comarca.
38 & Y levantándose Jesus de la sinagoga, se entró en casa de Simon; y la
suegra de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
39 Y volviéndose hácia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó, y ella
levantándose luego, les sirvió.
40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas
enfermedades, los traian á él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de
ellos, los sanaba.
41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el
Cristo, el Hijo de Dios; mas [él] riñéndo[les] no los dejaba hablar, porque
sabian que él era el Cristo.
42 Y siendo ya de dia salió, y se fué á un lugar desierto; y las gentes le
buscaban, y vinieron hasta él; y le detenian para que no se apartase de ellos.
43 Y él les dijo: Tambien á otras ciudades es menester que yo anuncie el
evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
CAPITULO 5.
Y ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Genesaret, la multitud se
derribaba sobre él por oir la palabra de Dios.
2 Y vió dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores,
habiendo descendido de ellas, lavaban [sus] redes.
3 Y entrando en una de estas naves, la cual era de Simon, le rogó que la
desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo.
4 & Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Entra en alta mar, y echad vuestras
redes para pescar.
5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche,
nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo hecho, encerraron [tan] gran multitud de peces, que su red se
rompia.
7 É hicieron señas á los compañeros que estaban en la otra nave, que,
viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se
anegaban.
8 [Lo cual] viendo Simon Pedro, se derribó á las rodillas de Jesus,
diciendo: Sálte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador.
9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que estaban con él, á causa
de la presa de los peces que habian tomado:
10 Y asimismo á Santiago y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de
Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas: desde ahora tomarás hombres.
11 Y como llegaron á tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron.
12 & Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí, un hombre lleno de
lepra, el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo:
Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
13 Entónces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y
luego la lepra se fué de él.
14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas vé ([le dice],) muéstrate al
sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moises, por testimonio á
ellos.
15 Empero el hablar de él andaba tanto más; y se juntaban grandes multitudes
á oir, y ser sanados por él de sus enfermedades.
16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.
17 & Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y Fariseos y doctores de
la ley estaban sentados;^ los cuales habian venido de todas las aldeas de
Galilea, y de Judea, y de Jerusalem; y la virtud del Señor estaba [allí] para
sanarlos.
18 Y, he aquí, unos hombres, que traian en una cama un hombre que estaba
paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y poner[le] delante de él.
19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima
de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de Jesus.
20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son
perdonados.
21 Entónces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo:
)Quién es este que habla blasfemias? )Quién puede perdonar pecados, sino solo
Dios?
22 Jesus entónces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les
dijo: )Qué pensáis en vuestros corazones?
23 )Cuál es más fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir:
Levántate, y anda?
24 Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de
perdonar pecados, (dice al paralítico:) A tí digo: Levántate, toma tu cama; y
véte á tu casa.
25 Y luego, él, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que
estaba echado, se fué á su casa glorificando á Dios.
26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor,
diciendo: Hemos visto maravillas hoy.
27 & Y despues de estas cosas salió; y vió á un publicano llamado Leví,
sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme.
28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.
29 É hizo Leví un gran banquete en su casa, y habia mucha compañía de
publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
30 Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo:
)Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?
31 Y respondiendo Jesus, les dijo: Los que están sanos no han menester
médico, sino los que están enfermos.
32 No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores á
arrepentimiento.
33 & Entónces ellos le dijeron: )Por qué los discípulos de Juan ayunan
muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos; mas tus
discípulos comen y beben?
34 Y él les dijo: )Podeis hacer que los que están de bodas ayunen, entre
tanto que el esposo está con ellos?
35 Empero vendrán dias cuando el esposo les será quitado; entónces ayunarán
en aquellos dias.
36 & Y les decia tambien una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en
vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo
nuevo.
37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo
romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.
38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se
conserva.
39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El
viejo es mejor.
CAPITULO 6.
Y ACONTECIÓ que pasando él por entre los panes el segundo sábado despues del
primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, estregándo[las] entre
las manos.
2 Y algunos de los Fariseos les dijeron: )Por qué hacéis lo que no es lícito
hacer en los sábados?
3 Y respondiendo Jesus, les dijo: )Ni aun esto habéis leido, lo que hizo
David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?
4 )Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y
comió, y dió tambien á los que estaban con él; los cuales no era lícito comer,
sino á solos los sacerdotes?
5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
6 & Y aconteció tambien en otro sábado, que él entró en la sinagoga y
enseñó; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca.
7 Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaria en sábado, por
hallar de qué le acusasen.
8 Mas él sabia los pensamientos de ellos: y dijo al hombre que tenia la mano
seca: Levántate, y pónte en medio. Y él levantándose se puso en pié.
9 Entónces Jesus les dice: Preguntaros he una cosa: )Es lícito en sábados
hacer bien, ó hacer mal? )salvar la vida, ó matar?
10 Y mirándolos^ á todos en derredor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él
lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra.
11 Y ellos fueron llenos de rabia, y hablaban los unos á los otros qué
harian á Jesus.
12 & Y aconteció en aquellos dias, que fué á orar en un monte, y pasó la
noche orando á Dios.
13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos; y escogió doce de ellos, los
cuales tambien llamó Apóstoles:
14 A Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andres su hermano, Santiago y
Juan, Felipe y Bartolomé,
15 Mateo y Tomas, y Santiago, [hijo] de Alfeo. y Simon, el que se llama
Zelador,
16 Júdas [hermano] de Santiago, y Júdas Iscariote, que tambien fué el
traidor.
17 & Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de
sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea, y de Jerusalem,
y de la costa de Tiro y de Sidon, que habian venido á oirle, y para ser
sanados de sus enfermedades;
18 Y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos; y eran
sanos.
19 Y toda la multitud procuraba de tocarle; porque salia de él virtud, y
sanaba á todos.
20 Y alzando él los ojos sobre sus discípulos, decia: Bienaventurados los
pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis hartos.
Bienaventurados los que ahora lloráis; por que reiréis.
22 Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os
apartaren [de sí], y [os] denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo,
por causa del Hijo del hombre.
23 Gozáos en aquel dia, y alegráos; porque, he aquí, vuestro galardon [es]
grande en los cielos; porque así hacian sus padres á los profetas.
24 Mas (ay de vosotros ricos! porque tenéis vuestro consuelo.
25 (Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. (Ay de
vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
26 (Ay de vosotros, cuando todos los hombros dijeren bien de vosotros!
porque así hacian sus padres á los falsos profetas.
27 & Mas á vosotros los que oís, digo: Amád á vuestros enemigos: hacéd bien
á los que os aborrecen.
28 Bendecíd á los que os maldicen; y orád por los que os calumnian.
29 Y al que te hiriere en [una] mejilla, dále tambien la otra; y del que te
quitare la capa, no [le] impidas [llevar] el sayo tambien.
30 Y á cualquiera que te pidiere, dá, y al que tomare lo que [es] tuyo, no
[se lo] vuelvas á pedir.
31 Y como queréis que os hagan los hombres, hacédles tambien vosotros así.
32 Porque si amáis á los que os aman, )qué gracias tendréis? porque tambien
los pecadores aman á los que los aman.
33 Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, )qué gracias tendréis?
porque tambien los pecadores hacen lo mismo.
34 Y si prestareis [á aquellos] de quienes esperáis recibir, )qué gracias
tendréis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir
otro tanto.
35 Amád pues á vuestros enemigos; y hacéd bien, y prestád, no esperando de
ello nada; y será vuestro galardon grande, y seréis hijos del Altísimo; porque
él es benigno [aun] para con los ingratos y los malos.
36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso.
37 No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados:
perdonád, seréis perdonados:
38 Dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en
vuestro regazo; porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á
medir.
39 Y les decia una parábola: )Puede el ciego guiar al ciego? )no caerán
ambos en el hoyo?
40 El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como su
maestro, será perfecto.
41 )Y por qué miras la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga
que [está] en tu propio ojo no consideras^?
42 )O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la arista
que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, echa
fuera primero de tu ojo la viga, y entónces mirarás de echar fuera la arista
que está en el ojo de tu hermano.
43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que
hace buen fruto.
44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las
espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.
45 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca lo bueno; y el mal
hombre del mal tesoro de su corazon saca lo malo; porque de la abundancia del
corazon habla la boca.
46 )Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
47 & Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, yo os
enseñaré á quién es semejante.
48 Semejante es á un hombre que edificó una casa, que cavó y ahondó, y puso
el fundamento sobre roca; y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella
casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre roca.
49 Mas el que oye, y no hace, semejante es á un hombre que edificó su casa
sobre tierra sin fundamento, en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó; y
fué grande la ruina de aquella casa.
CAPITULO 7.
Y COMO acabó todas sus palabras en oidos del pueblo, entró en Capernaum.
2 Y el siervo de un centurion estaba enfermo y se iba muriendo, al cual él
tenia en estima.
3 Y como oyó de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que
viniese y librase á su siervo.
4 Y viniendo ellos á Jesus rogáronle con diligencia, diciendole: Porque es
digno de concederle esto:
5 Que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga.
6 Y Jesus fué con ellos: mas como ya no estuviesen léjos de su casa, envió
el centurion amigos á él, diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy
digno de que entres debajo de mi tejado:
7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí; mas dí [tan solo] una
palabra, y mi criado será sano.
8 Porque tambien yo soy [hombre] puesto en autoridad, que tengo debajo de mí
soldados; y digo a este: Vé, y vá; y al otro: ven, y viene; y á mi siervo: Haz
esto, y [lo] hace.
9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las multitudes
que le seguian: Os digo, [que] ni aun en Israel, he hallado tanta fé.
10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo
que habia estado enfermo.
11 & Y aconteció despues, que él iba á la ciudad que se llama Nain, é iban
con el muchos de sus discípulos, y gran compañía.
12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí, que sacaban un
difunto, unigénito de su madre, la cual tambien era viuda; y habia con ella
mucha gente de la ciudad.
13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia de ella, y le dice: No
llores.
14 Y acercándose, tocó las andas; y los que [le] llevaban, pararon. Y dijo:
Mancebo, á tí digo, levántate.
15 Entónces, volvióse á sentar el que habia sido muerto, y comenzó á hablar;
y le dió a su madre.
16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, diciendo: Que profeta grande
se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado a su pueblo.
17 Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra del al
derredor.
18 & Y dieron las nuevas á Juan de todas estas cosas sus discípulos.
19 Y llamó Juan unos dos de sus discípulos, y [les] envió á Jesus, diciendo:
)Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro?
20 Y como los varones vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha
enviado á tí, diciendo: )Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á
otro?
21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y de plagas, y de
espíritus malos, y á muchos ciegos dió la vista.
22 Y respondiendo Jesus les dijo: Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis
visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados,
los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el
evangelio.
23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
24 & Y como se fueron los mensageros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las
gentes: )Qué salisteis á ver en el desierto? )una caña que es agitada del
viento?
25 Mas, )qué salisteis á ver? )un hombre cubierto de vestidos delicados?
He aquí que los que están en vestido precioso, y en delicias, en los palacios
de los reyes están.
26 Mas, )qué salisteis a ver? )un profeta? De cierto os digo, y aun más
que profeta.
27 Este es de quien está escrito: He aquí, envio mi ángel delante de tu faz,
el cual aparejará tu camino delante de tí.
28 Porque yo os digo que entre los nacidos de mujeres no hay mayor profeta
que Juan el Bautista, empero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor
que él.
29 Y todo el pueblo oyéndo[le], y los publicanos, justificaron á Dios,
siendo bautizados con el bautismo de Juan.
30 Mas los Fariseos, y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios
contra sí mismos, no siendo bautizados por él.
31 Y dijo el Señor: )A quién pues compararé los hombres de esta generacion,
y á qué son semejantes?
32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza y que dan voces los
unos á los otros, y dicen: Os tañímos con flautas, y no bailasteis; os
endechámos, y no llorasteis.
33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni bebia vino, y decís:
Demonio tiene.
34 Vino el Hijo del hombre que come y bebe, y decís: He aquí, un hombre
comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
36 & Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa
del Fariseo, se sentó á la mesa.
37 Y, he aquí, una mujer en la ciudad, que era pecadora, como entendió que
estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un vaso de alabastro de
ungüento;
38 Y estando detras á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus
piés, y [los] limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus piés y
[los] ungia con el ungüento.
39 Y como vió [esto] el Fariseo que le habia llamado, pensó en sí, diciendo:
Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál [es] la mujer que le toca; que
es pecadora.
40 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte.
Y él le dice: Dí, Maestro.
41 [Y dice Jesus:] Cierto acreedor tenia dos deudores: el uno le debia
quinientos denarios, y el otro cincuenta.
42 Y no teniendo ellos de qué pagar, soltó [la deuda] á ambos. Dí, pues,
)cuál de estos le amará más?
43 Y respondiendo Simon dijo: Pienso que [aquel] al cual soltó más. Y él le
dijo. Rectamente has juzgado.
44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: )Ves esta mujer? Entré en tu casa,
no diste agua para mis piés; mas esta ha regado mis piés con lágrimas, y
limpiádo[los] con los cabellos de su cabeza.
45 No me diste beso, mas esta desde que entré, no ha cesado de besar mis
piés.
46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con ungüento mis
piés.
47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó
mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
48 Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.
49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre
sí: )Quién es este, que tambien perdona pecados?
50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado, vé en paz.
CAPITULO 8.
Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas
predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce [iban] con
él.
2 Y algunas mujeres que habian sido curadas [por él] de malos espíritus, y
de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido
siete demonios;
3 Y Juana mujer de Chuza, mayordomo de Heródes, y Susana, y otras muchas que
le servian de sus haberes.
4 Y como se juntó una grande multitud, y los que estaban en cada ciudad
vinieron á él, dijo por una parábola:
5 Un sembrador salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó
junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron.
6 Y otra [parte] cayó sobre piedra, y nacida, se secó porque no tenia
humedad.
7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la
ahogaron.
8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fué nacida, llevó fruto á
ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir,
oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola.
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios;
mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen, y luego viene el
diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no se salven creyendo.
13 Y los de sobre piedra, son los que habiendo oido, reciben la palabra con
gozo; mas estos no tienen raices; que por un tiempo creen, y en el tiempo de
la tentacion se apartan.
14 Y lo que cayó en espinas, estos son los que oyeron; mas idos son ahogados
de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no
llevan fruto.
15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto
retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.
16 Ninguno empero que enciende una candela, la cubre con una vasija, ó [la]
pone debajo de la cama; mas [la] pone en un candelero, para que los que
entran, vean la luz.
17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada, ni [cosa]
escondida que no haya de ser entendida, y de venir en manifiesto.
18 Mirád pues como ois; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á
cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
19 & Entónces vinieron á él su madre y hermanos, y no podian llegar á él por
causa de la multitud.
20 Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que
quieren verte.
21 El entónces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que
oyen la palabra de Dios, y la hacen.
22 & Y aconteció un dia que él entró en una nave con sus discípulos, y les
dijo: Pasemos a la otra parte del lago; y se partieron.
23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el
lago; y se llenaban [de agua], y peligraban.
24 Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, [que]
perecemos. Y despertado él, riñó al viento y á la tempestad del agua, y
cesaron; y fué hecha grande bonanza.
25 Y les dijo: )Dónde está vuestra fé? Y ellos temiendo, quedaron
maravillados, diciendo los unos á los otros: )Quién es este, que aun á los
vientos y al agua manda, y le obedecen?
26 & Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.
27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que
tenia demonios ya de mucho tiempo; y no llevaba vestido, ni moraba en casa,
sino en los sepulcros.
28 El cual como vió á Jesus, exclamó, y postróse delante de él, y dijo á
gran voz: )Qué tengo yo que ver contigo, Jesus, Hijo del Dios Altísimo?
Ruégote que no me atormentes.
29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque ya de
muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas
rompiendo las prisiones era impelido del demonio por los desiertos.
30 Y le preguntó Jesus, diciendo: )Que nombre tienes? Y él dijo: Legion,
porque muchos demonios habian entrado en él.
31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo.
32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte, y le
rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos, y el hato de
ellos se arrojó con impetuosidad por un despeñadero en el lago, y se ahogó.
34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo,
dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus, y hallaron
sentado al hombre, del cual habian salido los demonios, vestido, y en seso, á
los piés de Jesus; y tuvieron temor.
36 Y les contaron los que lo habian visto, como habia sido sanado aquel
endemoniado.
37 Entónces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al derredor le
rogaron, que se retirase de ellos; porque tenian gran temor. Y él subiendo en
la nave se volvió.
38 Y aquel hombre, del cual hablan salido los demonios, le rogó para estar
con él; mas Jesus le despidió, diciendo:
39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y
él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas habia Jesus hecho
con el.
40 & Y aconteció que volviendo Jesus, la multitud le recibió [con gozo;]
porque todos le esperaban.
41 Y, he aquí, un varon llamado Jairo, el cual tambien era príncipe de la
sinagoga, vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su
casa;
42 Porque una hija única que tenia, como de doce años, se estaba muriendo. Y
yendo, le apretaba la gente.
43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia doce años, la cual habia
gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno habia podido ser curada,
44 Llegándose por detras tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el
flujo de su sangre.
45 Entónces Jesus dijo: )Quién [es] el que me ha tocado? Y negando todos,
dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime,
y dices: )Quién [es] el que me ha tocado?
46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido
virtud de mí.
47 Entónces como la mujer vió que no se escondia, vino temblando, y
postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa
porque le habia tocado, y como luego habia sido sana.
48 Y él le dijo: Confia, hija, tu fé te ha sanado: vé en paz.
49 Estando aun él hablando, vino uno [de casa] del príncipe de la sinagoga a
decirle: Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro.
50 Y oyéndo[lo] Jesus, le respondió, diciendo: No temas: cree solamente, y
será sana.
51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie, sino á Pedro, y á Santiago, y
á Juan, y al padre y á la madre de la jóven.
52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él dijo: No lloreis: no es muerta, mas
duerme.
53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.