El estrecho de San Bernardino.--Cabeza Bondog.--Ruinas.--El volcán
Mayon.--¡Ancla!--San Jacinto.--Su Iglesia.--La india Ignacia.--El
toque de oración.--El _atung-taqui_.
La navegación del estrecho de San Bernardino, constituye uno de los
derroteros más bellos y variados que se conocen. Desde la bahía de
Manila á las aguas del Pacífico, hay unas trescientas millas en las
que se admiran toda la riqueza del suelo filipino. En el derrotero
que nos ocupamos no se pierde ni un solo momento la vista de tierra,
pasando tan cerca de ella en muchas ocasiones, que se hace precisa
gran precaución.
No bien _doblamos cabeza Bondog_ y ganamos las aguas que separan á
la rica provincia Camarines Sur, de la isla de Burías, se principian
á dibujar en los horizontes de Albay, el famoso volcán que se admira
en medio de aquella provincia.
El volcán de Albay, llamado por algunos el _Mayon_, lo forma un cono
perfectamente regular. Se encuentra en actividad y es difícil verlo
despejado de nubes, las cuales lo ocultan casi constantemente, efecto
de su gran altura, proximidad á los focos de grandes emanaciones y
atracción que ejerce sobre los frecuentes chubascos que vierten sobre
la provincia de Albay.
Las erupciones del Mayon son muy frecuentes, mas desde la acaecida
á principios del siglo, de la cual se describen tales horrores, que
causan verdadero espanto, son poco intensas, estando habituados los
pueblos que se asientan á la falda del monte, á las convulsiones del
gigante que en un solo momento podrá sepultarlos entre sus candentes
materias. La ascensión al volcán es sumamente difícil y arriesgada,
no teniendo noticias de que viajero alguno haya hollado con su planta
el vértice del cráter.
El día que la _María Rosario_ nos puso á la vista del Mayon, hubo
algunos momentos en que por efecto del fuerte SE. pudimos admirar
completamente despejado todo el espacio que cierra el magnífico cuadro
que llena el volcán.
La provincia de Albay es, sin género de duda una de las más ricas
del Archipiélago. El filamento llamado _abacá_, es una inagotable
mina de los campos que comprenden aquella provincia.
Aquel producto ha llevado el bienestar y la riqueza á sus habitantes,
los cuales á su vez, son la base de las cuantiosas fortunas que se
han cimentado sobre el abacá: este es de tan buena calidad en los
campos de Albay, que las _cabullerías_ que con él se fabrican se
confunden con las más sólidas de cáñamo, producto que en los usos de
la marina se ha reducido notablemente, desde que se explota aquel
filamento, el cual no solamente se consume en el Archipiélago,
sino que cuidadosamente es almacenado y prensado para ser expendido
en lejanos centros comerciales.
Las calmas que veníamos experimentando nos agotaron casi todo _el
fresco_ de que podíamos disponer, así que, aprovechando el seguro
y resguardado puerto de _San Jacinto_, anclamos en él á fin de
_refrescar_ víveres.
San Jacinto es un pintoresco pueblecito situado en la isla de
Ticao. Lo constituye aquel una extensa loma sobre la cual se asienta
diseminado un corto caserío, en su generalidad de palma, destacándose
por su construcción un antiguo baluarte, la iglesia, la escuela y la
casa-tribunal. El cura que cuida de su parroquia se encontraba fuera
del pueblo y nos dijeron era mestizo chino.
El baluarte de San Jacinto es sólido, de buena fábrica y perfectamente
situado; se extiende por lo más alto de la loma dominando el pueblo
y el puerto. En el ángulo que corresponde á su entrada y sobre una
plataforma medio arruinada, se ve un cañón, que según sus dimensiones,
pudimos calcular sería su calibre de 20 á 24.
La época en que se edificó el baluarte no la hemos podido precisar,
revelando el estado de los muros su vejez, con la que lucha la
consistencia y solidez de la construcción.
En el espacioso patio que cierra el perímetro amurallado, se encuentra
la iglesia, y á medio concluir la casa parroquial; obra que según
pudimos ver, pronto había de brindar toda clase de comodidades á su
morador. La sólida fábrica de aquella espaciosa casa, á cuya sombra se
alza la campana del templo; las aspilladas murallas que la resguardan;
las plataformas y el bronce que la defienden; la estratégica situación
que ocupa, y la bandera que flamea en lo alto del torreón, la asemejan
más que á la casa del recogimiento y la oración, al antiguo baluarte
de la Edad Media.
Aquellos muros carcomidos por el tiempo evocaron en nuestra mente
todo el grandioso pasado de los caballerescos siglos feudales.
La raza que habita San Jacinto, es la india pura; hablan el _visaya_
y sus moradores poseen todos los rasgos que caracterizan aquella. Son
afables, fuertes y de facciones bastante buenas. Vimos una india
llamada Ignacia, de un conjunto altamente simpático y agradable,
sobresaliendo en ella un larguísimo y negro pelo, rasgo peculiar y
distintivo de Filipinas, en donde los hemos visto como en parte alguna;
consecuencia, sin duda, de no mortificar las raíces, pues generalmente
lo llevan suelto, y sobre todo, por la fortaleza y consistencia que
prestan los jugos del coco, aceite, cuyas propiedades es de todos
reconocida.
A más del uso del aceite de coco, contribuye en gran manera
á la conservación del pelo, el _gogo_, raíz parecida á la de
la _mora_. Aquel se lava perfectamente y después se exprimen sus
jugos. El jugo del gogo levanta en la batea donde se prepara, una
blanca é hirviente espuma; su uso es muy frecuente y, general en
Filipinas, y sin duda alguna que la frescura que presta á la cabeza y
la limpieza que origina, son causa, en gran parte, de que sea sumamente
raro encontrar calvos en el Archipiélago.
La población de San Jacinto la forman 1.800 almas, de las cuales
tributan unas 500, calculando en 250 los niños de ambos sexos que
asisten á la escuela, según nos dijo el Gobernadorcillo.
Los productos son: el abacá, el tabaco, la caña dulce, el añil y el
coco; de este nos sirvieron por vía de refresco una suculenta ensalada
hecha de palmito. El palmito del coco, es sin género de duda, el más
sustancial y delicado de cuantos dan toda la diversidad de palmas.
Al toque de oración en Filipinas se le rinde culto.
Todo indio á la muerte del día, recoge su espíritu y pronuncia una
oración mirando al Oriente.
La campana de la iglesia anunciando la oración, se mezcló con los
redobles del tambor del tribunal, y los huecos y broncos sonidos
del _atung-taqui_, que sirve para dar los alertas en las avanzadas
ó _bantayanes_ de algunos pueblos de Visayas.
El atung-taqui filipina, es el árbol hueco, descrito por los primeros
exploradores de la India, y que todavía se conserva entre los moradores
que habitan las orillas del _Amazonas_, y las dilatadas faldas del
_Chimborazo_, según pudimos ver entre los objetos que los individuos
de la expedición científica del Pacífico, exhibieron en los jardines
del Botánico de Madrid. [2]
Al toque de oración de San Jacinto se cierran todas las puertas y
ventanas, y se apagan las luces, entonándose por los que se encuentran
dentro de las casas el _Ángelus_; concluído este, cada cual vuelve
á su conversación, su ocupación ó su paseo.
Nosotros hicimos una frugal cena, y después de interrogar sobre la
localidad al Gobernadorcillo, buscamos el reposo en las mallas de
una hamaca de abacá.
Ya que estamos descansados en tierra, y ya que hemos bosquejado á la
ligera á una india, veamos en las páginas que siguen, lo que es la
mujer en el Oriente.