Fueron extraordinarios los aplausos y la simpatía que ganaron en Chile

los cómicos españoles. Amunátegui considera á la compañía como una de

las mejores y más completas que por allí habían ido, y á su director D.

Rafael Calvo le llama artista eminente.

Por último, la tercera persona cuyo advenimiento á su país celebra

Amunátegui, como despertadora también del ingenio dramático de los

chilenos, es la célebre actriz francesa Sarah Bernhardt.

Estuvo ésta en Chile en 1886 con una compañía de representantes

franceses. Las obras que representó fueron _Fedora_, _La Dama de las

camelias_, _Fedra_, _Frou-Frou_, y no sé si otras.

A estas representaciones acudió muchísima gente, á pesar de ser en un

idioma extraño que no es razonable exigir que en Chile conozca un

numeroso público, hasta el extremo de comprender todos los primores y

matices de las palabras y frases. Debe de haber, no obstante, en Chile

muchos sujetos que sepan muy bien el francés, y no pocos tan aficionados

á la literatura y arte dramáticos, que para comprender á fondo á la

actriz leerían y estudiarían el drama antes de ir á verle representado.

Lo cierto es que Sarah Bernhardt fué muy aplaudida, y perfectamente

comprendida por el público y por los críticos chilenos.

No se cumplió la profecía del elegante crítico francés Julio Lemaître,

quien, al despedir á la actriz, en el _Journal des Débats_, con la tan

acostumbrada _outrecuidance_ parisina, le dice: «Vais á exhibiros allí

ante hombres de poco arte y de poca literatura, que os estimarán mal,

que os mirarán con los mismos ojos que á un ternero de cinco patas, y

que no comprenderán vuestro talento sino porque pagarán caro el veros.»

Sin duda que en Chile pagaron caro, pero comprendieron el talento de

Sarah Bernhardt sin apelar á consideraciones crematísticas y sin

calentarse demasiado la cabeza, pues al cabo el talento de Sarah

Bernhardt no es asunto tan embrollado y sublime que requiera cursar los

_boulevares_ de París para penetrar bien en todos sus misteriosos

abismos y remontar el espíritu á todas sus sobrehumanas elevaciones.

Otro temor manifestó además Julio Lemaître, que por dicha no se ha

realizado: que Sarah Bernhardt se resabiase é inficionase para agradar á

los sudamericanos. Sarah Bernhardt ha vuelto á París sana y salva á

pesar de la tremenda prueba. Los sudamericanos se la han restituído á

Julio Lemaître artísticamente intacta y sin ningún resabio ni vicio

paladino.

Julio Lemaître, lleno con esto de gratitud, casi elogia á los

sudamericanos, allá á su manera; los llama candorosos, sensuales,

bulliciosos y buenos; les ruega que no se enojen si los _vaudevillistas_

parisienses los ponen á veces en caricatura. Y para consolarlos de que

en París los pinten grotescos, les dice: «Las pobres niñas que, entre

nosotros, viven del amor, tienen predilección hacia vosotros, porque

sois generosos, y os buscan cuando venís á París.» ¿Qué más pueden,

pues, desear los sudamericanos que ser buscados por estas _pobres

niñas_, que quieren traspasarles el epíteto de _pobres_ y quedarse sin

él?

La suave longanimidad con que responde el señor Amunátegui á las

citadas impertinencias de Julio Lemaître, las pone más de realce y las

hace más ridículas.

En resolución, el libro del Sr. Amunátegui, á más de ser muy ameno y de

demostrar, como todos los suyos, gran discreción, mucha diligencia para

allegar datos, y alta y serena imparcialidad en los juicios, nos da á

conocer algo que podemos considerar como parte de nuestra total historia

literaria y artística, y nos muestra y describe extensas regiones, de

donde pueden venir á esta Península riquezas que acrecienten el tesoro

intelectual de nuestra raza y lengua, y adonde pueden ir también

nuestros artistas y nuestras obras literarias, y aun nuestros autores,

como Mora y Minvielle, á ganar honra y provecho.

El viaje á la América del Sur del actor Rafael Calvo, cuya reciente y

temprana muerte deploramos hoy, probó lo que valen para las artes y

letras de España aquellas repúblicas. Se cuenta un rasgo de Calvo, que

le honra mucho, y que voy á referir para excitar la emulación y para

corroborar mis asertos. Al volver de su excursión por América, y sin

ninguna obligación legal que cumplir, Calvo entregó á D. José Echegaray

una buena cantidad de dinero, como producto de los dramas suyos que en

aquel Nuevo Mundo español había representado, fijando para ello el mismo

tanto por ciento que cobran en Madrid los autores.

ÍNDICE

PÁGINAS

CARTA-DEDICATORIA v

Sobre Víctor Hugo 1

El perfeccionismo absoluto 11

Poesía argentina 51

El Parnaso Colombiano 121

Azul 213

El Teatro en Chile 239

Cartas americanas. Primera serie · 第 16 / 16 段