LEANDRO. ¡Calla, Crispín! ¡Basta! No puedo consentir que mi amor se

trate como mercancía. Salid, doña Sirena; decid a Silvia que vuelva a

casa de su padre, que no venga aquí en modo alguno, que me olvide para

siempre, que yo he de huir donde no vuelva a saber de mi nombre... ¡Mi

nombre! ¿Tengo yo nombre acaso?

CRISPÍN. ¿No callarás?

SIRENA. ¿Qué le dio? ¡Qué locura es ésta! ¡Volved en vos! ¡Renunciar de

ese modo a tan gran ventura!... Y no se trata sólo de vos. Pensad que

hay quien todo lo fió en vuestra suerte, y no puede burlarse así de una

dama de calidad que a tanto se expuso por serviros. Vos no haréis tal

locura; vos os casaréis con Silvia, o habrá quien sepa pediros cuenta de

vuestros engaños, que no estoy tan sola en el mundo como pudiste creer,

señor Leandro.

CRISPÍN. Doña Sirena dice muy bien. Pero creed que mi señor sólo habla

así ofendido por vuestra desconfianza.

SIRENA. No es desconfianza en él... Es, todo he de decirlo..., es que el

señor Polichinela no es hombre para dejarse burlar..., y ante el clamor

que habéis levantado contra él con vuestra estratagema de anoche...

CRISPÍN. ¿Estratagema decís?

SIRENA. ¡Bah! Todos nos conocemos. Sabed que uno de los espadachines es

pariente mío, y los otros me son también muy allegados... Pues bien: el

señor Polichinela no se ha descuidado, y ya se murmura por la ciudad que

ha dado aviso a la Justicia de quién sois y cómo puede perderos; dícese

también que hoy llegó de Bolonia un proceso...

CRISPÍN. ¡Y un endiablado doctor con él! Tres mil novecientos folios...

SIRENA. Todo esto se dice, se asegura. Ved si importa no perder tiempo.

CRISPÍN. ¿Y quién lo malgasta y lo pierde sino vos? Volved a vuestra

casa... Decid a Silvia...

SIRENA. Silvia está aquí. Vino junto con Colombina, como otra doncella

de mi acompañamiento. En vuestra antecámara espera. Le dije que estabais

muy malherido...

LEANDRO. ¡Oh, Silvia mía!

SIRENA. Sólo pensó en que podíais morir...; nada pensó en lo que

arriesgaba con venir a veros. ¿Soy vuestra amiga?

CRISPÍN. Sois adorable. Pronto. Acostaos aquí, haceos del doliente[89.1]

y del desmayado. Ved que si es preciso yo sabré[89.2] que lo estéis de

veras. (_Amenazándole y haciéndole sentar en un sillón._)

LEANDRO. Sí, soy vuestro, lo sé, lo veo... Pero Silvia no lo será. Sí,

quiero verla; decidle que llegue, que he de salvarla a pesar vuestro, a

pesar de todos, a pesar de ella misma.

CRISPÍN. Comprenderéis que mi señor no siente lo que dice.

SIRENA. No lo creo tan necio ni tan loco. Ven conmigo. (_Se va con

Crispín por la segunda derecha, o sea el pasillo._)

ESCENA VI

LEANDRO y SILVIA, que sale por la segunda derecha.

LEANDRO. ¡Silvia! ¡Silvia mía!

SILVIA. ¿No estás herido?

LEANDRO. No; ya lo ves... Fue un engaño, un engaño más para traerte

aquí. Pero no temas; pronto vendrá tu padre, pronto saldrás con él sin

que nada tengas que reprocharme... ¡Oh! Sólo el haber empañado la

serenidad de tu alma con una ilusión de amor, que para ti sólo será el

recuerdo de un mal sueño.

SILVIA. ¿Qué dices, Leandro? ¿Tu amor no era verdad?

LEANDRO. ¡Mi amor, sí...; por eso no ha de engañarte! Sal de aquí

pronto, antes de que nadie, fuera de los que aquí te trajeron, pueda

saber que viniste.

SILVIA. ¿Qué temes? ¿No estoy segura en tu casa? Yo no dudé en venir a

ella... ¿Qué peligros pueden amenazarme a tu lado?

LEANDRO. Ninguno; dices bien. Mi amor te defiende de tu misma inocencia.

SILVIA. No he de volver a casa de mi padre después de su acción

horrible.

LEANDRO. No, Silvia, no culpes a tu padre. No fue él; fue otro engaño

más, otra mentira... Huye de mí, olvida a este miserable aventurero, sin

nombre, perseguido por la Justicia.

SILVIA. ¡No, no es cierto! Es que la conducta de mi padre me hizo

indigna de vuestro cariño. Eso es. Lo comprendo... ¡Pobre de mí!

LEANDRO. ¡Silvia! ¡Silvia mía! ¡Qué crueles tus dulces palabras! ¡Qué

cruel esa noble confianza de tu corazón, ignorante del mal y de la vida!

ESCENA VII

DICHOS y CRISPÍN, que sale corriendo por la segunda derecha.

CRISPÍN. ¡Señor! ¡Señor! El señor Polichinela llega.

SILVIA. ¡Mi padre!

LEANDRO. ¡Nada importa! Yo os entregaré a él por mi mano.

CRISPÍN. Ved que no viene solo, sino con mucha gente y justicia con él.

LEANDRO. ¡Ah! ¡Si te hallan aquí! ¡En mi poder! Sin duda tú les diste

aviso... Pero no lograréis vuestro propósito.

CRISPÍN. ¿Yo? No por cierto... Que esto va de veras, y ya temo que nadie

pueda salvarnos.

LEANDRO. ¡A nosotros, no; ni he de intentarlo!... Pero a ella, sí.

Conviene ocultarte; queda aquí.

SILVIA. ¿Y tú?

LEANDRO. Nada temas. ¡Pronto, que llegan! (_Esconde a Silvia en la

habitación del foro, diciéndole a Crispín_): Tú verás lo que trae a esa

gente. Sólo cuida de que nadie entre ahí hasta mi regreso... No hay otra

huida. (_Se dirige a la ventana._)

CRISPÍN. (_Deteniéndole._) ¡Señor! ¡Tente! ¡No te mates así!

LEANDRO. No pretendo matarme ni pretendo escapar; pretendo salvarla.

(_Trepa hacia arriba por la ventana y desaparece._)

CRISPÍN. ¡Señor, señor! ¡Menos mal! Creí que intentaba arrojarse al

suelo, pero trepó hacia arriba... Esperemos todavía... Aun quiere

volar... Es su región, las alturas. Yo a la mía, la tierra... Ahora más

que nunca conviene afirmarse en ella. (_Se sienta en un sillón con mucha

calma._)

ESCENA VIII

CRISPÍN, el SEÑOR POLICHINELA, el HOSTELERO, el SEÑOR PANTALÓN, el

CAPITÁN, ARLEQUÍN, el DOCTOR, el SECRETARIO y dos ALGUACILES con

enormes protocolos de curia. Todos salen por la segunda derecha, o

sea el pasillo.

POLICHINELA. (_Dentro, a gente que se supone fuera._) ¡Guardad bien las

puertas, que nadie salga, hombre ni mujer, ni perro ni gato!

HOSTELERO. ¿Dónde están, dónde están esos bandoleros, esos asesinos?

PANTALÓN. ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Mi dinero! ¡Mi dinero! (_Van saliendo

todos por el orden que se indica. El Doctor y el Secretario se dirigen a

la mesa y se disponen a escribir. Los dos alguaciles de pie, teniendo en

las manos los enormes protocolos del proceso._)

CAPITÁN. Pero ¿es posible lo que vemos, Crispín?

ARLEQUÍN. ¿Es posible lo que sucede?

PANTALÓN. ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Mi dinero! ¡Mi dinero!

HOSTELERO. ¡Que los prendan..., que se aseguren de ellos!

PANTALÓN. ¡No escaparán..., no escaparán!

CRISPÍN. Pero ¿qué es esto? ¿Cómo se atropella así la mansión de un

noble caballero? Agradezcan la ausencia de mi señor.

PANTALÓN. ¡Calla, calla, que tú eres su cómplice y has de pagar con él!

HOSTELERO. ¿Cómo cómplice? Tan delincuente como su pretendido señor...,

que él fue quien me engañó.

CAPITÁN. ¿Qué significa esto, Crispín?

ARLEQUÍN. ¿Tiene razón esta gente?

POLICHINELA. ¿Qué dices ahora, Crispín? ¿Pensaste que habían de valerte

tus enredos conmigo? ¿Conque yo pretendí asesinar a tu señor? ¿Conque yo

soy un viejo avaro que sacrifica a su hija? ¿Conque toda la ciudad se

levanta contra mí llenándome de insultos? Ahora veremos.

PANTALÓN. Dejadle, señor Polichinela, que éste es asunto nuestro, que al

fin vos no habéis perdido nada. Pero yo... ¡todo mi caudal, que lo

presté sin garantía! ¡Perdido me veré para toda la vida! ¿Qué será de

mí?

HOSTELERO. ¿Y yo, decidme, que gasté lo que no tenía y aun hube de

empeñarme por servirle como creí correspondía a su calidad? ¡Esto es mi

destrucción, mi ruina!

CAPITÁN. ¡Y nosotros también fuimos ruinmente engañados! ¿Qué se dirá de

mí, que puse mi espada y mi valor al servicio de un aventurero?

ARLEQUÍN. ¿Y de mí, que le dediqué soneto tras soneto como al más noble

señor?

POLICHINELA. ¡Ja, ja, ja!

PANTALÓN. ¡Sí, reíd, reíd!... Como nada perdisteis...

HOSTELERO. Como nada os robaron...

PANTALÓN. ¡Pronto, pronto! ¿Dónde está el otro pícaro?

HOSTELERO. Registradlo todo hasta dar con él.

CRISPÍN. Poco a poco. Si dais un solo paso...(_Amenazando con la

espada._)

PANTALÓN. ¿Amenazas todavía? ¿Y esto ha de sufrirse? ¡Justicia,

justicia!

HOSTELERO. ¡Eso es, justicia!

DOCTOR. Señores... Si no me atendéis, nada conseguiremos. Nadie puede

tomarse justicia por su mano, que la justicia no es atropello ni

venganza, y _summum jus, summa injuria_.[93.1] La Justicia es todo

sabiduría, y la sabiduría es todo orden, y el orden es todo razón, y la

razón es todo procedimiento, y el procedimiento es todo lógica.

_Barbara_, _Celare_, _Dario_, _Ferioque_, _Baralipton_,[93.2] depositad

en mí vuestros agravios y querellas, que todo ha de unirse a este

proceso que conmigo traigo.

CRISPÍN. ¡Horror! ¡Aun ha crecido!

DOCTOR. Constan aquí otros muchos delitos de estos hombres, y a ellos

han de sumarse estos de que ahora les acusáis. Y yo seré parte en todos

ellos; sólo así obtendréis la debida satisfacción y justicia. Escribid,

señor Secretario, y vayan deponiendo los querellantes.

PANTALÓN. Dejadnos de embrollos, que bien conocemos vuestra justicia.

HOSTELERO. No se escriba nada, que todo será poner lo blanco negro... Y

quedaremos nosotros sin nuestro dinero y ellos sin castigar.

PANTALÓN. Eso, eso... ¡Mi dinero, mi dinero! ¡Y después justicia!

DOCTOR. ¡Gente indocta, gente ignorante, gente incivil! ¿Qué idea tenéis

de la Justicia? No basta que os digáis perjudicados si no pareciere bien

claramente que hubo intención de causaros perjuicio, esto es, fraude o

dolo, que no es lo mismo... aunque la vulgar acepción los confunda. Pero

sabed... que en el un caso...

PANTALÓN. ¡Basta! ¡Basta! Que acabaréis por decir que fuimos nosotros

los culpables.

DOCTOR. ¡Y como pudiera ser si os obstináis en negar la verdad de los

hechos!...

HOSTELERO. ¡Ésta es buena![94.1] Que fuimos robados. ¿Quiere más verdad

ni más claro delito?

DOCTOR. Sabed que robo no es lo mismo que hurto; y mucho menos que

fraude o dolo, como dije primero. Desde las doce tablas[94.2] hasta

Justiniano, Triboniano, Emiliano y Triberiano[94.3]...

PANTALÓN. Todo fue quedarnos sin nuestro dinero... Y de ahí no habrá

quien nos saque.

POLICHINELA. El señor Doctor habla muy en razón. Confiad en él, y que

todo conste en proceso.

DOCTOR. Escribid, escribid luego, señor Secretario.

CRISPÍN. ¿Quieren oírme?

PANTALÓN. ¡No, no! Calle el pícaro..., calle el desvergonzado.

HOSTELERO. Ya hablaréis donde os pesará.

DOCTOR. Ya hablará cuando le corresponda, que a todos ha de oírse en

justicia... Escribid, escribid. En la ciudad de..., a tantos... No sería

malo proceder primeramente al inventario de cuanto hay en la casa.

CRISPÍN. No dará tregua a la pluma...

DOCTOR. Y proceder al depósito de fianza por parte de los querellantes,

por que no pueda haber sospecha en su buena fe. Bastará con dos mil

escudos de presente y caución de todos sus bienes...

PANTALÓN. ¿Qué decís? ¡Nosotros dos mil escudos!

DOCTOR. Ocho debieran ser; pero basta que seáis personas de algún

crédito para que todo se tenga en cuenta, que nunca fui

desconsiderado...

HOSTELERO. ¡Alto, y no se escriba más, que no hemos de pasar por eso!

DOCTOR. ¿Cómo? ¿Así se atropella a la Justicia? Ábrase proceso separado

por violencia y mano airada contra un ministro de Justicia en funciones

de su ministerio.

PANTALÓN. ¡Este hombre ha de perdernos!

HOSTELERO. ¡Está loco!

DOCTOR. ¿Hombre y loco, decís? Hablen con respeto. Escribid, escribid

que hubo también ofensas de palabra...

CRISPÍN. Bien os está por no escucharme.

PANTALÓN. Habla, habla, que todo será mejor, según vemos.

CRISPÍN. Pues atajen a ese hombre, que levantará un monte con sus

papelotes.

PANTALÓN. ¡Basta, basta ya, decimos!

HOSTELERO. Deje la pluma...

DOCTOR. Nadie sea osado a poner mano en nada.

CRISPÍN. Señor Capitán, sírvanos vuestra espada, que es también atributo

de justicia.

CAPITÁN. (_Va a la mesa y da un fuerte golpe con la espada en los

papeles que está escribiendo el Doctor._) Háganos la merced de no

escribir más.

DOCTOR. Ved lo que es pedir las cosas en razón. Suspended las

actuaciones, que hay cuestión previa a dilucidar... Hablen las partes

entre sí... Bueno fuera, no obstante, proceder en el ínterin al

inventario...

PANTALÓN. ¡No, no!

DOCTOR. Es formalidad que no puede evitarse.

CRISPÍN. Ya escribiréis cuando sea preciso. Dejadme ahora hablar aparte

con estos honrados señores.

DOCTOR. Si os conviene sacar testimonio de cuanto aquí les digáis...

CRISPÍN. Por ningún modo. No se escriba una letra, o no hablaré palabra.

CAPITÁN. Deje hablar al mozo.

CRISPÍN. ¿Y qué he de deciros? ¿De qué os quejáis? ¿De haber perdido

vuestro dinero? ¿Qué pretendéis? ¿Recobrarlo?

PANTALÓN. ¡Eso, eso! ¡Mi dinero!

HOSTELERO. ¡Nuestro dinero!

CRISPÍN. Pues escuchadme aquí... ¿De dónde habéis de cobrarlo si así

quitáis crédito a mi señor y así hacéis imposible su boda con la hija

del señor Polichinela? ¡Voto a..., que siempre pedí tratar con pícaros

mejor que con necios! Ved lo que hicisteis y cómo se compondrá ahora con

la Justicia de por medio. ¿Qué lograréis ahora si dan con nosotros en

galeras o en sitio peor? ¿Será buena moneda para cobraros las túrdigas

de nuestro pellejo? ¿Seréis más ricos, más nobles, o más grandes, cuando

nosotros estemos perdidos? En cambio, si no nos hubierais estorbado a

tan mal tiempo, hoy, hoy mismo tendríais vuestro dinero, con todos sus

intereses..., que ellos solos bastarían a llevaros a la horca, si la

Justicia no estuviera en esas manos y en esas plumas... Ahora haced lo

que os plazca, que ya os dije lo que os convenía...

DOCTOR. Quedaron suspensos[97.1]...

CAPITÁN. Yo aun no puedo creer que ellos sean tales bellacos.

POLICHINELA. Este Crispín... Capaz será de convencerlos...

PANTALÓN. (_Al Hostelero._) ¿Qué decís a esto? Bien mirado...

HOSTELERO. ¿Qué decís vos?

PANTALÓN. Dices que hoy mismo se hubiera casado tu amo con la hija del

señor Polichinela. ¿Y si él no da su consentimiento?...

CRISPÍN. De nada ha de servirle. Que su hija huyó con mi señor..., y lo

sabrá todo el mundo... Y a él más que a nadie importa que nadie sepa

cómo su hija se perdió por un hombre sin condición, perseguido por la

Justicia.

PANTALÓN. Si así fuera... ¿Qué decís vos?

HOSTELERO. No nos ablandemos. Ved que el bellacón es maestro en

embustes.

PANTALÓN. Decís bien. No sé cómo pude creerlo. ¡Justicia! ¡Justicia!

CRISPÍN. ¡Ved que lo perdéis todo!

PANTALÓN. Veamos todavía... Señor Polichinela, dos palabras.

POLICHINELA. ¿Qué me queréis?

PANTALÓN. Suponed que nosotros no hubiéramos tenido razón para

quejarnos. Suponed que el señor Leandro fuera, en efecto, el más noble

caballero..., incapaz de una baja acción...

POLICHINELA. ¿Qué decís?

PANTALÓN. Suponed que vuestra hija le amara con locura, hasta el punto

de haber huido con él de vuestra casa.

POLICHINELA. ¿Que mi hija huyó de mi casa y con ese hombre? ¿Quién lo

dijo? ¿Quién fue el desvergonzado...?

PANTALÓN. No os alteréis. Todo es suposición.

POLICHINELA. Pues aun así no he de tolerarlo.

PANTALÓN. Escuchad con paciencia. Suponed que todo eso hubiera sucedido.

¿No os sería forzoso casarla?

POLICHINELA. ¿Casarla? ¡Antes la mataría! Pero es locura pensarlo. Y

bien veo que eso quisierais para cobraros a costa mía, que sois otros

tales bribones. Pero no será, no será...

PANTALÓN. Ved[98.1] lo que decís, y no se hable aquí de bribones, cuando

estáis presente.

HOSTELERO. ¡Eso, eso!

POLICHINELA. ¡Bribones, bribones, combinados para robarme! Pero no será,

no será.

DOCTOR. No hayáis[98.2] cuidado, señor Polichinela, que aunque ellos

renunciaran a perseguirle, ¿no es nada este proceso? ¿Creéis que puede

borrarse nada de cuanto en él consta, que son cincuenta y dos delitos

probados y otros tantos que no necesitan probarse?...

PANTALÓN. ¿Qué decís ahora, Crispín?

CRISPÍN. Que todos esos delitos si fueran tantos, son como estos

otros... Dinero perdido que nunca se pagará si nunca le tenemos.

DOCTOR. ¡Eso no! Que yo he de cobrar lo que me corresponda de cualquier

modo que sea.

CRISPÍN. Pues será de los que se quejaron, que nosotros harto haremos en

pagar con nuestras personas.

DOCTOR. Los derechos de justicia son sagrados, y lo primero será

embargar para ellos cuanto hay en esta casa.

PANTALÓN. ¿Cómo es eso? Esto será para cobrarnos en algo.

HOSTELERO. Claro es; y de otro modo...

DOCTOR. Escribid, escribid, que si hablan todos nunca nos entenderemos.

PANTALÓN Y HOSTELERO. ¡No, no!

CRISPÍN. Oídme aquí, señor Doctor. ¿Y si se os pagara de una vez y sin

escribir tanto, vuestros... cómo los llamáis? ¿Estipendios?

DOCTOR. Derechos de justicia.

CRISPÍN. Como queráis. ¿Qué os parece?

DOCTOR. En ese caso...

CRISPÍN. Pues ved que mi amo puede ser hoy rico, poderoso, si el señor

Polichinela consiente en casarle con su hija. Pensad que la joven es

hija única del señor Polichinela; pensad en que mi señor ha de ser dueño

de todo; pensad...

DOCTOR. Puede, puede estudiarse.

PANTALÓN. ¿Qué os dijo?

HOSTELERO. ¿Qué resolvéis?

DOCTOR. Dejadme reflexionar. El mozo no es lerdo y se ve que no ignora

los procedimientos legales. Porque si consideramos que la ofensa que

recibisteis fue puramente pecuniaria y que todo delito que puede ser

reparado en la misma forma lleva en la reparación el más justo castigo;

si consideramos que así en la ley bárbara y primitiva del talión[100.1]

se dijo: ojo por ojo, diente por diente, mas no diente por ojo ni ojo

por diente... Bien puede decirse en este caso escudo por escudo. Porque

al fin, él no os quitó la vida para que podáis exigir la suya en pago.

No os ofendió en vuestra persona, honor, ni buena fama, para que podáis

exigir otro tanto. La equidad es la suprema justicia. _Equitas justicia

magna est._[100.2] Y desde las Pandectas[100.3] hasta Triboniano con

Emiliano Triboniano[100.4]...

PANTALÓN. No digáis más. Si él nos pagara...

HOSTELERO. Como él nos pagara...

POLICHINELA. ¡Qué disparates son éstos, y cómo ha de pagar, ni qué

tratar ahora!

CRISPÍN. Se trata de que todos estáis interesados en salvar a mi señor,

en salvarnos por interés de todos. Vosotros, por no perder vuestro

dinero; el señor Doctor, por no perder toda esa suma de admirable

doctrina que fuisteis depositando en esa balumba de sabiduría; el señor

Capitán, porque todos le vieron amigo de mi amo, y a su valor importa

que no se murmure de su amistad con un aventurero; vos, señor Arlequín,

porque vuestros ditirambos de poeta perderían todo su mérito al saber

que tan mal los empleasteis; vos, señor Polichinela..., antiguo amigo

mío, porque vuestra hija es ya ante el Cielo y ante los hombres la

esposa del señor Leandro.

POLICHINELA. ¡Mientes, mientes! ¡Insolente, desvergonzado!

CRISPÍN. Pues procédase al inventario de cuanto hay en la casa.

Escribid, escribid, y sean todos estos señores testigos y empiécese por

este aposento. (_Descorre el tapiz de la puerta del foro y aparecen

formando grupo Silvia, Leandro, doña Sirena, Colombina y la señora de

Polichinela._)

ESCENA ÚLTIMA

DICHOS, SILVIA, LEANDRO, DOÑA SIRENA, COLOMBINA y la SEÑORA de

POLICHINELA, que aparecen por el foro.

PANTALÓN Y HOSTELERO. ¡Silvia!

CAPITÁN Y ARLEQUÍN. ¡Juntos! ¡Los dos!

POLICHINELA. ¿Conque era cierto? ¡Todos contra mí! ¡Y mi mujer y mi hija

con ellos! ¡Todos conjurados para robarme! ¡Prended a ese hombre, a esas

mujeres, a ese impostor, o yo mismo...!

PANTALÓN. ¿Estáis loco, señor Polichinela?

LEANDRO. (_Bajando al proscenio en compañía de los demás._) Vuestra hija

vino aquí creyéndome malherido acompañada de doña Sirena, y yo mismo

corrí al punto en busca de vuestra esposa para que también la

acompañara. Silvia sabe quién soy, sabe toda mi vida de miserias, de

engaños, de bajezas, y estoy seguro que de nuestro sueño de amor nada

queda en su corazón... Llevadla de aquí, llevadla; yo os lo pido antes

de entregarme a la Justicia.

POLICHINELA. El castigo de mi hija es cuenta mía; pero a ti...

¡Prendedle digo!

SILVIA. ¡Padre! Si no le salváis, será mi muerte. Le amo, le amo

siempre, ahora más que nunca. Porque su corazón es noble y fue muy

desdichado, y pudo hacerme suya con mentir, y no ha mentido.

POLICHINELA. ¡Calla, calla, loca, desvergonzada! Éstas son las

enseñanzas de tu madre..., sus vanidades y fantasías. Éstas son las

lecturas romancescas, las músicas a la luz de la luna.

SEÑORA DE POLICHINELA. Todo es preferible a que mi hija se case con un

hombre como tú, para ser desdichada como su madre. ¿De qué me sirvió

nunca la riqueza?

SIRENA. Decís bien, señora Polichinela. ¿De qué sirven las riquezas sin

amor?

COLOMBINA. De lo mismo que el amor sin riquezas.

DOCTOR. Señor Polichinela, nada os estará mejor que casarlos.

PANTALÓN. Ved que esto ha de saberse en la ciudad.

HOSTELERO. Ved que todo el mundo estará de su parte.

CAPITÁN. Y no hemos de consentir que hagáis violencia a vuestra hija.

DOCTOR. Y ha de constar en el proceso que fue hallada aquí, junta con

él.

CRISPÍN. Y en mi señor no hubo más falta que carecer de dinero, pero a

él nadie le aventajará en nobleza..., y vuestros nietos serán

caballeros... si no dan en salir al abuelo...

TODOS. ¡Casadlos! ¡Casadlos!

PANTALÓN. O todos caeremos sobre vos.

HOSTELERO. Y saldrá a relucir vuestra historia...

ARLEQUÍN. Y nada iréis ganando...

SIRENA. Os lo pide una dama, conmovida por este amor tan fuera de estos

tiempos.

COLOMBINA. Que más parece de novela.

TODOS. ¡Casadlos! ¡Casadlos!

POLICHINELA. Cásense enhoramala. Pero mi hija quedará sin dote y

desheredada... Y arruinaré toda mi hacienda antes que ese bergante...

DOCTOR. Eso sí que no haréis, señor Polichinela.

PANTALÓN. ¿Qué disparates son ésos?

HOSTELERO. ¡No lo penséis siquiera!

ARLEQUÍN. ¿Qué se diría?

CAPITÁN. No lo consentiremos.

SILVIA. No, padre mío; soy yo la que nada acepto, soy yo la que ha de

compartir su suerte. Así le amo.

LEANDRO. Y sólo así puedo aceptar tu amor... (_Todos corren hacia Silvia

y Leandro._)

DOCTOR. ¿Qué dicen? ¿Están locos?

PANTALÓN. ¡Eso no puede ser!

HOSTELERO. ¡Lo aceptaréis todo!

ARLEQUÍN. Seréis felices y seréis ricos.

SEÑORA DE POLICHINELA. ¡Mi hija en la miseria! ¡Ese hombre es un

verdugo!

SIRENA. Ved que el amor es niño delicado y resiste pocas privaciones.

DOCTOR. ¡No ha de ser! Que el señor Polichinela firmará aquí mismo

espléndida donación, como corresponde a una persona de su calidad y a un

padre amantísimo. Escribid, escribid, señor Secretario, que a esto no ha

de oponerse nadie.

TODOS. (_Menos Polichinela._) ¡Escribid, escribid!

DOCTOR. Y vosotros, jóvenes enamorados..., resignaos con las riquezas,

que no conviene extremar escrúpulos que nadie agradece.

PANTALÓN. (_A Crispín._) ¿Seremos pagados?

CRISPÍN. ¿Quién lo duda? Pero habéis de proclamar que el señor Leandro

nunca os engañó... Ved cómo se sacrifica por satisfaceros aceptando esa

riqueza, que ha de repugnar a sus sentimientos.

PANTALÓN. Siempre le creímos un noble caballero.

HOSTELERO. Siempre.

ARLEQUÍN. Todos lo creímos.

CAPITÁN. Y lo sostendremos siempre.

CRISPÍN. Y ahora, Doctor, ese proceso, ¿habrá tierra bastante en la

tierra para echarle encima?

DOCTOR. Mi previsión se anticipa a todo. Bastará con puntuar debidamente

algún concepto... Ved aquí: donde dice... «Y resultando que si no

declaró...», basta una coma, y dice: «Y resultando que sí, no

declaró...» Y aquí: «Y resultando que no, debe condenársele...», fuera

la coma, y dice: «Y resultando que no debe condenársele...»

CRISPÍN. ¡Oh, admirable coma! ¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia!

¡Oráculo de la Ley! ¡Monstruo de la Jurisprudencia!

DOCTOR. Ahora confío en la grandeza de tu señor.

CRISPÍN. Descuidad. Nadie mejor que vos sabe cómo el dinero puede

cambiar a un hombre.

SECRETARIO. Yo fui el que puso y quitó esas comas...

CRISPÍN. En espera de algo mejor... Tomad esta cadena. Es de oro.

SECRETARIO. ¿De ley?[104.1]

CRISPÍN. Vos lo sabréis que entendéis de leyes...

POLICHINELA. Sólo impondré una condición. Que este pícaro deje para

siempre de estar a tu servicio.

CRISPÍN. No necesitáis pedirlo, señor Polichinela. ¿Pensáis que soy tan

pobre de ambiciones como mi señor?

LEANDRO. ¿Quieres dejarme, Crispín? No será sin tristeza de mi parte.

CRISPÍN. No la tengáis, que ya de nada puedo serviros y conmigo dejáis

la piel del hombre viejo... ¿Qué os dije, señor? Que entre todos habían

de salvarnos... Creedlo. Para salir adelante con todo, mejor que crear

afectos es crear intereses...

LEANDRO. Te engañas, que sin el amor de Silvia, nunca me hubiera

salvado.

CRISPÍN. ¿Y es poco interés ese amor? Yo di siempre su parte al ideal y

conté con él siempre. Y ahora, acabó la farsa.

Tres Comedias · 第 7 / 15 段