III

En un verde prado

de rosas é flores,

guardando ganado

con otros pastores,

la ví tan graciosa

que apenas creyera

que fuesse vaquera

de la Finojosa.

..................[308]

[308] Amador de los Ríos, _Obras del Marqués de Santillana_,

págs. 467 y siguientes.

Al lado de D. Enrique de Villena y del marqués de Santillana, podemos

colocar al cordobés Juan de Mena, autor, entre otras composiciones, del

_Laberynto_, llamada también _Las trescientas_, por ser éste el número

de las coplas de obra tan excelente. Propúsose Juan de Mena en la

citada obra imitar al Dante, y así como el autor de la _Divina Comedia_

se deja conducir por Beatriz, el poeta español se deja llevar por la

Providencia bajo la forma de hermosa doncella.

Pertenece igualmente al reinado de Juan II el judío converso Juan

Alfonso de Baena, natural de la villa que le dió su nombre, en la

provincia de Córdoba, y autor del _Cancionero_. En el mismo reinado

floreció Antón de Montoro, que empleó principalmente su musa en la

sátira.

Del tiempo de Enrique IV son los hermanos Gómez y Rodrigo Manrique,

sobrinos del marqués de Santillana. Don Gómez logró justa y merecida

fama, ya por su obra _Prosecución de los vicios y virtudes_, ya por su

poema _A la muerte del marqués de Santillana_. Pero el que aventajó

a todos, por la ternura de sentimiento y por la natural fluidez, fué

Jorge Manrique, hijo de D. Rodrigo y el último vástago de familia tan

esclarecida. La muerte de su padre, acaecida dos años después de la de

Enrique IV, es la más bella y delicada de sus composiciones; elegía

que, con el nombre de _Coplas de Jorge Manrique_, goza de reputación

universal. Por las siguientes estancias, que transcribimos de dichas

_Coplas_, puede juzgarse su inestimable valor:

Recuerde el alma adormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando.

Cuán presto se va el placer,

cómo después de acordado

da dolor;

Cómo a nuestro parecer

cualquiera tiempo pasado

fué mejor.

.............................

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir.

Otro poeta de tanta fama, aunque no de tanto mérito, como Jorge

Manrique, floreció en aquellos tiempos: llamábase Juan Alvarez Gato. De

él dijo D. Gómez Manrique que _fablaba perlas y plata_.

No sería justo pasar en silencio las célebres coplas de _Mingo

Revulgo_, cuya paternidad se atribuye a Rodrigo de Cota y que

circularon por Castilla profusamente en las postrimerías del reinado de

Enrique IV.

Por lo que a la historia se refiere, aunque fueron varios ingenios

los que trabajaron en la Crónica de Juan II, tales como Alvar García

de Santa María, Juan de Mena, Diego de Valera, y tal vez algún otro,

no hay duda de que su ordenación se debió al insigne Fernan Pérez de

Guzmán, quien, como escribe Galíndez de Carvajal, «cogió de cada uno

lo que le pareció más probable, y abrevió algunas cosas, tomando la

substancia de ellas.» No fueron menos notables los cronistas de Enrique

IV, Enríquez del Castillo y Alonso de Palencia, partidario aquél y

adversario el último del desgraciado monarca.

Recordaremos, por último, el nombre de Alvar García de Santa María,

judío converso y autor de una de las crónicas de D. Alvaro de Luna; el

de D. Alfonso de Madrigal, Obispo de Avila, conocido por el _Abulense_,

y más todavía con el nombre vulgar de el _Tostado_, «persona

esclarecida--dice el P. Mariana--por lo mucho que dejó escrito y por

el conocimiento de la antigüedad, y su varia erudición que parecía

milagro»[309].

[309] _Hist. de España_, tomo II, libro XXI, cap. XVIII.

Acerca de la cultura literaria en tiempo de los Reyes Católicos,

nuestras primeras palabras serán para decir que en el mismo año que

ciñó la corona Isabel, se introdujo en España la imprenta, invención

que debía hacer social revolución en el mundo. Cultiváronse las letras,

aunque no realizaron los progresos que era de esperar, dado el impulso

iniciado en Italia y en Alemania, y dado el espíritu innovador del

Renacimiento. No negaremos que los doctos varones que vinieron de

Italia, como los hermanos Geraldino, Pedro Mártir de Anglería y Lucio

Marineo Sículo, hicieron adelantar aquellos estudios, que estaban

más atrasados en España. La cultura clásica de la Reina; la sólida

educación que daba a su hijo, el príncipe D. Juan y a sus hijas; el

cultivo que de la lengua latina hicieron Doña Beatriz de Galindo (la

_Latina_), Doña Francisca de Lebrija, Doña Lucía de Medrano, Doña María

Pacheco y la marquesa de Monteagudo (hijas las dos últimas del Conde

de Tendilla y la primera mujer de Juan de Padilla) y otras, merecen

alabanzas. Cierto es que las Universidades, Estudios generales y

Academias se hallaban concurridos por una juventud aplicada y deseosa

de saber. De Gonzalo Fernández de Oviedo, autor de la _Historia

general y natural de las Indias_ y de algunos más escritores, poco

podremos decir en su elogio. Ni la jurisprudencia, a pesar de Díaz de

Montalvo, ni ninguna de las ciencias se colocó a gran altura, ni aun

las mismas sagradas y eclesiásticas. Poetas y trovadores no faltaban

en la corte, bien que ninguno de aquéllos podía compararse con Juan

de Mena, ni con el marqués de Santillana, astros brillantes del

reinado de Juan II. Si se echaron los cimientos del teatro, justo será

recordar que ya en Italia habían adquirido carta de naturaleza las

comedias, siendo de advertir que las del extremeño Bartolomé Torres

Naharro fueron representadas en dicha nación y no en España. De Italia

también vinieron por entonces los primeros maestros de las Bellas Artes

(arquitectura, escultura, pintura y música).

Dejando el relato de todos estos hechos para la historia política y

para la historia de la literatura de España, recordemos con alegría

que procedentes del vecino reino de Portugal, no sabemos si por mar

o por tierra, llegaron a España dos extranjeros, de edad madura el

uno y niño el otro. Debió de acaecer todo esto entre fines de 1484 y

comienzos de 1485. El primero, o sea el hombre de edad madura, venía

decidido a ofrecer a los Reyes Católicos el imperio que poco antes

había rehusado Juan II, rey de Portugal. Y nos encontramos ante Colón y

el descubrimiento del Nuevo Mundo. Había sonado la hora fijada por la

Providencia para que todo el Mundo Nuevo, no parte de él, se comunicara

con Asia, Africa y Europa. Jamás la fortuna se mostró más propicia con

ningún Rey.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 62 / 152 题