CAPÍTULO XXXIX.

_Los Soberanos Católicos entran en Granada y toman posesion de la

ciudad._

Habiendo recibido de manos de Boabdil las llaves de Granada, pasaron

adelante los Reyes Católicos con todo el ejército; y estando muy

cerca de la ciudad, vieron salir á su encuentro los cautivos

cristianos, que tantos años habian llorado la pérdida de su libertad.

Éstos, en número de quinientos, se presentaron á los Soberanos,

descoloridos y macilentos, sacudiendo sus cadenas, y llorando

alegrías. Recibiólos el Rey con la mayor ternura, llamándolos buenos

españoles, vasallos leales y valientes, y mártires de aquella gran

causa. La Reina les prodigó los consuelos, y les suministró por su

mano cuantos socorros habian menester.

No pareció á los Soberanos entrar aquel dia en la ciudad, por no

estar aun ocupada enteramente por sus tropas, ni asegurada de

todo punto la tranquilidad pública[51]. Pero entraron el marqués

de Villena y el conde de Tendilla, con seis mil hombres, y se

apoderaron de todas las fortalezas. Con ellos entraron el príncipe

Cidi Yahye, llamado ahora don Pedro de Granada, que estaba nombrado

alguacil mayor de la ciudad, y su hijo don Alonso, á quien se habia

dado el cargo de almirante de la armada. Despues de un breve rato

se vió relumbrar en todas las almenas los yelmos y lanzas de los

cristianos, y tremolar en cada torre el estandarte de Castilla,

y oyóse á las baterías anunciar con una estrepitosa salva, la

subyugacion de la ciudad y la consumacion de la conquista.

[51] Abarca, ubi supra. Zurita, &c.

Llegaron entonces los grandes y caballeros á besar la mano á los

Soberanos como Reyes de Granada, y les dieron el parabien de su nuevo

reino. Concluida esta ceremonia, regresaron todos en procesion al

real de santa Fé.

La entrada solemne de Fernando é Isabel en Granada, se verificó

el dia 6 de enero. Salieron del real por la mañana con mucho

acompañamiento de prelados, grandes y caballeros, adornados todos

con sus respectivas insignias y condecoraciones. Á tan brillante

comitiva daba mayor lucimiento una poderosa escolta de guerreros

resplandecientes de armas, con plumeros que azotaban el viento,

y caballos arrogantes. Con esta solemnidad y fausto entraron los

Reyes en la ciudad, y llegando á la mezquita mayor, consagrada ya

como catedral, hicieron oracion, dando gracias al Todopoderoso por

haberles concedido acabar felizmente la empresa de Granada, fin de

tantas esperanzas y fatigas.

Concluido este acto religioso, pasó la procesion á la Alhambra; y

este régio Alcázar, que poco antes habia sido centro de la grandeza

de los Reyes moros, recibió en su recinto á la lucida corte de

Castilla. Las damas y caballeros discurrian embelesados por los

soberbios salones de este palacio tan celebrado en todo el mundo, y

contemplaban con admiracion los primorosos arabescos é inscripciones

que adornaban sus paredes, las claras fuentes de sus frondosos

patios, y la curiosa labor de sus dorados techos.

La última solicitud de Boabdil, y la que manifiesta cuanto sentia él

la mudanza de su fortuna, fue que no se permitiese á nadie salir ni

entrar por la puerta por donde habia salido á hacer la entrega de la

ciudad. Esta súplica le fue concedida, y se mandó tapiar la puerta,

en cuyo estado queda todavia como monumento mudo de este suceso[52].

[52] Garibay, Compend. Hist. l. 40, c. 42.

NOTA. Como no todos tendrán noticia de esta puerta, y del suceso

que se refiere de ella, ha parecido apropósito manifestar aqui

las investigaciones que se hicieron sobre el particular por el

autor de esta historia. La puerta de que se trata se halla al pié

de una gran torre algo distante del cuerpo principal de la

Alhambra, cuya torre está casi arruinada por haberla volado los

franceses con pólvora cuando evacuaron esta fortaleza. Entre las

ruinas que yacen enderredor, cubiertas de parras é higueras, tiene

su casita un tal Mateo Jimenez, cuya familia ha vivido alli por

muchas generaciones. Este fue quien enseñó al autor la referida

puerta, cerrada todavia de piedra y yeso, asegurando haber oido

decir á su padre y á su abuelo que siempre habia estado tapiada, y

que por ella salió Boabdil cuando entregó la ciudad de Granada. El

camino por donde se retiró el desgraciado Monarca, pasa por el

huerto del convento de los Mártires, luego por un barranco

inmediato y por una calle de chozas miserables, y desde alli, por

la puerta de los molinos, á la ermita de san Sebastian. Pero para

descubrir esta ruta, el anticuario mas exquisito se hallará

perplejo si el humilde historiador de aquellos sitios, Mateo

Jimenez, no le ayuda con sus conocimientos.

[Nota al margen: Año 1492.]

Habiendo los Soberanos tomado asiento en el trono que les estaba

prevenido en el salon de audiencia de este palacio, que por tanto

tiempo habia sido mansion de Monarcas sarracenos, acudieron á

hacerles el debido acatamiento, y á besarles la mano, los habitantes

principales de Granada, y á su ejemplo hicieron lo mismo los

diputados de los pueblos y fortalezas de las Alpujarras que aun no

se habian sometido. Y asi terminó esta famosa guerra, despues de una

sangrienta lucha de diez años de duracion; asi terminó tambien el

dominio de los sarracenos en España, y se extinguió un imperio que

habia subsistido setecientos setenta y ocho años, contando desde la

memorable derrota de don Rodrigo, último Rey de los Godos, hasta la

toma de Granada en el año 1492 de la Era de N. S.

[Ilustración]

Crónica de la conquista de Granada (2 de 2) · 第 40 / 84 题