CAPÍTULO XVIII

CRISTÓBAL COLÓN: SU PATRIA Y FAMILIA.--COLÓN EN PORTUGAL:

SU MATRIMONIO.--LA FAMILIA DE SU MUJER.--ALONSO SÁNCHEZ DE

HUELVA.--CULTURA DE COLÓN.--LA ESFERICIDAD DE LA TIERRA.--LA

ACADEMIA DE TOLEDO.--ROGERIO BACON Y RAIMUNDO LULIO.--PROVECTO DE

COLÓN DE IR DIRECTAMENTE A LA INDIA POR OCCIDENTE.--LA LIBRERÍA DE

COLÓN.--JUNTA CONVOCADA POR JUAN II Y PRESIDIDA POR EL OBISPO DE

CEUTA: OPINIÓN DEL CONDE DE VILLARREAL.

Cristóbal Colón, según Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios[328],

gran amigo del futuro Almirante y depositario de todos sus papeles,

debió nacer hacia el año 1435[329]. Afirma Washington Irving que se

verificó la época de su nacimiento allá por los años de 1434 a 1436.

[328] Los Palacios es una población próxima a Sevilla.

[329] _Historia de los Reyes Católicos D. Fernando y Doña

Isabel_, Sevilla, 1870.

Respecto a la patria de Colón, creemos que no cabe duda alguna, puesto

que él mismo lo declara en la fundación de su mayorazgo (22 febrero

1498)[330] terminantemente dice que ha nacido en Génova. Copiamos a

continuación sus mismas palabras: «Siendo yo nacido en Génova, vine a

servir aquí, en Castilla.» Además, encontramos la siguiente cláusula:

«Item: mando al dicho D. Diego, mi hijo, o a la persona que heredare

el dicho Mayorazgo que tenga y sostenga siempre en la ciudad de Génova

una persona de nuestro linaje que tenga allí casa e mujer, e le ordene

renta con que pueda vivir honestamente como persona tan llegada a

nuestro linaje, y haga pie y raíz en la dicha ciudad como natural

della, porque podrá haber de la dicha ciudad ayuda e favor en las

cosas del menester suyo, pues que della salí y en ella nací.» En otra

cláusula manifiesta también Colón el afecto que tiene lo mismo a Génova

que a España, lo mismo a su país natal que a su nueva patria. He aquí

sus palabras: «Item: mando al dicho D. Diego, o a quien poseyere el

dicho Mayorazgo, que procure y trabaje siempre por la honra y bien y

acrecentamiento de la ciudad de Génova, y ponga todas sus fuerzas e

bienes en defender y aumentar el bien e honra de la república della, no

yendo contra el servicio de la Iglesia de Dios y alto Estado del Rey

o de la Reina, nuestros señores, e de sus sucesores.» No hay dudas,

pues, acerca de la patria da Colón; él mismo dice varias veces que era

de Génova. «Sólo demostrando--como escribe Sánchez Moguel--que Colón

no dijo que había nacido en la ciudad de Génova, o probando que mintió

al decirlo, es como cabe abandonar fundadamente la causa de Génova,

para abrazar la de Saona o de cualquiera otra de las innumerables

poblaciones que pretenden haber dado nacimiento al descubridor del

Nuevo Mundo»[331]. No ha conseguido Génova encontrar la calle y casa en

que nació; pero el municipio de la ciudad compró en el año 1887, por

la cantidad de 31.500 pesetas, una casa en la que se cree con algún

fundamento que Cristóbal Colón pasó su infancia y juventud hasta la

edad de catorce años[332].

[330] Procede recordar aquí que durante la monarquía

castellano-leonesa de Doña Urraca (1109-1126), mujer de

Alfonso I de Aragón, D. Diego Gelmínez, obispo de Compostela,

dió comienzo a la organización de fuerzas navales para

resistir a las piraterías de los moros, los cuales asolaban

toda la costa, desde Sevilla hasta Coimbra, _ab Hispali usque

ad Cohimbram_, según se lee en la _Historia Compostelana_. El

prelado de Compostela contrató genoveses, porque los italianos

ejercían a la sazón el papel que los griegos, y en particular

los fenicios habían tenido en los tiempos antiguos. Eran

los genoveses los hombres de mar, los mejores constructores

navales y los más expertos marineros que recorrían el

Mediterráneo: eran, como dice la Crónica, _optimi navium

artifices, nautæque peritissimi_. «No puedo prescindir, dice

Charlevoix, de hacer de paso una observación. Es muy glorioso

para Italia que las tres potencias entre las cuales está

repartida actualmente casi toda la América, deban a italianos

sus primitivos descubrimientos. España, a Colón, genovés:

Inglaterra, a Juan Cabot y sus hijos, venecianos: y Francia a

Verrazani, ciudadano de Florencia.» _Viajes_, etc., en 1720.

[331] _España y América_, pág. 100. Del cura de Los

Palacios son las siguientes palabras: «En el nombre de Dios

Todopoderoso, ovo un hombre de tierra de Génova, mercader de

libros de estampa, que trataba en esta tierra de Andalucía...»

_Historia de los Reyes Católicos_, tomo I, capítulo CXVIII.

[332] Víctor Balaguer, _Cristóbal Colón_, pág. 159.

Veamos ahora lo que sobre el particular ha publicado el historiador

Juan Solari[333], no sin dar a conocer antes la opinión de Muratori y

de Casoni. Muratori dijo: «Colombo es natural de Génova, o por mejor

decir, de un pueblo vecino de Génova». Casoni escribió (_Annali Genova

1708_), lo siguiente: «Los antepasados de Cristóbal--como consta por

escrituras públicas--habitaban Terrarossa, poco distante de Nervi,

atrás de las faldas del Monte Fasce, situada al lado de Maconesi en

Fontanabuona, que dá el nombre a dicho valle. Su abuelo se llamaba

Juan. Su padre era Domingo, ciudadano de Génova, y su madre se

apellidaba Susana Fontanarrosa»[334].

[333] _La cuna del descubridor de América, Cristóbal Colón._

Homenaje al centenario de la República Argentina, 25 mayo 1910.

[334] Ibidem, pág. 50.

Cristóbal Colón--dice Solari--nació en Terrarossa, valle de

Fontanabuona, provincia de Génova, y su nacimiento se verificó en el

año 1436[335]. Compónese Terrarossa de un grupo de casas situadas sobre

un collado a flor del valle de Fontanabuona, a cien pasos de Entella.

Su distancia de Maconesi es media milla, dos de Cicagna, tres de Oreso,

ocho de Chiavari, y otro tanto o algo más de Génova, en línea recta.

Decimos en línea recta, porque este camino es poco frecuentado por ser

montuoso y de difícil acceso, lo que hace que la distancia parezca más

larga de lo que es en realidad. La casa de Colón se encuentra entre las

primeras que dan al río[336]. A la sazón se halla reconstruída en su

mayor parte. A poca distancia de la casa existen rastros de la fábrica

de Domingo Colombo y no lejos una tierra denominada _Pian Colombino_,

nombre que hace suponer fuera propiedad de la familia de Colombo[337].

[335] Harrise lo fijó en el 1445.

[336] Ob. cit., págs. 68 y 69.

[337] Ibidem, pág. 70.

Hállase probado--y seguimos la relación de Solari--que el padre del

descubridor del Nuevo Mundo, en una escritura de venta de un terreno,

año de 1445, a Bartolomeo de Maconesi, se firma Domenico Colombo di

Terrarossa. Tampoco cabe duda que la madre del Almirante se llamaba

Susana y era hija de Santiago Fontanarrosa. Bartolomé, hermano del

Almirante, en una carta geográfica trazada en Londres, firmaba

Colombo di Terrarossa; y Fernando, hijo de dicho Almirante, afirma

que su padre, antes de descubrir el Nuevo Mundo, firmaba Colombo de

Terrarossa[338]. Además de la escritura citada, correspondiente al

año 1445, se encuentran otros documentos públicos en que al lado de

Domenico Colombo de Terrarossa se hallan los nombres de Simón de

Maconesi, Benedicto de Monleone, Antonio Leverone de Fontanabuona y

otros.

[338] Ibidem, págs. 50 y 51.

Parece cosa probada que los tres hermanos llamados Juan, Mateo y

Amighetto--según documentos del año 1496--eran hijos de Antonio Colombo

de Maconesi, hermano de Domingo, padre del descubridor del Nuevo Mundo.

Juan, Mateo y Amighetto comparecieron ante escribano y celebraron un

contrato a los efectos siguientes: Juan iría a España en busca de su

primo carnal Cristóbal, Almirante al servicio de los Reyes Católicos,

para tomar parte en las empresas marítimas o descubrimientos en el

Nuevo Mundo. Los tres hermanos deberían contribuir por iguales partes

a los gastos, así como también los productos se repartirían del mismo

modo[339].

[339] Ibidem, pág. 52. En el cuarto viaje acompañó al

Almirante un hijo de Génova llamado Juan Antonio Colombo.

Añade Solari que en el año 1500, por deuda pendiente, se entabló

demanda en Savona contra la sucesión de Domingo, padre de Cristóbal. En

el juicio se hizo constar que los hermanos Cristóbal, Bartolomé y Diego

se hallaban en España.

Resulta de todo lo expuesto, que Cristóbal Colón pudo llamarse

ciudadano de Génova, puesto que el valle de Fontanabuona y, por

consiguiente, Terrarossa, dependían de la ciudad citada; pero el lugar

de su nacimiento fué el caserío de Terrarossa. Por tanto, es evidente

que Domingo Colombo tuvo en el valle de Fontanabuona la fabricación

de paños, estableciendo luego pequeños depósitos, para aumentar la

venta, primero en Quinto y después en Génova y Savona[340]. Los

depósitos citados, por el solo hecho de estar a su nombre, implicaban

el domicilio de Domingo, aunque no se hallase presente; mas dicho

domicilio, lo mismo en Quinto que en Génova y Savona eran transitorios,

pues únicamente tenía fijeza el de Fontanabuona.

[340] Ibidem, págs. 53 y 54. La casa de Savona sólo estuvo

abierta el año 1470.

Haremos notar que el activo tráfico entre los caseríos o aldeas de

Fontanabuona con Génova, era mucho, teniendo aquellos comerciantes--por

falta de escribanos en la región--que recurrir a Génova para celebrar

sus actos públicos. Por esto no debe causar extrañeza que los testigos

y demás personas que intervenían en los contratos, se llamasen

Antonio Colombo de Maconesi, Antonio Leverone de Cicagna, Nicolás de

Fontanabuona, Juan de Monleone, etc.; y decimos que no debe causar

extrañeza, porque Domingo, cuando salía de Terrarossa, o iba acompañado

de testigos, o los buscaba en Savona o Génova, donde se encontraban

accidentalmente[341].

[341] Ibidem, pág. 72.

Consideremos, por último, las principales poblaciones que con mayores o

menores títulos y con más o menos entusiasmo se disputan la gloria de

haber sido cuna del descubridor del Nuevo Mundo[342]. En Cogoletto--que

otros llaman Cugureo--se ve humilde casita sobre cuya puerta se halla

el escudo de armas de Colón, y debajo el siguiente letrero:

_¡Hospes, siste gradum! Fuit hic lux prima Columbo._

_Orbe viro majori hæ nimis arcta domus._[343]

[342] Véase Víctor Balaguer, _Cristóbal Colón_, págs. 149-198.

[343]

¡Extranjero, detente! Aquí vió Colón la luz primera.

El hombre más ilustre del mundo vivió ea esta pequeña casa.

Mayor es el número de los que afirman que la patria del descubridor del

Nuevo Mundo fué Saona. D. Francisco de Uhagón, después de estudiar los

archivos de las Ordenes militares, y en ellos el Códice intitulado:

_Indice de los caballeros que han vestido el hábito de Santiago con

sus genealogías correspondientes_, sostuvo en el libro intitulado _La

Patria de Colón, según los documentos de las Ordenes militares_, que

Colón era de Saona, añadiendo lo siguiente: «La materia está agotada,

el problema histórico resuelto, y no debe discutirse más en este

asunto». En la genealogía de D. Diego Colón, nieto del descubridor, con

el proceso de información que hubo de abrirse para su toma de hábito,

se hallan las tres declaraciones que a continuación copiamos. El

testigo Pedro de Arana, solamente afirma haber oído decir que Cristóbal

Colón era _genovés, pero que no sabe dondes natural_. El licenciado

Rodrigo Barreda, dice, sólo por _haberlo oído decir_, que D. Cristóbal

Colón _era de la señoría de Génova, de la cibdad de Saona_. Por último,

Diego Méndez, compañero que fué del gran Almirante, depone que D.

Cristóbal Colón _era natural de la Saona, ques una villa cerca de

Génova_. Antes del descubrimiento del Sr. Uhagón, ya se había escrito

sobre una puerta de modesta casa, el siguiente letrero:

_Lunghi anni_

_Meditando_

_L'ardito concetto_

_In questa casa_

_Già posseduta da Domenico Colombo_

_Abitó l'inmortale scopritor dell' America,_

_Che_

_Fra i perigli della gloriosa impresa_

_A ricordo della Patria_

_Impose il nome di Saona_

_Ad un' insola dell' Atlantico._[344]

[344] «Largos años--meditando--su atrevida empresa--en esta

casa--ya de antiguo poseída por Domingo Colombo--habitó el

inmortal descubridor de la América--que en medio de las

grandes penalidades de su gloriosa empresa--en recuerdo de la

Patria--dió el nombra de Saona a una isla del Atlántico.»

Preséntase Calvi, en Córcega, a pedir el título de cuna de Cristóbal

Colón. Ya en 1886 hizo colocar en su calle del Filo una lápida con la

siguiente inscripción:

_Ici est ne en 1441_

_Christophe Colomb,_

_Immortalisé par la découverte du Nouveau-Monde_

_Alors que Calvi était sous la domination Génoise._

_Mort a Valladolid, le 20 mai 1506._[345]

[345] Aquí nació en 1441 Cristóbal Colón, inmortalizado por el

descubrimiento del Nuevo Mundo, mientras que Calvi se hallaba

bajo la dominación genovesa. Murió en Valladolid el 20 de mayo

de 1506.

El capellán Casanova y el Padre J. Perreti no abrigan duda alguna de

que el gran Almirante nació en Calvi. Digno por todos conceptos de

alabanza es el libro del citado D. Martín Casanova intitulado _La

verité sur la patrie et l'origene de Cristophe Colomb_. Reconocemos el

mérito del trabajo, ora por las razones que aduce y ora por los datos

que aporta, ya por los testimonios que invoca y ya por las noticias

que comunica. Partiendo de que Calvi fué la patria de Colón, el P.

Perreti le considera francés y Casanova español, fundándose el primero

en que Francia es al presente poseedora de la isla y el segundo en que

Córcega, cuando nació Colón, formaba parte de la Corona aragonesa.

Córcega, desde que Bonifacio VIII la cedió a los reyes de Aragón en

1297, pertenecía de _derecho_, aunque no de _hecho_, toda ella a

la Corona aragonesa. Y decimos que no de hecho, porque Calvi, por

ejemplo, reconocía la dominación genovesa, sosteniendo guerras con los

aragoneses y catalanes, los cuales se apoderaron de ella y la perdieron

varias veces. Conviene no olvidar que Colón nació por el año 1436[346],

y Alfonso V el _Magnánimo_ comenzó su reinado el año 1416, muriendo el

1458.

[346] Avezac, _Année véritable de la naissance de Christophe

Columbe_ (_Boletín de la Sociedad de Geografia de Francia_,

París, 1872), dice que nació en 1446.

Antes que el capellán Martín Casanova y el P. J. Perreti, sostuvieron

otros la tesis de que Cristóbal Colón era natural de Calvi. Del

siglo XVII existe una composición (que algunos atribuyen al mismo

Colón) intitulada _Chistophorus Columbus ad Corsicam_, y en ella

se declara el gran Almirante hijo de Córcega, y por consiguiente

de Calvi, lamentándose de la enemiga que le tiene Génova. «Oh

Córcega--exclama--por haberme visto tú nacer, es por lo que Génova, mi

fiera madrastra, origen de mis males, ha sido para mí un puñal!» Más

adelante añade: «En vano desarrollé mi plan ante los Padres Conscriptos

de Génova. De todas partes partieron voces desdeñosas murmurando:

¡sería de ver que fuese de Córcega de donde nos llegase un profeta!».

Dicha composición comienza de este modo:

_Corsica non solum, ser cor et sica vocaris_

_Cum te membratim, Corsica, considero..._

y termina con estos versos:

_Corsica, cor, sicam nostris oppone tyrannis:_

_Hanc mihi vindictam, si dabis, ultus ero!_

Del mismo siglo XVII y también de poeta anónimo es otra poesía, cuyos

primeros versos los trasladaremos aquí:

_¡Madre, ó Corsica, sei di grande Eroí!_

_Ma infelice fur sempre i figli tuoi._

...........................................

Otro poeta de la misma centuria, Simón Fabiani, escribió otra

composición y en ella dice:

_O fortunata terra_

_Della nostra Balagna_[347]

_Di monti coronata e che il mar bagna,_

_Quante memorie serra_

_Il tuo grembo gentil? Da te partia_

_L'intrepido nocchier che un mondo apria._[348]

[347] Balagna se llama la comarca de que Calvi es cabeza.

[348] «¡Oh tierra afortunada de nuestra Balagna, coronada

de montes y bañada por el mar, cuántas memorias guarda tu

gentil seno! De tí partió el intrépido navegante que abrió las

puertas de un mundo.»

A últimos de la centuria décimo octava, Alejandro Franceschi publicó

otros versos dirigidos a Colón y en ellos le consideraba como hijo de

Córcega. Dice así:

_Cerchiato tu di bronzo il forte petto,_

_corresti ignoti mari, e coronato_

_fu, contra ogni speranza, il gran progetto._

_Cirno[349] ti segue con il cor di madre_

_e infiora di tua gloria il suo bel cisne._[350]

[349] Cirno es el nombre poético que los griegos dieron a la

isla de Córcega.

[350] «Cercado el pecho por la coraza, fuiste a cruzar mares

desconocidos, y coronado fué por el éxito, contra lo que todos

esperaban, tu gran proyecto. Cirno te sigue con su corazón de

madre y con los rayos de tu gloria ciñe su frente.»

Mayor autoridad tiene el insigne escritor alemán Fernando Gregorovius,

y de su _Córsica_ copiamos el siguiente párrafo: «Génova y Calvi están

en desacuerdo. Los de Calvi sostienen que Cristóbal Colón nació en su

seno, de familia genovesa allí hace tiempo establecida, suscitándose

con este motivo empeñada contienda, que recuerda el antiguo debate

entre las siete villas de Grecia, atribuyéndose el honor de haber

sido cuna de Homero. Se supone que Génova se apoderó del archivo de

la familia Colón y que mudó el nombre de la _Vía Colombo_ de dicha

ciudad por el de _Vía del Filo_. Parece además que los calvenses fueron

los primeros corsos que pasaron a América, y que todavía existen en

Calvi varios que llevan el nombre de Colombo. Los escritores corsos

consideran como su compatriota al gran navegante, y Napoleón, durante

su permanencia en la isla de Elba, dió órdenes para que se hiciesen

investigaciones sobre el particular... El mundo tendría motivos de

estar celoso si la suerte hubiese hecho nacer también en ese pequeño

país de Córcega al Almirante del Océano, hombre extraordinario, más

grande que Napoleón.» El famoso e ilustre general Paoli hablaba de

Colón como de un compatriota. En las luchas de Córcega con Génova,

cuando Paoli se veía obligado a sitiar a Calvi, ciudad donde se

mantenían firmes los genoveses, decía con frecuencia: _La culla di

Colombo e dirazzata_[351]. Entre otros muchos que sostienen que la

patria de Colón fué Calvi, citaremos al príncipe Pedro Bonaparte, quien

afirma que en Santo Domingo se encontró una piedra con un letrero en

español, perteneciente a la época del descubrimiento de dicha isla,

y cuyo letrero decía: _Maldito sea el corso que me trajo aquí_. Se

supone que el autor de la inscripción formaba parte de la pequeña

guarnición que Colón dejó en el fuerte de la _Española_ antes de su

primera vuelta a España. Arrigo Arrighi, historiador y consejero del

tribunal de Bastia, en su _Historia de Sampiero_, después de hacer

notar que tuvo a la vista documentos guardados por individuos de su

familia, con referencia a dichos papeles, dijo lo que copiamos aquí:

«La partida de bautismo del gran navegante, cuya autenticidad es ya

incontestable, prueba que nació en Calvi, de una familia corsa, cuando

los presidios de esta ciudad se hallaban bajo la dominación genovesa.»

Se ha perdido dicha partida, tal vez a causa de la ruina que sufrieron

los archivos de Calvi durante la guerra con los ingleses. Además de

Arrighi, otros escritores afirman la existencia del documento, y alguno

asegura haberlo tenido en sus manos. El notario Octavio Colonna-Cecaldi

dió fe de que muchos testigos se presentaron ante él para declarar

bajo juramento que sus padres o sus abuelos habían visto y leído la

mencionada partida de bautismo. Lo que parece hallarse probado es que

en la _calle del Hilo_ (_caruggio del Filo_) hubo una casa, antes de

existir Colón, perteneciente a una familia llamada Colombo, y, después

de la muerte del descubridor del Nuevo Mundo, la calle tomó el nombre

de _calle de Colón_ (_caruggio Colombo_). «Esto (dice el notario

Colonna-Cecaldi, en el acta que levantó) está en la tradición, en los

registros, en el plano de esta villa y en la carta de los ingenieros

militares.» En la casa a que antes hemos hecho referencia se ha

colocado dicha lápida.

[351] La cuna de Colón ha degenerado.

Hace algunos años que se planteó la tesis de que el Almirante era

descendiente de hebreos, suponiéndole extremeño, de la familia del

converso D. Pablo de Santa María, obispo de Cartagena. Don Vicente

Barrantes, con su autoridad de historiador y extremeño, refutó con

acierto en el año 1892 la opinión de que Colón era hijo de Extremadura.

Reprodújose la cuestión en 1903 por D. Vicente Paredes, en su estudio

que bajo el título de _Colón Extremeño_ se publicó en la _Revista de

Extremadura_.

Otras poblaciones, entre ellas Cúccaro, Nervi, Prudello, Oneglia,

Finale, Quinto, Palestrella, Albizoli o Albizola y Cosseria, reclaman

la gloria de ser patria de Colón.

En estos últimos tiempos, D. Celso García de la Riega, con tanta

convicción como entusiasmo, ha sostenido que Cristóbal Colón había

nacido en Pontevedra. Comienza haciendo notar el laborioso escritor

que ninguno de los documentos redactados por Colón, y que han llegado

a nosotros, lo están en lengua italiana: «Memoriales, instrucciones,

cartas y papeles íntimos, notas marginales en sus libros de estudio,

todos se hallan escritos en castellano o en latín»[352]. Hasta tal

punto llegó el insigne navegante a olvidar el italiano, que la carta

que dirigió a la Señoría de Génova no está escrita en dicha lengua.

Bien merece consignarse que al exponer a los Reyes Católicos el objeto

de su empresa, diga[353] que en el Catay domina un príncipe llamado el

Gran Kan, _que en nuestro romance_ significa rey de los reyes. ¿Por qué

Colón llama suya a la lengua castellana? Refiere Fernando Colón que

cuando su padre, desahuciado en sus pretensiones, volvió a la Rábida

decidido a dirigirse al Gobierno de otra nación, ante los ruegos de

Fr. Juan Pérez, desistió de su propósito porque su mayor deseo era que

«España lograse la empresa que proponía teniéndose por natural de estos

reinos». ¿Qué fuerza íntima--pregunta García de la Riega--le impulsaba

a tales demostraciones de afecto hacia España? Téngase en cuenta

que en la correspondencia de Colón, año 1474, con el sabio italiano

Pablo Toscanelli, ni aquél para atraerse las simpatías del segundo le

manifiesta ser su compatriota, ni el famoso cosmógrafo tiene noticia

exacta de la patria del decidido navegante, pues le considera hijo de

Portugal. No deja de llamar también la atención que Lorenzo Giraldo,

italiano, residente en Lisboa, al poner en relaciones a Colón con

Toscanelli no indicara el título de compatriota del futuro descubridor

del Nuevo Mundo[354].

[352] Conferencia del Sr. García de la Riega en sesión pública

celebrada por la Sociedad geográfica de Madrid en 20 de

diciembre de 1898, pág. 11, _Boletín_ de dicha Sociedad, tomo

XL, números 10, 11 y 12.

[353] Preámbulo de su _Diario de navegación_.

[354] Recuérdese lo dicho sobre este particular en el capítulo

XVII.

Desde que Colón se presentó en la Rábida el año 1474 comenzó a correr

en cartas, recomendaciones y gestiones de toda clase que la patria

de aquel personaje era Génova. No se olvide que en aquellos tiempos

genoveses y venecianos monopolizaban el comercio del Asia y del

Mediterráneo; no se olvide que los genoveses gozaban en España, desde

mucho tiempo antes, fama de excelentes navegantes, y cerca de los reyes

de Castilla de no poca consideración. ¿Se propuso Colón--exclama García

de la Riega--aprovechar el dictado de genovés para el buen éxito de su

empresa y para ocultar a la vez su modesto origen?[355].

[355] Ob. cit., págs 13 y 14.

Pasando a otra clase de consideraciones, habremos de manifestar la

poca luz que arrojan los libros de la época respecto a su infancia

y juventud. Todos los escritores se vieron obligados a consignar lo

que se decía de público acerca de la patria del futuro Almirante.

Pedro Mártir de Anglería, italiano, relacionado con los cortesanos

y nobles, se contenta en sus Epístolas con llamar a su amigo _vir

ligur_, el de la Liguria. Escritor tan minucioso y detallista nada

más dijo, guardando absoluto silencio del nacimiento, de la vida

y de la familia de un compatriota que había realizado hechos tan

sorprendentes. El bachiller Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios,

en cuya casa estuvo aposentado Colón a su paso por Andalucía en el

año 1496, dice que era mercader de estampas, y por lo que a la patria

del Almirante se refiere, si en el primero de los capítulos de su

_Crónica de los Reyes Católicos_ le llama «hombre de Génova», al dar

noticia de su fallecimiento en Valladolid, dice terminantemente que

era de la provincia de Milán. Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista

oficial de Indias, que trató a Colón y a los que intervinieron en

aquellos sucesos, sólo pudo enterarse de que «unos dicen que Colón

nació en Nervi, otros en Saona y otros en Cugureo, _lo que más cierto

se tiene_». El Padre Las Casas se contenta con decir que era de

nacionalidad genovesa, cualquiera que fuese el pueblo perteneciente a

la Señoría donde vió la luz primera. De modo que los cuatro escritores

que se honraron con la amistad del descubridor del Nuevo Mundo no

puntualizan hecho tan interesante.

Galíndez de Carvajal, por su parte, afirma que era de Saona. Medina

Nuncibay, autor de una crónica que se halla en la colección de Vargas

Ponce, sostiene que el Almirante era natural de los confines del

Genovesado y Lombardía, en los Estados de Milán, añadiendo que se

escribieron algunos tratadillos «dando prisa a llamarle genovés». En el

archivo de Indias se encontró Navarrete con dos documentos oficiales

escritos en los comienzos del siglo XVI: léese en uno que nació en

Cugureo, y el otro señala por lugar de su nacimiento Cugureo o Nervi.

De Fernando Colón, historiador de su padre, son textualmente las

siguientes palabras: «de modo que cuanto fué su persona a propósito

y adornada de todo aquello que convenía para tan gran hecho, _tanto

menos conocido y cierto quiso que fuese su origen y patria_; y así,

algunos que de cierta manera quieren obscurecer su fama, dicen que

fué de Nervi, otros de Cugureo, otros de Boggiasco; otros que quieren

exaltarle más, dicen era de Saona y otros _genovés_, y algunos también,

saltando más sobre el viento, le hacen natural de Placencia». No

acertamos a explicar cómo Fernando Colón, su hijo, ignora la patria

del descubridor del Nuevo Mundo. ¿Quiso ocultar el humilde origen del

Almirante?

Al estudiar otros puntos obscuros de la vida de Colón, lo primero

que salta a la vista es que confiesa, en su postrera disposición

testamentaria, la existencia de un cargo «que pesa mucho para su

ánima» con relación a D.ª Beatriz Enríquez, añadiendo que «la razón

dello non es lícito decilla». Si en esta confesión alude al hecho de

no haberse casado con la cordobesa, preguntamos nosotros: ¿Por qué no

realizó el matrimonio? ¿Por qué no descargó oportunamente su conciencia

de aquel peso a fin de que la muerte no le sorprendiera en semejante

estado? Nada de particular tendría que, ya por la universal notoriedad

que había adquirido, ya por lo altivo de su carácter, hubiera creído

que, ni aun en el trance de la muerte, debía casarse en secreto ni en

condiciones que pudieran menoscabar su fama o desconceptuarle. ¿Cabe

presumir que _la razón que no era lícito decilla_ consistió en ocultar

sus antecedentes? ¿Acaso su hermano Bartolomé se encontró en situación

semejante, y por ello falleció sin casarse y dejando un hijo natural?

Si los escritores españoles apenas aportan datos acerca del nacimiento

y de la vida de Colón antes de presentarse en Castilla, el historiador

italiano Giustiniani se contenta con noticiar que los hermanos

Cristóbal y Bartolomé habían sido cardadores de lana; y Allegretti,

en sus _Anales de Siena_ del año 1493, añade escuetamente que las

noticias del descubrimiento llegaron a Génova. «Las nuevas de ese

maravilloso descubrimiento realizado por un genovés»--escribe García de

la Riega--debieron ocasionar en Génova justificado orgullo y vivísima

curiosidad en las autoridades, en los parientes de Colón, en el clero

de la iglesia en que se bautizó, en los amigos, conocidos y vecinos de

sus padres, así como en la mayor parte de los ciudadanos. En este caso,

hubieran sido espontáneamente recordados los antecedentes del glorioso

hijo de Génova, su infancia y juventud, su educación, sus estudios, sus

prendas personales; y de todo este naturalísimo movimiento se hubieran

hecho eco los escritores contemporáneos y hubieran pasado a la historia

y llegado a nuestros tiempos datos diversos relativos a la vida y

a la familia de Colón. No ha sucedido así y semejante indiferencia

sólo puede explicarse, a mi juicio, por el hecho de que el inmortal

navegante no era hijo de Génova, ni tenía en ella parientes»[356].

Añade la leyenda que los dos hermanos tejedores, en sus ratos de ocio,

adquirieron variados conocimientos científicos, cuando no emprendían

viajes marítimos a diferentes puntos. Ya en el camino de la fábula,

documentos encontrados en los archivos, hacen a Colón y a su padre,

no cardadores, como escribe Giustiniani, sino tejedores. Cree García

de la Riega que el Almirante no fué en sus primeros años ni cardador

ni tejedor; pero los escritores coetáneos, al aceptar la nacionalidad

genovesa, procuraron confirmarla con la existencia en dicha ciudad de

familias Colombo dedicadas a cardar lana y emparentando con ellas al

inmortal navegante.

[356] Conferencia citada, págs. 21 y 22.

Pasando a estudiar los documentos que se guardan en la casa municipal,

destinados a corroborar el nacimiento de Colón en la capital de

Liguria, los escritores presentan los cuatro siguientes: una carta de

Cristóbal al magnífico Oficio de San Jorge, la minuta de contestación

a esta carta, un dibujo de la apoteosis del ilustre nauta y el llamado

codicilo militar. La carta atribuída a Colón comienza con la frase

siguiente: «Bien que el cuerpo ande por acá, el corazón está allí de

continuo.» En seguida participa a los señores del Oficio de Génova que

manda a su hijo D. Diego destine el diezmo de la renta de cada año a

disminuir el impuesto que satisfacían los comestibles a su entrada

en la citada ciudad. El extraño donativo no guarda conformidad con

otros hechos. Cristóbal Colón, antes de emprender su cuarto viaje,

dejó a su primogénito un memorial de encargos que D. Diego incluyó

en su testamento, figurando entre aquéllos el relativo a un diezmo

de la renta; mas no lo destinó al pago de los consumos de Génova, ni

a favor de pueblo alguno de Italia, sino al de los pobres. Causa no

poca extrañeza que el Almirante, tal vez pensando no regresar con

vida de aquel cuarto viaje, manifieste su amor a Dios, a la caridad,

a los reyes, a doña Beatriz y hasta al orden doméstico, no dedicando

ni una sola palabra a la ciudad de Génova. Y téngase en cuenta que la

fecha de la carta es del 2 de abril de 1502, y la del memorial fué

escrito por aquellos mismos días. Semejante contradicción no debe pasar

desapercibida, como tampoco la circunstancia de no constar que las

autoridades se hayan preocupado ni entonces ni nunca de la generosa

concesión. En la misma famosa carta se encuentra la frase de que «los

reyes me quieren honrar más que nunca.» En efecto, en aquella época

le negaban Fernando e Isabel los títulos de Virrey y Gobernador y

el ejercicio de estos cargos. El segundo documento o la minuta de

contestación a la anterior carta da lugar a una cosa rara. El mismo

gobierno que llama a Colón «clarissime amantissimeque concivis»,

pocos años después haya dado a la comarca de Saona la denominación de

«Jurisdizione di Colombo», indicando con ello que no le consideraba

hijo de Génova[357]. El tercer documento es un dibujo representando la

apoteosis de Colón, hecho por su propia mano. Conócese a primera vista

que es una grosera falsificación: vocablos castellanos, franceses e

italianos explican las diversas figuras, entre las cuales, por cierto,

no se halla la reina Isabel; pero sí, en lugar preferente, a la cabeza

y en el centro del dibujo la palabra Génova. El cuarto documento, o sea

el codicilo militar, ha sido declarado sin protesta de nadie documento

apócrifo.

[357] Véase García de la Riega, Ob. cit., pág. 25.

De otros documentos que pudiéramos llamar auxiliares--y seguimos la

narración de García de la Riega--, vamos a ocuparnos, con los cuales

se han querido reforzar los argumentos para sostener que Génova era la

patria del Almirante. Correspondientes al período comprendido entre

los años 1456 y 1459, se han hallado en el Archivo del Monasterio de

San Esteban de la Vía Mulcento, de Génova, papeles con los nombres de

Dominico Colombo y de Susana Fontarossa o Fontanarossa, y de los hijos

Cristóbal, Bartolomé y Diego. No tuvo en cuenta el falsificador de los

documentos que Diego nació el 1463 o 1464, como tampoco hubo de fijarse

que Juan, segundo o tercer hermano de Colón, y Blanca, hermana de dicho

Almirante, vivían por los citados años de 1456 a 1459. Otro documento

que han encontrado los comisionados de la Academia genovesa, encargados

de informar acerca de la patria del descubridor, ha sido un antiguo

manuscrito, en cuya margen un notario escribió que Colón había sido

bautizado en la iglesia de San Esteban de la Vía Mulcento. ¿De dónde

sacaría la noticia el buen notario? Y cuando todo el mundo se ocupaba

del descubrimiento, y el nombre de Colón adquiría la inmortalidad,

sólo pasaba inadvertido para los religiosos de San Esteban, los cuales

necesitaron que un notario, tiempo adelante, estampase la noticia.

Otra de las pruebas consiste en la presentación de dos papeles, uno

en 1470 y otro en 1472: dice en el primero, Christophorus de Columbo,

filius Dominici, _mayor de diez y nueve años_; y en el segundo,

Christophorus Columbus, lanerius de Januua lex Letoriæ egressus, esto

es, _mayor de veinticinco_. De modo que, en dos años pasó de diez y

nueve a veinticinco; en el primer papel es _Columbo_, y en el segundo

_Columbus_, llamando todavía más la atención lo de _lanerius_, de

Génova. Posible es que en el año 1472 Colón marchase a Italia con

objeto de visitar a sus padres; pero el que se iba a casar con una

joven distinguida, el que abrigaba ideas tan elevadas y era ya conocido

como excelente marino, seguramente no firmaría, como tejedor de lanas,

en documentos notariales. Además, no se olvide que en aquella región

de Italia, y por entonces, se encontraban varios Dominicos Colombo,

pudiéndose afirmar que eran tan vulgares como Juan García o José

Fernández en España. Prescindimos de otros documentos todavía más

absurdos, y pasamos a otro asunto de más interés.

El apellido del descubridor del Nuevo Mundo, ¿era Colombo o Colón?

Ante todo conviene saber que muchos apellidos italianos y españoles

se derivan de la lengua latina, de modo que Colombo, lo mismo en los

dos idiomas modernos, procede de Columbus. En los reinos de León y de

Galicia se hallan pueblos y parroquias con la denominación de Santa

Colomba, y familias que tienen el apellido de Coloma. A la pregunta

anteriormente hecha responderemos que el apellido del Almirante

era Colón. Probado está, por la carta del rey D. Juan invitándole

a volver a Lisboa, que en Portugal usó el apellido Colón; en las

estipulaciones de Santa Fe se estampó también Colón; indudablemente con

el beneplácito del gran navegante; y Pedro Mártir, en carta que dirigió

al conde Borromeo, con fecha 14 de mayo de 1493, dijo: «Christophorus

Colonus.» «Fernando Colón--escribe García de la Riega--, al tratar

esta materia en la historia de su padre y al comentar alegóricamente

ambos apellidos, asegura que _si queremos reducirle a la pronunciación

latina, es Christophorus Colonus_; y no sólo insiste en afirmarlo,

sino que también añade la singularísima indicación de que el Almirante

_volvió a renovar_ el de Colón.» Nos explicamos de la siguiente manera

la renovación del apellido Colón. Es posible que nuestro célebre

descubridor, en los tiempos en que navegaba por el Mediterráneo,

seducido por la fama de los almirantes Colombo _el Viejo_ y Colombo _el

Mozo_, o también porque Nicolo, Zorzi, Giovanni y otros distinguidos

marinos usufructuaron tal sobrenombre, él lo llevó algún tiempo,

arrepintiéndose pronto y volviendo a llamarse Colón.

Antes de manifestar la existencia de los apellidos Colón y Fonterosa,

durante los siglos XV y XVI, en la citada provincia gallega,

recordaremos «la importancia marítima que Pontevedra tenía en el mismo

siglo XV, ya como puerto de Galicia, ya como uno de los principales

astilleros de Castilla en aquella época. Patria es de los almirantes

Payo Gómez, Alvar Páez de Sotomayor y Jofre Tenorio, en la Edad Media;

del ilustre marino al servicio de Portugal, Juan da Nava, descubridor

de las islas de la Concepción y de Santa Elena, en el entonces recién

hallado camino de la India por el Cabo de Buena Esperanza; de Bartolomé

y Gonzalo Nodal, descubridor éste último del Estrecho que injustamente

lleva el nombre de Lemaire; de Pedro Sarmiento, a quien publicistas de

Inglaterra llaman el primer navegante del siglo XVI; de los almirantes

Matos, que brillaron en el XVII, y de otros distinguidos marinos, entre

los cuales descuella en nuestros tiempos el ilustre Méndez-Núñez»[358].

[358] García de la Riega, Ob. cit., pág. 33.

Veamos ahora los documentos más importantes:

1.º Escritura de carta de pago dada a Inés de Mereles por Constanza

Correa, mujer de Esteban de _Fonterosa_, fecha 22 de junio de 1528.

2.º Escritura de aforamiento por el Concejo de Pontevedra a

Bartolomé de Sueiro, y a su mujer María _Fonterosa_, fecha 6 de

noviembre de 1525.

3.º Ejecutoria de sentencia del pleito, ante la Audiencia de la

Coruña, entre el Monasterio del Poyo y Don Melchor de Figueroa,

vecino y alcalde de Pontevedra, sobre foro de la heredad de

Andurique, en cuyo texto se incluye por copia la escritura de

aforamiento de dicha heredad, hecho por el expresado Monasterio a

Juan de Colón, mareante de aquella villa, y a su mujer Constanza de

_Colón_, en 13 de octubre de 1519.

4.º Escritura de aforamiento por el Concejo de Pontevedra a María

Alonso, de un terreno cercano a la Puerta de Santa María, señalando

como uno de sus límites la heredad de _Cristobo (xp.º) de Colón_,

en 14 de octubre de 1496.--Folio 20 vuelto.

5.º Acuerdo del Concejo de Pontevedra, nombrando fieles cogedores

de las rentas del mismo año (1454), entre otros, a _Jacob

Fonterosa_. Folio 66 del libro que comienza en 1437 y termina en

1463.

6.º Acuerdo del Concejo de Pontevedra, nombrando fieles cogedores

de las rentas de la villa en dicho año (1444), entre otros, a

_Benjamín Fonterosa_.--Folio 48 del citado libro.

7.º Minutario notarial de 1440, folio 4 vuelto. Escritura de

censo a favor de Juan Osorio, picapedrero, y de su mujer María de

_Colón_, fecha 4 de agosto del citado año.

8.º Acuerdo del Concejo (Pedro Falcón, juez; Lorenzo Yáñez,

alcalde, y Fernán Pérez, jurado), mandando pagar a _Domingos de

Colón_ y _Benjamín Fonterosa_ 24 maravedís viejos, por el alquiler

de dos acémilas que llevaron con pescado al arzobispo de Santiago:

su fecha, 29 de julio de 1437.--Folio 26 del mencionado libro.

9.º Minutario notarial de 1436. Escritura de aforamiento, en la

cual se halla el nombre de _Jacob Fonterosa el Viejo_: fecha, el 21

de marzo de dicho año.

10. Minutario notarial que comienza el 28 de diciembre de 1433 y

termina el 20 de marzo de 1435. Escritura del 29 de septiembre de

1434 de compra de casa y terreno hasta la casa de _Domingos de

Colón el Viejo_, etc.--Folio 85 vuelto.

11. Minutario anterior. Escritura de venta (11 de agosto de 1434)

de la mitad de un terreno que fué casa en la rua de las Ovejas,

por María Eans a Juan de Viana _el Viejo_ y a su mujer María de

_Colón_, moradores en Pontevedra.--Folio 80.

12. Minutario notarial de 1434 y 1435. Dos escrituras correlativas,

en que el abad del monasterio de Poyo se obliga a pagar

respectivamente 274 maravedís de moneda vieja a Blanca Soutelo,

heredera de _Blanca Colón_, difunta, mujer que fué de Alonso de

Soutelo, y 550 maravedís de la misma moneda a Juan García, heredero

de dichos Alonso de Soutelo y su mujer _Blanca Colón_: su fecha, 19

de enero de 1434.--Folios 6 vuelto y 7.

Fijándonos en el documento señalado con el número 8, cabe pensar si el

Domingos de Colón casó con una Fonterosa y de cuyo matrimonio naciese

el descubridor del Nuevo Mundo. Resulta del mencionado acuerdo que el

Domingos de Colón era alquilador de acémilas: ¿sería absurdo suponer

que las preocupaciones sociales de aquellos tiempos obligaron al

Almirante a ocultar su origen y patria?

A todo esto debe añadirse que la madre de Colón se llamaba Susana

Fonterosa, familia hebrea, sin duda, o por lo menos de cristianos

nuevos: ¿tendría interés Colón de no revelar tales antecedentes, dado

el odio a dicha raza en todas las naciones, y muy especialmente por

los Reyes Católicos?--«¿No merecería examen en este caso--escribe

García de la Riega--la inclinación de Colón a las citas del

Antiguo Testamento?»[359]. Es de notar su estilo y sus fantásticas

descripciones, sus metáforas y sus invocaciones, donde aparecen nombres

bíblicos (Israel, Judá, David, Jerusalén, etc.).

[359] Ob. cit., pág. 27.

De una carta de Colón escrita en Jamaica y dirigida a los Reyes

Católicos, con fecha 7 de julio de 1503, son los siguientes párrafos.

Hallábase sólo en brava costa y con fuerte fiebre, y habiéndose

adormecido oyó una voz piadosa que le decía:

«¡O estulto y tardo a creer y a servir a sus Dios, Dios de todos!

¿Qué hizo él más por Moisés o por David, su siervo? Desque naciste,

siempre él tuvo de tí muy grande cargo. Cuando te vido en edad de

que él fué contento, maravillosamente hizo sonar tu nombre en la

tierra. Las Indias, que son parte del mundo, tan ricas, te las dió

por tuyas; tú las repartiste a donde te plugo, y te dió poder para

ello. De los atamientos de la mar océana, que estaban cerrados con

cadenas tan fuertes, te dió las llaves; y fuiste obedecido en tantas

tierras, y de los cristianos cobraste tan honrada fama. ¿Qué hizo el

más alto pueblo de Israel cuando le sacó de Egipto? ¿Ni de David, que

de pastor hizo Rey en Judea? Tórnate a él y conoce ya tu yerro: su

misericordia es infinita; tu vejez no impedirá a toda cosa grande;

muchas heredades tiene él grandísimas. Abraham pasaba de cien años

cuando engendró a Isaac, ¿ni Sara era moza? Tú llamas por socorro

incierto: responde, ¿quién te ha afligido tanto y tantas veces, Dios

o el mundo? Los privilegios y promesas que da Dios, no las quebranta,

ni dice después de haber recibido el servicio, que su intención no era

ésta, y que se entiende de otra manera, ni da martirios por dar color

a la fuerza; él va al pie de la letra; todo lo que él promete cumple

con acrescentamiento, ¿esto es uso? Dicho tengo lo que tu Criador ha

fecho por tí y hace con todos. Ahora medio muestra el galardón de estos

afanes y peligros que has pasado sirviendo a otros.

Yo así amortecido vi todo; mas no tuve yo respuesta a palabras tan

ciertas, salvó llorar por mis yerros. Acabó él de fablar, quien quiera

que fuese, diciendo: «No temas, confía: todas estas tribulaciones están

escritas en piedra mármol y no sin causa»[360].

[360] Hernández de Navarrete, _Colec. de los viajes y

descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines

del siglo XV_, tom. I, págs. 303 y 304.

También indica el origen semítico de Colón el retrato que hacen

de él los historiadores de aquellos tiempos, según puede verse

considerando el famoso regateo de Colón con los Reyes Católicos en las

capitulaciones de Santa Fe.

Pasando a otro asunto diremos que la huerta de Andurique--añade el

historiador de Pontevedra--aforada por el monasterio de Poyo a Juan de

Colón, y situada a medio kilómetro de dicha población, linda con otras

heredades de la pequeña ensenada de Portosanto, lugar de marineros

en la parroquia de San Salvador. Cristóbal Colón bautizó a las dos

islas que halló en su primer viaje con los nombres de _San Salvador_

(Guanahaní) y la _Concepción_, dando con ellos pruebas de sus creencias

religiosas. En seguida descubrió tres islas, a las cuales llamó

_Fernandina_, _Isabela_ (Saometo) y _Juana_ (Cuba), en demostración

de su gratitud a D. Fernando, a Doña Isabel y al príncipe D. Juan,

primogénito de los reyes. Continuó su camino y llegó a un río y puerto

que llamó de _San Salvador_, recorrió otras tierras, puso una cruz

en la entrada de un puerto, que llamó _Portosanto_ (hoy de Baracoa).

Tiempo adelante visitó la isla Española (Haití). Todo esto lo hace

notar García de la Riega en su erudita _Conferencia_[361]. A los que

escriben que el Almirante dió el nombre de Portosanto en memoria de que

su suegro había sido gobernador de la isla portuguesa así llamada, no

recuerdan seguramente que el inmortal navegante tenía hijos, hermanos,

su amada Doña Beatriz, etc. Si Colón hubiese nacido en Pontevedra, nada

tendría de particular que repitiese la denominación de San Salvador y

de Portosanto, parroquia y lugar donde quizás fué bautizado y tuvo su

cuna. En su segundo viaje Colón bautizó a una isla con el nombre de

_La Gallega_. ¿Quiso unir en el nombre La Gallega dos recuerdos: el de

la carabela _Santa María_ o _La Gallega_ y el de Galicia?[362].

[361] Pág. 37.

[362] «_La Capitana_--escribe Gonzalo Fernández de Oviedo--era

_La Gallega_, que había sido un buque de carga destinado al

transporte de mercancías. Se llamó _La Gallega_, dedicada

a Santa María, y nombre que se repite muchas veces.» Y el

elocuentísimo Castelar añade «que la nao _La Gallega_ fué

rebautizada en el Puerto de Palos con el nombre _Santa

María_.» Del Padre Sarmiento, benedictino, son las siguientes

palabras: «La nao _La Gallega_ se construyó en Pontevedra, y

fue dedicada a _Santa María la Grande_, parroquia de todos los

marineros de aquellos lugares.»

En el tercer viaje denominó _Trinidad_ a la primera isla que descubrió,

y Cabo de la _Galea_ (hoy Cabo Galeote) al primer promontorio. Recuerda

a este propósito el citado escritor un documento que contiene la compra

de una casa por Payo Gómez de Sotomayor (rico hombre de Galicia,

Mariscal de Castilla, Caballero de la Banda y Embajador en Persia de

Enrique III), y su mujer D.ª Mayor de Mendoza (sobrina del arzobispo

de Santiago), en cuya escritura se menciona, como parte del contrato,

el terreno hasta la casa de Domingo de Colón el Viejo, con salida al

_eirado_ de la puerta de la Galea. El dicho eirado, inmediato al lugar

que ocupaba la puerta y torre de la Galea, es una plaza o espacio

irregular entre varios edificios, tapias y muelle al fondeadero llamado

de la Puente. Nada de particular tendría el nombre de Cabo de la Galea,

si Colón hubiese jugado en su niñez en aquel eirado, vecino a la casa

de un pariente muy cercano.

No limitándose el historiador gallego a estudiar los documentos

referentes a las familias de Colón y Fonterosa, cuyos dos apellidos

eran los del Almirante de las Indias, estudia otro que arroja potentes

rayos de luz en el obscuro campo de la Historia. Tal es la cédula

del arzobispo de Santiago, fechada el 15 de marzo de 1413, dirigida

al Concejo, Juez, Alcaldes, Jurados y hombres buenos de su villa de

Pontevedra, mandándoles entregar _cogidos y recabdados_, quince mil

maravedís de moneda vieja a maese Nicolao Oderigo de Génova. Casi un

siglo después, otro Nicolao Oderigo, a quien el Almirante le confió

en 1502 las copias de sus títulos, despachos y escrituras--lo cual

indica la estrecha amistad que había entre ambos--había sido legado

del Gobierno genovés cerca de los Reyes Católicos. ¿Sería el segundo

Oderico descendiente del primero? Si aquél fué mercader de telas de

seda y de otros géneros de la industria italiana, y el último desempeñó

el cargo de legado en la Corte de Castilla, ¿sería aventurado presumir

que la amistad de Colón con el mencionado legado tenía antigua fecha en

su familia, y provenía de la protección del Oderigo a que se refiere

la cédula del Prelado compostelano? Si los padres del Almirante fueron

individuos de las familias Colón y Fonterosa, residentes en Pontevedra

y emigrados luego a Italia, puede aceptarse que tuvieron relaciones

más o menos directas con los Oderigos. ¿Conocía el legado Nicolao

Oderigo la verdadera patria de su amigo el Almirante, como parece

deducirse del hecho de haber retenido las copias que se le confiaron,

y que no fueron entregadas a las autoridades de Génova hasta cerca

de dos siglos después por Lorenzo Oderigo? Cree el Sr. García de la

Riega que el matrimonio Colón-Fonterosa, residente en Pontevedra,

emigró a Italia a consecuencia de las perturbaciones ocurridas, o por

otras causas, hacia los años 1444 al 1450, aprovechando las relaciones

comerciales existentes entre ambos países. Llevó en su compañía a sus

dos hijos mayores--pues los demás nacieron posteriormente--, utilizando

para establecerse en Génova, en Saona o en otras poblaciones cercanas,

recomendaciones para el arzobispo de Pisa, que a la sazón era clérigo

_sine cura_ de la iglesia de Santa María la Grande, de Pontevedra, y

cobraba un quiñón de sardina a los mareantes de dicha población; o tal

vez se valiese de relaciones directas o indirectas con la familia de

Oderigo. Allí adquirió Cristóbal algunos conocimientos y se dedicó a

la profesión de marino. Navegó durante veintitrés años, y cambiando su

apellido por el de Colombo se puso quizás bajo las órdenes de Colombo

el _Viejo_ o de Colombo el _Mozo_, famosos corsarios de aquellos

tiempos. Antes de dirigirse a Portugal, donde los descubrimientos y

viajes de los portugueses habían inmortalizado aquel reino, Colón vivió

en la isla de la Madera, adquiriendo por entonces relaciones con Alonso

Sánchez, de Huelva, y trasladándose luego a Lisboa. En la capital de

Portugal concibió el proyecto de surcar el Atlántico en dirección al

Oeste. Desechado su plan por el gobierno de Portugal, se presentó al

de España fingiéndose genovés, ya para encubrir su humilde origen, ya

para ocultar otra condición de raza de su familia materna. Cuando se

vió en el apogeo de la gloria, tanto él como sus hermanos y sus hijos

siguieron ocultando patria y origen. «¡Quién sabe--exclama García de la

Riega--si aquel hebreo que moraba a la puerta de la judería de Lisboa,

para el cual dejó una manda en su testamento y _cuyo nombre reservó_,

era pariente materno del eximio navegante!»[363]. Nada de particular

tendría que Cristóbal Colón, en alguno de sus viajes a los mares del

Norte, hiciese escala en Pontevedra, y convencido de que en aquella

población nadie conservaba recuerdo de sus padres y de su familia, se

decidió a fingirse hijo de Génova, lo cual, a falta de pruebas con

respecto al lugar verdadero de su cuna, aceptó la historia. Después de

relatar, aunque sucintamente, la conferencia de García de la Riega,

recibimos de dicho señor la siguiente noticia:

[363] Ob. cit., pág. 42.

«Recientemente, derribado un viejo altar en la parroquial de Santa

María de esta ciudad, apareció un hueco en forma de arco y en su pared

una inscripción de principios del siglo XVI, grabada en piedra con

letra gótica alemana (de aquella época), relativa a un Juan de Colón

(mareante de Pontevedra), que era sin duda el que figura con el mismo

nombre en el tercer viaje del gran descubridor; además, los varios

documentos del siglo XV hallados aquí, exhiben desde 1428 el mismo

apellido precedido con la partícula _de_. Ahora bien, en una cláusula

del testamento e institución de mayorazgo, documento que Colón y su

heredero reservaron y que tiene la fecha de febrero de 1498, aquél

consignó que «_su verdadero linaje_ es el de los llamados _de_ Colón».

Y ¿quién califica de _verdadero_ a su linaje sino en presencia de uno

ficticio o supuesto, el de los Colombo italianos? Por consiguiente,

en esa cláusula Colón desvirtúa su declaración _heráldica_ de haber

nacido en Génova. Y esto hay que enlazarlo con el hecho de que en

las famosas estipulaciones de Santa Fe (1492) el futuro Almirante,

Virrey, etc., estampó el apellido _Colón_, que anteriormente _se le

daba en Portugal_, y no el de Colombo. Acaso temió dificultades y

peligros para el porvenir si no consignaba su verdadero apellido en tan

solemne y transcendental documento, pues era hombre sumamente cauto y

receloso»[364]. Hemos terminado la larga relación del Sr. García de la

Riega (Apéndice H).

[364] Parte de una carta de D. Celso G. de la Riega, escrita

al autor de esta obra desde Pontevedra y con fecha 3 de

noviembre de 1912.

Añadiremos por nuestra parte que mientras los israelitas del Antiguo y

del Nuevo Mundo, inspirados por el sentimiento de raza, se enorgullecen

con tener entre sus antepasados a Colón; y mientras que en el Antiguo

y Nuevo Mundo hombres ilustres proclaman el origen español del

descubridor de América, nosotros esperamos más datos y más noticias

para resolver cuestiones tan complicadas. Aunque mucho nos halagaría

poder decir que Colón era español, sin embargo, no dejaremos de copiar

los dos versos que se hallan escritos en las paredes del convento de la

Rábida, firmados con las iniciales F. G. F.:

¡Al nauta genovés, honor y gloria!

¡Bendecid, españoles, su memoria!

Y tentados estamos para hacer nuestra la siguiente octava del poeta

Foxá, escrita cuando Génova erigía a Colón magnífico monumento:

«A tu memoria el genovés levanta

gigante estatua que respeta el viento;

de noble aspecto y de riqueza tanta,

cuanta puede crear el pensamiento.

--Pero la patria que tu nombre canta

y te consagra eterno monumento,

¿qué parte tuvo en tu inmortal hazaña?

¡Toda tu gloria pertenece a España!»

De la familia de Cristóbal Colón sólo diremos que es cierto que su

padre se llamaba Domenico y su madre Susana Fontanarrosa; que, además

de Bartolomé y Diego, tuvo otro hermano que se llamó Juan Peregrín, el

cual murió joven, y que su hermana Blanquineta casó con el industrial

Santiago Rayarello[365].

[365] Blanquineta y Santiago tuvieron un hijo de nombre

Pantaleón.

Procede ya referir los sucesos acaecidos al futuro descubridor del

Nuevo Mundo en Portugal. Colón, acompañado de su hermano Bartolomé,

llegó a Lisboa, a últimos del año 1476[366]. Habitaba cerca del

Monasterio de _Todos los Santos_, en cuya iglesia debió conocer a la

joven Felipa Muñiz. Prendóse de ella y la obtuvo en matrimonio. La

primera noticia del nombre de la mujer del futuro Almirante, aparece en

el testamento de su hijo Diego, quien la llama Felipa Muñiz. Bastantes

años después, Fernando Colón añadió segundo apellido, y la dió el

nombre de Felipa Muñiz Perestrello[367]. Felipa era hija--según todas

las señales--de Bartolomé Perestrello, genovés naturalizado en Portugal

y distinguido navegante de la casa del nunca bastante alabado infante

D. Enrique[368]. Cristóbal Colón vino a Portugal, como otros muchos, en

busca de fortuna, arrastrado, seguramente, por las noticias que corrían

acerca de los navegantes y descubrimientos portugueses, pues a la

sazón era Lisboa un centro náutico de gran importancia. Además no debe

olvidarse que en la capital del reino lusitano se hallaban establecidos

muchos italianos, en particular genoveses. Ya en Portugal, un poco

antes o un poco después, emprendió un viaje a Thule[369] e hizo otros a

diferentes puntos. Parece probado que Porto-Santo, isla descubierta por

exploraciones dirigidas bajo la dirección del infante D. Enrique, se

entregó en feudo a la familia de los Perestrellos.

[366] Otros dicen que llegó entre el año 1470 y 1472. Lo único

que puede asegurarse es--pues lo dice él mismo--que en febrero

de 1477 estaba en Lisboa.

[367] Algunos dicen Palestrello.

[368] Felipa, siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, pudo

usar el apellido materno antes que el paterno, y llamarse

Muñiz Perestrello.

[369] P. Las Casas, _Hist. general_, lib. I.

De lo que no cabe duda es que, Pedro Correa, casado con una hermana

de Felipa, tuvo el mando superior de Porto Santo, a la muerte de su

suegro y de su suegra. Y afírmase por algunos que Miguel de Muliarte,

de Huelva, era marido de Violante Muñíz, hermana también de Felipa[370].

[370] Pero Miguel de Muliarte y Violante Muñíz, ¿eran

realmente cuñados de Colón, como afirma Fernández Duro, en la

_Nebulosa de Colón_, págs. 18-29? Es de advertir que tiempo

adelante, según cartas que se conservan, Muliarte trataba

con mucho respeto a su protector Cristóbal Colón, hasta el

punto que en dicha correspondencia no aparece señal alguna de

familiaridad o parentesco.

Cuando murió Bartolomé Perestrello, Colón pudo adquirir los mapas,

diarios y notas de viajes de su suegro. También su cuñado Correa le

dió algunas noticias, decidiéndose entonces Cristóbal Colón a ir a las

famosas Indias, no por el Oriente, que era la idea de los portugueses,

sino por el Occidente, por el Atlántico, mar que siempre había sido

mirado con temor supersticioso. Del mismo modo, Colón, a la muerte de

su cuñado, debió de hacerse dueño de los documentos y cartas de éste.

No abrigamos duda alguna de que Colón se decidió entonces a realizar su

viaje.

El que reveló a Colón las tierras trasantlánticas fué--según la opinión

de algunos cronistas--Alonso Sánchez de Huelva. Véase lo que dice sobre

el particular Oviedo: «Quieren decir algunos que una carabela que desde

España passaba para Inglaterra cargada de mercadurías é bastimentos,

assi como vinos é otras cosas que para aquella isla se suelen cargar

(de que ella caresçe é tiene falta), acaesçió que le sobrevinieron

tales é tan forçosos tiempos é tan contrarios, que ovo neçessidad de

correr al poniente tantos días, que reconosçió una ó más de las islas

destas partes é Indias; é salió en tierra é vido gente desnuda de

la manera que acá la hay, y que cessados los vientos (que contra su

voluntad acá la trajeron), tomó agua y leña para volver a su primero

camino. Dicen mas: que la mayor parte de la carga que este navío traía

eran bastimentos é cosas de comer é vinos, y que assi tuvieron con qué

se sostener en tan largo viaje é trabajo, é que despues le hizo tiempo

a su propósito y tornó a dar la vuelta, é tan favorable navegacion

le suçedió, que volvió a Europa é fué a Portugal. Pero como el viaje

fuesse tan largo y enojoso, y en especial a los que con tanto temor é

peligro forçados le hicieron, por presta que fuesse su navegacion, les

duraría cuatro ó cinco meses (ó por ventura más) en venir acá é volver

a donde he dicho. Y en este tiempo se murió quasi toda la gente del

navío é no salieron de Portugal sino el piloto, con tres ó cuatro ó

alguno más de los marineros, é todos ellos tan dolientes, que en breves

días después de llegados murieron.

»Diçese junto con esto que este piloto era muy íntimo amigo de

Chripstóbal Colom, y que entendía alguna cosa de las alturas, y marcó

aquella tierra que halló de la forma que es dicho, y en mucho secreto

dió parte de ello a Colom, é le rogó que le fiçiesse una carta y

assentase en ella aquella tierra que había visto. Diçese que él le

recogió en su casa como amigo, y le hizo curar, porque tambien venía

muy enfermo; pero que tambien se murió como los otros; é que assi

quedó informado Colom de la tierra é navegación destas partes, y en él

solo se resumió este secreto. Unos diçen que este maestre ó piloto era

andaluz, otros le hacen portugués, otros vizcaino; otros diçen quel

Colom estaba entonces en la isla Madera, é otros quieren deçir que en

la de Cabo Verde, y que allí aportó la carabela que he dicho, y él ovo

por esta forma notiçia desta tierra. Que esto passase así ó no, ninguno

con verdad lo puede afirmar; pero aquesta novela ansí anda por el mundo

entre la vulgar gente de la manera que es dicho. Para mí yo lo tengo

por falso, é como dice el agustino: _Melius est dubitare de ocultis,

quam litigare de incertis_. Mejor es dubdar de lo que no sabemos, que

porfiar lo que no está determinado»[371].

[371] _Historia general y natural de las Indias_, lib. II,

cap. II, pág. 13.

Añade el inca Garcilaso de la Vega que cerca del año 1484, un piloto

natural de la villa de Huelva (condado de Niebla), llamado Alonso

Sánchez de Huelva, tenía un navío pequeño, en el cual llevaba de España

a las Canarias algunas mercaderías y allí las vendía; y de las Canarias

cargaba frutos que transportaba a la isla de la Madera, volviéndose a

España con azúcar y conservas. En cierta ocasión, atravesando de las

Canarias a la isla de la Madera, dejóse llevar de recio y tempestuoso

temporal. Al cabo de veintiocho o veintinueve días, sin saber por

dónde ni a dónde iba, se encontró cerca de una isla, tal vez Santo

Domingo, según todas las señales. El piloto saltó a tierra, tomó la

altura y escribió todo lo que vió. A la vuelta le faltó el agua y el

bastimento, comenzando a enfermar y morir de tal manera la tripulación,

que de 17 hombres que salieron de España no llegaron a la Tercera más

de cinco, entre ellos el piloto Alonso Sánchez de Huelva. Fueron a

parar a casa de Cristóbal Colón, genovés, porque supieron que era gran

piloto y cosmógrafo, y que hacía cartas de marear. Recibiólos Colón con

mucho cariño; pero iban tan enfermos que murieron todos en su casa,

«dexándole en herencia los trabajos que les causaron la muerte[372]:

los quales aceptó el gran Colón con tanto ánimo y esfuerzo, que

habiendo sufrido otros tan grandes y aun mayores, pues duraron más

tiempo, salió con la empresa de dar el Nuevo Mundo y sus riquezas a

España, como lo puso por blasón en sus armas, diciendo: _a Castilla y a

León, Nuevo Mundo dió Colón_»[373].

[372] Documentos y mapas importantes.

[373] _Historia general del Perú_ o _Comentarios Reales de los

Incas_, tomo I, págs. 11-15.[smudge or '--'?]--Madrid, 1800.

Lo mismo que Oviedo y el inca Garcilaso refieren López de Gomara,

Acosta y algunos más. Lope de Vega, en su comedia _El Nuevo Mundo

descubierto por Christobal Colón_, escrita en el año 1604, el piloto

Sánchez de Huelva dice al insigne genovés lo siguiente:

«La misma tormenta fiera

que allí me llevó sin alas,

casi por el mismo curso

dió conmigo vuelta a España.

No se vengó solamente

en los árboles y jarcias,

sino en mi vida, de suerte

que ya, como ves, se acaba.

Toma esas cartas, y mira

si a tales empresas bastas,

que si Dios te da ventura,

segura tienes la fama.»

Sobre este particular añade el Sr. Fernández Duro: «Los que la tachan

de invención despreciable, no se han fijado, al parecer, en que el

más interesado, el Almirante mismo, consignó en sus Memorias[374]

que un marinero tuerto, en el Puerto de Santa María, y un piloto, en

Murcia, le aseguraron haber corrido con temporal hasta lejanas costas

de Occidente, donde tomaron agua y leña para regresar. Los nombres no

comunicó, ni dijo hasta qué punto las confidencias se extendieron; mas

la declaración confirma plenamente, en lo esencial, aquello que entre

la gente de mar corría por válido. Que el piloto muriese en su casa

y le legara los papeles, adorno añadido puede muy bien ser; que el

piloto existió y de su boca supo cómo había ido y vuelto de las tierras

incógnitas, confirmado por él está»[375].

[374] El P. Las Casas, _Historia de Indias_, libro I, capítulo

XIII.

[375] _La tradición de Alonso Sánchez de Huelva._--_Boletín de

la Real Academia de la Historia_, tomo XXI, página 45.

Más adelante escribe: «Con las indicaciones vulgares se vislumbra ya,

desde luego, que hubo más de una expedición o aventura desgraciada, y

que vascos, andaluces y portugueses intentaron la empresa que Cristóbal

Colón llevó a cabo»[376].

[376] Ibidem, pág. 46.

* * * * *

Pero ¿puede acaso llamarse descubridores de América, ni lo son, cuantos

columbraron la existencia de aquellos Continentes, o los que se admita

o algún día llegue a probarse que de hecho aportaron a las playas

americanas, ora queriendo, o bien llevados allá por no poder resistir

el empuje de los vientos o a las corrientes del Océano?[377].

[377] Ibidem, pág. 51.

Por nuestra parte, se nos ocurre preguntar: Si--como dice la narración

de Oviedo y de otros--Colón es el único depositario del secreto,

¿quién, cómo y cuándo lo ha revelado? En asunto de tanta importancia,

añadiremos que, aun admitiendo que por el año 1000 de nuestra Era--como

se dijo en el capítulo III de este tomo--valientes marinos normandos de

Islandia llegaron a las costas de Groenlandia, de Labrador, de la Nueva

Inglaterra, y acaso hasta donde hoy está Nueva York; aun admitiendo lo

que de Alonso Sánchez de Huelva se refiere, y aun admitiendo otras

expediciones, descubrimientos y noticias, nada importa para la gloria

del inmortal nauta.

Con respecto a la ciencia del futuro descubridor del Nuevo Mundo, él

mismo, en carta a los Reyes Católicos, escribe lo que a continuación

copiamos: «En la marinería me hizo Dios abundoso; de astrología me

dió lo que abastaba y ansí de geometría y aritmética; y engenio en

el anima y manos para dibujar esfera, y en ella las cibdades, ríos

y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio. Yo he visto y

puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historia,

coronicas y filosofía y de otras artes, ansí que me abrió Nuestro

Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de

aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion de ello».

Probado se halla--aunque otra cosa diga Fernando Colón en su historia

del Almirante--que el descubridor del Nuevo Mundo no estudió ni poco

ni mucho tiempo en la renombrada Universidad de Pavía. Debió pasar su

infancia al lado de su padre y de sus hermanos. A los catorce años,

o tal vez de más tierna edad, se lanzó al mar, adonde le llamaban

sus constantes inclinaciones y ardientes deseos. Sirviese o no Colón

bajo las órdenes de los corsarios Colombos, el asunto carece de toda

importancia[378]. «De muy pequeña edad--dice Cristóbal Colón en carta

a los Reyes Católicos escrita en 1501--entré en la mar navegando e lo

he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina a quien le prosigue, a

desear de saber los secretos de este mundo. Ya pasan de cuarenta años

que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he

andado». En otro lugar se lee: «El año de 1477, por febrero, navegué

más allá de Tile cien leguas, cuya parte austral dista de la equinocial

73 grados y no 63 como dicen algunos... Veintitrés años he andado por

el mar sin salir de él, por tiempo que deba descontarse--dice en otro

sitio--ví todo el Levante y el Poniente, y al Norte de Inglaterra. He

navegado a Guinea; pero en ninguna parte he visto tan buenos puertos

como estos de la tierra de las Indias»[379].

[378] El conde Roselly de Lorgues cree que eran dos corsarios:

el _Archipirata_, verdadero Duguay-Tronin de la Liguria, y

su sobrino _Colombo el Mozo_. _Historia de Cristóbal Colón_,

tomo I, página 63. Barcelona, 1892. Añade D. Juan Solari

que no están en lo cierto los escritores que hacen a Colón

pariente de los citados corsarios y le consideran al servicio

de Colombo el _Mozo_. Hace también observar que los tales

corsarios no eran genoveses, ni aun italianos, sino gazcones;

y sus apellidos eran Cazeneuve y de sobrenombre Coullon,

que historiadores complacientes han traducido por Columbus

y Colombo.--_La cuna del descubridor de América Cristóbal

Colón._ Homenaje al centenario de la República Argentina. 25

de mayo de 1910.

[379] Fernando Colón, _Historia del Almirante_, tom. I. cap.

IV.

Se ha creído por algunos que sólo Colón y otros pocos sabios

contemporáneos creían en la forma esférica de la tierra. Ignoran que

ya lo dijeron muchos, entre ellos Aristóteles (384-321), Arquímedes

(287-212), los filósofos de la Escuela de Alejandría, Plinio (siglo I

de la Era Cristiana), San Basilio (siglo IV), el venerable Beda (siglo

VIII), el patriarca Focio (siglo IX), el presbítero Honorio (siglo

XII); y entre los árabes Mazoudi, Edrisí y Aboulfeda. La Academia de

Toledo, fundada en 1258 por Alfonso X, seguía el sistema de Ptolomeo,

profesando, por tanto, la teoría de la forma redonda de la tierra.

Mientras que en Toledo se discutía el movimiento de los astros, dos

hombres superiores, fundándose en la esfericidad de nuestro globo,

deducían la existencia de otro Continente: eran estos Rogerio Bacon

(1214-1294) y Raimundo Lulio (1235-1315)[380]. Como dice el ilustre

Gaffarel, es imposible señalar mejor que Bacon lo hizo la posición de

América. Anunció muchas de las grandes leyes con que después se han

enriquecido las ciencias físicas y naturales. Expuso en términos claros

y precisos la doctrina de que al Occidente de Europa debían existir

tierras, siendo posible, por tanto, la comunicación de aquella parte

del mundo con las citadas tierras. ¿Conocía Bacon el viaje del islandés

Erik Rauda (Erico el Rojo)? ¿Conocía alguna de las expediciones

islandesas o normandas que poco después se llevaron a feliz término? ¿O

adivinó el descubrimiento que en 1492 hizo el genovés Cristóbal Colón?

[380] Rogerio Bacon nació en Inglaterra e hizo sus estudios en

Oxford y en París. Escribió su magnífica obra intitulada _Opus

Majus_.

Háse dicho, del mismo modo, que el mallorquín Raimundo Lulio, el

sublime autor de _Arte Magna_ (_Ars Magna_), se había ocupado de la

existencia de un continente al Occidente de Europa, quedando reservado

a Colón la gloria de encontrarlo. En la edición de Maguncia del año

MDCCXXIX, forman las obras del beato Raimundo Lulio (_Operum Beati

Raymundi Lulli_), diez tomos en folio, hallándose en el cuarto el

libro intitulado _Questiones per Artem Demonstrativam solubiles_. En

la cuestión 154 (CLIV), folios 151 y 152, al proponer la dificultad

del flujo y reflujo en el mar de Inglaterra (_¿quâ naturâ Mare Anglicæ

fluat et refluat?_), el _Doctor Iluminado_ la explica con todo

detenimiento. La traducción del texto, hecha libremente al castellano,

dice así: «Toda la principal causa del flujo y reflujo del Mar grande o

de Inglaterra, es el arco del agua del mar, que en el Poniente estriba

en una tierra opuesta a las costas de Inglaterra, Francia, España

y toda la confinante de Africa, en las que ven los ojos el flujo y

reflujo de las aguas, porque el arco que forma el agua como cuerpo

esférico, es preciso que tenga estribos opuestos en que se afiance,

pues de otro modo no pudiera sostenerse; y, por consiguiente, así como

a esta parte estriba en nuestro continente, que vemos y conocemos, _en

la parte opuesta del Poniente estriba en otro continente que no vemos

ni conocemos desde acá_; pero la verdadera filosofía, que conoce y

observa por los sentidos la esfericidad del agua y su medido flujo y

reflujo, que necesariamente pide dos opuestas vallas que contengan

el agua tan movediza y sean pedestales de su arco, infiere que

necesariamente en la parte que nos es occidental _hay continente_ en

que tope el agua movida, así como topa en nuestra parte respectivamente

oriental». Después de leer el citado pasaje, podemos repetir con un

estudioso jesuíta: «La existencia de un continente al Occidente de

Europa, estuvo científicamente probada por Raimundo Lulio dos siglos

antes que Colón lo hallara. Que este continente fuera precisamente la

América, ni Lulio, ni Colón, ni nadie lo dijo: _Suum cuique_.» Somos de

opinión que Cristóbal Colón no conoció las obras científicas de Bacon,

ni de Lulio. Según un autor coetáneo del beato mallorquín, éste visitó

varias veces la ciudad de Génova, dejando allí algunas de sus obras en

poder de un amigo suyo.

Además, casi todos los escritores cristianos coetáneos y posteriores

a la Academia Toledana, admitían la redondez de la Tierra: Alberto el

Grande, Vicente de Beauvois y nuestro D. Enrique de Villena o de Aragón

(a quien muchos llaman, sin serlo, marqués de Villena), se encuentran

entre ellos. El de Villena, en su _Tratado de Astrología_[381], dando

por verdad sabida la redondez del planeta, estudió la fuerza de

atracción de la tierra. Alonso de Córdoba, Pedro Ciruelo, Antonio de

Nebrija, Fernando de Córdoba, Abraham Zacut, afirmaron la esfericidad

del globo. De modo, que en tiempo de Colón no indicaba sabiduría, ni

aun era peregrina la creencia de que nuestro planeta tenía la forma

esférica.

[381] Terminó dicho libro el 20 de Abril del año 1428.

Debieron contribuir a que Colón formase su proyecto de ir directamente

a la India por Occidente, no la correspondencia, que ha resultado

apócrifa, con Toscanelli, ni las enseñanzas de las obras científicas

de los sabios que acabamos de citar, sino las noticias de los marinos

y por los mapas de navegación que las confirmaban. Debió tener

conocimiento de los viajes de los venecianos Polo, del _Almanaque

Perpetuo_ de Zacut, y muy especialmente de la obra _De imagine Mundi_,

del cardenal Pedro de Ailly.

Procede en este lugar que demos cuenta de los libros que tuvo en su

librería Colón, y que han llegado hasta nosotros[382]. Estos son los

siguientes: _Historia rerum ubique gestarum_, escrita por Eneas Silvio

Piccolomini (después Papa con el nombre de Pío II), impresa en Venecia

el año 1477; _De imagine Mundi_, del cardenal Pedro Alliaco o d'Ailly,

impreso en Lovaina, en la oficina de Juan de Wesfalia, entre los

años de 1480 a 1483; _De consuetudinibus et conditionibus orientalium

regionum_, obra de Marco Polo, impresa tal vez en Amberes por el año

1485; _Historia naturalle_, de C. Plinio, impresa en Venecia el 1489;

_Vidas de los ilustres varones_, de Plutarco, traducidas al castellano

por Alfonso de Palencia e impresas en Sevilla el 1491; _Almanak

perpetuum_, compuesto por Abraham Zacut, impreso en Leirea el 1496;

_Concordantiæ Biblia Cardinales_, S. P., manuscrito del siglo XV, y el

titulado _Libro de las Profecías_, manuscrito posterior a 1504. También

se cree que le pertenecieron: _Sumula confessionis_, de San Antonino

de Florencia, impreso en Venecia el 1476; _Filosofía natural_, de

Alberto Magno, edición de Venecia de 1466, y _Tragedias_, de Séneca,

palimpsesto en folio, del siglo XV[383].

[382] _Libros y autógrafos de D. Cristóbal Colón_, por D.

Simón de la Rosa y López. Sevilla, 1891.

[383] Respecto a los numerosos extractos y a las pocas notas

que se hallan en las márgenes de estos códices, especialmente

en las obras de Pío II y de Alliaco, se ignora quién fué

el autor, atribuyéndolos, unos al mismo Almirante, otros a

Bartolomé y algunos a un tercero desconocido; pero se puede

afirmar que tanto los extractos, como las notas, son obra de

un hombre poco versado en la ciencia cosmográfica.

Resuelto ya Colón a llevar a cabo su idea, se decidió a pedir

ayuda--según refieren algunos historiadores--, primero al Senado de

Génova y después a la república de Venecia. Habiendo rehusado las

dos poderosas repúblicas el ofrecimiento, dirigióse--y esto se halla

completamente probado--a Juan II de Portugal. Una Junta, presidida

por don Diego Ortiz de Calzadilla, obispo de Ceuta, opinó contra la

propuesta del marino genovés, no sin que la defendiese con tanto

entusiasmo como energía el conde de Villarreal. Merece el conde de

Villarreal que se le señale el primer puesto entre los defensores de

Colón.

Juan II, no sabiendo decidirse entre la opinión de la Junta y la del

conde de Villarreal, tomó--según refiere la leyenda colombina--un

término medio, cual fué mandar, con pretexto de ir a las islas de Cabo

Verde, un buque, cuyo capitán, llevando los mapas y papeles que Colón

había entregado sin desconfianza alguna, navegase hacia los lugares

indicados en los dichos mapas y papeles. Cuentan que después de algún

tiempo, la tripulación, sobrecogida de espanto, volvió a Lisboa,

considerando como locura el pensamiento del insigne navegante. Creemos

que todo esto--como acabamos de notar--pertenece a la novela.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 68 / 152 题