El proyecto de erigir una estatua á _Lagartijo_ ha escandalizado á
muchos. No hay razón para ello.
Nunca tan bien empleado el arte de la escultura como al reproducir en
bronce ó mármol la humana belleza en su más apreciable manifestación:
la belleza del cuerpo.
Sabido es que, hasta la representación simbólica de abstracciones por
medio de la escultura, no tiene otra forma de expresión que la más
bella forma del cuerpo humano.
¿Es preciso buscar antecedentes, razón suprema de muchas sinrazones
nacionales? En Grecia tuvieron más estatuas los atletas y corredores de
sus juegos olímpicos, que los hombres de Estado, los filósofos y los
poetas. No se diga en Roma y en Bizancio.
Un sabio, un escritor, cualquier intelectual, en suma, va mejor
servido con la reproducción y estudio de sus obras, y si de perpetuar
su memoria en efigie se trata, con un busto es suficiente. ¿A qué
afligirnos con la contemplación antiestética de su abdomen, doblemente
si se nos presenta enfundado en una levita?
Por mucho arte y mucha habilidad del escultor, no podrá evitarse que la
estatua de un caballero moderno más nos recuerde las figuras de cera
del Museo Grevin que las esculturas del Museo del Vaticano.
La prueba es, que los escultores modernos procuran desquitarse en
grupos ó figuras alegóricas, del inconveniente buen señor, que viene,
de este modo, á ser accesorio del monumento elevado á su gloria.
Lo que sí puede discutirse es si la figura del torero en general,
y la de _Lagartijo_, en particular, se prestan á la representación
escultórica.
El toreo es una habilidad. Sus apasionados y sus cultivadores aseguran
que es un arte. Vaya por el arte. De toda suerte--y aquí bien puede
decirse y _en todas las suertes_, es un arte cuya gracia está en el
movimiento.--Fijad cualquiera actitud de un lidiador, como cualquiera
actitud de una bailarina y habrá perdido toda su gracia en la
inmovilidad. No hay más que ver las fotografías instantáneas obtenidas
durante la ejecución de las más graciosas suertes del toreo.
Sin el ritmo y el garbo en la sucesión de movimientos, ni el lidiador
ni la bailarina tienen valor artístico alguno. Es difícil, casi
imposible, plantar en una sola actitud la gracia, resultado de varias
armónicas actitudes. _The moments monuments._ La eternidad de un
instante, que según Rossetti es el soneto, no puede serlo el arte de
torear.
Particularmente en _Lagartijo_, el ritmo era su mayor encanto. Aquella
dejadez señorial de sus pasos y de sus actitudes.
Este arte, de gracia dinámica, digámoslo así, tiene su mejor expresión
en la música. Por eso vemos que el toreo, con ser cosa tan española, no
ha inspirado grandes obras á los pintores ó los escultores españoles.
En cambio, es mucha y excelente la música torera de nuestros más
famosos compositores.
Y nótese, cómo un pasodoble brillante es más evocador de majezas
taurinas, que puede serlo una página literaria, un cuadro ó una
escultura.
Con ser figuras tan famosas y características, la pintura española
no ha legado á la posteridad un buen retrato de _Lagartijo_, ni de
_Frascuelo_, ni de _Guerrita_, ni del _Espartero_, ni de _Reverte_.
Los mejores cuadros inspirados por nuestra fiesta nacional, son los de
Zuloaga. Y no son por cierto un himno á sus gallardías y sus proezas.
Hay en ellos una sonrisa de amargura, más patriótica que las fanfarrias
coloristas de los aduladores de multitudes incultas.
Hay más luz interior en los cuadros de Zuloaga que en todos los cuadros
de esos pintores de la luz tan celebrados. Hay luz que debiera iluminar
la conciencia española. Por eso ofende, irrita á muchos.
--¡Es una España de fantasía!--dicen.--No; la de fantasía es la otra.
Por eso me parece muy bien el proyecto de erigir una estatua á
_Lagartijo_, y celebraría con toda el alma que se llegara á su
realización.
Esa estatua pudiera, al levantarse, ser una forma visible del
remordimiento, _como la sombra de Banguo en el festín de Macbeth_.
Hay conciencias tan dormidas que no necesitan menos para despertarse.
Ante la estatua de _Lagartijo_ se caería en la cuenta: ó de las muchas
que faltan, ó de que sobran todas.