Que la pronta y recta administracion de justicia sea la primera base
de la felicidad, buen órden y tranquilidad de todos los pueblos del
mundo, nadie puede dudarlo; y que en cualquiera nacion donde Astrea no
ejerza su augusto imperio en todo el lleno de su poder, no haya mas
que confusion y desórden, males de grave trascendencia, de escándalo
y dolor, es tambien una verdad que no necesita pruebas, por ser de
todos conocida. En efecto, donde no reina la justicia, nada bueno
puede haber: la inocencia no halla asilo seguro en ninguna parte; las
semillas de la discordia abundan por do quiera; la bárbara ley de la
fuerza oprime con tiranía al mas débil; y en fin, cuantos males pueden
aflijir á los mortales, tantos se hallan reunidos en los pueblos, en
los reinos, donde se desconocen los benéficos influjos de la justicia.
Filipinas, esa preciosa joya del Oriente, como se la ha titulado y
con justicia por otras plumas antes que la mia, no goza en toda su
estension del benéfico influjo de Astrea, ni con toda la prontitud que
fuera de apetecer: se necesita para ello remover ciertos obstáculos que
van á indicarse, y plantear una reforma total, como se dirá despues, ó
adoptarse otra que se crea bastante al efecto; y esto conseguido, está
dado el primer paso para la felicidad de las Islas; pues permanecer
tan interesante ramo en el pie y forma con que se halla planteado,
es el mayor obstáculo á su prosperidad, é imposible que avance un
paso adelante, ni puedan surtir sus buenos efectos las leyes, por
mas sábias, mas justas y previsoras que sean. Se demostrará:--
§. II.