HAMLET.--Antes yo creo... á lo menos para mi complexión, hace un calor

que abrasa.

ENRIQUE.--¡Oh! en extremo... sumamente fuerte, como... yo no sé cómo

diga... Pues, señor, el rey me manda que os informe de que ha hecho una

grande apuesta en vuestro favor. Este es el asunto.

HAMLET.--Tened presente que el sombrero se...

ENRIQUE.--¡Oh! señor... lo hago por comodidad... cierto... Pues ello es

que Laertes acaba de llegar á la corte... ¡Oh! es un perfecto caballero,

no cabe duda. Excelentes cualidades, un trato muy dulce, muy bienquisto

de todos... Cierto, hablando sin pasión, es menester confesar que es la

nata y flor de la nobleza, porque en él se hallan cuantas prendas pueden

verse en un caballero.

HAMLET.--La pintura que de él hacéis no desmerece nada en vuestra boca,

aunque yo creí que al hacer el inventario de sus virtudes se

confundirían la aritmética y la memoria, y ambas serían insuficientes

para suma tan larga. Pero sin exagerar su elogio, yo le tengo por un

hombre de grande espíritu y de tan particular y extraordinaria

naturaleza, que (hablando con toda la exactitud posible) no se hallará

su semejanza sino en su mismo espejo; pues el que presuma buscarla en

otra parte sólo encontrará bosquejos informes.

ENRIQUE.--V. A. acaba de hacer justicia imparcial en cuanto ha dicho de

él.

HAMLET.--Sí; pero sépase á qué propósito nos enronquecemos ahora,

entrometiendo en nuestra conversación las alabanzas de ese galán.

ENRIQUE.--¿Cómo decís, señor?

HORACIO.--¿No fuera mejor que le hablarais con más claridad? Yo creo,

señor, que no os sería difícil.

HAMLET.--Digo que ¿á qué viene ahora hablar de ese caballero?

ENRIQUE.--¿De Laertes?

HORACIO.--¡Eh! ya vació cuanto tenía, y se le acabó la provisión de

frases brillantes.

HAMLET.--Sí; señor; de ése mismo.

ENRIQUE.--Yo creo que no estaréis ignorante de...

HAMLET.--Quisiera que no me tuvierais por ignorante; bien que vuestra

opinión no me añadiría un gran concepto... Y bien, ¿qué más?

ENRIQUE.--Decía, que no podéis ignorar el mérito de Laertes.

HAMLET.--Yo no me atreveré á confesarlo por no igualarme con él, siendo

averiguado que para conocer bien á otro es menester conocerse bien á sí

mismo.

ENRIQUE.--Yo lo decía por su destreza en el arma, puesto que según la

voz general, no se le conoce compañero.

HAMLET.--¿Y qué arma es la suya?

ENRIQUE.--Espada y daga.

HAMLET.--Esas son dos armas... Vaya, adelante.

ENRIQUE.--Pues, señor, el rey ha apostado contra él seis caballos

bárbaros, y él ha impuesto por su parte (según he sabido) seis espadas

francesas con sus dagas y guarniciones correspondientes, como cinturón,

colgantes, y así á este tenor... Tres de estas cureñas particularmente

son la cosa más bien hecha que puede darse. ¡Cureñas como ellas!... ¡Oh!

es obra de mucho gusto y primor.

HAMLET.--Y ¿á qué cosa llamáis cureñas?

HORACIO.--Ya recelaba yo que sin el socorro de notas marginales no

pudierais acabar el diálogo.

ENRIQUE.--Señor, por cureñas entiendo yo, así, los... los cinturones...

HAMLET.--La expresión sería mucho más propia, si pudiéramos llevar al

lado un cañón de artillería; pero en tanto que este uso no se introduce,

los llamaremos cinturones... En fin, vamos al asunto. Seis caballos

bárbaros contra seis espadas francesas con sus cinturones, y entre ellos

tres cureñas primorosas... ¿Conque esto es lo que apuesta el francés

contra el dinamarqués? ¿Y á qué fin se han impuesto (como vos decís)

todas esas cosas?

ENRIQUE.--El rey ha apostado que si batalláis con Laertes, en doce

jugadas no pasarán de tres botonazos los que él os dé; y él dice, que

en las mismas doce os dará nueve cuando menos, y desea que esto se

juzgue inmediatamente, si os dignáis de responder.

HAMLET.--¿Y si respondo que no?

ENRIQUE.--Quiero decir, si admitís el partido que os propone.

HAMLET.--Pues, señor, yo tengo que pasearme todavía en esta sala; porque

si S. M. no lo ha por enojo, ésta es la hora crítica en que yo

acostumbro respirar el ambiente. Tráiganse aquí los floretes, y si ese

caballero lo quiere así, y el rey se mantiene en lo dicho, le haré ganar

la apuesta si puedo; y si no puedo, lo que yo ganaré será vergüenza y

golpes.

ENRIQUE.--Con que ¿lo diré en esos términos?

HAMLET.--Esta es la substancia; después lo podéis adornar con todas las

flores de vuestro ingenio.

ENRIQUE.--Señor, recomiendo nuevamente mis respetos á vuestra grandeza.

HAMLET.--Siempre vuestro, siempre.

ESCENA VI

HAMLET, HORACIO

HAMLET.--El hace muy bien de recomendarse á si mismo; porque si no, dudo

mucho que nadie lo hiciese por él.

HORACIO.--Este me parece un vencejo que empezó á volar y chillar con el

cascarón pegado á las plumas.

HAMLET.--Sí, y aun antes de mamar hacía ya cumplimientos á la teta...

Este es uno de los muchos que en nuestra corrompida edad son estimados,

únicamente porque saben acomodarse al gusto del día con esa exterioridad

halagüeña y obsequiosa... y con ella tal vez suelen sorprender el

aprecio de los hombres prudentes; pero se parecen demasiado á la espuma,

que por más que hierva y abulte, al dar un soplo se reconoce lo que es;

todas las ampollas huecas se deshacen, y no queda nada en el vaso.

ESCENA VII

HAMLET, HORACIO, un Caballero

CABALLERO.--Señor, parece que S. M. os envió un recado con el joven

Enrique, y éste ha vuelto diciendo que esperabais en esta sala. El rey

me envía á saber si gustáis de batallar con Laertes inmediatamente, ó si

queréis que se dilate.

HAMLET.--Yo soy constante en mi resolución, y la sujeto á la voluntad

del rey. Si esta hora fuese cómoda para él, también lo es para mí:

conque hágase al instante ó cuando guste, con tal que me halle en la

buena disposición que ahora.

CABALLERO.--El rey y la reina bajan con toda la corte.

HAMLET.--Muy bien.

CABALLERO.--La reina quisiera que antes de comenzar la batalla,

hablarais á Laertes con dulzura y expresiones de amistad.

HAMLET.--Es advertencia muy prudente.

ESCENA VIII

HAMLET, HORACIO

HORACIO.--Temo que habéis de perder, señor.

HAMLET.--No, yo pienso que no. Desde que él partió para Francia, no he

cesado de ejercitarme, y creo que le llevaré ventaja... Pero... no

podrás imaginarte qué angustia siento aquí en el corazón... ¿Y sobre

qué?... No hay motivo...

HORACIO.--Con todo eso, señor...

HAMLET.--¡Ilusiones vanas!... Especies de presentimientos capaces sólo

de turbar un alma femenil.

HORACIO.--Si sentís interiormente alguna repugnancia, no hay por qué

empeñaros. Yo me adelantaré á encontrarlos, y les diré que estáis

indispuesto.

HAMLET.--No, no... Me burlo yo de tales presagios. Hasta en la muerte de

un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es

llegada, no hay que esperarla; si no ha de venir ya, señal que es hora;

y si ahora no fuese, habrá de ser después: todo consiste en hallarse

prevenido para cuando venga. Si el hombre al terminar su vida ignora

siempre lo que podría ocurrir después, ¿qué importa que la pierda tarde

ó presto? Sepa morir.

ESCENA IX

HAMLET, HORACIO, CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, ENRIQUE, caballeros,

damas, acompañamiento

CLAUDIO.--Ven, Hamlet, ven y recibe esta mano que te presento. (_Hace

que Hamlet y Laertes se den la mano_).

HAMLET.--Laertes, si estáis ofendido de mí, os pido perdón. Perdonadme

como caballero. Cuantos se hallan presentes saben, y aun vos mismo lo

habréis oído, el desorden que mi razón padece. Cuanto haya hecho

insultando la ternura de vuestro corazón, vuestra nobleza ó vuestro

honor, cualquiera acción, en fin, capaz de irritaros, declaro

solemnemente en este lugar que ha sido efecto de mi locura. ¿Puede

Hamlet haber ofendido á Laertes? No. Hamlet no ha sido, porque estaba

fuera de sí; y si en tal ocasión (en que él á sí propio se desconocía)

ofendió á Laertes, no fué Hamlet el agresor, porque Hamlet lo desaprueba

y lo desmiente. Pues ¿quién puede ser? Su demencia sola... Siendo esto

así, el desdichado Hamlet es partidario del ofendido, al paso que en su

propia locura reconoce su mayor contrario. Permitid, pues, que delante

de esta asamblea me justifique de toda siniestra intención, y espero de

vuestro ánimo generoso el olvido de mis desaciertos. Disparaba el arpón

sobre los muros de ese edificio; y por error herí á mi hermano.

LAERTES.--Mi corazón, cuyos impulsos naturales eran los primeros á

pedirme en este caso venganza, queda satisfecho. Mi honra no me permite

pasar adelante, ni admitir reconciliación alguna, hasta que examinado el

hecho por ancianos y virtuosos árbitros, se declare que mi pundonor está

sin mancilla. Mientras llega este caso, admito con afecto recíproco el

que me anunciáis, y os prometo de no ofenderle.

HAMLET.--Yo recibo con sincera gratitud ese ofrecimiento, y en cuanto á

la batalla que va á comenzarse, lidiaré con vos como si mi competidor

fuese mi hermano... Vamos. Dadnos floretes.

LAERTES.--Sí, vamos... uno á mí.

HAMLET.--La victoria no os será difícil: vuestra habilidad lucirá sobre

mi ignorancia, como una estrella resplandeciente entre las tinieblas de

la noche.

LAERTES.--No os burléis, señor.

HAMLET.--No, no me burlo.

CLAUDIO.--Dales floretes, joven Enrique. Hamlet, ya sabes cuáles son las

condiciones.

HAMLET.--Sí, señor, y en verdad que habéis apostado por el más débil.

(Traen los criados una mesa, y en ella, cuando lo manda Claudio,

ponen jarros y copas de oro que llenan de vino. Claudio y Gertrudis

se sientan junto á la mesa, y todos los demás, según su clase,

ocupan los asientos restantes. Quedan en pie los criados que sirven

las copas, Hamlet y Laertes, que se disponen para batallar, y

Horacio y Enrique en calidad de jueces ó padrinos.)

CLAUDIO.--No temo perder. Yo os he visto ya esgrimir á entrambos, y

aunque él haya adelantado después, por eso mismo el premio es mayor á

favor nuestro.

LAERTES.--Este es muy pasado. Dejadme ver otro.

(_Enrique presenta varios floretes. Hamlet toma uno, y Laertes

escoge otro_).

HAMLET.--Este me parece bueno... ¿Son todos iguales?

ENRIQUE.--Sí, señor.

CLAUDIO.--Cubrid esta mesa de copas llenas de vino. Si Hamlet da la

primera ó segunda estocada, ó en la tercera suerte da un quite al

contrario, disparen toda la artillería de las almenas. El rey beberá á

la salud de Hamlet, echando en la copa una perla más preciosa que la que

han usado en su corona los cuatro últimos soberanos daneses... Traed las

copas, y el timbal diga á las trompetas, las trompetas al artillero

distante, los cañones al cielo, y el cielo á la tierra: ahora brinda el

rey de Dinamarca á la salud de Hamlet... Comenzad, y vosotros, que

habéis de juzgarlos, observad atentos.

HAMLET.--Vamos.

LAERTES.--Vamos, señor. (_Batallan Hamlet y Laertes_).

HAMLET.--Una.

LAERTES.--No.

HAMLET.--Que juzguen.

ENRIQUE.--Una estocada, no hay duda.

LAERTES.--Bien; a otra.

CLAUDIO.--Esperad... Dadme de beber. (_Claudio echa una perla en la copa

y bebe, alarga después la copa á Hamlet, y él rehusa tomarla. Suena á lo

lejos ruido de trompetas y cañonazos_). Hamlet, esta perla es pana ti, y

brindo con ella á tu salud. Dadle la copa.

HAMLET.--Esperad un poco. (_Vuelven á batallar_). Quiero dar este bote

primero. Vamos... Otra estocada. ¿Qué decís?

LAERTES.--Sí, me ha tocado: lo confieso.

CLAUDIO.--¡Oh! nuestro hijo vencerá.

GERTRUDIS.--Está grueso y se fatiga demasiado. Ven aquí, Hamlet, toma

este lienzo y límpiate el rostro... La reina brinda á tu buena fortuna,

querido Hamlet.

(_Toma la copa y bebe; Claudio lo quiere estorbar; y Gertrudis bebe

segunda vez_).

HAMLET.--Muchas gracias, señora.

CLAUDIO.--No, no bebáis.

GERTRUDIS.--¡Oh! señor, perdonadme, yo he de beber.

CLAUDIO.--¡La copia envenenada!... Pero... no hay remedio.

HAMLET.--No, ahora no bebo, esperad un instante.

GERTRUDIS.--Ven, hijo mío, te limpiaré el sudor del rostro.

LAERTES.--Ahora veréis si le acierto.

(_Laertes habla con Claudio en voz baja, mientras Gertrudis limpia

con un lienzo el sudor á Hamlet_).

CLAUDIO.--Yo pienso que no.

LAERTES.--No sé qué repugnancia siento al ir á ejecutarlo.

HAMLET.--Vamos á la tercera, Laertes... Pero bien se ve que lo tomáis a

fiesta: batallad, os ruego, con más ahinco. Mucho temo que os burléis de

mí.

LAERTES.--¿Eso decís, señor? Vamos. (_Batallan_).

ENRIQUE.--Nada: ni uno ni otro.

LAERTES.--Ahora... ésta...

(Vuelven á batallar; se enfurecen, truécanse las espadas y quedan

heridos los dos. Horacio y Enrique los separan con dificultad;

Gertrudis cae moribunda en los brazos de Claudio. Todo es terror y

confusión.)

CLAUDIO.--Parece que se acaloran demasiado... Separadlos.

HAMLET.--No, no, vamos otra vez.

ENRIQUE.--Ved qué tiene la reina... ¡Cielos!

HORACIO.--¡Ambos heridos! ¿Qué es esto, señor?

ENRIQUE.--¿Cómo ha sido, Laertes?

LAERTES.--Esto es haber caído en el lazo que preparé... justamente muero

víctima de mi propia traición.

HAMLET.--¿Qué tiene la reina?

CLAUDIO.--Se ha desmayado al veros heridos.

GERTRUDIS.--No, no... ¡La bebida!... ¡Querido Hamlet!... ¡La bebida!....

¡Me han envenenado!

(_Queda muerta en la silla_).

HAMLET.--¡Oh, qué alevosía!... ¡Oh!... Cerrad las puertas... Traición...

Buscad por todas partes...

LAERTES.--No, el traidor está aquí. (_Dirá esto sostenido por Enrique_).

Hamlet, tú eres muerto... No hay medicina que pueda salvarte: vivirás

media hora apenas... En tu mano está el instrumento aleve, bañada con

ponzoña su aguda punta... ¡Volvióse en mi daño la trama indigna!...

Vesme aquí postrado para no levantarme jamás... Tu madre ha bebido un

tósigo... No puedo proseguir... El rey, el rey es el delincuente.

(Claudio quiere huir. Hamlet corre á él furioso, y le atraviesa la

espada por el cuerpo. Toma la copa envenenada, y se la hace apurar

por fuerza. Le deja muerto en el suelo, y vuelve á oir las últimas

palabras de Laertes.)

HAMLET.--¿Está envenenada esta punta? Pues, veneno, produce tus

efectos.

TODOS.--Traición, traición.

CLAUDIO.--Amigos, estoy herido... Defendedme.

HAMLET.--¡Malvado, incestuoso, asesino! Bebe esta ponzoña... ¿Está la

perla aquí? Sí, toma, acompaña á mi madre.

LAERTES.--¡Justo castigo!... El mismo preparó la poción mortal...

Olvidémonos de todo, generoso Hamlet, y... ¡Oh, no caiga sobre ti la

muerte de mi padre y la mía, ni sobre mí la tuya! (_Cae muerto_).

HAMLET.--El cielo te perdone... Ya voy á seguirte... Yo muero,

Horacio... Adiós, reina infeliz... (_Abrazando el cadáver de

Gertrudis_). Vosotros, que asistís pálidos y mudos con el temor á este

suceso terrible.... Si yo tuviera tiempo... (_Empieza á manifestar

desfallecimiento y angustias de muerte. Parte de los manifestantes le

acompañan y sostienen. Horacio hace extremos de dolor_). La muerte es un

ministro inexorable que no dilata la ejecución... Yo pudiera deciros...

pero no es posible. Horacio, yo muero. Tú, que vivirás, refiere la

verdad y los motivos de mi conducta á quien los ignora.

HORACIO.--¿Vivir? No lo creáis. Yo tengo alma romana, y aun ha quedado

aquí parte del tósigo.

(Busca en la mesa el jarro del veneno, echa porción de él en una

copa, va á beber. Hamlet quiere estorbárselo. Los criados quitan la

copa á Horacio, la toma Hamlet, y la tira al suelo.)

HAMLET.--Dame esa copa... presto... por Dios te lo pido. ¡Oh, querido

Horacio! si esto permanece oculto, ¡qué manchada reputación dejaré

después de mi muerte! Si alguna vez me diste lugar en tu corazón,

retarda un poco esa felicidad que apeteces, alarga por algún tiempo la

fatigosa vida en este mundo lleno de miserias, y divulga por él mi

historia... ¿Qué estrépito militar es éste?

(_Suena música militar, que se va aproximando lentamente_).

ESCENA X

HAMLET, HORACIO, ENRIQUE, un Caballero y acompañamiento

CABALLERO.--El joven Fortimbrás, que vuelve vencedor de Polonia, saluda

con la salva marcial que oís, a los embajadores de Inglaterra.

HAMLET.--Yo espiro, Horacio; la activa ponzoña sofoca mi aliento... No

puedo vivir para saber nuevas de Inglaterra; pero me atrevo á anunciar

que Fortimbrás será elegido por aquella nación. Yo moribundo le doy mi

voto... Díselo tú, e infórmale de cuanto acaba de ocurrir... ¡Oh! Para

mí sólo queda ya... silencio eterno.

(_Muere_).

HORACIO.--¡En fin, se rompe ese gran corazón!... Adiós, adiós, amado

príncipe. (_Le besa las manos, y hace ademanes de dolor_). ¡Los coros

angélicos te acompañen al celeste descanso!... Pero, ¿cómo se acerca

hasta aquí ese estruendo de tambores?

ESCENA XI

FORTIMBRAS, dos embajadores, HORACIO, ENRIQUE, soldados,

acompañamiento

FORTIMBRÁS.--¿En dónde está ese espectáculo?

HORACIO.--¿Qué buscáis aquí? Si no queréis ver desgracias espantosas, no

paséis adelante.

FORTIMBRÁS.--¡Oh! Este destrozo pide sangrienta venganza... Soberbia

muerte, ¿qué festín dispones en tu morada infernal, que así has herido

con un golpe solo tantas ilustres víctimas?

EMBAJADOR 1.º.--¡Horroriza el verlo!... Tarde hemos llegado con los

mensajes de Inglaterra. Los oídos á quienes debíamos dirigirlos son ya

insensibles. Sus órdenes fueron puntualmente ejecutadas. Ricardo y

Guillermo perdieron la vida... Pero, ¿quién nos dará las gracias de

nuestra obediencia?

HORACIO.--No las recibiríais de su boca aunque viviese todavía, que él

nunca dió orden para tales muertes. Pero puesto que vos, viniendo

victorioso de la guerra contra Polonia, y vosotros, enviados de

Inglaterra, os halláis juntos en este lugar, y os veo deseosos de

averiguar este suceso trágico, disponed que esos cadáveres se expongan

sobre una tumba elevada á la vista pública, y entonces haré saber al

mundo, que lo ignora, el motivo de estas desgracias. Me oiréis hablar

(pues todo os lo sabré referir fielmente) de acciones crueles, bárbaras,

atroces: sentencias que dictó el acaso, estragos imprevistos, muertes

ejecutadas con violencia y aleve astucia, y al fin proyectos malogrados

que han hecho perecer á sus autores mismos.

FORTIMBRÁS.--Deseo con impaciencia oiros, y convendrá que se reuna con

este objeto la nobleza de la nación. No puedo mirar sin horror los dones

que me ofrece la fortuna; pero tengo derechos muy antiguos á esta

corona, y en tal ocasión es justo reclamarlos.

HORACIO.--También puedo hablar en ese propósito, declarando el voto que

pronunció aquella boca que ya no formará sonido alguno... Pero ahora que

los ánimos están en peligroso movimiento, no se dilate la ejecución un

instante solo, para evitar los males que pudieran causar la malignidad ó

el error.

FORTIMBRÁS.--Cuatro de mis capitanes lleven al túmulo el cuerpo de

Hamlet con las insignias correspondientes á un guerrero. ¡Ah! si él

hubiese ocupado el trono, sin duda hubiera sido un excelente monarca...

Resuene la música militar por donde pase la pompa fúnebre, y hágansele

todos los honores de la guerra... Quitad, quitad de ahí esos cadáveres.

Espectáculo sangriento más es propio de un campo de batalla que de este

sitio... Y vosotros haced que salude con descargas todo el ejército.

FIN DEL DRAMA

* * * * *

TEATRO FACIL

Obras de facilísima representación por su sencillez de decorado y pocos

personajes

Hombres Mujeres

1 0 =Como rezan las solteras=, por R. de Campoamor

2 3 =Sistema Ollendorff=, por Felipe Pérez Capo

1 1 =Cartas de novios=, por Enrique Arroyo

0 2 =Pescadores de caña=, por A. Mundet

0 5 =A prima fija=, por P. Muñoz Seca

1 0 =La última carta=, por F. Flores García.

2 2 =La marquesita loca=, por A. Jimenez Lora

1 1 =El caminante=, por R. J. Catarineu

1 0 =Marinera=, por Joaquín Dicenta

1 1 =Caminico e la juente=, por Portusach y Castellví

0 2 =El león de bronce=, por Joaquín Dicenta

3 0 =Rosas todo el año=, por Julio Dantas

2 2 =El billete del baile=, por L. Millá y E. Arroyo

1 2 =Los hombres=, por Armando Oliveros

1 1 =Lo que hace el querer=, por Domingo Moreno

5 2 =Nunca es tarde=, por A. Insua y A. Hernández Catá

1 5 =El grito de libertad=, por Augusto Fochs

1 2 =Petición de mano=, por Alberto Cosin

2 2 =Locura=, boceto de drama en un acto, por J. A.

2 2 =¡Por una furlana!=, juguete por T. de Mun

1 2 =Un ojo de cristal=, juguete en un acto, por L. Emegé

2 3 =Bailes rusos=, juguete por T. de Mun

0 6 =El 4.º acto del Tenorio=, por Pío M. Glañin

0 6 =La factura de un incendio=, por Gil Pimoñan

0 7 =El tío de su sobrino=, por M. P. y R.

2 3 =¡Qué escándalo!=, juguete cómico, por Gil Pimoñan

0 5 =Expiación=, cuadro dramático, por M. P. Areri

1 1 =La cajita de rapé=, diálogo por Luis Millá

1 6 =Los tres novios de Petrilla=, por Magin P. Riera

1 5 =El señor empresario=, por Gil Pimoñon

=A 50 céntimos cada obra=

Casa Editorial Maucci, Mallorca, 166.--Barcelona

Hamlet: Drama en cinco actos · 第 8 / 8 段