EL COMERCIANTE

_Jueves 1.º_

Mi padre quiere que cada día de fiesta haga venir a casa a uno de mis

compañeros, o que vaya a buscarlo para hacerme poco a poco amigo de

todos. El domingo fuí a pasear con Votino: aquél tan bien vestido, que

se está siempre alisando y que tiene tanta envidia de Deroso. Hoy ha

venido a casa Garofi: aquél alto y delgado, con la nariz de pico de

loro y los ojos pequeños y vivos, que parecen sondearlo todo. Es hijo

de un droguero, y tipo muy original. Está siempre contando los cuartos

que tiene en el bolsillo; cuenta muy de prisa con los dedos, y verifica

cualquier multiplicación sin necesidad de tabla pitagórica. Hace sus

economías, y tiene ya una libreta de la Caja de Ahorros escolar. Es

desconfiado, no gasta nunca un cuarto, y si se le cae un céntimo debajo

del banco, es capaz de pasarse la semana buscándolo. “Es como la

urraca”, dice Deroso. Todo lo que encuentra, plumas gastadas, sellos

usados, alfileres, cerillas, todo lo recoge. Hace ya más de dos años

que colecciona sellos, y tiene ya centenares de todos los países, en

su grande álbum, que venderá después al librero cuando esté completo.

Entretanto, el librero le da muchos cuadernos gratis, porque le lleva

los niños a la tienda. En la escuela está siempre traficando; todos

los días vende, hace loterías y subastas; después se arrepiente y

quiere sus mercancías; compra por dos y vende por cuatro; juega a las

aleluyas y jamás pierde; vende los periódicos atrasados al estanquero,

y tiene un cuaderno donde anota todos sus negocios, lleno todo él

de sumas y de restas. En la escuela sólo estudia Aritmética; y si

ambiciona premios, no es más que por tener entrada gratis en el teatro

Guiñol. A mí me gusta y me entretiene. Hemos jugado a hacer una tienda

con los pesos y las balanzas: él sabe el precio exacto de todas las

cosas, conoce las pesas y hace muy pronto y bien cartuchos y paquetes

como los tenderos. Dice que apenas salga de la escuela, emprenderá un

negocio, un comercio nuevo, inventado por él. Ha estado muy contento

porque le he dado sellos extranjeros, y me ha dicho al punto en cuánto

se vende cada uno para las colecciones. Mi padre, haciendo como que

leía el periódico, le estaba oyendo y se divertía. Siempre lleva los

bolsillos llenos de sus pequeñas mercancías, que cubre con un largo

delantal negro, y parece que está continuamente pensativo y muy

ocupado, como los comerciantes. Pero lo que le gusta más que todo es

su colección de sellos: éste es su tesoro, y habla siempre de él como

si debiese sacar de aquí una fortuna. Los compañeros lo creen avaro y

usurero. Yo no pienso así. Le quiero bien; me enseña muchas cosas, y

me parece un hombre. Coreta, el hijo del vendedor de leña, dice que no

daría Garofi sus sellos ni para salvar la vida de su madre. Mi padre no

lo cree. “Espera aún para juzgarle, me ha dicho; tiene, en efecto, esa

pasión; pero su corazón es bueno”.

Corazón · 第 124 / 198 题