DESCUBRIMIENTOS ANTERIORES AL DEL NUEVO MUNDO.--EL PRESTE
JUAN.--VIAJE DE MARCO POLO.--«DE IMAGINE MUNDI» DE PEDRO DE
AILLY.--SUPUESTAS CARTAS DE TOSCANELLI A COLÓN.--EXPEDICIONES DE
ENRIQUE EL «NAVEGANTE».--IMPORTANCIA DE ESTAS EXPEDICIONES.--VIAJES
DE DIEGO GÓMEZ.--LOS CONOCIMIENTOS GEOGRÁFICOS EN AQUELLOS
TIEMPOS.--LA ASTRONOMÍA.--VIAJES DE DIEGO CAO.--EL COSMÓGRAFO
BEHAIM: SU FAMOSO GLOBO.--EXPEDICIÓN DE BARTOLOMÉ DÍAZ.--VIAJES DE
COVILHAM Y PAIVA.
Somos de opinión que tiene interés en una Historia de América este
capítulo, pues sin el estudio de ciertas noticias y determinados
viajes, no podríamos explicar hechos relacionados, más o menos
directamente, con el descubrimiento realizado por el insigne genovés.
Entre las noticias más peregrinas que corrieron por Europa en el
siglo XIII, se halla la de un personaje misterioso, conocido con
el nombre de _Preste Juan_ o _Rey sacerdote_. Decíase que reinaba
sobre un pueblo cristiano. La primera noticia del Preste Juan la
encontramos en los escritos del historiador alemán Otón de Freising,
hermano político del emperador Conrado III, de Alemania[310]. Escribe
el mencionado historiador que, habiendo encontrado en el año 1145
en Viterbo (Italia), al obispo de Gabula (hoy Jibal, en el Norte de
Siria), le había dicho, no sin derramar algunas lágrimas, los peligros
que amenazaban allí a la Iglesia cristiana desde la caída de Edesa.
Hacía pocos años, según dicho prelado, que en el lejano Oriente, más
allá de la Armenia y de la Persia, apareció un tal Juan, sacerdote y
monarca al mismo tiempo, que reinaba sobre un pueblo nestoriano. Juan,
después de conquistar a Ecbatana, capital de la Media, venció en una
batalla de tres días a los hermanos sandyardos (Mohamed y Sandyar),
que tiranizaban a Persia y Media, y avanzando más al Oeste para llevar
auxilio a la oprimida iglesia de Jerusalén, tuvo que retroceder por no
poder pasar el caudaloso río Tigris.
[310] Véase Dr. Sophus Ruge, _Hist. de la época de los
descubrimientos geográficos_, págs. 15 y siguientes.--_Hist.
Universal_, de Oncken, tom. III.
¿Quién era el Preste Juan? Los cronistas han buscado en vano al famoso
monarca presbítero; Marco Polo (1254-1323) lo confunde, unas veces con
Ungchan, rey de los Keraitas, y otras con Jeliutache, primo del último
soberano de Catay y fundador de un imperio al Oeste del río Lop-nor.
En el siglo XIV se creyó haberlo encontrado en la persona del rey
cristiano de Abisinia; en los comienzos del XV, Enrique el _Navegante_
lo buscó en el mencionado país y a fines de la misma centuria, y aun
en la siguiente, los reyes de Portugal enviaban embajadas, deseosos de
hallarle.
Marco Polo, ya con su padre Nicolás, ya con su tío, de nombre también
Marco, realizó muchos viajes aumentando los conocimientos geográficos
del Oriente en Europa, teniendo la gloria de ser el viajero más
conocido de los tiempos medios. Las noticias del célebre veneciano
constituyeron durante mucho tiempo en Europa lo fundamental de la
Geografía y Cartografía del Oriente. «Resumamos, dice Sophus Ruge,
los resultados del famoso viaje de Marco Polo, que duró veinticuatro
años, desde el 1271 hasta el 1295. Marco Polo fué el primer viajero
que atravesó toda el Asia, de un extremo a otro, y que describió los
diferentes países, los desiertos de la Persia, las altas mesetas con
sus verdes pastos y las barrancas espantosas de Badajchan, los ríos que
llevan lapiz-lázuli del Turkestán Oriental, los páramos inhospitalarios
de la Mongolia, la ostentosa corte imperial de Pekín y los innumerables
habitantes de la China. Refirió lo que supo del Japón, con sus palacios
cubiertos de oro, y de Birmania, con sus pagodas del mismo metal, y fué
también el primero que descubrió las islas deliciosas de la Sonda con
sus especias y aromas, las islas lejanas de Java y Sumatra, con sus
muchos reinos, sus preciosos productos y sus habitantes caníbales. Vió
a Ceilán con sus montañas sagradas; visitó muchos puertos de la India y
estudió la extensión y las riquezas de este país, tan fabuloso entonces
para los europeos. El fué el primero que publicó una relación clara del
reino cristiano de Abisinia, que adquirió noticias por un lado hasta de
Madagascar, y por otro del extremo Norte del Asia, de la Siberia, el
país, según dice, de las tinieblas, en que no brillan ni sol, ni luna,
ni estrellas, donde domina un crepúsculo eterno, y donde se viaja en
trineos tirados por perros o a caballo sobre rengíferos, un país detrás
del cual se extiende el Océano helado»[311].
[311] Ibidem, pág. 27.
La relación primitiva de obra tan interesante fué escrita en francés
antiguo, siendo traducida y refundida tiempo adelante en latín y en
italiano. Muchos años después se tradujo al alemán con el siguiente
título: «Este es el noble caballero Marco Polo de Venecia, el gran
viajero terrestre que nos describe las grandes maravillas del mundo,
desde donde sale el sol hasta donde se pone, cosas que no se han oído
nunca. Esto ha impreso Friczs Creussner, en Nuremberg, el año del
nacimiento de Cristo 1477.»
Gozó también de mucha popularidad, y se leyó con no poco entusiasmo el
tratado conocido con el nombre _De imagine mundi_, escrito por Pedro de
Ailly (en latín, Petrus de Alliaco), cardenal de Cambray[312]. Venía
a ser dicho tratado una compilación, medianamente hecha, de obras
escolásticas anteriores (ex _pluribus auctoribus recollecta_): de
autores griegos (Aristóteles, Ptolomeo, Hegesipo y Juan Damasceno), de
autores latinos (Séneca, Plinio, Solino, Orosio, San Agustín, Isidoro
de Sevilla y Beda), y de autores árabes (Alfragani y Albategni).
De la obra de Ailly sacó Colón la mayor parte de sus conocimientos
cosmográficos y en particular sus ideas, ya sobre la magnitud de la
tierra y poca anchura del Océano, ya sobre la situación y naturaleza
del paraíso, ya también, por último, del próximo fin del mundo.
[312] Pedro de Ailly (n. en 1350 en Copiegne, y m. en Avignon
en 1420 o 1425), escribió muchas obras. El tratado _De Imagine
Mundi_, y otros, se compilaron en Basilea el MCCCCXVIII. Véase
Bellarmino, _De scriptoribus ecclesiasticis_, tomus septimus,
pág. 509.
Ciega fe tenía Colón en la obra _De Imagine Mundi_. En el capítulo VIII
se trata de la magnitud de la Tierra, y tanto crédito dió el Almirante
a la doctrina del Cardenal que, en la carta escrita en su tercer viaje
desde Haití en 1498, copió un gran trozo de aquél capítulo; en él se
afirmaba que para saber la superficie habitable de la tierra debían
tenerse en cuenta el clima y la parte del globo ocupada por el agua.
Dice Ailly en el capítulo XII que la zona tórrida estaba habitada por
monstruos humanos, lo cual también había dicho San Agustín. Conforme
Colón con la misma idea, en el Diario de su primer viaje se muestra
admirado de no haber encontrado todavía los monstruos. En el capítulo
XLIX se ocupa de la diversidad de las aguas, y particularmente del
Océano, haciendo notar que lo mismo Aristóteles que su comentador
Averroes, sostienen que la distancia entre la costa occidental del
Africa y la oriental de la India (entiéndase Asia) no puede ser muy
grande, porque en ambos países se encuentran elefantes, bien que nadie
le ha medido en nuestro tiempo ni se tiene noticia de ello en los
autores antiguos. Añade en el capítulo LI que la extensión de la tierra
habitada desde España hacia el Oriente o la India, es mucho mayor que
la media circunferencia de dicha tierra. Sostiene el Cardenal Ailly en
el capítulo LV, que el paraíso terrenal está situado--según los datos
de Isidoro, Juan Damasceno, Beda y otros--en el lugar más delicioso
del Oriente, lejos de nuestra región habitada, en un sitio tan elevado
que casi toca con la Luna, donde no pudo llegar el diluvio universal.
Antes, en el capítulo VII, dijo que a pesar de hallarle el paraíso
junto al Ecuador, tenía un clima muy templado a causa de su gran
elevación.
No hemos de pasar en silencio otra proposición del citado cardenal.
Encuéntrase en su tratado que lleva por título _Vigintiloquium de
concordantia astronomicæ veritatis cum theología_[313], página 181,
referente a la edad de la tierra y a la época del juicio final.
«Calcula siguiendo a Beda--escribe el Dr. Ruge--que desde la creación
hasta el nacimiento de Jesucristo habían pasado 5.199 años; de suerte
que en 1501 de nuestra era iban transcurridos 6.700; y como el juicio
final debía ocurrir 7.000 después de la creación, resultaba próximo
el fin del mundo. Colón entretegió también esta idea en su proyecto,
aunque difirió algo en el cómputo»[314].
[313] Véase Bellarmino, _Descritoribus ecclesiasticis_, tomus
septimus, pág. 509.
[314] _Hist. de la época de los descubrimientos geográficos_,
págs. 15 y siguientes.
¿Llegaron a Colón noticias del Preste Juan? Posible es que nada
supiera del famoso personaje. ¿Tuvo noticia de los viajes de Marco
Polo? En ninguna parte menciona al ilustre veneciano. Acerca de la
correspondencia que--según Don Fernando Colón--tuvo el Almirante con el
médico florentino Pablo Toscanelli, no cabe duda que es apócrifa, como
ha probado el Sr. Altolaguirre[315]. Sin embargo de ello, trasladaremos
aquí las supuestas cartas del sabio italiano.
[315] _Cristóbal Colón y Pablo del Pozzo Toscanelli_, págs.
363-397.
«A Cristóbal Columbo, Paulo, físico, salud: Yo veo el magnífico y
grande tu deseo para haber de pasar a donde nace la especiería, y por
respuesta de tu carta te envío el traslado de otra carta que ha días
yo escribí a un amigo y familiar del Serenísimo Rey de Portugal[316],
antes de las guerras de Castilla, a respuesta de otra que por comisión
de S. A. me escribió sobre el dicho caso, y te invio otra tal carta de
marear como es la que yo le invié[317], por la cual serás satisfecho de
tus demandas, cuyo traslado es el que sigue.» Copia en seguida la carta
escrita a Martins y cierra con la data Florencia 25 de junio de 1574.
[316] Hernán Martins, canónigo de Lisboa. Esta correspondencia
es auténtica.
[317] Desgraciadamente, la carta de marear mandada a Martins
se ha perdido.
Don Fernando insertó después la segunda carta que copiamos: «A
Cristóbal Colón, Paulo, físico, salud: Yo rescibí tus cartas con las
cosas que me enviaste, y con ellas rescibí gran merced. Yo veo el tu
deseo magnifico y grande a navegar en las partes de Levante por las
de Poniente, como por la carta que yo te invio se amuestra, la cual
se amostrará mejor en forma de esfera redonda; pláceme mucho sea bien
entendida, y que es el dicho viaje no solamente posible, mas que es
verdadero y cierto e de honra e ganancia inestimable y de grandisima
fama entre todos los cristianos. Mas vos no lo podreis bien conocer
perfectamente, salvo con la experiencia o con la platica, como yo la
he tenido copiosisima, e buena, e verdadera informacion de hombres
magnificos y de grande saber que son venidos de las dichas partidas
aquí en corte de Roma y de otros mercaderes que han tractado mucho
tiempo en aquellas partes, hombres de mucha autoridad. Así que cuando
se hará el dicho viaje será a reinos poderosos e ciudades e provincias
nobilisimas, riquisimas de todas maneras de cosas en grande abundancia
y a nosotros mucho necesarias, ansi como de todas maneras de especiería
en gran suma y de joyas en grandisima abundancia. Tambien se irá a los
dichos Reyes y Principes que están muy ganosos, más que nos, de haber
tracto e lengua con cristianos de estas nuestras partes, porque grande
parte dellos son cristianos y tambien por haber lengua y tracto con los
hombres sabios y de ingenio de acá, ansi en la religión como en todas
las otras ciencias, por la gran fama de los imperios y regimientos
que han destas nuestras partes; por las cuales cosas todas y otras
muchas que se podrían decir, no me maravillo que tu, que eres de
grande corazon, y toda la nacion de portugueses, que han seido siempre
hombres generosos en todas grandes empresas, te vea con el corazon
encendido y gran deseo de poner en obra el dicho viaje.» «Puede, pues,
afirmarse--dice Altolaguirre--que la correspondencia de Toscanelli
con Martins fué en 1474, que hasta dos años después no llegó Colón a
Portugal, y como acto seguido emprendió el viaje a Thule, parece lo
cierto que hasta después de 1478, cuando ya los portugueses habían
desechado y probablemente olvidado el proyecto de Toscanelli, no tuvo
de él conocimiento Cristóbal Colón»[318]. Se propuso Don Fernando
con tales patrañas «recabar para su padre la gloria de haber sido
el iniciador del pensamiento de que navegando desde Europa o Africa
directamente al Oeste, era posible arribar a la costa Oriental de
Asia»[319].
[318] _Cristóbal Colón y Pablo del Pozzo Toscanelli_, pág. 369.
[319] Ibidem, pág. 397.
[Ilustración: