_Los Soberanos Católicos entran en Granada y toman posesion de la
ciudad._
Habiendo recibido de manos de Boabdil las llaves de Granada, pasaron
adelante los Reyes Católicos con todo el ejército; y estando muy
cerca de la ciudad, vieron salir á su encuentro los cautivos
cristianos, que tantos años habian llorado la pérdida de su libertad.
Éstos, en número de quinientos, se presentaron á los Soberanos,
descoloridos y macilentos, sacudiendo sus cadenas, y llorando
alegrías. Recibiólos el Rey con la mayor ternura, llamándolos buenos
españoles, vasallos leales y valientes, y mártires de aquella gran
causa. La Reina les prodigó los consuelos, y les suministró por su
mano cuantos socorros habian menester.
No pareció á los Soberanos entrar aquel dia en la ciudad, por no
estar aun ocupada enteramente por sus tropas, ni asegurada de
todo punto la tranquilidad pública[51]. Pero entraron el marqués
de Villena y el conde de Tendilla, con seis mil hombres, y se
apoderaron de todas las fortalezas. Con ellos entraron el príncipe
Cidi Yahye, llamado ahora don Pedro de Granada, que estaba nombrado
alguacil mayor de la ciudad, y su hijo don Alonso, á quien se habia
dado el cargo de almirante de la armada. Despues de un breve rato
se vió relumbrar en todas las almenas los yelmos y lanzas de los
cristianos, y tremolar en cada torre el estandarte de Castilla,
y oyóse á las baterías anunciar con una estrepitosa salva, la
subyugacion de la ciudad y la consumacion de la conquista.
[51] Abarca, ubi supra. Zurita, &c.
Llegaron entonces los grandes y caballeros á besar la mano á los
Soberanos como Reyes de Granada, y les dieron el parabien de su nuevo
reino. Concluida esta ceremonia, regresaron todos en procesion al
real de santa Fé.
La entrada solemne de Fernando é Isabel en Granada, se verificó
el dia 6 de enero. Salieron del real por la mañana con mucho
acompañamiento de prelados, grandes y caballeros, adornados todos
con sus respectivas insignias y condecoraciones. Á tan brillante
comitiva daba mayor lucimiento una poderosa escolta de guerreros
resplandecientes de armas, con plumeros que azotaban el viento,
y caballos arrogantes. Con esta solemnidad y fausto entraron los
Reyes en la ciudad, y llegando á la mezquita mayor, consagrada ya
como catedral, hicieron oracion, dando gracias al Todopoderoso por
haberles concedido acabar felizmente la empresa de Granada, fin de
tantas esperanzas y fatigas.
Concluido este acto religioso, pasó la procesion á la Alhambra; y
este régio Alcázar, que poco antes habia sido centro de la grandeza
de los Reyes moros, recibió en su recinto á la lucida corte de
Castilla. Las damas y caballeros discurrian embelesados por los
soberbios salones de este palacio tan celebrado en todo el mundo, y
contemplaban con admiracion los primorosos arabescos é inscripciones
que adornaban sus paredes, las claras fuentes de sus frondosos
patios, y la curiosa labor de sus dorados techos.
La última solicitud de Boabdil, y la que manifiesta cuanto sentia él
la mudanza de su fortuna, fue que no se permitiese á nadie salir ni
entrar por la puerta por donde habia salido á hacer la entrega de la
ciudad. Esta súplica le fue concedida, y se mandó tapiar la puerta,
en cuyo estado queda todavia como monumento mudo de este suceso[52].
[52] Garibay, Compend. Hist. l. 40, c. 42.
NOTA. Como no todos tendrán noticia de esta puerta, y del suceso
que se refiere de ella, ha parecido apropósito manifestar aqui
las investigaciones que se hicieron sobre el particular por el
autor de esta historia. La puerta de que se trata se halla al pié
de una gran torre algo distante del cuerpo principal de la
Alhambra, cuya torre está casi arruinada por haberla volado los
franceses con pólvora cuando evacuaron esta fortaleza. Entre las
ruinas que yacen enderredor, cubiertas de parras é higueras, tiene
su casita un tal Mateo Jimenez, cuya familia ha vivido alli por
muchas generaciones. Este fue quien enseñó al autor la referida
puerta, cerrada todavia de piedra y yeso, asegurando haber oido
decir á su padre y á su abuelo que siempre habia estado tapiada, y
que por ella salió Boabdil cuando entregó la ciudad de Granada. El
camino por donde se retiró el desgraciado Monarca, pasa por el
huerto del convento de los Mártires, luego por un barranco
inmediato y por una calle de chozas miserables, y desde alli, por
la puerta de los molinos, á la ermita de san Sebastian. Pero para
descubrir esta ruta, el anticuario mas exquisito se hallará
perplejo si el humilde historiador de aquellos sitios, Mateo
Jimenez, no le ayuda con sus conocimientos.
[Nota al margen: Año 1492.]
Habiendo los Soberanos tomado asiento en el trono que les estaba
prevenido en el salon de audiencia de este palacio, que por tanto
tiempo habia sido mansion de Monarcas sarracenos, acudieron á
hacerles el debido acatamiento, y á besarles la mano, los habitantes
principales de Granada, y á su ejemplo hicieron lo mismo los
diputados de los pueblos y fortalezas de las Alpujarras que aun no
se habian sometido. Y asi terminó esta famosa guerra, despues de una
sangrienta lucha de diez años de duracion; asi terminó tambien el
dominio de los sarracenos en España, y se extinguió un imperio que
habia subsistido setecientos setenta y ocho años, contando desde la
memorable derrota de don Rodrigo, último Rey de los Godos, hasta la
toma de Granada en el año 1492 de la Era de N. S.
[Ilustración]