Madrid, castillo famoso

Que al rey moro alivia el miedo,

Arde en fiestas en su coso

Por ser el natal dichoso

5 De Alimenón de Toledo.

Su bravo alcaide Aliatar,

De la hermosa Zaida amante,

Las ordena celebrar

Por si la puede ablandar

10 El corazón de diamante.

Pasó, vencida á sus ruegos,

Desde Aravaca á Madrid;

Hubo pandorgas y fuegos,

Con otros nocturnos juegos

15 Que dispuso el adalid.

Y en adargas y colores,

En las cifras y libreas,

Mostraron los amadores,

Y en pendones y preseas,

20 La dicha de sus amores.

Vinieron las moras bellas

De toda la cercanía,

Y de lejos muchas de ellas:

Las más apuestas doncellas

25 Que España entonces tenía. page 27

Aja de Jetafe vino,

Y Zahara la de Alcorcón,

En cuyo obsequio muy fino

Corrió de un vuelo el camino

5 El moraicel de Alcabón;

Jarifa de Almonacid,

Que de la Alcarria en que habita

Llevó á asombrar á Madrid

Su amante Audalla, adalid

10 Del castillo de Zorita.

De Adamuz y la famosa

Meco llegaron allí

Dos, cada cual más hermosa,

Y Fátima la preciosa,

15 Hija de Alí el alcadí.

El ancho circo se llena

De multitud clamorosa,

Que atiende á ver en la arena

La sangrienta lid dudosa,

20 Y todo en torno resuena.

La bella Zaida ocupó

Sus dorados miradores

Que el arte afiligranó,

Y con espejos y flores

25 Y damascos adornó.

Añafiles y atabales,

Con militar armonía,

Hicieron salva, y señales

De mostrar su valentía page 28

Los moros más principales.

No en las vegas de Jarama

Pacieron la verde grama

Nunca animales tan fieros,

5 Junto al puente que se llama,

Por sus peces, de Viveros,

Como los que el vulgo vió

Ser lidiados aquel día;

Y en la fiesta que gozó,

10 la popular alegría

Muchas heridas costó.

Salió un toro del toril

Y á Tarfe tiró por tierra,

Y luego á Benalguacil;

15 Después con Hamete cierra

El temerón de Conil.

Traía un ancho listón

Con uno y otro matiz

Hecho un lazo por airón,

20 Sobre la inhiesta cerviz

Clavado con un arpón.

Todo galán pretendía

Ofrecerle vencedor

Á la dama que servía:

25 Por eso perdió Almanzor

El potro que más quería.

El alcaide muy zambrero

De Guadalajara, huyó

Mal herido al golpe fiero, page 29

Y desde un caballo overo

El moro de Horche cayó.

Todos miran á Aliatar,

Que, aunque tres toros ha muerto,

5 No se quiere aventurar,

Porque en lance tan incierto

El caudillo no ha de entrar.

Mas viendo se culparía,

Va á ponérsele delante:

10 La fiera le acometía,

Y sin que el rejón la plante

Le mató una yegua pía.

Otra monta acelerado:

Le embiste el toro de un vuelo,

15 Cogiéndole entablerado;

Rodó el bonete encarnado

Con las plumas por el suelo.

Dió vuelta hiriendo y matando

Á los de á pie que encontrara,

20 El circo desocupando,

Y emplazándose, se para,

Con la vista amenazando.

Nadie se atreve á salir:

La plebe grita indignada,

25 Las damas se quieren ir,

Porque la fiesta empezada

No puede ya proseguir.

Ninguno al riesgo se entrega

Y está en medio el toro fijo, page 30

Cuando un portero que llega

De la puerta de la Vega,

Hincó la rodilla, y dijo:

Sobre un caballo alazano,

5 Cubierto de galas y oro,

Demanda licencia urbano

Para alancear á un toro

Un caballero cristiano.

Mucho le pesa á Aliatar;

10 Pero Zaida dió respuesta

Diciendo que puede entrar,

Porque en tan solemne fiesta

Nada se debe negar.

Suspenso el concurso entero

15 Entre dudas se embaraza,

Cuando en un potro ligero

Vieron entrar en la plaza

Un bizarro caballero,

Sonrosado, albo color,

20 Belfo labio, juveniles

Alientos, inquieto ardor,

En el florido verdor

De sus lozanos abriles.

Cuelga la rubia guedeja

25 Por donde el almete sube,

Cual mirarse tal vez deja

Del sol la ardiente madeja

Entre cenicienta nube;

Gorguera de anchos follajes, page 31

De una cristiana primores;

En el yelmo los plumajes

Por los visos y celajes

Vergel de diversas flores;

5 En la cuja gruesa lanza,

Con recamado pendón,

Y una cifra á ver se alcanza,

Que es de desesperación,

Ó á lo menos de venganza.

10 En el arzón de la silla

Ancho escudo reverbera

Con blasones de Castilla,

Y el mote dice á la orilla:

_Nunca mi espada venciera_.

15 Era el caballo galán,

El bruto más generoso,

De más gallardo ademán:

Cabos negros, y brioso,

Muy tostado, y alazán,

20 Larga cola recogida

En las piernas descarnadas,

Cabeza pequeña, erguida,

Las narices dilatadas,

Vista feroz y encendida.

25 Nunca en el ancho rodeo

Que da Betis con tal fruto

Pudo fingir el deseo

Más bella estampa de bruto,

Ni más hermoso paseo. page 32

Dió la vuelta al rededor;

Los ojos que le veían

Lleva prendados de amor:

¡Alá te salve! decían,

5 ¡Déte el Profeta favor!

Causaba lástima y grima

Su tierna edad floreciente:

Todos quieren que se exima

Del riesgo, y él solamente

10 Ni recela ni se estima.

Las doncellas, al pasar,

Hacen de ámbar y alcanfor

Pebeteros exhalar,

Vertiendo pomos de olor,

15 De jazmines y azahar.

Mas cuando en medio se para,

Y de más cerca le mira

La cristiana esclava Aldara,

Con su señora se encara,

20 Y así la dice, y suspira:

--Señora, sueños no son;

Así los cielos, vencidos

De mi ruego y aflicción,

Acerquen á mis oídos

25 Las campanas de León,

Como ese doncel, que ufano

Tanto asombro viene á dar

Á todo el pueblo africano,

Es Rodrigo de Bivar, page 33

El soberbio castellano.--

Sin descubrirle quién es,

La Zaida desde una almena

Le habló una noche cortés,

5 Por donde se abrió después

El cubo de la Almudena;

Y supo que, fugitivo

De la corte de Fernando,

El cristiano, apenas vivo,

10 Está á Jimena adorando

Y en su memoria cautivo.

Tal vez á Madrid se acerca

Con frecuentes correrías

Y todo en torno la cerca;

15 Observa sus saetías,

Arroyadas y ancha alberca.

Por eso le ha conocido:

Que en medio de aclamaciones,

El caballo ha detenido

20 Delante de sus balcones,

Y la saluda rendido.

La mora se puso en pie

Y sus doncellas detrás:

El alcaide que lo ve,

25 Enfurecido además,

Muestra cuán celoso esté.

Suena un rumor placentero

Entre el vulgo de Madrid:

No habrá mejor caballero, page 34

Dicen, en el mundo entero,

Y algunos le llaman Cid.

Crece la algazara, y él,

Torciendo las riendas de oro,

5 Marcha al combate crüel:

Alza el galope, y al toro

Busca en sonoro tropel.

El bruto se le ha encarado

Desde que le vió llegar,

10 De tanta gala asombrado,

Y al rededor le ha observado

Sin moverse de un lugar.

Cual flecha se disparó

Despedida de la cuerda,

15 De tal suerte le embistió;

Detrás de la oreja izquierda

La aguda lanza le hirió.

Brama la fiera burlada;

Segunda vez acomete,

20 De espuma y sudor bañada,

Y segunda vez la mete

Sutil la punta acerada.

Pero ya Rodrigo espera

Con heroico atrevimiento,

25 El pueblo mudo y atento:

Se engalla el toro y altera,

Y finje acometimiento.

La arena escarba ofendido,

Sobre la espalda la arroja page 35

Con el hueso retorcido;

El suelo huele y le moja

En ardiente resoplido.

La cola inquieto menea,

5 La diestra oreja mosquea,

Vase retirando atrás,

Para que la fuerza sea

Mayor, y el ímpetu más.

El que en esta ocasión viera

10 De Zaida el rostro alterado,

Claramente conociera

Cuanto le cuesta cuidado

El que tanto riesgo espera.

Mas ¡ay, que le embiste horrendo

15 El animal espantoso!

Jamás peñasco tremendo

Del Cáucaso cavernoso

Se desgaja, estrago haciendo,

Ni llama así fulminante

20 Cruza en negra obscuridad

Con relámpagos delante,

Al estrépito tronante

De sonora tempestad,

Como el bruto se abalanza

25 Con terrible ligereza;

Mas rota con gran pujanza

La alta nuca, la fiereza

Y el último aliento lanza.

La confusa vocería page 36

Que en tal instante se oyó

Fué tanta, que parecía

Que honda mina reventó,

Ó el monte y valle se hundía.

5 Á caballo como estaba

Rodrigo, el lazo alcanzó

Con que el toro se adornaba:

En su lanza le clavó

Y á los balcones llegaba.

10 Y alzándose en los estribos,

Le alarga á Zaida, diciendo:

--Sultana, aunque bien entiendo

Ser favores excesivos,

Mi corto don admitiendo;

15 Si no os dignáredes ser

Con él benigna, advertid

Que á mí me basta saber

Que no le debo ofrecer

Á otra persona en Madrid.--

20 Ella, el rostro placentero,

Dijo, y turbada:--Señor,

Yo le admito y le venero,

Por conservar el favor

De tan gentil caballero.--

25 Y besando el rico don,

Para agradar al doncel,

Le prende con afición

Al lado del corazón

Por brinquiño y por joyel. page 37

Pero Aliatar el caudillo

De envidia ardiendo se ve,

Y, trémulo y amarillo,

Sobre un tremecén rosillo

5 Lozaneándose fué.

Y en ronca voz:--Castellano,

Le dice, con más decoros

Suelo yo dar de mi mano,

Si no penachos de toros,

10 Las cabezas del cristiano.

Y si vinieras de guerra

Cual vienes de fiesta y gala,

Vieras que en toda la tierra,

Al valor que dentro encierra

15 Madrid, ninguno se iguala.--

--Así, dijo el de Bivar,

Respondo--; y la lanza al ristre

Pone, y espera á Aliatar;

Mas sin que nadie administre

20 Orden, tocaron á armar.

Ya fiero bando con gritos

Su muerte ó prisión pedía,

Cuando se oyó en los distritos

Del monte de Leganitos

25 Del Cid la trompetería.

Entre la Monclova y Soto

Tercio escogido emboscó,

Que, viendo como tardó,

Se acerca, oyó el alboroto, page 38

Y al muro se abalanzó.

Y si no vieran salir

Por la puerta á su señor,

Y Zaida á le despedir,

5 Iban la fuerza á embestir:

Tal era ya su furor.

El alcaide, recelando

Que en Madrid tenga partido,

Se templó disimulando,

10 Y por el parque florido

Salió con él razonando.

Y es fama que, á la bajada,

Juró por la cruz el Cid

De su vencedora espada

15 De no quitar la celada

Hasta que gane á Madrid.

DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS

Á ARNESTO

¿Quis tam patiens ut teneat se?

JUVENAL

Déjame, Arnesto, déjame que llore

Los fieros males de mi patria, deja

Que su rüina y perdición lamente;

20 Y si no quieres que en el centro obscuro

De esta prisión la pena me consuma,

Déjame al menos que levante el grito

Contra el desorden: deja que á la tinta page 39

Mezclando miel y acíbar, siga indócil

Mi pluma el vuelo del bufón de Aquino.

¡Oh! ¡cuánto rostro veo, á mi censura,

De palidez y de rubor cubierto!

5 Ánimo, amigos, nadie tema, nadie,

Su punzante aguijón; que yo persigo

En mi sátira el vicio, no al vicioso.

Ya la notoriedad es el más noble

Atributo del vicio, y nuestras Julias,

10 Más que ser malas quieren parecerlo.

Hubo un tiempo en que andaba la modestia

Dorando los delitos; hubo un tiempo

En que el recato tímido cubría

La fealdad del vicio; pero huyóse

15 El pudor á vivir en las cabañas.

¡Oh infamia! ¡oh siglo! ¡oh corrupción! Matronas

Castellanas, ¿quién pudo vuestro claro

Pundonor eclipsar? ¿Quién de Lucrecias

En Laís os volvió? ¿Ni el proceloso

20 Océano, ni, lleno de peligros,

El Lilibeo, ni las arduas cumbres

De Pirene pudieron guareceros

Del contagio fatal? Zarpa preñada

De oro la nao gaditana, aporta

25 Á las orillas gálicas, y vuelve

Llena de objetos fútiles y vanos; page 40

Y entre los signos de extranjera pompa

Ponzoña esconde y corrupción, compradas

Con el sudor de las iberas frentes;

Y tú, mísera España, tú la esperas

5 Sobre la playa, y con afán recoges

La pestilente carga, y la repartes

Alegre entre tus hijos. Viles plumas,

Gasas y cintas, flores y penachos

10 Te trae en cambio de la sangre tuya;

De tu sangre ¡oh baldón! y acaso, acaso

De tu virtud y honestidad. Repara

Cual la liviana juventud los busca.

Mira cual va con ellos engreída

La impudente doncella; su cabeza,

15 Cual nave real en triunfo empavesada,

Vana presenta del favonio al soplo

La mies de plumas y de airones, y anda

Loca, buscando en la lisonja el premio

De su indiscreto afán. ¡Ay triste! guarte,

20 Guarte, que está cercano el precipicio.

El astuto amador ya en asechanza

Te atisba y sigue con lascivos ojos;

La adulación y la caricia el lazo

Te van á armar, do caerás incauta,

25 En él tu oprobio y perdición hallando.

¡Ay cuánto, cuánto de amargura y lloro

Te costarán tus galas! ¡Cuán tardío

Será y estéril tu arrepentimiento!

Ya ni el rico Brasil, ni las cavernas page 41

Del nunca exhausto Potosí no bastan

Á saciar el hidrópico deseo,

La ansiosa sed de vanidad y pompa.

Todo lo agotan: cuesta un sombrerillo

5 Lo que antes un Estado, y se consume5

En un festín la dote de una infanta;

Todo lo tragan; la riqueza unida

Va á la indigencia; pide y pordiosea

El noble, engaña, empeña, malbarata,

10 Quiebra y perece, y el logrero goza

Los pingües patrimonios, premio un día

Del generoso afán de altos abuelos.

¡Oh ultraje! ¡oh mengua! todo se trafica:

Parentesco, amistad, favor, influjo,

15 Y hasta el honor, depósito sagrado,

Ó se vende ó se compra. Y tú, belleza,

Don el más grato que dió al hombre el cielo,

No eres ya premio del valor, ni paga

Del peregrino ingenio; la florida

20 Juventud, la ternura, el rendimiento

Del constante amador ya no te alcanzan.

Ya ni te das al corazón, ni sabes

De él recibir adoración y ofrendas.

Ríndeste al oro. La vejez hedionda,

25 La sucia palidez, la faz adusta,

Fiera y terrible, con igual derecho

Vienen sin susto á negociar contigo.

Daste al barato, y tu rosada frente,

Tus suaves besos y tus dulces brazos, page 42

Corona un tiempo del amor más puro,

Son ya una vil y torpe mercancía.

DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

ROSANA EN LOS FUEGOS

Del sol llevaba la lumbre,

Y la alegría del alba,

5 En sus celestiales ojos

La hermosísima Rosana,

Una noche que á los fuegos

Salió la fiesta de Pascua

Para abrasar todo el valle

10 En mil amorosas ansias.

Por do quiera que camina

Lleva tras sí la mañana,

Y donde se vuelve rinde

La libertad de mil almas.

15 El céfiro la acaricia

Y mansamente la halaga,

Los Amores la rodean

Y las Gracias la acompañan.

Y ella, así como en el valle

20 Descuella la altiva palma

Cuando sus verdes pimpollos

Hasta las nubes levanta;

Ó cual vid de fruto llena

Que con el olmo se abraza, page 43

Y sus vástagos extiende

Al arbitrio de las ramas;

Así entre sus compañeras

El nevado cuello alza,

5 Sobresaliendo entre todas

Cual fresca rosa entre zarzas.

Todos los ojos se lleva

Tras sí, todo lo avasalla;

De amor mata á los pastores

10 Y de envidia á las zagalas.

Ni las músicas se atienden,

Ni se gozan las lumbradas;

Que todos corren por verla

Y al verla todos se abrasan.

15 ¡Qué de suspiros se escuchan!

¡Qué de vivas y de salvas!

No hay zagal que no la admire

Y no se esmere en loarla.

Cual absorto la contempla

20 Y á la aurora la compara

Cuando más alegre sale

Y el cielo en albores baña;

Cual al fresco y verde aliso

Que crece al margen del agua,

25 Cuando más pomposo en hojas

En su cristal se retrata;

Cual á la luna, si muestra

Llena su esfera de plata,

Y asoma por los collados page 44

De luceros coronada.

Otros pasmados la miran

Y mudamente la alaban,

Y cuanto más la contemplan

5 Muy más hermosa la hallan.

Que es como el cielo su rostro

Cuando en la noche callada

Brilla con todas sus luces

Y los ojos embaraza.

10 ¡Ay, qué de envidias se encienden!

¡Ay, qué de celos que causa

En las serranas del Tormes

Su perfección sobrehumana!

Las más hermosas la temen,

15 Mas sin osar murmurarla;

Que como el oro más puro

No sufre una leve mancha.

Bien haya tu gentileza,

Una y mil veces bien haya,

20 Y abrase la envidia al pueblo,

Hermosísima aldeana.

Toda, toda eres perfecta,

Toda eres donaire y gracia,

El amor vive en tus ojos

25 Y la gloria está en tu cara.

La libertad me has robado,

Yo la doy por bien robada,

Mas recibe el don benigna

Que mi humildad te consagra. page 45

Esto un zagal la decía

Con razones mal formadas,

Que salió libre á los fuegos

Y volvió cautivo á casa.

5 Y desde entonces perdido

El día á sus puertas le halla;

Ayer le cantó esta letra

Echándole la alborada:

Linda zagaleja

10 De cuerpo gentil,

_Muérome de amores

Desde que te vi_.

Tu talle, tu aseo,

Tu gala y donaire,

15 No tienen, serrana,

Igual en el valle.

Del cielo son ellos

Y tú un serafín:

_Muérome de amores

20 Desde que te vi_.

De amores me muero,

Sin que nada baste

Á darme la vida

Que allá te llevaste,

25 Si ya no te dueles,

Benigna, de mí;

_Que muero de amores

Desde que te vi_.

page 46

DON MANUEL JOSÉ QUINTANA

ODA Á ESPAÑA, DESPUÉS DE

LA REVOLUCIÓN DE MARZO

¿Qué era, decidme, la nación que un día

Reina del mundo proclamó el destino,

La que á todas las zonas extendía

Su cetro de oro y su blasón divino?

5 Volábase á occidente,

Y el vasto mar Atlántico sembrado

Se hallaba de su gloria y su fortuna.

Do quiera España: en el preciado seno

10 De América, en el Asia, en los confines

Del África, allí España. El soberano

Vuelo de la atrevida fantasía

Para abarcarla se cansaba en vano;

La tierra sus mineros le rendía,

Sus perlas y coral el Oceano,

15 Y donde quier que revolver sus olas

Él intentase, á quebrantar su furia

Siempre encontraba costas españolas.

Ora en el cieno del oprobio hundida,

Abandonada á la insolencia ajena,

20 Como esclava en mercado, ya aguardaba

La ruda argolla y la servil cadena.

¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro,

La pestilente fiebre respirando,

Infestó el aire, emponzoñó la vida; page 47

La hambre enflaquecida

Tendió sus brazos lívidos, ahogando

Cuanto el contagio perdonó; tres veces

De Jano el templo abrimos,

5 Y á la trompa de Marte aliento dimos;

Tres veces ¡ay! Los dioses tutelares

Su escudo nos negaron, y nos vimos

Rotos en tierra y rotos en los mares.

¿Qué en tanto tiempo viste

10 Por tus inmensos términos, oh Iberia?

¿Qué viste ya sino funesto luto,

Honda tristeza, sin igual miseria,

De tu vil servidumbre acerbo fruto?

Así rota la vela, abierto el lado,

15 Pobre bajel á naufragar camina,

De tormenta en tormenta despeñado,

Por los yermos del mar; ya ni en su popa

Las guirnaldas se ven que antes le ornaban,

Ni en señal de esperanza y de contento

20 La flámula rïendo al aire ondea.

Cesó en su dulce canto el pasajero,

Ahogó su vocería

El ronco marinero,

Terror de muerte en torno le rodea,

25 Terror de muerte silencioso y frío;

Y él va á estrellarse al áspero bajío.

Llega el momento, en fin; tiende su mano

El tirano del mundo al occidente,

Y fiero exclama: «El occidente es mío.» page 48

Bárbaro gozo en su ceñuda frente

Resplandeció, como en el seno obscuro

De nube tormentosa en el estío

Relámpago fugaz brilla un momento

5 Que añade horror con su fulgor sombrío.

Sus guerreros feroces

Con gritos de soberbia el viento llenan;

Gimen los yunques, los martillos suenan,

Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso

10 Pensáis que espadas son para el combate

Las que mueven sus manos codiciosas?

No en tanto os estiméis: grillos, esposas,

Cadenas son que en vergonzosos lazos

Por siempre amarren tan inertes brazos.

15 Estremecióse España

Del indigno rumor que cerca oía,

Y al grande impulso de su justa saña

Rompió el volcán que en su interior hervía.

Sus déspotas antiguos

20 Consternados y pálidos se esconden;

Resuena el eco de venganza en torno,

Y del Tajo las márgenes responden:

«¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río,

Los colosos de oprobio y de vergüenza

25 Que nuestro bien en su insolencia ahogaban;

Su gloria fué, nuestro esplendor comienza;

Y tú, orgulloso y fiero,

Viendo que aun hay Castilla y castellanos,

Precipitas al mar tus rubias ondas, page 49

¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento!

¿Con que puede ya dar el labio mío

El nombre augusto de la patria al viento?

5 Yo le daré; mas no en el arpa de oro

Que mi cantar sonoro

Acompañó hasta aquí; no aprisionado

En estrecho recinto, en que se apoca

El numen en el pecho

10 Y el aliento fatídico en la boca.

Desenterrad la lira de Tirteo,

Y el aire abierto á la radiante lumbre

Del sol, en la alta cumbre

Del riscoso y pinífero Fuenfría,

15 Allí volaré yo, y allí cantando

Con voz que atruene en rededor la sierra,

Lanzaré por los campos castellanos

Los ecos de la gloría y de la guerra.

¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime,

20 Único asilo y sacrosanto escudo

Al ímpetu sañudo

Del fiero Atila que á occidente oprime!

¡Guerra, guerra, españoles! En el Betis

Ved del Tercer Fernando alzarse airada

25 La augusta sombra; su divina frente

Mostrar Gonzalo en la imperial Granada;

Blandir el Cid su centelleante espada,

Y allá sobre los altos Pirineos,

Del hijo de Jimena page 50

Animarse los miembros giganteos.

En torvo ceño y desdeñosa pena

Ved como cruzan por los aires vanos;

Y el valor exhalando que se encierra

5 Dentro del hueco de sus tumbas frías,

En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra!

¡Pues qué! ¿Con faz serena

Vierais los campos devastar opimos,

Eterno objeto de ambición ajena,

10 Herencia inmensa que afanando os dimos?

Despertad, raza de héroes: el momento

Llegó ya de arrojarse á la victoria;

Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,

Que vuestra gloría humille nuestra gloria.

15 No ha sido en el gran día 15

El altar de la patria alzado en vano

Por vuestra mano fuerte.

Juradlo, ella os lo manda: _¡Antes la muerte

Que consentir jamás ningún tirano!_»

20 Sí, yo lo juro, venerables sombras;

Yo lo juro también, y en este instante

Ya me siento mayor. Dadme una lanza,

Ceñidme el casco fiero y refulgente;

Volemos al combate, á la venganza;

25 Y el que niegue su pecho á la esperanza,

Hunda en el polvo la cobarde frente.

Tal vez el gran torrente

De la devastación en su carrera

Me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura page 51

No se muere una vez? ¿No iré, expirando,

Á encontrar nuestros ínclitos mayores?

«¡Salud, oh padres de la patria mía,

Yo les diré, salud! La heroica España

5 De entre el estrago universal y horrores

Levanta la cabeza ensangrentada,

Y vencedora de su mal destino,

Vuelve á dar á la tierra amedrentada

DON DIONISIO SOLÍS

LA PREGUNTA DE LA NIÑA

10 Madre mía, yo soy niña;

No se enfade, no me riña,

Si fiada en su prudencia

Desahogo mi conciencia,

Y contarle solicito

15 Mi desdicha ó mi delito,

Aunque muerta de rubor.

Pues Blasillo el otro día,

Cuando mismo anochecía,

Y cantando descuidada

20 Conducía mi manada,

En el bosque, por acaso,

Me salió solito al paso,

Más hermoso que el amor.

Se me acerca temeroso, page 52

Me saluda cariñoso,

Me repite que soy linda,

Que no hay pecho que no rinda,

Que si río, que si lloro,

5 Á los hombres enamoro,

Y que mato con mirar.

Con estilo cortesano

Se apodera de mi mano,

Y entre dientes, madre mía,

10 No sé bien qué me pedía;

Yo entendí que era una rosa,

Pero él dijo que era otra cosa,

Que yo no le quise dar.

¿Sabe usted lo que decía

15 El taimado que quería?

Con vergüenza lo confieso,

Mas no hay duda que era un beso

Y fue tanto mi sonrojo,

Que irritada de su arrojo,

20 No sé como no morí.

Mas mi pecho enternecido

De mirarle tan rendido,

Al principio resistiendo,

Él instando, yo cediendo,

25 Fue por fin tan importuno,

Que en la boca, y sólo uno,

Que me diera permití.

Desde entonces, si le miro,

Yo no sé por qué suspiro, page 53

Ni por qué si á Clori mira

Se me abrasa el rostro en ira;

Ni por qué, si con cuidado

Se me pone junto al lado,

5 Me estremezco de placer.

Siempre orillas de la fuente

Busco rosas á mi frente,

Pienso en él y me sonrío,

Y entre mí le llamo mío,

10 Me entristezco de su ausencia,

Y deseo en su presencia

La más bella parecer.

Confundida, peno y dudo,

Y por eso á usted acudo;

15 Dígame, querida madre,

Si sentía por mi padre

Este plácido tormento,

Esta dulce que yo siento

Deliciosa enfermedad.

20 Diga usted con qué se cura

Ó mi amor, ó mi locura,

Y si puede por un beso,

Sin que pase á más exceso,

Una niña enamorarse,

25 Y que trate de casarse

Á los quince de su edad.

page 54

DON JUAN NICASIO GALLEGO

EL DOS DE MAYO

Noche, lóbrega noche, eterno asilo

Del miserable que, esquivando el sueño,

En tu silencio pavoroso gime:

No desdeñes mi voz; letal beleño

5 Presta á mis sienes, y en tu horror sublime

Empapada la ardiente fantasía,

Da á mi pincel fatídicos colores

Con que el tremendo día

Trace al furor de vengadora tea,

10 Y el odio irrite de la patria mía,

Y escándalo y terror al orbe sea.

¡Día de execración! La destructora

Mano del tiempo le arrojó al averno;

Mas ¿quién el sempiterno

15 Clamor con que los ecos importuna

La madre España en enlutado arreo

Podrá atajar? Junto al sepulcro frío,

Al pálido lucir de opaca luna,

Entre cipreses fúnebres la veo:

20 Trémula, yerta, desceñido el manto,

Los ojos moribundos

Al cielo vuelve, que le oculta el llanto;

Roto y sin brillo el cetro de dos mundos

Yace entre el polvo, y el león guerrero

25 Lanza á sus pies rugido lastimero. page 55

¡Ay, que cual débil planta

Que agota en su furor hórrido viento,

De víctimas sin cuento

Lloró la destrucción Mantua afligida!

5 Yo vi, yo vi su juventud florida

Correr inerme al huésped ominoso.

¿Mas qué su generoso

Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo

En quien su honor y su defensa fía,

10 La condenó al cuchillo.

¿Quién ¡ay! la alevosía,

La horrible asolación habrá que cuente,

Que, hollando de amistad los santos fueros,

Hizo furioso en la indefensa gente

15 Ese tropel de tigres carniceros?

Por las henchidas calles

Gritando se despeña

La infame turba que abrigó en su seno,

Rueda allá rechinando la cureña,

20 Acá retumba el espantoso trueno,

Allí el joven lozano,

El mendigo infeliz, el venerable

Sacerdote pacífico, el anciano

Que con su arada faz respeto imprime,

25 Juntos amarra su dogal tirano.

En balde, en balde gime,

De los duros satélites en torno,

La triste madre, la afligida esposa.

Con doliente clamor, la pavorosa page 56

Fatal descarga suena,

Que á luto y llanto eterno la condena.

¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estrago!

¡Cuántos ayes doquier! Despavorido

5 Mirad ese infelice

Quejarse al adalid empedernido

De otra cuadrilla atroz. «¡Ah! ¿Qué te hice?»

Exclama el triste en lágrimas deshecho:

«Mi pan y mi mansión partí contigo,

10 Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho,

Templé tu sed, y me llamé tu amigo;

¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje

Sincero, franco, sin doblez ni engaño,

Con dura muerte y con indigno ultraje?»

15 ¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego!

El monstruo infame á sus ministros mira,

Y con tremenda voz gritando: «¡fuego!»

Tinto en su sangre el desgraciado expira.

Y en tanto ¿dó se esconden?

20 ¿Dó están ¡oh cara patria! tus soldados,

Que á tu clamor de muerte no responden?

Presos, encarcelados

Por jefes sin honor, que, haciendo alarde

De su perfidia y dolo,

25 Á merced de los vándalos te dejan,

Como entre hierros el león, forcejean

Con inútil afán. Vosotros sólo,

Fuerte Daoiz, intrépido Velarde,

Que osando resistir al gran torrente page 57

Dar supisteis en flor la dulce vida

Con firme pecho y con serena frente;

Si de mi libre musa

5 Jamás el eco adormeció á tiranos,

Ni vil lisonja emponzoñó su aliento,

Allá del alto asiento,

Al que la acción magnánima os eleva,

El himno oid que á vuestro nombre entona,

Mientras la fama alígera le lleva

10 Del mar de hielo á la abrasada zona.

Mas ¡ay! que en tanto sus funestas alas

Por la opresa metrópoli tendiendo,

La yerma asolación sus plazas cubre,

Y al áspero silbar de ardientes balas,

15 Y al ronco son de los preñados bronces,

Nuevo fragor y estrépito sucede.

¿Oís cómo, rompiendo

De moradores tímidos las puertas,

Caen estallando de los fuertes gonces?

20 ¡Con qué espantoso estruendo

Los dueños buscan, que medrosos huyen!

Cuanto encuentran destruyen,

Bramando, los atroces forajidos,

Que el robo infame y la matanza ciegan.

25 ¿No veis cuál se despliegan,

Penetrando en los hondos aposentos,

De sangre y oro y lágrimas sedientos?

Rompen, talan, destrozan

Cuanto se ofrece á su sangrienta espada. page 58

Aquí, matando al dueño, se alborozan,

Hieren allí su esposa acongojada;

La familia asolada

Yace expirando, y con feroz sonrisa

5 Sorben voraces el fatal tesoro.

Suelta, á otro lado, la madeja de oro,

Mustio el dulce carmín de su mejilla,

Y en su frente marchita la azucena,

Con voz turbada y anhelante lloro,

10 De su verdugo ante los pies se humilla

Tímida virgen, de amargura llena;

Mas con furor de hiena,

Alzando el corvo alfanje damasquino,

Hiende su cuello el bárbaro asesino.

15 ¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa!

Que ya la voz rehusa

Embargada en suspiros mi garganta.

Y en ignominia tanta,

¿Será que rinda el español bizarro

20 La indómita cerviz á la cadena?

No, que ya en torno suena

De Palas fiera el sanguinoso carro,

Y el látigo estallante

Los caballos flamígeros hostiga.

25 Ya el duro peto y el arnés brillante

Visten los fuertes hijos de Pelayo.

Fuego arrojó su ruginoso acero:

«¡Venganza y guerra!» resonó en su tumba;

«¡Venganza y guerra!» repitió Moncayo; page 59

Y al grito heroico que en los aires zumba,

«¡Venganza y guerra!» claman Turia y Duero.

Guadalquivir guerrero

Alza al bélico son la regia frente,

5 Y del Patrón valiente

Blandiendo altivo la nudosa lanza,

Corre gritando al mar: «¡Guerra y venganza!»

¡Oh sombras infelices

10 De los que aleve y bárbara cuchilla

Robó á los dulces lares!

¡Sombras inultas que en fugaz gemido

Cruzáis los anchos campos de Castilla!

La heroica España, en tanto que al bandido

Que á fuego y sangre, de insolencia ciego,

15 Brindó felicidad, á sangre y fuego

Le retribuye el don, sabrá piadosa

Daros solemne y noble monumento.

Allí en padrón cruento

De oprobio y mengua, que perpetuo dure,

20 La vil traición del déspota se lea,

Y altar eterno sea

Donde todo Español al monstruo jure

Rencor de muerte que en sus venas cunda,

Y á cien generaciones se difunda.

page 60

DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

EL NIDO

¿Dónde vas, zagal cruel,

Dónde vas con ese nido,

Riyendo tú mientras pían

Esos tristes pajarillos?

5 Su madre los dejó solos

En este momento mismo,

Para buscarles sustento

Y dárselo con su pico...

Mírala cuán azorada

10 Echa menos á sus hijos,

Salta de un árbol en otro,

Va, torna, vuela sin tino:

Al cielo favor demanda

Con acento dolorido;

15 Mientras ellos en tu mano

Baten el ala al oirlo...

¡Tú también tuviste madre,

Y la perdiste aun muy niño,

Y te encontraste en la tierra

20 Sin amparo y sin abrigo!--

Las lágrimas se le saltan

Al cuitado pastorcillo,

Y vergonzoso y confuso

Deja en el árbol el nido.

page 61

DON ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS

UN CASTELLANO LEAL

ROMANCE PRIMERO

«Holá, hidalgos y escuderos

De mi alcurnia y mi blasón,

Mirad como bien nacidos

De mi sangre y casa en pro.

5 «Esas puertas se defiendan;

Que no ha de entrar, vive Dios,

Por ellas, quien no estuviere

Más limpio que lo está el sol.

«No profane mi palacio

10 Un fementido traidor

Que contra su Rey combate

Y que á su patria vendió.

«Pues si él es de Reyes primo,

Primo de Reyes soy yo;

15 Y conde de Benavente

Si él es duque de Borbón;

«Llevándole de ventaja

Que nunca jamás manchó

La traición mi noble sangre,

20 Y haber nacido español.»

Así atronaba la calle

Una ya cascada voz, page 62

Que de un palacio salía

Cuya puerta se cerró;

Y á la que estaba á caballo

Sobre un negro pisador,

5 Siendo en su escudo las lises

Más bien que timbre baldón,

Y de pajes y escuderos

Llevando un tropel en pos

Cubiertos de ricas galas,

10 El gran duque de Borbón:

El que lidiando en Pavía,

Más que valiente, feroz,

Gozóse en ver prisionero

Á su natural señor;

15 Y que á Toledo ha venido,

Ufano de su traición,

Para recibir mercedes

Y ver al Emperador.

ROMANCE SEGUNDO

En una anchurosa cuadra

20 Del alcázar de Toledo,

Cuyas paredes adornan

Ricos tapices flamencos,

Al lado de una gran mesa,

Que cubre de terciopelo

25 Napolitano tapete

Con borlones de oro y flecos;

Ante un sillón de respaldo page 63

Que entre bordado arabesco

Los timbres de España ostenta

Y el águila del imperio,

De pie estaba Carlos Quinto,

5 Que en España era primero,

Con gallardo y noble talle,

Con noble y tranquilo aspecto.

De brocado de oro y blanco

Viste tabardo tudesco,

10 De rubias martas orlado,

Y desabrochado y suelto,

Dejando ver un justillo

De raso jalde, cubierto

Con primorosos bordados

15 Y costosos sobrepuestos,

Y la excelsa y noble insignia

Del Toisón de oro, pendiendo

De una preciosa cadena

En la mitad de su pecho.

20 Un birrete de velludo

Con un blanco airón, sujeto

Por un joyel de diamantes

Y un antiguo camafeo,

Descubre por ambos lados,

25 Tanta majestad cubriendo,

Rubio, cual barba y bigote,

Bien atusado el cabello.

Apoyada en la cadera page 64

La potente diestra ha puesto,

Que aprieta dos guantes de ámbar

Y un primoroso mosquero,

Y con la siniestra halaga

5 De un mastín muy corpulento,

Blanco y las orejas rubias,

El ancho y carnoso cuello.

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