de tener! Que despues

Le darán mis manos muerte.

COQUIN.

Mira que yo...

D.ª MEN.

_(Ap.)_ ¡Qué rigor!

Si es que con él ha encontrado,

¡Ay de mí!

_(Vuelve Jacinta con luz.)_

D. GUT.

Luz han sacado.--

¿Quién eres, hombre?

COQUIN.

Señor,

Yo soy.

D. GUT.

¡Qué engaño! ¡Qué error!

COQUIN.

Pues yo ¿no te lo decia?

D. GUT.

Que me hablabas presumia,

Pero no que eras el mismo

Que tenía. ¡Oh ciego abismo

Del alma y paciencia mia!

D.ª MEN.

¿Salió ya, Jacinta? _(Ap. á ella.)_

JACINTA.

Sí.

D.ª MEN.

¿Cómo esto en tu ausencia pasa?

Mira bien toda la casa;

Que como saben que aquí

No estás, se atreven así

Ladrones.

D. GUT.

A verla voy.

Suspiros al cielo doy

Que mis sentimientos lleven,

Si es que á mi casa se atreven,

Por ver que en ella no estoy.

_(Vase él y Coquin.)_

ESCENA IX.

DOÑA MENCÍA, JACINTA.

JACINTA.

Grande atrevimiento fué

Determinarse, señora,

A tan grande accion ahora.

D.ª MEN.

En ella mi vida hallé.

JACINTA.

¿Por qué lo hiciste?

D.ª MEN.

Porqué

Si yo no se lo dijera,

Y Gutierre lo sintiera,

La presuncion era clara,

Pues no se desengañara

De que yo cómplice era;

Y no fué dificultad

En ocasion tan cruel,

Haciendo del ladron fiel,

Engañar con la verdad.

ESCENA X.

DON GUTIERRE, _que debajo de la capa trae una daga_.--DOÑA MENCÍA,

JACINTA.

D. GUT.

_(A Doña Mencía.)_ ¿Qué ilusion, qué vanidad

Desta suerte te burló?

Toda la casa vi yo;

Pero en ella no encontré

Sombra de que verdad fué

Lo que á tí te pareció.

(_Ap._ Mas engáñome ¡ay de mí!

Que esta daga que hallé ¡cielos!

Con sospechas y recelos

Previene mi muerte en sí.

Mas no es esto para aquí.)

Mi bien, mi esposa, Mencía,

Ya la noche en sombra fria

Su manto va recogiendo,

Y cobardemente huyendo

De la hermosa luz del dia.

Mucho siento, claro está,

El dejarte en esta parte,

Por dejarte, y por dejarte

Con este temor; mas ya

Es hora.

D.ª MEN.

Los brazos da

A quien te adora.

D. GUT.

El favor

Estimo.

_(Al ir á abrazarle Doña Mencía, ve la daga.)_

D.ª MEN.

¡Tente, señor!

¿Tú la daga para mí?

En mi vida te ofendí,

Deten la mano al rigor,

Deten...

D. GUT.

¿De qué estás turbada,

Mi bien, mi esposa, Mencía?

D.ª MEN.

Al verte así presumia

Que ya en mi sangre bañada,

Hoy moria desangrada.

D. GUT.

Como á ver la casa entré,

Así esta daga saqué.

D.ª MEN.

Toda soy una ilusion.

D. GUT.

¡Jesus, qué imaginacion!

D.ª MEN.

En mi vida te he ofendido.

D. GUT.

¡Qué necia disculpa ha sido!

Pero suele una aprension

Tales miedos prevenir.

D.ª MEN.

Mis tristezas, mis enojos,

Vanas quimeras y antojos,

Suelen mi engaño fingir.

D. GUT.

Si yo pudiere venir,

Vendré á la noche, y adios.

D.ª MEN.

Él vaya, señor, con vos.--

(_Ap._ ¡Oh qué asombros! ¡Oh qué extremos!)

D. GUT.

_(Ap.)_ ¡Ay honor, mucho tenemos

Que hablar á solas los dos! _(Vanse.)_

* * * * *

_Cámara real en el Alcázar._

ESCENA XI.

DON DIEGO Y EL REY _con broquel y capa de color, y miéntras habla, se

muda en traje de negro_.

REY.

Ten, Don Diego, esa rodela.

D. DIEGO.

Tarde vienes á acostarte.

REY.

Toda la noche rondé

De aquesta ciudad las calles,

Que quiero saber así

Sucesos y novedades

De Sevilla, que es lugar

Donde cada noche salen

Cuentos nuevos; y deseo

Desta manera informarme

De todo, para saber

Lo que convenga.

D. DIEGO.

Bien haces,

Que el rey debe ser un Argos

En su reino, vigilante:

El emblema de aquel cetro

Con dos ojos lo declare.

Mas ¿qué vió tu Majestad?

REY.

Ví recatados galanes,

Damas desveladas ví,

Músicas, fiestas y bailes,

Muchos garitos, de quien

Eran siempre voces grandes

La tablilla, que decia:

«Aquí hay juego, caminante.»

Ví valientes infinitos:

Y no hay cosa que me canse

Tanto como ver valientes,

Y que por oficio pase

Ser uno valiente aquí.

Mas porque no se me alaben

Que no doy exámen yo

A oficio tan importante,

A una tropa de valientes

Probé solo en una calle.

D. DIEGO.

Mal hizo tu Majestad.

REY.

Antes bien, pues con su sangre

Llevaron iluminada...

D. DIEGO.

¿Qué?

REY.

La carta del exámen.

ESCENA XII.

COQUIN.--DICHOS.

COQUIN.

_(Ap.)_ No quise entrar en la torre

Con mi amo, por quedarme

A saber lo que se dice

De su prision. Pero ¡tate!

(Que es un pero muy honrado

Del celebrado linaje

De los tates de Castilla),

Porque el Rey esta delante.

REY.

Coquin.

COQUIN.

Señor.

REY.

¿Cómo va?

COQUIN.

Responderé á lo estudiante.

REY.

¿Cómo?

COQUIN.

_De corpore bene_,

Pero _de pecuniis male_.

REY.

Decid algo, pues sabeis,

Coquin, que como me agrade,

Teneis aquí cien escudos.

COQUIN.

Fuera hacer tú aquesta tarde

El papel de una comedia

Que se intitula: _El Rey Angel_.

Pero con todo eso traigo

Hoy un cuento que contarte,

Que remata en epigrama.

REY.

Si es vuestra, será elegante.

Vaya el cuento.

COQUIN.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 1 / 19 段