I
Los ojos y las almas se van tras lo que brilla, y la botadura del barco
_España_ ha sido lo más brillante en esta semana pasada.
¡Un barco de guerra magnífico! La consideración de la cantidad pudiera
entibiar el entusiasmo por la calidad, si, como dijo Shakespeare, lo
que es hambre para un gigante, no fuera hartazgo para un enano.
Los que no se deslumbran por lo que brilla, acaso más relumbrón que
lucimiento, sin quitarle importancia al flamante acorazado, estiman en
tanto el saber que muy pronto la Transatlántica Española contará con
dos nuevos barcos, barcos de paz, con todos los adelantos y comodidades
de los mejores transatlánticos ingleses y alemanes.
Como en España todo se hace cuestión de ideas, por lo mismo que nos
tienen todas sin cuidado, el hablar mal y por sistema de la Compañía
Transatlántica Española es uno de los tópicos anticlericales.
Aquí, hasta del hallazgo de un supuesto retrato de Cervantes se hace
programa de partido y poco menos que dogma católico. D. Alejandro Pidal
ya comprometió á la Divina Providencia en el hallazgo.
Se ha censurado á la Compañía Transatlántica porque en sus barcos
se dice misa y se reza la oración y el rosario. Yo no creo que la
asistencia á estos actos sea obligatoria para los pasajeros. Pero,
nótese: siempre censuran la celebración de estas ceremonias los que,
sin creer en ellas, no se atreven á proclamar su descreimiento y...
porque no se diga, se molestan en presenciarlas. Es cobardía suya y
dicen que es intolerancia ajena.
A mí me parece más intolerancia la de los barcos ingleses, que, al
viajar por líneas donde son muchos los pasajeros católicos, sólo
celebran el culto protestante y no llevan un sacerdote que pueda
auxiliar á un moribundo de religión católica.
Pero, en este caso, nadie habla de intolerancias ni de intransigencias,
y lo más gracioso es que los más libres pensadores no pierden ceremonia
del culto protestante por... curiosidad, por pasar el rato. Y eso que,
al final, hay colecta.
También habrá oído usted decir que los camareros de los barcos
españoles, con esa democracia tan nuestra, se permitían andar en mangas
de camisa entre los pasajeros. No he podido comprobarlo; pero sí que,
en barcos ingleses, con esa aristocracia tan suya, andaban... no en
mangas de camisa, en calzoncillos.
En esto, como en todo, así hemos escrito nuestra historia y así vamos
contándola por el mundo.
El saludo al nuevo barco de guerra _España_ no debe ser cuestión de
ideas; tampoco debe serlo el saludo á los barcos de paz de la Compañía
Transatlántica Española.