LOS QUE CARGAN CON LA FAMA

Los que _dan caramayolé_ o _la biaba_ son los ladrones de la clase más

íntima, es la plebe del mundo lunfardo: ellos no necesitan para realizar

sus empresas usar el mínimum de talento. Un buen garrote esgrimido como

maza, y descargado a tiempo sobre un transeúnte descuidado, o una

pedrada en la cabeza, asestada a mansalva, son sus recursos favoritos, y

éstos no son difíciles de usar.

No obstante, a veces estudian también las víctimas, a fin de no dar el

golpe sin provecho, pero no es condición indispensable: se confían al

acaso. Hay algunos de estos asaltantes que combinan sus golpes con

habilidad, pero son raros.

El sargento Gómez me refirió a este respecto una hazaña del pardo

Vilaró, llamado vulgarmente "el de los pavos", para distinguirlo de un

tocayo que se llamaba "el de los mates", que es un caso típico de

asaltante, metido a ejercer de _escrucho_ a la alta escuela.

En la calle Buen Orden[85], al llegar a Brasil, había una platería de

aquellas que antes abundaban en el barrio del Sur, poblado casi todo por

estancieros y gente de campo, cuyo comercio consistía en la venta de

frenos, facones, espuelas y demás artículos similares, hechos de plata.

La tienda era pequeña y lo poco de valor que contenía estaba encerrado

en una vidriera movible, que descansaba sobre el mostrador, hacia la

derecha, frente a un pequeño venta que, daba a una pieza interior, por

el cual el platero, cuando no estaba en el negocio, veía todo lo que

pasaba en éste.

La puerta de comunicación entre la tienda y la pieza interior quedaba

hacia la izquierda.

Una mañana el platero tomaba su desayuno, cuando de repente ve entrar al

negocio a un pardo grande y fornido, que levantando en alto la vidriera

corría hacia la calle. Se echó tras él y consiguió hacerlo detener, pero

ya no llevaba la vidriera ni fue posible dar con ella por más pesquisas

que se hicieron.

El detenido fue puesto en libertad, y más tarde, se jactaba del robo y

de su astucia, diciendo:

--¡Amigo, que son mulitas[86]!... ¡Yo tenía en la puerta de la platería

un carro cargado de pasto verde, pero arreglado con un hueco en el

medio; pasé, tiré la vidriera y seguí corriendo, seguido del platero!

¡Pobre hombre! ¡Ni coceó, y el carro se fue con la vidriera, mientras a

mí me enloquecían a preguntas en la comisaría!... ¡Vivos los mozos!

Memorias de un vigilante · 第 44 / 56 题