Cuando corría el año de 1002, Thorwald, otro de los hijos de Erico,
aceptando los consejos de su valeroso hermano Leif, acompañado de 30
hombres, se lanzó a la mar y llegó a las barracas de Leifsbudir, donde
pasó el invierno. Durante la primavera se dedicó a recorrer la parte
meridional de Vislandia, encontrando pequeñas y pintorescas islas,
siendo la mayor de todas la que a la sazón llamamos _Longisland_.
Durante el otoño regresaron a Leifsbudir. En el verano siguiente
Thorwald y algunos de los suyos emprendieron la exploración de las
costas septentrionales. En la costa y sobre la arena hallaron tres
canoas de mimbres y en cada una de ellas tres hombres, los cuales
ocho perecieron a manos de los normandos, logrando sólo escapar uno.
Irritados los esquimales con semejante crueldad, cayeron sobre Thorwald
y los suyos, teniendo el jefe de los normandos la desgracia de morir
de un flechazo, habiendo antes encargado a sus compañeros que le
enterrasen en aquel sitio y pusiesen dos cruces sobre su tumba; en lo
futuro el cabo se llamaría _Krossanes_ (Promontorio de las cruces).
Thorwald fué el primer europeo que murió a manos de los americanos.
Los compañeros de Thorwald, temiendo mayores venganzas de los
esquimales, y habiendo cumplido las órdenes que les había dado el
difunto jefe, abandonaron, en el año 1005, aquellos lugares, y,
cargando el barco de productos del país, volvieron a la patria, donde
contaron los sucesos que les habían ocurrido, y muy especialmente la
muerte del valeroso caudillo.
Poco después un hermano de Thorwald, llamado Thorstein, acompañado de
su mujer, la inteligente Gudrid, y de 25 marinos, organizó la tercera
expedición, que fué más desgraciada que las anteriores. Contrarios
vientos les desviaron de su camino, y hasta la entrada del invierno
no pudieron arribar a Lysufiord, donde los recibió con generosa
hospitalidad un cierto Svart, en cuya casa cayó enfermo y murió
Thorstein, siendo sus cenizas trasladadas en el buque por la viuda y
Svart hasta Eriksfiord: allí tuvieron cristiana sepultura.
Por entonces (1002) llegó a Groenlandia rico noruego, descendiente de
reyes, que se llamaba Thorfinn o Karlsefn--pues con ambos nombres se le
conoce--el cual, con beneplácito de Leif, se hospedó en Brattahlida,
y por cierto, que habiéndose enamorado de Gudrid, contrajo con ella
matrimonio. Thorfinn hizo armar una flotilla de tres naves, dotadas de
160 individuos, algunos de ellos mujeres, varios animales domésticos
y abundantes provisiones. En la primavera del año 1007 partieron de
Eriksfiord, y, ayudados por favorables vientos, lograron divisar a las
veinticuatro horas de navegación los picos de Helluland, llegando a
_Markland_, país de exuberante vegetación; recorrieron en vano varios
sitios buscando la tumba de Thorwald, pasaron el cabo Kialarnés,
encontrando luego dilatada extensión de dunas, vastos desiertos y
estrechas riberas, a cuyas playas llamaron _Jurdustrandir_ (Playas
maravillosas)[146]. Luego que Thorfinn tuvo la satisfacción de que dos
de sus compañeros que habían salido a recorrer las costas volviesen con
grandes racimos de uvas y espigas de trigo silvestre, penetró en una
bahía grande y en seguida en una isla abundante de plumas y huevos de
_eiders_ (ánades), que llamó _Straumey_ (Isla de las corrientes). En la
citada bahía, que denominaron _Staumfiord_ (Bahía de las corrientes),
fundaron una colonia. Cuando llegó la primavera se dedicaron a cultivar
los campos, a la pesca y muy especialmente a la construcción de
barracas que les sirvieran de alojamiento.
[146] Tal vez dieron dicho nombre por la frecuencia con que
allí se observa el fenómeno del espejismo.
[Ilustración: Tipo esquimal (Estrecho de Behring).]
Grave contrariedad fué que les sorprendiese el invierno desprovistos de
caza y de pesca; pero la dificultad mayor consistió en el disentimiento
y enemiga entre el marino Thorhall, piloto de una de las embarcaciones,
y Thorfinn. Cada uno tomó diferente camino. Thorhall, deseando volver
a su patria, tomó rumbo hacia Europa, arribando a las costas de
Irlanda, donde--según dicen--murió en esclavitud. Thorfinn continuó sus
exploraciones, en busca siempre de Leifsbudir, llegando, no sin muchos
trabajos y estableciéndose enfrente de la colonia de Leif, con cuyo
objeto levantaron diferentes casas, que por el nombre de su fundador
recibieron el de _Thorfinnsbudir_.
A los quince días de establecerse en aquel país, apareció la bahía
cubierta de botes tripulados por esquimales. Dichos esquimales
bajaron a la costa y luego que contemplaron a los hombres blancos, se
retiraron. Volvieron en la primavera de 1008 y eran tantos los que
tripulaban las muchas canoas, que la bahía parecía hallarse cubierta de
carbón. Groenlandeses y esquimales entablaron relaciones de comercio;
los primeros dieron a los segundos vistosas telas encarnadas y vasos de
leche, en cambio de pieles, cestas de mimbre y otras cosas. Pronto--por
causas que desconocemos--la guerra sucedió a la paz. Ya Thorfinn había
tenido un hijo de Gudrid y ya los normandos vivían tranquilos en sus
posesiones de Vinlandia. Entonces, los skrelings, se lanzaron a la
lucha, y aunque al principio lograron algunas ventajas, fueron al fin
vencidos y se retiraron de Vinlandia.
Enojosa iba siendo a Thorfinn y los suyos la estancia en Vinlandia.
El deseo de volver a la patria, las cuestiones surgidas entre los
mismos normandos y la oposición de los naturales del país, obligaron
a Thorfinn a dar la vuelta a Groenlandia, no sin que en la travesía
explorase nuevos países y cogiera dos muchachos al pasar por las costas
de Markland. Dijeron los jóvenes skrelings, que más allá del sitio en
que fueron cogidos, había un país habitado por hombres que vestían
túnicas blancas y acostumbraban llevar pedazos de tela fijos en largas
varas. Estos pedazos de tela, según algunos críticos, eran estandartes
o banderas. Se sospecha con algún fundamento que tales noticias debían
referirse al territorio del _Hvitramannaland_.
En este estado nuestra narración, antes de pasar adelante, preguntamos:
pero, las regiones visitadas por los ilustres viajeros Leif y Thorfinn,
¿eran las mismas? Dúdanlo con más o menos razones algunos escritores.
Recordaremos, a este propósito, que el francés Nicolás Denys,
lugarteniente por Inglaterra de Nueva Escocia a mediados de la centuria
XVII, dió exacta noticia de la riqueza forestal del país, añadiendo
que las uvas eran tan grandes como nueces moscadas y algo ácidas,
porque crecían silvestres. Opinaba que si se tuviese más cuidado en la
elaboración del vino, éste sería de mejor calidad o de mayor gusto.
De la misma manera el trigo nacía espontáneamente en la parte sur de
Escocia y también era susceptible de mejoramiento.
No tenemos duda en que lo mismo Leif que Thorfinn encontraron uvas en
aquellas lejanas tierras; pero el trigo silvestre, que el segundo de
aquellos navegantes halló, no debió ser tal trigo, sino arroz indiano
(_Tizania aquatica_), producto mencionado por los viajeros que se
ocupan de las plantas de la tierra de la Nueva Escocia. También puede
afirmarse que Leif no vió indígenas, y Thorfinn tuvo que luchar con
los skrelings, que, como antes se dijo, pertenecían al grupo esquimal.
Conviene no olvidar que de las tres naves que en 1007 hizo armar
Thorffinn, y que salieron de Eriksfiord, pronto quedaron dos: una de
ellas, bajo el mando de Biarne, hubo de naufragar, logrando salvarse
pequeña parte de la tripulación en las costas de Irlanda[147]. En la
otra nave, después de tantos trabajos, Thorffinn y su familia pudieron
arribar a Groenlandia en el año 1011, trasladándose al poco tiempo a su
patria, «llevando consigo tan considerable número de objetos, traídos
de Vinlandia, que, según creencia de aquellos tiempos, jamás apareció
en las costas escandinavas embarcación mejor provista y cargada»[148].
[147] Biarne sacrificó su vida por salvar la de sus compañeros.
[148] Valle, Discurso leído en el Ateneo de Madrid el 11 de
Marzo de 1891, págs. 43 y 44.
La noble Gudrid, al contraer matrimonio su hijo Snorre, matrimonio
que le llenó de alegría, salió de Islandia y se dirigió a Roma, donde
seguramente hubo de dar noticia de los descubrimientos de los normandos
en las regiones ultraoceánicas. La corte Pontificia oyó con interés las
curiosas e importantes narraciones de Gudrid, tal vez para aprovecharse
de ellas tiempo adelante. Al regresar a Islandia la buena viuda de
Thorffinn, formó el propósito de consagrar a la religión los últimos
días de su vida, retirándose con este objeto a un monasterio que su
hijo Snorre había hecho construir.
En el año de 1011, la célebre Freydisa, hermana de Leif, deseosa de
riqueza más que de gloria, después de convencer a su débil marido
Thorvard, organizó una expedición, saliendo de Groenlandia con una nave
de su propiedad y las de dos ricos islandeses, en busca de las tierras
que se proponían visitar. Desdichada fué la expedición, como lo fueron
otras de europeos hacia las playas americanas, llamando la atención
el silencio que guardan de ellas los _Sagas_ islandeses. Probado se
halla que un tal Hervador, a mediados del siglo XI, salió de Vinlandia
para trasladarse a las tierras de Hvitramannaland, «y queriendo--como
escribe Valle--invernar en ellas, remontó un río, deteniéndose luego
al pie de espumosas cascadas, que denominó _Hridsoerk_; paraje que,
según algunos, permite asegurar que los normandos prolongaron sus
exploraciones bastante al Sur de la América Septentrional, hasta
descubrir la bahía de Chesapeake, los ríos que allí desembocan y los
naturales despeñaderos de aguas que se observan en Potomac, por encima
de Washington»[149].
[149] Ibidem, pág. 45.
No cabe duda alguna que en el año 1135 tres groenlandeses, apasionados
de aventuras atrevidas y peligrosas, se internaron en los Estrechos
que a la sazón llamamos de Davis y de Baffin, llegando a la isla
_Kingiktorsoak_ o de las Mujeres, en la latitud boreal de 72° 55',
en cuyo punto grabaron sobre una piedra la noticia de su estancia.
Refieren los _Sagas_ que por el año 1266 tres sacerdotes de la
diócesis de Gardar, llamado uno de ellos Halldor, siguiendo la
misma dirección que los anteriores, fueron sorprendidos por furiosa
tempestad, consiguiendo arribar a un punto donde el sol, en el 25 de
julio y día de Santiago, no se ocultaba en el horizonte, permaneciendo
muy alto durante la noche y muy bajo en las horas correspondientes
al día. Dichos navegantes, ¿alcanzarían el paralelo 75° 46' un poco
al Norte del Estrecho de Barrow, como han pensado algunos sabios de
nuestros días? Halldor y sus compañeros, ¿habrán precedido a Parry,
Ross, Franklin y demás viajeros de las regiones boreales? Casi a
los veinte años (1285), dos sacerdotes islandeses, Adalbrando y
Thorwald Helgason, se embarcaron para Markland, llegando a un país que
llamaron _Nyja Land_ o _Terranova_, nombre que tiene a la sazón. Tan
naturales y corrientes debieron ser esta clase de viajes, que habiendo
recibido Ivar Bardson en 1347 el encargo de visitar y describir los
establecimientos de los normandos en América, publicó su obra, y como
cosa corriente y sabida dió noticia de aquellas regiones. Dicha obra,
de inestimable valor, la publicó, primero Rafn en sus _Antiquitates
americanæ_[150], y después Major en el año 1873[151]. Por último,
viene a confirmar con toda claridad lo que decimos el siguiente hecho:
también en el año 1347 llegó a Islandia una nave, con 18 hombres,
procedente del país de Markland, no llamando a nadie la atención las
noticias que dieron del citado país, pues eran harto conocidas y
sabidas de todos.
[150] Páginas 302-318.
[151] Véase Gaffarel, ob. cit.
Creemos que nadie puede poner en duda los viajes de los normandos desde
últimos del siglo X o comienzos del XI en las regiones septentrionales
de América. Si algunos escritores, con poco sentido histórico, han
llegado a decir que los _Sagas_ son monumentos únicamente legendarios
o poéticos, les contestaremos que la crítica moderna los considera
documentos de inestimable valor, lo mismo por su fondo, casi siempre
verdadero, como por su sencillez y claridad.
No deja de tener también no poca fuerza, que sabios como Humboldt,
Rafn, Magnussen, Kohl, Horsford, Costa, Brown, Schmidt, Loffler,
Beauvois, Gravier, Gaffarel y otros, hayan declarado la autoridad
histórica de los Sagas, siguiendo el mismo camino la _Sociedad Real
de Anticuarios del Norte_, y, últimamente, el Congreso de Copenhague,
celebrado el 1883.
Acerca de si los establecimientos normandos fueron o no verdaderas
colonias, nada habremos de decir, como tampoco hace al caso discutir
sobre el fruto de las citadas expediciones; pero lo cierto es que
Europa se estuvo comunicando con América durante más de tres siglos.
Como si todos los datos expuestos fueran poco, debe consignarse que
la Iglesia Romana no olvidó a aquellos lejanos países, sobre los
cuales extendió la luz del Evangelio. Ora porque la famosa Gudrid
diese a conocer en la corte pontificia la existencia de los citados
territorios, ora porque los Papas desearan progresar y difundir la
Religión cristiana en países que conocían por otros medios, lo cierto
es que, desde mediados de la centuria XI, los obispos de Noruega e
Islandia, y poco después el establecido en Gardar, capital de la
Groenlandia, consideraron las posesiones del Vinland como una parroquia
alejada de su diócesis, que frecuentemente iban a visitar.
No habremos de pasar en silencio que el obispo Jon (Juan), en el
año 1059, habiendo ido desde Islandia a los territorios americanos
a predicar el Evangelio, los infieles le hicieron sufrir cruel
martirio. Corría el año 1121, cuando el islandés Erico Vpsi, al
considerar la situación religiosa de Vinlandia, renunció a la silla
de Gardar, dedicándose por completo a fortalecer a sus nuevos fieles
en la doctrina de Cristo. Tal vez con este asunto tenga relación la
demanda que en 1124 hicieron los colonos groenlandeses reunidos en
Asamblea general para que se hiciese el nombramiento de Obispo de
Gardar a favor de un cierto Arnaldo[152]. Desconocemos el resultado de
las predicaciones del Obispo Erico en Vinlandia; tal vez--como dice
Gaffarel--tengan su origen en las ceremonias religiosas de aquellos
tiempos ciertas costumbres que persisten en algunos puntos de la
América del Norte.
[152] Gobernaron la diócesis de Vinlandia, desde el Obispo
Erico Vpsi, en 1121, hasta Vincentius, que la regía en 1537,
esto es, cuarenta y cinco años después del descubrimiento
de Colón, 29 Obispos. Torfaeus publicó en la Historia
Groenlandia, como también Gravier y otros, los nombres y las
fechas correspondientes a los citados Prelados.
Del mismo modo, a nadie debe extrañar que la Iglesia procurara
proporcionarse recursos, lo mismo en las próximas que lejanas diócesis,
para el mantenimiento de las necesidades del culto y del clero. Es
cierto que allá por el año 1276, el arzobispo Jon, con la autoridad
del Santo Padre, delegaba sus funciones en tercera persona, la que
había de recoger el producto de los diezmos; y el Papa Nicolás III
(1277-1280), en carta escrita en Roma el 31 de enero de 1279, ratificó
los plenos poderes conferidos por el Arzobispo al mencionado anónimo
colector[153]. Pasados tres años, el mandatario llegó a Noruega con
los diezmos de los colonos de Vinlandia, que consistían, no en metales
preciosos como hubiera deseado la corte pontificia, sino en pieles,
dientes de morsa y barbas de ballena. Habiendo el Arzobispo consultado
al Papa lo que debía hacerse con tales cosas, contestó Martín IV
(1280-1285) que se enajenasen.
[153] Dice D. Manuel del Valle que el producto de los diezmos
estaba «destinado a la cruzada que entonces se predicó por
toda Europa»; pero efeto nos parece poco exacto, pues las
cruzadas generales habían pasado hacía bastante tiempo y
también las de Luis IX de Francia, apenas se recordaban, sin
embargo, de que la última dirigida contra Túnez, al frente
de cuya ciudad murió de peste el Santo Rey, se verificó el
1273. También habremos de observar que no fué Nicolás II el
que escribió la citada carta, según afirma el Sr. Valle, sino
Nicolás III.
Veinticinco años después, los tributos eclesiásticos de Vinlandia
figuraban en la suma de las collectas y se vendieron en 1315 al
flamenco Juan de Pré.
Pasamos a estudiar la organización de los normandos en Vinlandia.
Hallábanse constituídos en _colonias_, según la respetabilísima
opinión de Humboldt, de Gravier, de Eben Norton Horsford y de E.
Reclus. Formaban los citados establecimientos normandos una especie
de república, bajo la protección nominal de los reyes de Noruega; los
colonos mantenían con la metrópoli, especialmente con Groenlandia
e Islandia, relaciones frecuentes. Cambiaban las riquezas del país
(maderas finas, pieles de animales, dientes de morsa y aceite o barbas
de ballena), por el hierro y las armas que necesitaban; dedicábanse
también la mayor parte del tiempo--pues era para ellos el medio de vida
principal--a las ocupaciones de la pesca.
Desde el siglo XIV llegaron a interrumpirse o se interrumpieron del
todo las relaciones entre los normandos y americanos. Contribuyeron
a ello, sin duda, además de otras causas, los frecuentes ataques de
los esquimales, refractarios a la civilización europea, quienes se
atrevieron a atacar a los normandos en sus mismas fortificaciones.
Adquirió carácter tan cruel la lucha en el siglo XV, y tantas fueron
las lamentaciones de los colonos, que Nicolás V hubo de dirigir
famosa Bula--en el año 1448--a los obispos islandeses para que
ellos proveyesen a las necesidades de los cristianos perseguidos en
Groenlandia. Señalan también los historiadores otra causa, y fué la
peste negra que por entonces, habiendo ya causado numerosas víctimas
en Asia y en Europa, se extendió por América y despobló a Groenlandia
e Islandia, no siendo de extrañar que las últimas posesiones dejasen
de enviar expedicionarios o colonos a Markland y Vinland[154]. Por
último, no faltaron escritores que sostuvieron haberse interrumpido las
comunicaciones marítimas entre los países septentrionales de Europa y
los de América, por la formación de inmensos témpanos de hielo en la
parte superior del Atlántico.
[154] No sabemos a qué peste negra se refieren los
historiadores y que causó tantas víctimas en el siglo XV.
Conocemos la que se desarrolló en el siglo XIV y que dejó
desierto el país de Groenlandia y, más adelante, la que
comenzó en los Estados de Flandes, penetró en España por
Santander e hizo tantas víctimas en el año 1599. No tuvo
menos importancia la que ocasionó a mediados del siglo XVII
desgracias sin cuento en Nápoles y en casi toda la Italia.
Pero dejando estos asuntos que carecen de valor histórico, diremos
las dos opiniones principales acerca de lo que es hoy la antigua
Helluland. Beauvois, Gravier, d'Avezac, Horsford y Gaffarel sostienen
su correspondencia con la isla de Terranova; pero Humboldt, Loffler
y Reclus estiman preferible referir el Helluland a la tierra de
Labrador[155]. Markland fué considerada idéntica a la moderna Acadia,
que los anglo-sajones pusieron el nombre de Nueva Escocia; participan
de esta opinión d'Avezac, Rafn, Beauvois, Gravier, Loffler, Gaffarel y
otros. De la misma manera geógrafos e historiadores asimilaron el suelo
de Vinlandia a determinadas porciones del de Massachusetts (Estados
Unidos); pero por lo que respecta a este particular, modernamente
Loffler ha sostenido que sería más conveniente referirla a la actual
Virginia. Más o menos acertadas tales correspondencias de lugares, lo
único que puede afirmarse de cierto es que en la bahía de Massachusetts
hicieron prolongado asiento Leif, Torwald y Thorffinn. Las casas
edificadas por Leif debieron estar, según Rafn, en la desembocadura
del Pocasset-River; pero el escritor contemporáneo Gaffarel las supone
en el mismo sitio donde hoy se levanta la capital Nueva York. La isla
descubierta por Torwald debe ser, si aceptamos la opinión de Gravier,
la que llamamos Long-Island; las playas que se observaron hacia el
Sur deben ser las de New-Jersey, Dellaware, Maryland y tal vez las de
Virginia y Carolina. Torwald reconoció dos promontorios: el _Kialarnés_
y el _Krossanes_ o el de las Cruces; el primero corresponde al Cabo
Cod, o Nauset de los indios, y el segundo al que lleva hoy, según
Gaffarel, el nombre de Sable en la extremidad meridional de Nueva
Escocia, o más bien, como afirma Gravier, el Cabo de Gurnet. Las playas
maravillosas que encontró Thorffinn en su expedición, deben estar
colocadas--pues esta es la opinión de Rafn y Gravier--al Sur del citado
Cabo Cod, si bien afirma Gaffarel que se hallan en las costas de Nueva
Escocia, donde abundan fenómenos de espejismo, como los que admiraron a
los antiguos normandos; la bahía circular, famosa por sus corrientes,
debe ser la de Buzzard; la isla tan abundante de huevos de _liders_,
también pudiera ser la de Marta's Vineyard; y las casas que bajo la
dirección de Thorffinn se levantaron enfrente de las de Leif, debieron
estar en el sitio que los indios llamaron Mount-Haup, cerca de Taunton
River. Nada, pues, tiene de particular que en Boston, ciudad próxima
a los parajes citados, se haya erigido, a últimos del siglo XIX, una
estatua que recuerda la memoria del ilustre Leif. Debe consignarse que
Eben Norton Horsford, uno de los más decididos propagandistas para que
se levantase un monumento a Leif, dijo a este propósito que «no por
ello se amengua en nada la gloria de Colón, que trató de resolver el
problema de la redondez de la tierra», y añadiendo «que la misma ciudad
de Boston patrocinará con gusto la idea de levantarle una estatua en
1892.»
[155] Afirmase a la sazón que hubo dos Helluland: el mayor o
Labrador y el menor o Terranova.
Por lo que se refiere a la antigua _Marklandia_, en el mapa del
cosmógrafo Martín Waldseemüller, cerca de la _Illaverde_ (Groenlandia,
según Storm), aparece una isla pequeña casi circular, que supone el
mismo Storm sea la citada Marklandia. Por tanto, al Sur de Groenlandia
se halla Hellulandia, después Marklandia y en seguida Vinlandia; las
dos últimas se hallan separadas por el mar.
No contentos historiadores y críticos con las pruebas aducidas para
mostrar las relaciones entre noruegos e irlandeses con americanos,
pretendieron robustecer dicha teoría con demostraciones arqueológicas.
En el estado de Massachusets, condado de Bristol, a la orilla oriental
del Taunton-River, se levanta una roca de color rojo de 4 metros
de base y 1,70 de altura, llamada _Dighton Writing Rock_, en cuya
superficie se distinguen toscas figuras e inscripciones con caracteres
misteriosos. Después de interpretaciones varias, los anticuarios
daneses Rafn y Magnussen, como también Lelewell y Gravier, pretendieron
descubrir caracteres rúnicos, llegando a sostener que las figuras
representaban a Thorffinn, a su mujer Gudrid y al niño Snorre, que
había rasgos de un navío defendiéndose del viento, un escudo blanco y
marineros luchando con enemigos (skrelings). Gravier llegó a decir que
los trozos escritos decían lo siguiente: «131 hombres han ocupado este
país con Thorffinn.» Al paso que Gaffarel opinó que el grabado y los
caracteres eran indescifrables, Horsford declaró que la crítica rechaza
dicho testimonio. Lo mismo puede decirse de las ruinas de Newport,
las cuales indican un edificio en forma de rotonda, hecho con piedras
de granito, unidas por argamasa, y que consta de diferentes arcos,
descansando sobre ocho columnas. El edificio de Newport, descubierto en
Rhode-Island, se ha dicho que era de procedencia normanda, sin tener en
cuenta que Benito Arnoldo, uno de los primeros colonos que vinieron,
desde 1638 a 1678, mencionó en su testamento dicho edificio con las
siguientes palabras: «El molino de piedra _que he construído_.» Por
último, Horsford cree haber hallado vestigios arqueológicos de los
noruegos en América (en Cambridge, población de Massachusets), los
cuales consistían en restos de dos grandes casas con cinco chozas a
dichas casas unidas; las primeras estaban destinadas al jefe y personas
de su familia, y las segundas a los criados.
Recordaremos, pues, las siguientes palabras de Mr. Vivien de Saint
Martin: «Es indudable que desde el siglo XI, cerca de quinientos
años antes de Colón y de Cabot, los colonos noruegos de Islandia y
de Groenlandia conocieron algunas partes de las costas del NE. de
América»[156].
[156] _Histoire de la Geographie_, pág. 387.
No habremos de terminar este capítulo sin trasladar aquí la opinión de
Reclus: «Aun en la misma patria de Cristóbal Colón y de Amerigo Vespuci
no hay quien ponga en duda que fueron los normandos los descubridores
de la América del Norte»[157].
[157] _Nueva Geografía Universal_, América Boreal, pág. 9.
Dice que a fines del año 1000 descubrió Leif el _Virland_ o País del
vino. «Sea lo que fuere--añade--los escandinavos fundaron en tierra
firme del Nuevo Mundo colonias regulares en un período que, según la
tradición, abarca de ciento veinte a ciento treinta años. Después de
haber tomado posesión del país y encendido grandes hogueras, cuyo
resplandor llevara a lo lejos la noticia de su llegada, marcaron con
signos los árboles y las rocas, clavaron sus lanzas en los promontorios
y construyeron cabañas y recintos fortificados. Los _sagas_ hablan
del nacimiento de niños en aquellas colonias y refieren asimismo
combates, en los que sucumbieron guerreros. Entre ruinas de antiguas
construcciones atribuídas a los escandinavos, se han encontrado
sepulcros. Los piratas normandos, como los invasores de todas las
naciones de Europa que les sucedieron, asesinaron a los indígenas y
lo hicieron por el sólo gusto de verter sangre: la obra de exterminio
comenzó a la llegada de los blancos»[158].
[158] Ibidem, págs. 12 y 13.
Citaremos, por último, el siguiente párrafo del sabio geógrafo: «En
vista de los descubrimientos hechos por las gentes del Norte en
aquellas latitudes, los navegantes de la Europa meridional debieron
buscar nuevas tierras hacia las regiones templadas y cálidas del otro
lado del mar. Además, nunca llegó a perderse del todo el recuerdo
de las primeras expediciones, o mejor, confundíase este recuerdo
con tradiciones diversas. Lo mismo que los galos y los islandeses,
los árabes relatan la historia de sus heróicos navegantes, los ocho
_almagrurim_ o «hermanos errantes» que salieron del puerto de Lisboa
en el año 1170, jurando no regresar sin haber desembarcado en las
lejanas islas de Ultramar: otros «hermanos» o compañeros, los frisones,
que embarcados en Brema, llegaron hasta la Groenlandia; después, a
fines del siglo XIV, dos venecianos visitaron las mismas tierras,
por ellos llamadas _Engroneland_, y los detalles que dan, así como
ciertas indicaciones hechas en sus cuadernos de navegación, dejan pocas
dudas acerca de la realidad de este viaje. En fin, un polaco, Juan de
Izkolno, en el año 1476, fué directamente enviado a la Groenlandia
con el objeto de restablecer las comunicaciones, desde largo tiempo
interrumpidas»[159].
[159] _Nueva Geografía Universal_, América Boreal, págs. 13 y
14.
La comunicación entre Escandinavia y las Indias durante la Edad Media,
y entre España y dichas Indias en los comienzos de la Edad Moderna,
recuérdanos las siguientes palabras de D. Juan Fastenrath, literato e
hispanófilo alemán: «Dios ha dado Leif a la raza escandinava; pero dió
Colón a la raza latina y a la humanidad entera. ¡Apreciemos y admiremos
a los dos, a Leif y a Colón»[160].
[160] _El Centenario_, tomo IV, pág. 391.