Señores redactores de La Tribuna: Muy señores mios: si vds. se dignan
dar un lugar en las columnas de su apreciable y liberal periódico al
siguiente artículo, dispensarán en ello, ademas de un favor á su autor,
un especial servicio á la nacion, dando por este medio alguna idea,
aunque muy lijera, de la importancia y utilidad de nuestras ricas Islas
Filipinas, y desvirtuando las especies é invectivas que de contrario
se han circulado en cierto folleto, y motivan esta manifestacion. =
Estimará á vds. con todo el aprecio que se merece este favor su
afectísimo S. Q. B. S. M. = Un español.
Habiendo poco ha llegado á mis manos un folleto publicado en
Madrid por A. J. P., bajo el título: Al Rejente del Reino y á
la nacion en la actual crisis ministerial, y con los artículos
garantías nacionales.--Estado civil.--Su abatimiento.--Su
rejeneracion.--Abolicion de la empleo-manía.--Estado militar y
ministerio de hacienda, el que vió la luz pública en Mayo último,
y como en él se proponga una cesion de nuestras Islas Filipinas á
la Inglaterra en cambio de Jibraltar, con alguna otra ventaja, me
ha parecido oportuno tomar la pluma, no para dar una contestacion al
embozado autor de tal produccion, sino para emitir cuatro reflexiones,
aunque lijeras, muy suficientes para desvanecer como el humo cualquiera
impresion favorable que haya podido causar el tal folleto, sin embargo
que sus ideas en cuanto dice respecto de Filipinas, es imposible
hayan tenido acojida ni sido bien recibidas por nadie.
Ya he dicho que esto no es una contestacion directa al autor encubierto
del folleto, y debo añadir que si insistiendo en sus doctrinas se
dignase presentarse con franqueza y publicidad bajo su verdadero
nombre, se le contestará en igual forma, por lo que este artículo se
reduce despues de lo indicado, á manifestar lo poco cuerdo y acertado
que andubo el tal callado autor en cuanto espresó relativo á Filipinas,
cuando el menor dislate que sentó, fue el asegurar que dichas Islas son
únicamente un monumento del antiguo esplendor de España, y una carga
mas bien que no unas posesiones de utilidad para esta patria. Aserto en
estremo aventurado y desventajoso; y si á ello se añade el modo con que
se hace, vendremos forzosamente á concluir en una de dos cosas, ó que
el tal autor del folleto ignora hasta la posicion de aquellas Islas,
y que ni sabe dónde existen, ó que hay segunda y solapada intencion
en las ideas emitidas. Esto no es creible, y por eso nos aventuramos
á decir, que solo la mas completa ignorancia de lo que son nuestras
Islas Filipinas, pudo ser la única causa y móvil que impulsó á sentar
aquella proposicion, nada reparable para emitida en una conversacion
particular por quien no haya visitado aquellos paises; pero de mucho
bulto y trascendencia en quien escribiendo para el público, entra en
comparaciones siempre odiosas, y se atreve á indicar la desmembracion
de la monarquía, proponiendo se enajene una tan preciosa parte de
ella como son las Islas Filipinas, que sin aventurar nada, se las
puede hoy llamar la joya mas preciosa que adorna la corona de España.
Tal idea no puede hallar eco ni acojida alguna, no solo en el ánimo
del Rejente del Reino ni en el de los individuos del gabinete que hoy
rije los destinos de la nacion, ni en el de los Cuerpos colejisladores;
pero ni aun en la clase mas vulgar del pueblo: por lo que los filipinos
pueden estar seguros y satisfechos que á su acrisolada y hasta hoy
no desmentida lealtad no corresponderá el gobierno con una cesion de
sus hermosas provincias á favor de ninguna nacion estraña, por ningun
título ni por ningun precio. Mas con todo, bueno y oportuno parece dar
alguna razon de su importancia y utilidad, para que se jeneralice mas
la idea ventajosa y favorable que tienen de aquellas Islas cuantos las
conocen con algun fundamento, y presentar la poca exactitud con que se
ha escrito el tal folleto; pues sin embargo de conceder á su autor la
mejor buena fe y el mas vivo deseo de la prosperidad de esta trabajada
nacion (en lo que no nos aventaja), avanza demasiado y aventura mucho
en lo que propone; y siendo un mal de la mayor trascendencia y gravedad
la sola indicacion que hace de la desmembracion de las Islas Filipinas,
es muy justo y puesto en razon procurar el oportuno remedio al daño
que aquellas ideas puedan haber causado.
El autor de este comunicado escribe por primera vez para el público;
por lo cual, si sus reflexiones no se presentasen llenas de elocuencia
y adornadas del estilo correcto y engalanado con que otros se producen
por escrito, suplico á los lectores toda su induljencia, satisfechos
que cualquier falta que se le notare puede y debe ser dispensada
por el esceso de patriotismo y amor á su patria de que está animado,
y que decaerá cuando acabe su existencia; de otro modo, no. Ademas,
si estas observaciones y algunas otras sobre el mismo asunto, que mas
adelante puede que vean la luz pública, las creyesen algunos exajeradas
ó diminutas, no por eso me hagan un cargo que no merezco; pues mis
deseos son únicamente dar alguna idea de la utilidad, importancia é
inestimable valor de nuestras Filipinas, y escitar por este medio á
otros, que adornados de mejores talentos, y con mas tiempo para poder
ocuparse, continúen tratando tan interesante objeto, para llevarlo
al punto de vista que pueda proporcionar mayores ventajas al estado
con la conservacion de las provincias de Ultramar, y á estas los
grados mas de prosperidad de que son susceptibles; deseos que opino
graduarán todos de laudables y españoles á toda prueba.
Breves reflexiones contra las doctrinas del folleto.
El término de demostracion tomado por su autor en el estado que
ofrecian aquellas Islas en 1798, con el único fin de justificar
un déficit de 65,000 y pico de pesos anuales, y con tal motivo
presentarnos á Filipinas como una carga á España, mas bien que como
un pais de utilidad, es un principio el mas desventajoso que puede
darse, y por el que el mas ignorante debe dudar de la buena fe con
que esto se ha hecho; y los que sabemos algo de aquellas provincias,
podemos avanzar á graduar al autor encubierto del folleto, si no de
poco exacto en su produccion, al menos con bastante ignorancia (mucha)
de lo que es aquel hermoso pais. En prueba de ello basta la siguiente
y breve demostracion numérica, porque esta es cuestion de números,
y las razones y digresiones están por demas en tal caso.
Remitimos al autor del folleto á que cuando quiera escribir sobre
materias como la presente, beba en fuentes mas claras, y procure
adquirir datos mas exactos y modernos, si quiere hacerlo con acierto,
en particular al tratar de Filipinas y el estado de sus rentas, la
poblacion y demas; pues de donde tomó sus noticias, son como suele
decirse, papeles muy mojados, y que con el trascurso del tiempo, que
es nada menos que 43 años, están ya tan gastados, que no se pueden
leer, porque 43 años es término mas que suficiente para trastornar
y empobrecer la nacion mas poderosa y rica, y levantar á la mas
miserable y desvalida.
Es seguro no hubiera escrito el tal folleto, si hubiera tenido á
la mano, si es que sabe existe, el estado de Filipinas brevemente
descrito por Tomas de Comin en 1810, y con permiso del supremo consejo
de Indias impreso en Madrid en 1820 en la imprenta de Repullés,
y en él hubiera visto el documento siguiente:
Número 10.--Estado jeneral de cargas y gastos correspondiente á 1809,
y en él »el líquido remanente ó sobrante á favor del erario de 445,444
pesos fuertes 5 reales 9 granos.»
Todavía esto es demasiado antiguo; cuenta 32 años de fecha, y este
es tambien plazo demasiado estenso, por lo que vendremos á tiempo mas
reciente, y sobre cuyos datos hay testigos á cientos que afirmarán por
ciertas las razones que se van á esponer, y números que las comprueban.
Al cesar en 1835 D. Francisco Enriquez en su cargo de intendente de
ejército y superintendente jeneral subdelegado de la hacienda pública
en Filipinas, publicó una memoria razonada del estado del tesoro
en aquellas Islas, manifestando cómo le recibió y cómo le dejó á la
salida de su destino. No le recibió con el déficit anual de 65,000
y pico de pesos que dice el folleto; le recibió con existencias,
y mas considerables que las del estado de Comin en 1810, y todas las
cargas satisfechas.
En la memoria citada, despues de comentarse prácticamente el progresivo
y considerable aumento de las rentas en Filipinas, con pago de gruesas
cantidades por deudas atrasadas de mas de 40 años, y despues de dejar
cubiertas todas las atenciones, cargas y obligaciones del tesoro,
habia en él totalmente libres en aquella fecha (1835) muy cerca de
un millon de pesos fuertes en existencia metálica, y los almacenes,
fábricas &c., contenian un repuesto de 275,000 fardos de tabaco, que
considerados en venta por su mas ínfimo valor, debian producir la no
despreciable suma de »cuatro millones, ciento catorce mil ochocientos
diez y seis pesos fuertes, ó sean ochenta y dos millones, doscientos
noventa y seis mil trecientos veinte reales vellon." Agréguese á esto
que desde 1825 en adelante, y hasta hoy las cargas han ido en aumento,
que desde 1835 las libranzas sobre Filipinas han sido cuantiosas y
muy frecuentes; que han venido y siguen llegando grandes remesas de
tabaco que alli se ha colectado y pagado; que hasta hoy no hay noticia
que hayan bajado las rentas, y sí motivos para creer que han subido;
pues sus cargas se aumentan, y todas se han satisfecho, y de todo
este conjunto cualquiera deducirá que cotejados estos datos con el
déficit que supone el autor del folleto, hay muy poca exactitud en
sus razones y cálculos, porque estos son hechos ciertos, positivos,
y actos consumados que no admiten duda, y por consiguiente ni réplica
ni contestacion alguna.
Véase, pues, en esta lijera demostracion comprobado satisfactoriamente
el aserto sentado en un principio, á saber: que si en el folleto no
hay una segunda intencion, hay por lo menos sobradísima ignorancia;
concediéndole sin embargo á su autor la mejor buena fe y el mas vivo
deseo por la prosperidad de esta nuestra patria.
Esto solo bastaria para el fin con que se da este artículo; pero aun
hay mas y muy conducente al caso, y es el siguiente:
Estado de la poblacion de las Islas Filipinas en 1833, segun
los últimos datos tenidos á la vista, con la debida espresion por
provincias y sus nombres, pueblos de que constan, número de tributos
[26] y almas en cada una.