_Sábado 25._--“Te observaba desde la ventana esta tarde al volver de
casa del maestro; tropezaste con una pobre mujer. Cuida mejor que ver
cómo andas por la calle. También en ella hay deberes que cumplir. Si
tienes cuidado de medir tus pasos y tus gestos en una casa, ¿por qué no
has de hacer lo mismo en la calle, que es la casa de todos? Acuérdate,
Enrique: siempre que encuentres a un anciano, a un pobre, a una mujer
con un niño en brazos, a un impedido que anda con muletas, a un hombre
encorvado bajo el peso de su carga, a una familia vestida de luto,
cédeles el paso con respeto; debemos respetar la vejez, la miseria,
el amor maternal, la enfermedad, la fatiga, la muerte. Siempre que
veas una persona a la cual se le viene encima un carruaje, quítale
del peligro, si es un niño; adviértele, si es un hombre; pregunta qué
tiene al niño que veas solo llorando. Recoge el bastón al anciano
que lo haya dejado caer. Si dos niños riñen, sepáralos; si son dos
hombres, aléjate por no asistir al espectáculo de la violencia brutal
que ofende y endurece el corazón. Y cuando pase un hombre maniatado
entre dos guardias, no añadas a la curiosidad cruel de la multitud,
la tuya; puede ser inocente. Cesa de hablar con tu compañero y de
sonreír cuando encuentres una camilla del hospital, que quizá lleva
un moribundo, o un cortejo mortuorio, porque ¡quién sabe si mañana no
podría salir uno de tu casa! Mira con reverencia a todos los muchachos
de los establecimientos benéficos que pasan de dos en dos: los ciegos,
los mudos, los raquíticos, los huérfanos, los niños abandonados; piensa
que son la desventura y la caridad humana las que pasan. Finge siempre
no ver a quien tenga una deformidad repugnante, ridícula. Apaga siempre
las cerillas que encuentres encendidas al pasar: el no hacerlo podría
costar caro a alguno. Responde siempre con finura al que te pregunte
por una calle. No mires a nadie riendo, no corras sin necesidad y no
grites. Respeta la calle. La educación de un pueblo se juzga, ante
todo, por el comedimiento que observa en la vía pública. Donde notes
falta de educación fuera, la encontrarás también dentro de las casas.
Estudia las calles, estudia la ciudad donde vives, que si mañana fueras
lanzado lejos de ella, te alegrarías de tenerla bien presente en la
memoria y de poder recorrer con el pensamiento tu ciudad, tu pequeña
patria, la que ha constituido por tantos años tu mundo, donde has
dado tus primeros pasos al lado de tu madre, donde has sentido las
primeras emociones, abierto tu mente a las primeras ideas y encontrado
los primeros amigos. Ella ha sido una madre para ti, te ha instruido,
deleitado y protegido. Estúdiala en sus calles y en su gente; ámala, y
cuando oigas que la injurian, defiéndela.--_Tu padre_”.
[Ilustración]
[Illustration: MARZO]