Este segundo volumen de mis _Recuerdos_ difiere esencialmente del
anterior. En el primero, describí los estravíos de una voluntad
distraída y sobrado inclinada á los devaneos artístico-literarios.
Mientras que, en el presente, se da cuenta de cómo, á impulsos del
sentimiento patriótico y de la triste convicción de nuestro atraso
cultural, fué dicha voluntad disciplinada y orientada hacia la
producción científica.
Si el citado tomo I fué obra de la edad madura, éste constituye labor
de la vejez, pues ha sido redactado durante los luctuosos años de
1915 y 1916, época de la horrenda guerra europea. Tal retraso en la
publicación explica ciertos cambios inevitables de tendencias y hasta
de estilo. No en vano pasan los años y nos adoctrina la experiencia.
Las cosas que á la triunfante luz del mediodía parecían doradas, se
empalidecen, cuando no se tiñen del color complementario, á la claror
azulada del ocaso. Con todo eso, he tratado de defenderme contra esa
inversión crítica, tan común en los viejos, de la cual constituye
síntoma grave el consabido _laudator temporis acti_.
Además de castigar algo la enfadosa frondosidad del estilo, he
callado por impertinentes ó nada interesantes muchos episodios de
mi vida. Creo actualmente que el tema principal de mi libro debe
ser exponer la génesis de mi modesta contribución científica, ó en
otros términos, referir cómo surgió y se realizó el pensamiento, un
poco quimérico, de fabricar Histología española, á despecho de la
indiferencia cuando no de la hostilidad del medio intelectual. He
tenido, sobre todo, presente, que lo único capaz de justificar esta
publicación, es su posible virtualidad pedagógica. Ni he olvidado que
la mayoría de mis lectores son médicos y naturalistas.
El lector ávido de amenidades y ajeno á las ciencias biológicas
quedará defraudado. Aconséjole que prescinda de los capítulos
salpicados de citas y grabados. Singularmente áridos y técnicos son
los XVI, XVIII, XIX y, sobre todo, los terribles XXI y XXII, con que
remata la obra. Sin faltar á mi programa, ha sido imposible evitar
ciertas tabarras, que el lector sabrá perdonarme en gracia de la
intención docente y de las exigencias de la verdad histórica.
_Madrid, Febrero de 1917._
[Ilustración]