EXPOSICIÓN DE PROPÓSITOS.

Creemos--y bien sabe Dios que son ciertas nuestras palabras--que no

tiene mérito alguno nuestra HISTORIA DE AMÉRICA. Materia tan extensa,

compleja y complicada debía ser escrita por pluma mejor cortada que la

nuestra. Por esto varias veces, en el transcurso de la publicación,

del mismo modo que Sir Walter Raleigh, dudando de la existencia de la

verdad, arrojó al fuego el segundo volumen de su historia, nosotros,

poco seguros de nuestra competencia, hemos querido arrojar a las llamas

los manuscritos de la obra que ofrecemos al público. Pero si algún

valor tuviese, y si además el público la recibiese con benevolencia,

sería debido a los manuscritos inéditos o no inéditos que han llegado

a nosotros, a los diferentes libros consultados, a las noticias

adquiridas en los Archivos nacionales y particulares.

Con ruda franqueza diremos a nuestros lectores que algo bueno

encontrarán en el plan y método de la obra, como también, dada la

extensión de ella, no dejarán de ser tratadas las materias más

importantes. ¿Seremos imparciales? No lo sabemos; pero a sabiendas no

hemos de faltar a la verdad.

Altamente censurable juzgamos la conducta de cierto escritor antiguo,

quien escribió dos historias: Una _pública_ y otra _secreta_. En la

primera, Procopio--pues este es el nombre del historiador--fué débil,

faltando a lo que le dictaban la sinceridad de sus convicciones; en

la segunda fué parcial, exagerado hasta rayar en calumnioso. El se

disculpaba diciendo que carecía de libertad; nosotros no podríamos

disculparnos, porque la tenemos en absoluto.

Sabemos que la adulación ha dado siempre sus frutos, aun usada por

los mejores historiadores; no ignoramos que los Reyes y los Gobiernos

se declaran protectores de quienes les sirven o engañan, en tanto que

no atienden a los que se atreven a decirles la verdad; tenemos como

cosa cierta que también los pueblos, engañados o aturdidos por los

que más gritan, arrojan incienso a ídolos, los cuales sólo merecen

el desprecio. Nosotros nos proponemos--y lo mismo nos dirigimos a

los americanos que a nuestros compatriotas--decir la verdad o lo que

creemos ser verdad, amar la justicia o lo que creemos ser justo,

enseñar los derechos o más bien los deberes, para que unos y otros,

vencidos y vencedores, puedan comprender que todos pecaron, olvidándose

de que hay un Dios en el cielo y una sanción en la tierra.

Del mismo modo habremos de consignar que, sin apoyo de nadie, sin

Mecenas que nos protejan y casi sin amigos que nos ayuden, comenzamos

nuestra obra. Enemigos de la adulación y de la hipocresía, en

desacuerdo con ilustres escritores de aquende y allende los mares,

emprendemos confiados únicamente en nuestras débiles fuerzas, tarea

harto difícil y comprometida. Difícil, sí, y comprometida porque hemos

de censurar obedeciendo a generosos móviles de justicia, a algunos de

nuestros Reyes, a muchos de nuestros políticos y generales, y aun a no

pocos de nuestros sacerdotes. Difícil y comprometida, porque nuestras

censuras han de alcanzar a los indios que, a veces, suspicaces y

traidores, pagaron con deslealtad manifiesta las generosas acciones de

algunos buenos españoles. Difícil y comprometida, porque tenemos con

harta frecuencia que separarnos de la verdad oficial, negando muchas

veces algunos hechos que pasan como verdaderos.

Comenzaremos, pues, la historia de la parte más hermosa del globo,

donde el suelo es tan rico, el cielo tan bello, la naturaleza tan

exuberante, las naciones tan poderosas, los hombres tan dignos de

gloria y la vida toda tan intensa y magnífica. Comenzaremos la historia

de tantos hechos gloriosos, de tantos héroes, y muy especialmente de la

generosa raza que, a la sombra del frondoso árbol de la libertad, vive

y progresa en el mundo descubierto por el genio inmortal de Cristóbal

Colón.

De ilustre historiador contemporáneo son las siguientes palabras: «El

descubrimiento del Nuevo Mundo es un suceso en el dintel de la Historia

Moderna, que ha influído poderosamente en el curso de ella, pues, de

una parte, nuevos horizontes se ofrecían a la acción de las naciones

aventureras, y la colonización conducía a una serie sin fin de nuevos

territorios; de otra parte, el crecimiento del poder naval alteraba

profundamente las condiciones en que se fundaba la grandeza nacional,

la comunicación con pueblos desconocidos ofrecía inesperados problemas,

el comercio se trasformaba gradualmente y se presentaron cuestiones

económicas de la mayor complejidad»[65].

[65] La Historia Moderna según el Reverendísimo Mandel

Creighton D. D. Obispo que fué de Londres.--De _The Cambridge

Modern History_, 1907.

V

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 18 / 152 题