CAPÍTULO I.

La _banca_.--El estero.--La chaqueta y el chaquet.--Nuevas

costumbres.--¡Manila progresa!--El _catapusan_, el _sarao_

y la soirée.--Colocación de nombres.--Meiisig.--El río de

Binondo.--El Pasig--La barra.--La _María Rosario_.--El adiós á

Manila.--Cavite.--Costumbres.--Moysés y las doce tribus.--La primera

noche abordo.--El baldeo.--La laguna encantada.

Los primeros albores del nacimiento del 10 de Julio de 1871, apenas se

transparentaban por las _conchas_ de mi alcoba, cuando fuí despertado

por el criado, anunciándome que las _bancas_ estaban listas en el

_estero_ para conducirnos abordo.

Una ligera escalinata une el río de Binondo con la casa, así que,

previos todos los correspondientes requisitos de marcha, desde

reconocer los bultos, hasta dirigir la última cariñosa mirada á los

muros que han sido por largo tiempo confidentes de nuestras amarguras y

testigos de nuestros placeres, muros que á nadie más que á mi romperán

su mutismo, si algún día vuelvo á interrogar sus blancos lienzos con

el lenguaje de los recuerdos, pasé de la casa al bote, al par que los

aljofarados dedos de azul y nácar de los genios del Oriente abrían

los espacios para dar paso al majestuoso gigante de la luz.

La corriente favorable á consecuencia de la alta marea y la desusada

actividad de seis remeros aguijoneados con la esperanza de una propina,

hacían que las _batangas_ se deslizaran rápidamente por el _estero_.

Aquí, si nuestro trabajo no llevara el carácter de un viaje á la

ligera, nos detendríamos en muchas páginas; mas, sin embargo, como

la rapidez de una _banca_ no es, ni la que da aliento una caldera

de vapor, ni una _ventolina_ de _empopada_, ni aun la pujanza de

cuatro hijos de las verdes vegas de la Cartuja, tenemos tiempo de

ver y apreciar en el largo espacio que media desde el _Trozo_ hasta

que se entra en el caudaloso _Pasig_.

Que Manila podía ser una segunda Venecia nadie lo ignora.

Tiene en lo que constituye sus arrabales, la vida y la actividad, donde

refluyen las transacciones, la riqueza y casi casi nos permitiremos

decir, que el buen tono.

Hoy Manila también tiene buen tono.

La moda lo mismo traspasa masas inmensas de granito, como grandiosos

Océanos de agua salada.

De allende los mares vino un rumor que propalaba que en otras ciudades

había palacios y parterres, con flores, pájaros y fuentes, y Manila

quiso tenerlos. La piqueta abrió cimientos, el martillo golpeó la

piedra, la paleta mezcló argamasas y ... las antiguas costumbres

representadas por la clásica chaqueta blanca y el ligero sombrero de

_Burias_, temblaron en los modestos aparadores de sus tradiciones y

de su dilatada historia.

Los _hoteles_ del Sena, las quintas suizas y los palacietes de

Recoletos tuvieron un eco que contestaba á los rumores que trajo

la moda.

Lo que fueron modestas barriadas, hoy se llaman _calzadas_ por

el vulgo, pues en el _argot_ del gran mundo se llaman barrios

aristocráticos.

Hemos dicho, creemos por dos veces, que Manila tiene su gran tono,

que hace lo que en todas partes, esto es, nada: vive á la superfluidad

del botón de la librea y la tersitura de la cabritilla; sus disgustos

están compendiados en el _aristin_ del caballo, en los milímetros

del sombrero del cochero, en la estatura del lacayo, en la arruga

del frac ó en la pureza de una piel que la Rusia ha hecho necesaria.

Los cimientos de los aristocráticos barrios relegaron á su fondo

la clásica chaqueta, apareciendo prendas tan poco conocidas en el

Archipiélago, como el chaleco, el sombrero de copa y el chaqué.

Esto era en los cimientos, pues antes de abrirse aquellas hijas

legítimas del viejo mundo, en este [1] andaban por connaturalizar

apareciendo vergonzosas, mustias y deslucidas con alguna que otra

caricia de los insectos del poco uso, cuando el repique de todas

las campanas convocaba al Real Gobernador, al Real Acuerdo, al Real

Consejo, al Real Cuerpo de Alabarderos del Real Sello, para oir de

bocas reales _in partibus_ decretos de la Real Majestad que gobernaba

los dos mundos.

El imperio de la chaqueta era tan general como lo real; por entonces

todos vestían chaqueta, como todos pertenecían á una corporación,

municipio, archicofradía ó instituto real.

Todo era chaqueta y todo era real.

La majestad andaba en chaqueta.

Mas ... cesaron de venir las _naos_, se bendijo la aduana de Manila,

la que decía un célebre rey llegaría á verla desde Madrid, calculando

su altura según su coste; se establecieron los chinos, desaparecieron

los velones de tres mecheros, dando plaza á las modestas _virinas_,

que á su vez habían de dejar el campo á los dorados, los bronces y

los cristales tallados.

El imperio de la hoja de lata, hermana gemela de la chaqueta tocaba

á su fin.

El ruido de la piqueta que abría los cimientos de las nuevas costumbres

era el memento de su existencia.

Tras las primeras piedras vinieron las escalinatas, más tarde los

_parterres_, y por último, las verjas, apareciendo en estos _progresos_

el frac, el aceite de bellotas, las libreas, los velocípedos, los

polisones y los ataques de nervios.

Ya apenas existe el recuerdo de la chaqueta, verdad es que la vida de

Manila en sus relaciones con el _confort_ camina á pasos agigantados.

Aquí, donde el centígrado marca una temperatura que derrite, há meses

que se expenden (!) pieles, y facturas de ... guantes de cabritilla

(!).

Los guantes de cabritilla son coetáneos de la escarapela en los

señores de los pescantes y el clat en los señores de los salones.

Antes en Manila se conocía al dueño de un coche por su cara, hoy se

le conoce por su cochero, que viene á ser el _alias_ ó seudónimo da

su amo ...

¡Manila progresa!

Los alegres _catapúsanes_ se llamaron _saraos_ y hoy _soarees_ con

su _buffet_, sus emparedados, su ponche á la romana y hasta su _Petit

Journal_ ó su _Correspondencia_, que al día siguiente pregona que la

bella señorita de tal estaba hecha una princesa, su mamá una reina

y su papá un bajá de tres colas, que dando la majestuosa familia

encantada de las letras, por más que saquen _astillas_ del individuo

que las escribe.

¿Sí eh? ¿con qué también hay eso?

Ya lo creo, como que Manila adelanta, y vaya V. á dar gusto en

letras de molde á una sociedad que adelanta. Como al pobre infeliz

que empuña la trompeta de la publicidad se le olvide un detalle,

como deje de decir que una lámpara tenía seis luces ó que el niño

pequeñito hizo la desgraciada gracia de verter sobre una falda ó un

pantalón una bandeja de sorbetes, ó que en un guardapelo ó pulsera

se leía la inscripción de Perico, de Luís, ó de Pepe, harto tiene el

pobre gacetillero, y más de una vez oirá cosas que le harán renegar

del incienso vertido y de las prodigadas alabanzas.

Pues no digo á ustedes nada en la cuestión de colocación de nombres;

aquí el simple resentimiento, se convierte en un proceso compuesto

de un sin número de cargos.

Si Fulanita tuvo tienda de sombreros, y la han puesto antes que á mi,

que tengo un escudo más grande que el del Cid, con más barras que

las de Aragon y más leopardos que en el San Gotardo; que Zutanita

ha sido preferida cuando no há mucho que decía _miste que Dios_;

que la de más allá esta encima de la de más acá, siendo aquella una

empleada subalterna, y la mamá de la _agraviada_ siete veces usía; que

mi primo el ministro me da derechos; que mi posición, que mi marido,

que mi modista me los dan á mí, estas y otras reflexiones _in mente_

ó _in lengua_ mezcladas con adjetivo más ó menos duros contra el

pobre autor, constituye la _comidilla_, del día siguiente.

Por último, caballeros, que Manila progresa lo atestiguan los libros

de caja de Roensch y Madama Sprin.

Sin querer hemos llegado á la caja, es decir hasta el dormitorio de

la moda.

Hemos presentado el teatro.

Respetemos los bastidores....

Estas y otras observaciones iba haciendo á dos buenos amigos que me

acompañaban: uno de ellos que viene interviniendo hace muchos años en

los acontecimientos de mi vida y que alberga en su alma tanto cariño,

como en su cabeza buenos pensamientos, me oía sin pestañear, no sé

si por el asentimiento de la conformidad ó por el ensimismamiento

producido por la idea de la separación: ambas á dos cosas podían ser,

pues lo primero es verdad, como verdadero lo es el cariño que desde

nuestros primeros años nos une.

Los remeros seguían bogando y yo charlaba comparando la vida de los

arrabales por los cuales se deslizaba la _banca_, con la sombría y

triste que se experimenta en el recinto amurallado.

Hemos dicho que Manila podía ser una segunda Venecia, pero ... no

lo es.

Tiene canales, pero estos no reflejan obras de arte, sino en su mayoría

ruinas y suciedad; sobre sus aguas no se pasean poéticas góndolas,

templos del amor y del arte, sino sucias _bancas_ tripuladas por no

menos sucios remeros; no esponjan las plumas en sus orillas cisnes

ni oropéndolas, mas en cambio invaden la corriente, que mentiríamos

si dijéramos cristalina, sílfides _chinas_ y bronceadas ondinas.

Volvemos á repetir que Manila, ó mejor dicho la nueva Manila, que

la forma la inmensa población que se ha creado fuera de los fosos,

podía ser una segunda Venecia, no lo es, no por falta de deseos, no

por falta de conocerlo, sino porque se opone hoy por hoy la tradición

de la costumbre, la indolencia que crea el suelo, la manera de ser

de la localidad y los cuantiosos caudales que habían de gastarse

en la limpieza, arreglo y conservación de los muchos _esteros_ que

serpentean por _Binondo, Quiapo_ y _Tondo_.

La suciedad en que á pesar de la vigilancia que se ejerce están los

_esteros_, principalmente se debe á la inmensa emigración de chinos,

los cuales, en gran número habitan sus orillas, impregnándolas de la

incuria y falta de limpieza que ellos observan. El chino es la entidad

jornalera más perfecta que se conoce en Filipinas, pero también es

la panacea más acabada de la hediondez, la cual únicamente se puede

contrarestar con las continuas y eficaces requisas de la autoridad

que vigila sus domicilios, verdaderos tugurios en que se hacinan

cientos de ellos.

Contemplando los modestos _bajais_ de caña y _nipa_ entremezclados de

alguna que otra construcción de piedra y tabla, llegamos al puente

de _Meiisig_, variando á los pocos golpes de remo la diversidad del

paisaje, puesto que á la desembocadura del estero desaparece la caña

y la nipa por regulares construcciones de sólidos materiales.

Á medida que el río de Binondo camina á su desagüe, aumenta el

movimiento en sus orillas y en sus corrientes. Cargadores chinos

provistos de resistentes _pingas_, pesados _cascos_ repletos de _abacá;

paraos, bancas_ y botes llenos de mercancías que la exportación de

las provincias del Norte, de China y del Japón traen al mercado de

Manila, es lo que compone el cuadro hasta los límites, en que el

modesto Binondo confunde sus aguas en las caudalosas del que nace en

la extensa Laguna de Bay, entre la salvaje poesía que despiertan los

panoramas que presentan el _Castillo de flores_, el _Pecho de Dalaga_,

los _Tanques de Paquil y_ las bellezas del _Talim_.

Una vez dentro de las aguas del Pasig, el movimiento de la banca se

hizo duro á consecuencia de la corriente y la marejada.

Dejamos por la popa el puente de Barcas, único paso gratuito que une

el viejo mundo manileño con el moderno, y _voltejeando_ por entre

barcos de todas especies y dimensiones, pasaron ante nuestra vista los

artesonados góticos de Santo Domingo, las _columnatas_ (!!) de los

camarines de la Aduana provisional (si no fuéramos de prisa, verían

nuestros lectores que en Filipinas todo es provisional), los bonitos

_parterres_ de la Capitanía del Puerto, los sombríos muros de la

Fuerza de Santiago, la actividad del _Carenero_ y el extenso Malecón.

A medida que nos acercábamos á la _barra_, la boga se hacía más

difícil.

Estábamos á medio cable de aquella. Cuatro golpes de remo, y la quilla

de la _banca_ entraría en los inmensos dominios de los mares.

Fijamos la última mirada en la blanca espuma que incesantemente nace

y muere al gemir de las olas que rompen en las piedras del Fuerte

del Sur, y ... ¿cuál es la _María Rosario_? pregunté al patrón.

--Aquella, señor,--dijo, señalando un barco armado de _brick-barca_.

Los detalles de la _María Rosario_, cada vez se iban delineando

con más precisión. La extensión de su _guinda, eslora_ y _puntal_

era proporcionada, no así su _manga_ que era mucha, lo que nos hizo

presagiar que sus balances habían de ser muy sensibles.

La _María Rosario_ estaba lista para darse á la vela con rumbo á las

islas Marianas.

A las ocho de la mañana pisamos la meseta del portalón de babor,

recibiéndonos los ladridos del perro más gordo que jamás hemos visto.

Posesionados de la cubierta después de arreglar el camarote, esperamos

la visita de salida.

A las doce, listos en toda regla, dimos vela con todo aparejo largo

en demanda del Corregidor, con viento flojo del N., mar tranquila,

barómetros altos y horizontes celaginosos.

A las tres de la tarde el viento seguía muy flojo, en cambio el calor

era insoportable.

Apenas andaríamos una milla por hora.

A la banda de _babor_ teníamos las costas de Cavite.

¡Cuánto recuerdo tiene para nosotros Cavite!

Le queremos cual si fuera el pueblo que nos vió nacer; entre su alegre

bullicio pasamos muchos meses encontrando cariño, consuelo y amistad.

El _istmo_ de San Roque con su _mar_ de Bacoor, incesantemente llena

de empavesadas _bancas_ que traen y llevan cigarreras; _el seno de

Cañacao_ donde encuentra un seguro anclaje la flotante población

de nuestros alegres marinos; las populares fiestas de _Porta Vaga_

con los _pantalanes_ incesantemente llenos de alegres caras, que

van y vienen en pequeños vapores engalanados y provistos de músicas;

las decidoras _sanroqueñas_ con su pequeño y airoso _tapis_, su jerga

especial y su picaresca malicia; las poéticas bóvedas de entrelazadas

cañas que dirigen á _playa chica_; los melancólicos _cundiman_ del

barrio de San Rafael y la Caridad; la misma arena de la playa en la

cual un día y otro día hemos visto llegar la ola y borrar nombres

que nuestro deseo escribía sobre la movediza materia; la franca

y leal amistad con los valientes marinos, verdadero elemento que

da vida á Cavite; las históricas mascaradas de Noche Buena en que

sinnúmero de _dalagas_, suelto su hermoso pelo recorren las calles

en medio de grotescos grupos en que un indio vestido de moro ostenta

muy grave un cartel que dice es Moisés, en que las doce tribus van

representadas por 12 individuos adornados con los deshechos de todas

las guardarropías, y en que el precio de la progenitura no negamos

podrá estar caracterizado por las prosaicas lentejas, pero que si

van estas, lo son mezcladas con _morisqueta_ en un inmenso _bilao_

que lo suelen colocar debajo de la oliva del huerto, á cuya sombra

no se apuran las heces de la amargura, sino sendos tragos de _tuba_

mezclados con los jugos de la _bonga_ y la cal del _buyo_; todo,

todo pasaba ante la vista y ante la imaginación.

El barco aceleró su marcha confundiendo en una cinta verde los

dilatados campos de la _Estanzuela_.

¡Adiós risueñas playas! ¡Adiós, gratos recuerdos!

Naig, Marigondon, Santa Cruz ... fueron quedando tras de la estela

de la _María Rosario_.

Los límites de la provincia que constituye la Andalucía de Filipinas

desaparecieron.

Los horizontes del primer cuadrante se mostraron _aturbonados_ á la

caída de la tarde.

Los primeros destellos de la farola del Corregidor alumbraron, al

par que rebasábamos _Pulo Caballo_, saliendo de la inmensa bahía de

Manila por _Boca grande_.

Después cada cual procuró resguardarse lo mejor posible de las miles

de cucarachas que invadían la cámara, y después ... el sueño, el

sudor y los insectos imperaban en la parte animada é inanimada de

nuestro individuo.

La faena del baldeo, el monótono y acompasado canto de la marinería,

el ruido de la maniobra y los desesperados ladridos del perro, me

despertaron en la madrugada del 11.

Durante la noche habíamos rebasado el _Puerto Limbones_, alumbrando

los primeros rayos del día la pequeña isleta de Fortun por la proa,

confundiéndose en los lejanos horizontes los elevados picos del Sungay,

límites de la provincia de Cavite.

_Ciñendo aparejo_ y aprovechando vela, algo fuera de rumbo, pudimos

ganar _Punta Santiago_, entrando por efecto de los continuos cambios de

viento y las corrientes en el _Seno de Balayan_, pudiendo notar en las

tierras de la provincia de Batangas, las pintorescas casas de Taal,

hermoso pueblo que se eleva en las cercanías de la laguna llamada

por algunos _Encantada_, sobre la cual se levanta el célebre volcán

de Taal, del que no podemos pasar sin decir algo á nuestros lectores.

Viajes por Filipinas: De Manila á Marianas · 第 20 / 39 题