_2 de noviembre._--“Este día está consagrado a la conmemoración de
los difuntos. ¿Sabes tú, Enrique, a qué muertos debéis consagrar un
recuerdo en este día, vosotros los muchachos? A los que murieron por
vosotros, por los niños. ¡Cuántos han muerto así y cuántos mueren de
continuo! ¿Has pensado alguna vez en cuántos padres han consumido
su vida en el trabajo, y cuántas madres han bajado a la tumba antes
de tiempo, extenuadas por las privaciones a que se condenaron para
sustentar a sus hijos? ¿Sabes cuántos hombres clavaron un puñal en su
corazón, por la desesperación de ver a sus propios hijos en la miseria,
y cuántas mujeres se suicidaron, murieron de dolor o enloquecieron por
haber perdido un hijo? Piensa, Enrique, en este día, en todos estos
muertos. Piensa en tantas maestras que fallecieron jóvenes, consumidas
de la tisis por las fatigas de la escuela, por amor a los niños, de
los cuales no tuvieron valor para separarse; piensa en los médicos
que murieron de enfermedades contagiosas, de las que valientemente
no se precavían por curar a los niños; piensa en todos aquéllos que
en los naufragios, en los incendios, en las hambres, en un momento
de supremo peligro, cedieron a la infancia el último pedazo de pan,
la última tabla de salvación, la última cuerda para escapar de las
llamas, y expiraban satisfechos de su sacrificio, que conserva la vida
de un pequeñuelo inocente. Son innumerables, Enrique, estos muertos:
todo cementerio encierra centenares de estas santas criaturas, que si
pudieran salir un momento de la fosa, dirían el nombre de un niño al
cual sacrificaron los placeres de la juventud, la paz de la vejez, los
sentimientos, la inteligencia, la vida; esposas de veinte años, hombres
en la flor de la edad, ancianos octogenarios, jovencillos--mártires
heroicos y obscuros de la infancia--tan grandes y tan nobles, que no
produce la tierra flores bastantes para poderlas colocar sobre sus
sepulturas. ¡Tanto se quiere a los niños! ¡Piensa hoy con gratitud
en estos muertos, y serás mejor y más cariñoso con todos los que te
quieren bien y trabajan por ti, querido y afortunado hijo mío, que en
el día de los Difuntos no tienes aún que llorar a ninguno!”.