LOS POBRES

_Martes 29._--“Dar la vida por la patria, como el muchacho lombardo,

es una gran virtud; pero no olvides tampoco, hijo mío, otras virtudes

menos brillantes. Esta mañana, yendo delante de mí cuando volvíamos de

la escuela, pasaste junto a una pobre que tenía sobre sus rodillas a

un niño extenuado y pálido, y que te pidió limosna. Tú la miraste y no

le diste nada, y quizás llevaras dinero en el bolsillo. Oye, hijo mío.

No te acostumbres a pasar con indiferencia delante de la miseria que

tiende la mano, y mucho menos delante de una madre que pide limosna

para su hijo. Piensa en que quizá aquel niño tuviera hambre; piensa en

la desesperación de aquella mujer. Imagínate el desesperado sollozo de

tu madre, cuando un día te tuviese que decir: ‘Enrique, hoy no puedo

darte ni un pedazo de pan’. Cuando yo doy diez céntimos a un pobre

y éste me dice: ‘¡Dios le dé salud a usted y a sus hijos!’, tú no

puedes comprender la dulzura que siento en mi corazón con aquellas

palabras, y la gratitud que aquel hombre me inspira. Me parece que,

con aquel buen presagio, voy a conservar mi salud y tú la tuya por

mucho tiempo, y vuelvo a casa pensando: ‘¡Oh, aquel pobre me ha dado

más de lo que yo le he dado a él!’. Pues bien: haz tú por oír alguna

vez buenos augurios análogos, provocados, merecidos por ti; saca de

vez en cuando cuartos de tu bolsillo para dejarlos caer en la mano del

viejo necesitado, de la madre sin pan, del niño sin madre. A los pobres

les gusta la limosna de los niños, porque no les humilla, y porque

los niños, que necesitan de todo el mundo, se les parecen. He aquí

por qué siempre hay pobres en la puerta de las escuelas. La limosna

del hombre es acto de caridad; pero la del niño, al mismo tiempo que

un acto de caridad, es caricia. ¿Comprendes? Es como si de su mano

cayeran a la vez un socorro y una flor. Piensa en que a ti no te falta

nada, mientras que les falta todo a ellos; que mientras tú ambicionas

ser feliz, ellos con vivir se contentan. Piensa que es un horror que

en medio de tantos palacios, en las calles por donde pasan carruajes

y niños vestidos de terciopelo, hay mujeres y niños que no tienen qué

comer. ¡No tener qué comer, Dios mío! ¡Niños como tú, como tú, buenos;

inteligentes como tú, que en medio de una gran ciudad no tienen qué

comer, como fieras perdidas en un desierto! ¡Oh, Enrique!: no pases

nunca más delante de una madre que pide limosna, sin dejarle un socorro

en la mano.--_Tu madre_”.

[Ilustración]

[Illustration: DICIEMBRE]

Corazón · 第 123 / 198 题