Conociendo que os será de placer que haya yo tenido feliz éxito en mi
empresa, he dispuesto escribiros esta carta que os manifieste todos y
cada uno de los sucesos ocurridos en mi viaje y los descubrimientos
que han sido su resultado. Treinta y tres días después de mi salida de
Cádiz arribé al mar de la India, donde hallé muchas islas habitadas
por innumerables gentes, y de ellas tomé posesión a nombre de nuestro
felicísimo Monarca a público pregón y aclamaciones, tremolando bandera
y sin contradicción alguna; puse a la primera el nombre de _San
Salvador_, en cuya protección confiado llegué así a ésta como a las
demás; los indios la llaman _Guanahanín_. Dí también nuevo nombre a
cada una de las otras, habiendo mandado que la una se llamase _Santa
María de la Concepción_, otra la _Fernandina_, la tercera _Isabela_,
la cuarta _Juana_, y así respectivamente las restantes. Luego que
arribamos a la que acaba de nombrarse _Juana_, me adelanté un poco
cerca de su costa hacia el Occidente, y la descubrí tan grande y sin
límites, que no hubiera creído ser isla, sino más bien la provincia
continental de Cathay...[685].
[685] Véase Conde Roselly de Lorgues, _Cristóbal Colón_, tomo
III, págs. 132-137.
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