XL[5]

[5] Leído en la función de despedida de Rosario Pino.

Mi vida de autor dramático no podrá recordarse sin recordar á Rosario

Pino, la intérprete ideal de tantas comedias mías cuando mis comedias

no le gustaban á nadie más que á mí, al contrario de lo que ahora

sucede, que á muchos les gustan y á mí no me gustan nada. Y yo estoy

más triste ahora, que no puedo estar conforme con el aplauso, que

entonces cuando no sabía estar conforme con las censuras.

Sé que al despedirse Rosario Pino muchas obras mías se despiden

también; pero no seré yo, por eso, quien entristezca esta despedida.

¡Despedirnos, caminar, alejarnos... morir... olvidar al fin, que es

verdadera muerte...! Todo es lo mismo, todo es la vida... y hay que

afrontarlo cara á cara...

Si fuímos siquiera, ya que no luz de astro esplendoroso, amable luz

de lámpara familiar; si por algún alma pasamos como una caricia;

si supimos avivar á nuestro paso la simpatía de otros corazones,

capaces de sentir como propios toda alegría y toda tristeza humanas...

al alejarnos--despedida ó muerte--y sustituir la presencia con el

recuerdo, será como purificarnos, será como desmaterializarnos, será

un resplandor sin llamarada, será como una diafanidad de gloria... Lo

mejor de nuestra vida está en el corazón de los que nos aman. Para el

artista el amor es la admiración, que, como dijo Shelley, la gloria es

amor disfrazado... Por eso sólo puede decirse que se van ó que mueren

los que no supieron hacerse amar.

La dulce voz será silencio. Pero ¿qué música valdrá lo que el recuerdo

de esa voz en nuestras almas? No seré yo quien le salga á usted al paso

para decirle: No nos deje, que el callar de su voz es como si algo

también enmudeciera en nosotros... No; que aquí, en nuestro corazón,

queda para siempre y bastará poner atento el oído al corazón para

escucharla, como al acercar un caracol nos parece oir como recogidos en

sus repligues de nácar el oleaje del mar lejano...

No seamos egoístas en nuestra admiración... De una insigne actriz

francesa se cuenta que en triunfo de teatro exclamaba: ¡Bien me pueden

aplaudir; les doy mi vida! Usted nos ha dado lo mejor de su vida; justo

es que nuestra admiración le consienta á usted descanso.

El público no ve, no sabe que cuando á él llega una ráfaga de arte

puro, esa ráfaga... presupone una tempestad en el alma del artista,

como el aire apacible que refresca un día ardoroso nos llega tal vez de

un vendaval remoto que fué desolación y espanto...

Para el artista son las lágrimas crueles, para el espectador las dulces

lágrimas. Amor y gratitud para el artista que da por bien pagadas sus

tristezas más hondas con vuestro aplauso.

Rosario Pino no podrá olvidar nunca los aplausos de este público suyo:

su recuerdo será quizás toda su alegría en el descanso buscado... No

olvidéis vosotros pronto á la que supo haceros olvidar tantas veces las

emociones penosas de la vida con la elevada emoción de su arte.

De Sobremesa; crónicas, Quinta Parte (de 5) · 第 45 / 52 题