El año siguiente volvió Varela al seno de su familia. Su via

BIBLIOTECA AMERICANA.

TOMO VIII.

ESCRITOS POLÍTICOS Y LITERARIOS,

DEL

Dͬ. D. FLORENCIO VARELA.

ESCRITOS

POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y LITERARIOS,

DEL DOCTOR

D. FLORENCIO VARELA.

COLECCIONADOS

POR

D. LUIS L. DOMINGUEZ.

[Ilustración]

Buenos Aires.

IMPRENTA DEL =ORDEN=--SAN MARTIN N. 5.

1859.

EL EDITOR.

Echábanse de ménos en nuestra Biblioteca algunos nombres ilustres en la

literatura del Plata.

Sin embargo, nosotros habiamos hecho lo posible por llenar este vacio.

Muchas diligencias practicamos para obtener entre otros trabajos

inéditos ó publicados, las poesias de D. Juan Cruz Varela, cuya

publicacion estaba aplazada y que aun despues de haberse anunciado de

nuevo, permanecen sin salir á luz, apesar de la formal promesa que

nos hacia el Sr. Posse con fecha 15 de Julio de 1858 en la carta que

transcribimos á continuacion:

_Sr. Dr. D. Alejandro Magariños Cervantes._

Muy señor mio:

Siento no poder acceder á la solicitud de vd. respecto á las poesias

de D. Juan Cruz Varela. Tengo como dije á vd. un compromiso pendiente

á ese respecto y no he encontrado motivo justo para desligarme de él.

Dentro de muy pocos dias se dará principio á la publicacion.

Con este motivo saludo á vd. y me suscribo á sus órdenes atento SS.

Q. S. M. B.

_Daniel J. Posse._

Entonces nos dirijimos á D. Héctor y D. Mariano Varela, y les

preguntamos si tendrian inconveniente en coleccionar algunos escritos

políticos y literarios de su señor Padre, ó permitir que otra persona

competente se encargase de este trabajo, que podria formar uno ó dos

tomos de la Biblioteca.

Los jóvenes redactores de la _Tribuna_ simpatizaron con la idea,

agradeciéndonos el débil homenaje que queríamos tributar á la memoria

de su padre; pero por razones que seria largo referir, no pudieron

darnos inmediatamente una respuesta explícita y terminante.

Seis meses despues, instábamos amigablemente á D. Luis Dominguez para

que nos entregase la coleccion de sus poesias que nos habia ofrecido, y

como nos sucede con harta frecuencia, nos encontramos con que en todo

habia pensado el autor ménos en tener prontos los originales para el

momento en que se los pidiésemos.

_Tu quoque!_.... esclamamos con un arranque tragicómico, porque

teniamos y tenemos al señor Dominguez por uno de los escritores mas

sérios y que con mas religiosidad llena sus compromisos.

El ex-redactor del _Orden_ nos manifestó en pocas palabras la

imposibilidad absoluta en que se habia visto para buscar sus poesias

diseminadas en varios periódicos, ú olvidadas entre sus papeles,

hacerlas copiar &a. "pero estando mas desocupado ahora, añadió, voy á

hacer á ese trabajo, y puede vd. contar con él para dentro de poco

tiempo; vd. vé tambien que mi turno no ha llegado, pues vd. habia

pensado dar otros tomos de la Biblioteca, antes de lo mio. En fin, si

vd. se empeña puedo darle otro libro de mas importancia que mis poesias.

--Es V. muy modesto; pero no acepto el cambio.

--Tengo coleccionados algunos escritos de D. Florencio Varela de los

que puede entresacarse lo suficiente para formar un interesante volúmen

de la Biblioteca.

--¡Magnífica idea! esclamé, pero....

--Pero qué?

--Tal vez haya alguna dificultad por parte de los miembros de su

familia.

--No creo que haya el menor inconveniente; y si lo hubiese, corre de mi

cuenta allanarlo."

El Señor Dominguez con su habitual bondad nos prometió ademas escribir

un rasgo biográfico sobre la vida y las producciones del ilustre

finado; tarea fácil para el Sr. Dominguez que como todos saben ha

enriquecido la GALERIA DE CELEBRIDADES ARJENTINAS con una biografía

del Dr. Varela que nada deja que desear. Estamos persuadidos que no

podiamos haber confiado á mejores manos la honrosa mision de arrancar

para la Biblioteca algunas flores escogidas de la bella guirnalda

literaria del fundador del _Comercio del Plata_.

Cúmplenos, sin embargo, antes de terminar, hacer una advertencia

á los eruditos. En el deseo de complacer á la mayoria de nuestros

suscriptores, no se ha seguido en esta coleccion el órden cronológico

ni el encadenamiento que exigiria la índole de las materias que

comprenden las producciones de Varela. Hemos rogado al Sr. Dominguez

diese á su trabajo toda la amenidad é interés posible, prefiriendo

la parte general y doctrinaria á la que se refiere únicamente á las

polémicas periodísticas y cuestiones transitorias del momento, aunque

todo es notable y digno de reproducirse, hoy como ayer, en los escritos

del eminente publicista. Tal vez mas adelante nos sea dado completar

con otro tomo la coleccion que ahora publicamos.

Entre tanto podemos asegurar sin temor de equivocarnos que, por

incompleto que sea este libro, hacemos un verdadero servicio á las

letras del Rio de la Plata, popularizando las ideas que contiene.

Nuestros suscriptores y la juventud estudiosa encontrarán en estas

pájinas, recomendadas suficientemente por el justo renombre del autor,

ademas de la profundidad de los conceptos, la belleza de la forma

realzada por un lenguaje elegante y castizo; y aunque no tuviesen otro

mérito, este solo bastaria para darles un lugar distinguido en la

biblioteca de los amantes de la buena literatura nacional.

A. MAGARIÑOS CERVANTES.

Buenos Aires, Marzo--1859.

FLORENCIO VARELA.

D. Florencio Varela nació en Buenos Aires el dia 23 de Febrero de 1807.

Fué su padre D. Jacobo Adrian Varela, español del cuño antiguo, cuyo

nombre se conserva en las tradiciones de la defensa de Buenos Aires,

por la gallardia con que se mantuvo con su cuerpo, en la posicion

del Retiro, embestida por dos divisiones inglesas, y la inteligencia

con que salvó su compañia al frente del enemigo vencedor. D. Jacobo

Adrian tuvo la fortuna de ver coronado por el triunfo mas espléndido

su consagracion á la independencia de la patria de sus hijos; pero

este fué el único desquite que le fué dado tomar contra un enemigo que

acababa de consumar su ruina, apoderándose en Montevideo de un buque en

que habia invertido todo el capital que giraba en el comercio.

Una herencia de honor y de pobreza fué, pues, el patrimonio que

Florencio Varela recibió al nacer. Su corazon y su inteligencia

empezaron á formarse en la escuela de la adversidad, que es la que

mejor prepara al hombre para la vida activa en tiempos calamitosos.

Su padre, atacado de una enfermedad mortal, ocupaba sus ocios en

enseñarle á leer, escribir y contar. El tierno discípulo era tambien el

enfermero del anciano, á quien asistió hasta la hora de su muerte, que

tuvo lugar en el invierno de 1818.

Varela tenia 11 años. El general Puigredon, Director del Estado,

acababa de fundar el colegio de la Union del Sud. La madre de Florencio

solicitó una beca de gracia para su hijo; y allí hizo sus estudios

preparatorios. Cuatro años despues dejó el colegio é ingresó á la

facultad de jurisprudencia en la Universidad, y en Agosto de 1827, á

los 20 años de edad, se graduó de Doctor, recibiendo el título gratuito

que se acuerda al candidato que mas se distingue en los exámenes de

prueba.

El jóven Varela habia descollado entre sus condiscípulos, no tanto por

su contraccion á los estudios escolares, como por su talento claro,

por su memoria prodijiosa, por su instruccion literaria adquirida

privadamente en la lectura asídua de poetas españoles y franceses.

Este amor á las bellas letras, á que lo arrastraban el ejemplo de su

hermano D. Juan Cruz y la natural inclinacion de su espíritu, llegó á

distraerlo á tal punto de sus estudios profesionales, que hubo de verse

espuesto á no poder rendir exámen de uno de los cursos de derecho.

Amonestado por su maestro, Varela volvió sobre sí; aprovechó el único

mes que faltaba para la conclusion del año escolar, se presentó á

exámen, y obtuvo la primera clasificacion por voto unánime de sus

jueces.

A principios de 1825 fué nombrado para un empleo subalterno en una

secretaría de Estado. Entre el desempeño de sus deberes oficiales,

y sus estudios profesionales, Varela hacia sus primeros ensayos

en la carrera literaria y en la vida pública. Escribia versos que

publicaba en los periódicos que redactaba su hermano mayor, y seguia

las opiniones que este sostenia, como el órgano mas autorizado y mas

capaz del partido unitario. Poco despues de subir al mando el coronel

Dorrego, hizo renuncia de su empleo, no creyendo delicado conservarse

al lado de una administracion de quien era ardiente opositor. Despues

de la revolucion de 1° de Diciembre de 1828, fué nombrado oficial

mayor de Relaciones Esteriores. En ella habia tomado la poca parte que

su edad le permitia; sin embargo su adhesion al partido unitario en

que tanto figuraba el nombre de sus hermanos, le obligó á seguir la

suerte de estos, cuando emigraron á Montevideo en Agosto de 1829, poco

despues de la abdicacion del jeneral Lavalle. En Octubre del mismo

año regresaron á Buenos Aires; pero les salió al encuentro una órden

de destierro, y sin que se les permitiese desembarcar volvieron á una

espatriacion que para casi todos los hermanos debia ser eterna.

Varela salió desterrado, como hemos dicho, el 12 de Octubre de 1829, y

desde entonces fijó su residencia en Montevideo, donde debia pasar el

resto de sus dias. Estando allí casó con una jóven de Buenos Aires con

quien habia quedado comprometido antes de su espatriacion. Esta union

fué feliz y fecunda; Varela tuvo en ella trece hijos.

Instalado en Montevideo, se dedicó asiduamente á terminar su carrera

de abogado, profesion que empezó á ejercer con éxito antes de estar

solemnemente recibido en los estrados de aquel pais. La recepcion

tuvo lugar el 8 de Abril de 1835. "Los miembros del tribunal, dice el

mismo Varela, me hicieron el honor de no examinarme, dirijiéndome su

presidente una arenga en la que me manifestó que el tribunal estaba

satisfecho de mis aptitudes."

Con su entrada en el foro termina una de las faces de la vida literaria

de Varela. Se consagró durante tres años, con ardor incansable, al

estudio de la jurisprudencia, y al de las ciencias políticas y morales

que con ella se dán la mano; y aunque no abandonó sus gustos literarios

y su pasion por los versos, fué sin embargoo, dejando de hacerlos,

hasta que por el año 34 ó 35 renunció completamente á este género de

composicion literaria.

En 1830 publicó un pequeño cuaderno con el título de _El dia de Mayo_,

conteniendo cinco de sus mejores composiciones. Dos de ellas han sido

insertadas en la _América Poética_. Sin apartarse en las formas y el

estilo de los ejemplos de Quintana, que era su modelo predilecto,

Varela abandonó en estas poesias, por primera vez, la _silva_ que

habia manejado siempre; y ajustó su pensamiento á las formas de la

estancia regular, con iguales condiciones de ritmo y de cadencia. Por

el mismo tiempo dió á luz su bella _Oda_ á la Hermandad de la Caridad,

obra llena de filosofia é ideas elevadas, la cual contribuyó no poco

á asentar su reputacion literaria en el pais de su asilo; y á darle

valimiento con el círculo poderoso de los hombres que dirijian aquella

corporacion.

No contribuyó ménos á ese resultado la publicacion que hizo en ese

mismo año de un escrito de género muy diverso, titulado: _Observaciones

contra el Proyecto de ley sobre la moneda de cobre_; panfleto

impregnado de las sanas ideas de la escuela económica moderna, y que

hace altísimo honor á los conocimientos y al buen juicio del jóven

autor.

En 1833 fué nombrado por el Gobierno de Montevideo miembro de una

comision censora de teatro; y él mismo compuso una comedia, de la cual

nada conocemos.

Con este ensayo, y algun otro de menor importancia, Varela abandonó

la lira para siempre, y se entregó desde entonces á su profesion y al

estudio de la historia de su pais que se preparaba á escribir.

Su íntima relacion con su hermano D. Juan Cruz, á quien hospedaba en su

casa y respetaba como á un segundo padre, le habia puesto en su pais,

y le puso en Montevideo tambien, en la vida activa de la política.

Todos los hombres notables del partido unitario habian sido desterrados

de Buenos Aires por Rosas, y se habian refugiado, como los hermanos

Varela, en Montevideo, ó en otros puntos del territorio Oriental. Esa

porcion escogida de proscriptos, suspiraba por regresar á la Patria

perdida. Compuesta de los hombres de mayor inteligencia y de los

militares de mas valor y nombradia en las guerras pasadas, forzados

á la inactividad, ó á un trabajo penoso para procurar el sustento de

sus familias arrojadas de sus hogares, aquella emigracion vivia de

esperanzas y deseos, y hacia una propaganda activa y temible contra el

poder tiránico de su pais. Esto inquietaba naturalmente á Rosas.

El Estado Oriental estaba tambien dividido en partidos, que, como un

elemento mas de poder, procuraban ganarse á los emigrados arjentinos.

Estos á su vez buscaban sus afinidades entre las facciones, con la

esperanza de ser ayudados algun dia en sus proyectos relativos á su

pais. El gobierno de Oribe manifestó al fin que preferia el apoyo del

gobierno de Rosas; admitió sus reclamos contra el uso de la libertad

de imprenta que hacian los emigrados; y estos, como era natural, se

inclinaron al partido de Rivera que les ofrecia ayuda y garantias. La

lucha estalló en 1836; pero D. Florencio Varela no tomó parte activa

en los sucesos que se desarrollaban, por mas que simpatizára con el

partido colorado. Sin embargo de esto, fué desterrado por el gobierno

de Oribe.

Triunfante el general Rivera, Varela regresó á la ciudad, y desde

entonces empezó é tomar parte franca y activa en la política de aquel

pais. Establecido el gobierno de Rivera, uno de sus primeros actos

fué declarar la guerra al tirano de Buenos Aires. De aquí nació una

triple alianza entre las fuerzas navales de la Francia que bloqueaban

esta ciudad, por una parte, el nuevo gobierno oriental por otra, y por

otra la emigracion arjentina que cada dia aumentaba su número con los

que salian de Buenos Aires huyendo dá las violencias del Dictador, y

procurando robustecer el nucleo reaccionario que al amparo de esos

dos poderes se formaba en Montevideo. El Dr. Varela fué uno de los

cooperadores mas decididos é intelijentes en la revolucion contra

Rosas.

Desde que el General Lavalle se puso en campaña; él era el hombre

de pensamiento y de accion de la Comision Arjentina, cuyo encargo

principal consistia en proveer de recursos al ejército, para lo cual

casi era necesario hacer milagros. El mantenia las relaciones de esta

con el ejército revolucionario, con los agentes franceses, y con el

gobierno oriental. Su casa era el punto de reunion de la emigracion

arjentina. Cultivaba especialmente con esmero la amistad de la

juventud, cuyos sentimientos patrióticos inflamaba, y cuyo amor al

estudio estimulaba.

Los agentes de la Francia habian estipulado una alianza formal con

el general Lavalle, cuyo objeto era la destruccion de la tirania de

Rosas y el establecimiento de gobiernos regulares en la república

arjentina. El general Lavalle habia atravesado el Paraná, y operaba

ya en el territorio de Buenos Aires, cuando se presentó el Almirante

Mackau, con algunos refuerzos y ámplias facultades para obrar. El

Almirante prefirió la via de las negociaciones é hizo la paz con Rosas.

El Dictador afirmó así su poder, y la reaccion liberal terminó por

entonces en una série de desastres.

El Dr. Varela publicó con ese motivo uno de sus escritos políticos mas

notables, titulado: _Sobre la convencion de 29 de Octubre de 1840,

desarrollo y desenlace de la cuestion francesa en el Rio de la Plata_.

En este papel lleno de nervio y de elocuencia, presentó Varela en su

verdadera luz la vergonzosa transacion por la cual un Almirante francés

dejó á merced de un enemigo feroz á los aliados de la gran nacion.

Varela escribia en esta ocasion bajo el peso de toda clase de

infortunios. El folleto se dió á luz el 29 de Diciembre. El 20 de

Octubre habia perdido una hija, el 29 se habia concluido el tratado

que daba un golpe fatal á su partido; el 28 de Noviembre el ejército

libertador era completamente batido en el Quebrachito; y en los

momentos mismos de terminar aquel escrito recibia la noticia de haber

sido asesinado en esa misma batalla, su hermano Rufino, á quien Varela

amaba como á un hijo!

Tantas fatigas de espíritu y de cuerpo, la incesante consagracion á

la cosa pública, los acerbos pesares devorados en secreto por los

desastres de la revolucion y por las causas que los producian y que la

generalidad ignoraba, la asídua contraccion á su bufete que le daba el

pan para su numerosa familia; todo esto agotó al fin las fuerzas de

Varela. A mediados del año 40 ya habia tenido necesidad de hacer un

pequeño viaje á Martin Garcia. Le hemos oido referir la viva emocion

que sintió su alma al divisar en aquel viaje las torres de la ciudad

natal en lontananza; el buque contrariado por los vientos se habia

puesto á la vista de Buenos Aires; aquella fué la última despedida

de la patria. A principios de 1841, su vida se encontró seriamente

amenazada por una afeccion pulmonar. Sus médicos le prescribieron hacer

un viage al Brasil; y el 31 de Mayo se embarcó con su familia para Rio

Janeiro, donde llegó el 14 de Junio, despues de un viage peligroso.

Una semana antes de partir, tuvo lugar en Montevideo un certámen

poético, en celebracion de la Revolucion de Mayo. Varela fué uno de los

jueces, y escribió el juicio de la comision, que insertamos en este

repertorio.

Luego que el Dr. Varela llegó á Rio Janeiro; sintió una mejoría notable

en su salud. Allí consagró principalmente su tiempo á preparar los

elementos que debian servirle para escribir la historia de su pais,

pensamiento que le ocupaba hacia algunos años.

Cinco meses empleó en escudriñar la Biblioteca pública de aquella

capital, en la cual encontró y estractó documentos preciosos relativos

á la historia política de estas regiones cuando aun eran colonias.

Se dedicó al estudio de los materiales que habia acopiado durante

muchos años y recibió de D. Bernardino Rivadavia, que allí residia,

noticias ignoradas y papeles y documentos de la mayor importancia.

Entre ellos, y de letra del general Belgrano, todos los relativos á

la célebre negociacion con Carlos IV, [ó mas bien con el conde de

Cabarrus,] y todos los papeles diplomáticos relativos á su mision á

Europa. Obtuvo tambien el autobiografia de Belgrano, y algunas notas

curiosas sobre la revolucion de Alzaga en 1812, y sobre la causa contra

este mismo personaje en 1809.

Habia reunido gran copia de materiales, en periódicos, folletos,

memorias y documentos, inéditos, y en tradiciones orales de los hombres

que estaban al cabo de los sucesos en que habian sido actores ó

testigos. Estaba preparado para utilizar estos elementos.[1] La muerte

arrebató á la Patria aquella riqueza intelectual con tanta industria

atesorada. ¿Seria acaso un presentimiento el que manifestaba este

hombre tan laborioso cuando respondia á sus amigos que con frecuencia

le pedian que mirase por su salud,--"Es que veo que se me acaba la vida

sin haber hecho nada que quede despues de mí"?...

[1] El Sr. Mitre, en la introduccion á su exelente HISTORIA DE

BELGRANO, fundándose en un párrafo de carta de Varela que he

copiado en su Biografia (GALERIA DE CELEBRIDADES ARJENTINAS),

dice:--"Y murió tal vez dudando del pensamiento de Mayo". Yo

puedo afirmar lo contrario; Varela escribió esa carta recien

llegado al Janeiro, antes de haber reunido la copia de documentos

y tradiciones que recibió de D. Bernardino Rivadavia, uno de los

actores en la revolucion, y quizá el que mejor sabia explicarla.

Seis renglones mas abajo de mi Biografia, hay otra carta de Varela

que desvanece toda duda á ese respecto.

El 30 de Noviembre de 1842, el Dr. Varela se puso en viaje con toda su

familia, de regreso para Montevideo.

Cerca ya del puerto, el buque chocó en un escollo y se fué á pique.

Varela y su familia escaparon con gran trabajo de una muerte terrible;

pero de todos sus efectos, apénas pudo salvar su caja de papeles

históricos, objeto especial de sus cuidados durante el naufrajio.

El Dr. Varela llega á Montevideo, sin tener con que cubrir la desnudez

de sus hijos: y la primera noticia que recibe es la del desastre del

ejército del jeneral Rivera en el Arroyo Grande. El dia 16 de Febrero

el ejército de Rosas ponia sitio á Montevideo; y como las desgracias no

vienen nunca solas, en el siguiente mes, y en el espacio de tres dias,

Varela perdió una hija, y una hermana muy querida. Su corazon resistió

con entereza esta cadena de desventuras. Le hemos oido referir con

serenidad todos los accidentes de su naufrajio; le hemos visto soportar

con resignacion la pérdida de cuanto poseia, y entregarse en seguida

tranquilamente al desempeño de sus nuevas deberes.

Montevideo se preparó á defenderse contra las armas de Rosas, que el

jeneral Oribe, temible por sus recientes, hechos, conducia contra

su pais. Varela ocupó un puesto entre los defensores; y despues de

ayudar con su consejo y su cooperacion al gobierno de la defensa, fué

enviado en Agosto de 1843 á Inglaterra con una mision especial, cuyos

antecedentes y objeto esplica él mismo en su Diario de Viaje. (_Vease

Celebridades Arj._)

Antes de ser nombrado para esta mision, el Dr. Varela publicó un nuevo

panfleto político, titulado: _Sucesos del Rio de la Plata_. Su objeto

era, demostrar la falta de verdad y de estudio que predominaba en los

informes que remitian á los gobiernos europeos sus respectivos ajentes,

de donde provenian los desaciertos en que habian incurrido aquellos en

sus cuestiones con el dictador de Buenos Aires.

Varela desempeñó su mision con habilidad, pero no consiguió el

resultado que habia hecho esperar el Comodoro Purvis, y que era

dado prometerse despues de los actos de este, y de las compromisos

contraidos por el ministro británico, Mr. Mandeville. Despues de varias

conferencias con lord Aberdeen, declaró este oficialmente que el

gobierno de la reina no tomaria parte en los negocios del Plata. La

Inglaterra (como observa Varela) no conocia entonces sus intereses. Dos

años despues se veia forzada á hacer lo que no hizo á instancias de

Varela; y así el tiempo vino al fin á dar la razon al comisionado de

Montevideo.

Varela ocupó su corta residencia en Inglaterra en visitar los

monumentos, los palacios, los museos, los arsenales, y especialmente

los establecimientos fabriles que alimentan la industria y el comercio

colosal de aquella gran nacion. Estudió las máquinas de vapor con el

interés de un mecánico. De todo tomaba prolijas notas en el diario de

viaje que llevó sin interrupcion.

Despues de visitar las principales ciudades manufactureras de

Inglaterra, pasó á Francia y residió algunas semanas en Paris, donde

redobló su actividad para ver las cosas mas notables de este otro

emporio de civilizacion y humana grandeza. Su tiempo se dividia entre

la necesidad de satisfacer su ilustrada curiosidad, y el deseo de

obtener en Francia por la opinion pública, lo que sus esfuerzos no

habian alcanzado cerca del gabinete ingles. Con ese fin, se acercó á

los principales oradores de la Cámara de Diputados, y particularmente

á M. Thiers, cuya estimacion supo captarse. En aquella asamblea, tanto

bajo la monarquía, como despues bajo la república, resonaron los

elojios de Varela, cuando llegó la ocasion de tratar la cuestion del

Plata, y de hacer uso de los datos que él habia facilitado.[2]

[2] En la sesion del 5 de Enero de 1850, dijo el célebre orador

Mr. Thiers:--"El Sr. Varela, á quien todos hemos conocido, era

uno de los hombres mas distinguidos que es posible encontrar en

cualquier parte del mundo."

El año siguiente volvió Varela al seno de su familia. Su viaje á

Europa, habia completado su educacion, sazonado su juicio y abierto á

su inteligencia un campo mas estenso. Al mismo tiempo su carácter moral

se habia perfeccionado. Las costumbres inglesas, que habia podido

apreciar en el seno de algunas familias que habia tratado con cierta

intimidad, lo habian cautivado; desde entonces parecia que el tipo

ingles era el modelo de su conducta personal. A su afabilidad congenial

que nunca lo abandonaba, se agregó por imitacion cierta gravedad llena

de nobleza, particularmente en su trato con estraños. El sentimiento

religioso se hizo tambien mas visible en él desde que tuvo ocasion de

observar la saludable influencia que el culto externo ejerce sobre

las costumbres públicas y privadas en Inglaterra. Cuando volvió á

Montevideo empezó á habituarse á la práctica de la santificacion del

domingo, asistiendo al templo con su familia al servicio divino. Desde

entonces, en fin, pudo presentarse en el trato social como un modelo

del hombre culto y del cumplido caballero.

Continuó influyendo directamente en la política del Rio de la Plata,

por la amistad que lo ligaba al Sr. Vasquez, el cual volvió como antes

á valerse de su consejo y cooperacion en el ministerio de Relaciones

Exteriores.

Es de esa época, y pertenece á su inspiracion y á su pluma, el

_memorandum_ pasado por el gobierno oriental á su representante en el

Brasil el Sr. Magariños, para entablar negociaciones sobre la base de

un arreglo definitivo de límites. Pero su obra mas importante fué el

_Comercio del Plata_, diario fundado por él en 1845, con tres objetos:

combatir la tirania de Rosas, apoyar la intervencion europea que venia

á facilitar con su ausilio los medios de destruirla, y abrir para la

prensa del Rio de la Plata una nueva era de cultura en las formas, de

moderacion en el debate y de utilidad y enseñamiento fecundo para el

pueblo.

Varela se propuso realizar una completa reforma en la prensa periódica;

y si no lo consiguió del todo, dió por lo ménos en su diario el ejemplo

mas acabado de la posibilidad de realizarla.

Él se propuso hacer desaparecer del diarismo la personalidad y el

insulto que, á falta de razon ó de saber, servia á los escritores del

dia de cómodo recurso para satisfacer una curiosidad pueril, y dar

pávulo á las discordias interiores. Estableció la discusion sobre las

bases del razonamiento y de la historia; juzgó los hechos con sano

criterio; esplicó con claridad el pasado y formuló con acierto las

aspiraciones del porvenir.

Dió siempre mayor importancia á las cosas que á los hombres; puso

la sinceridad del hombre honrado al servicio de su causa, y no

manchó jamas con la mentira las columnas de su diario consagrado al

esclarecimiento y á la defensa de la verdad. Ilustró en él todas

las cuestiones de actualidad, y particularmente las que versaban

sobre política internacional, que tanto abundaron en aquella época

en que un campesino de Buenos Aires, supo á fuerza de astucia y mala

fé, poner á prueba la perspicacia de los gabinetes y la habilidad

de muchos diplomáticos. Conservó siempre una digna reserva en los

negocios privativos del pais en donde escribia; porque profesaba el

principio, de que la voz del extranjero en las cuestiones internas de

un pais conmovido por la discordia, solo puede tener autoridad cuando

se alza desligada del alarido de las pasiones ajitadas; cuando pugna

por aplacarlas y no por enardecerlas. Estimaba á tal punto el decoro

de su diario y de los principios á que estaba consagrado, que cuando

ocurria un hecho, por notable que fuera, capaz de empañarlo, le negaba

totalmente el derecho de circulacion por su conducto, como sucedió

en la revuelta de Abril de 1846, de la cual no se encuentra el menor

rastro en las columnas del _Comercio del Plata_.

Las relevantes prendas del escritor, el atractivo de su estilo, la

fuerza irresistible de su lógica, la amenidad del diario que procuraba

ser perfecto en todas las materias que abrazaba, diéronle una

importancia suprema en todo el Rio de la Plata, y una grande estimacion

en el exterior. _El Comercio del Plata_ se hizo una potencia en las

cuestiones de la época; su opinion era siempre deseada, y su consejo

seguido. Todos querian conservar su coleccion, y hubo quien ofreció una

onza de oro por el primer número sin poder obtenerlo. Como era natural,

el publicista que con tanto éxito sostenia la propaganda civilizadora,

que llenaba su ministerio con tanta conciencia y dedicacion, debia

ser, y era en efecto, objeto de la estimacion y el respeto general, y

así Varela llegó á tener en aquella época una importancia personal tan

grande, como la que gozaba el papel que dirijia.

El Dr. Varela aprovechó el ajente de publicidad de que disponia, para

dar á conocer muchos escritos interesantes y documentos relativos á

la historia del pais, entre los cuales citaremos la _Coleccion de

Constituciones_ de las repúblicas americanas, y de los _Tratados_ de

los Estados del Plata, y una série de papeles de sumo interés sobre

las _cuestiones de límites_ entre las posesiones Españolas y las

Portuguesas en América, todos raros, y algunos inéditos.

En las columnas editoriales dilucidó algunas cuestiones históricas, y

sostuvo la gran tesis de la libertad de los rios interiores, que la

revolucion contra Rosas puso en práctica apénas obtuvo el triunfo.

Dos años y medio habia sostenido el Dr. Varela la abrumadora tarea

del diarismo, conquistándose la simpatía de los buenos y el odio de

los malos, cuando el 20 de Marzo de 1848, á las 8 de la noche, fué

alevosamente asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda en el

momento de llegar á la puerta de su casa. El asesino, Andres Cabrera,

consiguió evadirse sin ser visto, y regresó al campo del ejército

sitiador, de donde habia sido mandado, segun lo ha declarado él mismo,

en la causa criminal que se le siguió en 1852.

Los detalles de este crímen atroz, están consignados en la Biografia

de Varela que escribí para la _Galeria de Celebridades Arjentinas_, de

donde he arrancado estos fragmentos. Allí remito al lector interesado

en conocerlos, porque el Editor de la _Biblioteca_ no me concede ya

espacio sino para concluir.

Pocos hombres habrá que gocen como el Dr. Varela de un aprecio mas

universal. Su carácter afable, su talento, su vida inmaculada, su

honradez á toda prueba, su desprendimiento generoso, su sencillo

género de vida, todo contribuia á captarle la amistad de cuantos

le conocian. En todas partes del mundo donde estuvo, supo adquirir

amistades calorosas y profundas. Y si en vida recibió los testimonios

mas inequívocos de aprecio, despues de su muerte su familia tuvo la

confirmacion mas solemne de ese sentimiento general.

Varela dejaba al morir diez hijos y una viuda en cinta, sin otro

patrimonio que el corto capital invertido en la imprenta y su

biblioteca. En el acto se abrieron suscripciones en favor de esa

familia huérfana, y se reunieron mas de quince mil pesos plata en pocos

dias. En ella tomaron parte sus amigos de todas las nacionalidades;

y es digno de mencionarse, que Sir Charles Hotham, el gefe de la

escuadrilla inglesa que combatió en Obligado, se asoció á esta

manifestacion de simpatía, enviando desde Inglaterra donde se hallaba,

algunas libras esterlinas.

La prensa de todo el mundo resonó en elogio del valiente escritor

que habia concitado contra sí el furor de los tiranos, y un diario

ingles propuso la ereccion de una estatua, costeada por los escritores

públicos, en honor de su memoria.

Poco despues de derrocada la tirania de Rosas, que él combatió hasta

el último instante de su vida, sus restos fueron trasladados á Buenos

Aires por su familia, y depositados en esta tierra que tanto habia

amado. El sencillo sepulcro en que duerme el eterno sueño, costeado por

nueve de sus amigos ó admiradores, es un testimonio del aprecio que

despertaron sus virtudes y su amor á la libertad.

Tales son los rasgos principales de la vida de este arjentino ilustre.

Como hombre privado, fué un verdadero tipo de virtudes domésticas,

Padre de una familia numerosa, tenia por su anciana madre una

veneracion tan cariñosa como espresiva; era para él, segun sus propias

palabras, un objeto de culto sobre la tierra. Jamas la nube mas lijera

alteró la serenidad de su amor lleno de fidelidad y de confianza para

la compañera de su vida. Su trato era festivo, fácil é insinuante. Se

ganaba instantáneamente el corazon de cuantos le trataban. Poseia en

el mas alto grado el dominio de sí mismo. Vivia siempre ocupado; y

cuando no trabajaba mentalmente; tenia el antiguo hábito de recitar

los innumerables versos latinos, franceses é italianos, ingleses y

españoles que conservaba en su memoria privilejiada. No amaba la

música; pero en compensacion, era apasionado por la pintura y el arte

plástico. No conocia otros pasatiempos que los que le proporcionaban

sus libros y sus estudios.

Como hombre público, brillaba por su talento, por su erudicion poco

comun, por su carácter recto y leal. Partidario ardiente de la

libertad, del órden y de la ley, consagró sus facultades eminentes en

todo su vigor á la defensa de la verdad, sublevando la opinion pública

contra el despotismo sangriento y bárbaro que habia sojuzgado á su

patria. Reformó la prensa del Rio de la Plata, proscribiendo de ella

la procacidad del lenguaje, la personalidad y el insulto, y haciéndola

una cátedra de crítica decorosa, de enseñamiento moral y de discusion

templada y racional. Sus armas fueron la verdad,--la verdad ante

todo!--el exámen concienzudo de los hechos, y una aspiracion constante

al progreso y al bien. Tolerante, conciliador y humano, aceptó todo

concurso que tendiera á la paz y á la felicidad de su patria; no

reconoció mas que dos enemigos dignos de su odio:--Rosas y Oribe; y

muy pocos dignos de su desprecio--los que por interés ó vileza seguian

sus banderas sangrientas. Mantuvo firme la suya que era de honor y de

justicia;--al pié de ella fué sacrificado á la iracunda impotencia del

vencido.

LUIS L. DOMINGUEZ.

NOTA:--El escrito que antecede no es mas que una série de fragmentos

tomados testualmente, con escepcion de pocos renglones, de la Biografia

del Dr. Varela escrita para la _Galeria de Celebridades Arjentinas_.

_L. D._

OBSERVACIONES CONTRA EL PROYECTO DE LEY

_Presentado por el Gobierno á las Cámaras, sobre la moneda de cobre._

MONTEVIDEO--1830.

Si es del mayor interés, en los paises republicanos que todos los

ciudadanos tomen parte en la discusion de los negocios que dicen

relacion á la gloria, la prosperidad, y el bien estar de la Nacion; si

es cierto que todos deben contribuir, en cuanto esté de su parte, á que

se adopte una innovacion, cuyos resultados pueden ser favorables; ó á

que se rechace otra, que indudablemente produciria efectos perniciosos;

nunca es mayor aquel interés, nunca mas rigoroso este deber, que cuando

se trata de examinar y discutir una medida, que afecta directamente á

todos los individuos de la asociacion, de cualquier clase y condicion

que sean; que lo mismo ha de ser sentida por el capitalista, que por

el proletario, y que ha de decidir de la fortuna de aquel, como de

la subsistencia de este. Entonces puede ser criminal la indolencia

de los ciudadanos, si no procuran contribuir á ilustrar la materia;

y merecerian sufrir los males que resultasen de la adopcion de una

medida, á cuya discusion habian renunciado.

El deseo de cumplir con este deber, del modo que nos sea posible nos ha

impulsado á tomar parte en el exámen de una cuestion de cuya resolucion

están hoy pendientes los ánimos de todos.

Mucho tiempo hace que el descrédito progresivo de nuestra moneda de

cobre ha llamado la atencion de las autoridades, y de los ciudadanos;

unas y otros se ocupan, de algunos meses á esta parte, en meditar los

medios mas á propósito para arrancar de la circulacion un agente, cuya

accion amaga constantemente la prosperidad nacional, minándola en sus

cimientos, y cegando las fuentes de la riqueza pública. La naturaleza

del mal exijia medidas enérgicas y urgentes; y los ciudadanos esperaban

con ansia que las autoridades se pronunciasen, de un modo decisivo,

sobre asunto tan importante.

En esta espectativa, apareció en todos los diarios el proyecto de ley,

presentado por el Ejecutivo á las Cámaras, el 22 del corriente, y su

aparicion ha dado lugar á nuevas, y mas agitadas discusiones; le miran

unos como un medio de salvar al pais de la crísis que le amenaza,

mientras otros le consideran como el mas eficaz para acelerarla, y

hacerla mas ruinosa; y todos se esfuerzan en demostrar su utilidad ó

sus desventajas: nosotros (lo decimos desde ahora) pertenecemos al

número de los que creen que el proyecto está muy léjos de producir los

efectos que se deseaban; algo mas, de los que le miran como una fuente

de males para el pais, en caso que llegue á convertirse en una ley.

En el curso de este escrito, vamos á desenvolver las razones en que

fundamos nuestra opinion. Procuraremos hacerlo de modo que todos nos

entiendan; huirémos de las teorías, para fijarnos en consideraciones

prácticas, que dén mayor fuerza á nuestros raciocinios. Si alguna

vez es preciso, los apoyarémos en las doctrinas de hombres versados

en estas materias, siempre que pueda hacerse una aplicacion exacta

de ellas. Como nuestro único objeto es convencer, no usaremos otro

lenguaje que el de la razon y la lógica; nos esforzaremos en hacer

palpables los resultados de la medida que se propone; y habremos

conseguido cuanto deseabamos, si una sola de nuestras ideas puede

contribuir á producir un bien, ó á desterrar un mal.

Llamamos, sobre todo, la atencion del gobierno, y de ambas Cámaras,

á las razones que vamos á desenvolver; les suplicamos que las pesen

detenidamente, antes de ocuparse en la discusion del proyecto: porque,

aunque no tenemos la pretension de enseñar, sabemos que es muy fácil

que escapen á la imaginacion de unos, las ideas que se presentan á la

de otros. Ya el Ejecutivo, en la nota con que acompaña su proyecto,

ha manifestado que no es indiferente á los clamores de la opinion

pública: allí ha dicho, que _ha tenido muy presentes las observaciones

que de algun tiempo acá, se manifiestan por la prensa_; y nosotros

tenemos derecho á esperar que se tomen en consideracion las nuestras:

porque estamos persuadidos á que "se hace á los gobiernos un servicio

útil, cuando se les indican recursos realmente fecundos é inagotables,

ó se les aleja de los facticios y funesto."[3] Si conseguimos lo

segundo, procuraremos indicar lo primero, proponiendo algunas bases

que sostituyan con ventaja las del proyecto en cuestion. Esto produce

necesariamente una division de nuestro trabajo en dos partes. 1.ª

Observaciones sobre el proyecto del Ejecutivo: 2.ª Bases que pudieran

sostituirse á las que en él se proponen. Entraremos ya en materia, sin

mas explicaciones. ¡Ojalá nuestra tarea pueda ser de alguna utilidad!

[3] J. B. Say, _Trat. de Econ. Polit._, lib. 1, cap. 21, § 5.

PRIMERA PARTE.

OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO DE LEY.

Desde que la inquietud producida por el descrédito de la moneda de

cobre empezó á causar trastornos perjudiciales en el comercio, era

indispensable la adopcion de una medida que remediase este mal, á cuya

trascendencia no puede fijarse límites.

La base de esta medida, cualquiera que se adoptase, no podia ser otra,

que la completa extincion de aquella moneda; base en que todos están

conformes porque no hay uno que no conozca los peligros con que nos

amenaza este medio circulante. Una moneda, que, por una multitud de

circunstancias combinadas, ha dejado de ser _un signo representativo

de los metales preciosos_, único destino que debia tener,[4] y ha

venido á hacer el mismo servicio que ellos, sin poseer ninguna de sus

cualidades; una moneda, que, ocupando el mismo lugar que el oro y

la plata, no está garantida por nadie, que haya prometido cambiarla

á la vista como deberia ser[5], ni ofrece en su peso un valor real

proporcionado á su valor escrito; esta moneda, decimos, no puede

ménos de ser una causa constante de ruina; y es preciso desterrarla á

todo trance. Bien conoció el Ejecutivo que esta debia ser la base de

cualquiera operacion que propusiese á las Cámaras; ó, mas bien, que

este era el objeto principal que debia tener en mira: y así es que á

esto se dirije su proyecto segun se vé en el artículo 11, que dispone

que, al cabo de tal tiempo, _no circulará, como moneda, en el Estado,

el cobre del Brasil_.

[4] Las piezas de cobre no son propiamente moneda;.... son una

especie de cédula de crédito, ó de signo, que representa una

porcion de plata, demasiado pequeña para acuñarla--(_Say, Trat. de

Econ. Polit. lib. 1.° cap. 21. §10._)

[5] Como cédulas de crédito que son las monedas de cobre, deberia

el gobierno que las pone en circulacion, cambiarlas por plata,

en el acto que se le presentasen, siempre que se las llevasen en

número suficiente para igualar una pieza de plata; único medio de

asegurarse de que no quedan en manos del público, sino las que son

necesarias para los cambios--(_Id. id._)

Convenimos, pues, con el gobierno y con todos, en esta base principal.

Pero ¿los medios que el proyecto propone son á propósito para

conseguir el objeto que se desea? ¿Sancionado él, desterrará de la

circulacion el cobre del Brasil? Y si le destierra ¿no será causando

á la riqueza nacional perjuicios enormes, que no podrá ella soportar

sin aniquilarse? ¿Los medios que el gobierno propone son de tal

modo esclusivos, que sea preciso adoptarlos, á pesar de todos sus

inconvenientes, porque no haya otros de que echar mano? Esto es lo

que vamos á examinar, resolviendo negativamente estas cuestiones; y

nos lisonjeamos de que nuestra opinion será la de la mayoria de los

ciudadanos.

A pesar del poco enlace que guardan entre sí los artículos del

proyecto, los analizaremos uno á uno, del modo mas completo que nos sea

posible. El primero dispone que--

_Por el término de seis meses, cuando ménos, ó de nueve; cuando mas,

á contar desde el dia en que se publique esta ley, se admitirá en las

oficinas de recaudacion, por pago de derechos de introducciones, la

mitad en moneda de cobre, y la otra mitad en plata ú oro, por el valor

de sus sellos._

El primer vicio que se presenta en este artículo, vicio que es comun

á todo el proyecto, es la incertidumbre del periodo en que él ha de

empezar á tener efecto. En las operaciones de hacienda, de cualquier

naturaleza que sean, es indispensable que todo sea fijo y determinado;

y mucho mas, cuando ellas importan una innovacion, que necesariamente

obliga al comercio á arreglar sus pagos bajo un nuevo sistema, como

sucede en el caso presente. En esta clase de operaciones no puede

haber mas ni ménos; todo lo que no sea determinado é invariable, es

muy espuesto á producir todos los males que resultan al comercio de

no tener datos seguros para sus cálculos; de no poder arreglar los

negocios, con la confianza de que, en tal periodo precisamente, ha de

empezar á cumplirse una nueva ley, que le impone nuevos deberes. Nos

esplicarémos.

Hoy está el comerciante obligado á pagar sus derechos de introduccion

en moneda de plata, por el valor de sus sellos; y los acreedores del

Estado son pagados todos del mismo modo; entrando solamente el cobre

por el valor de un dos por ciento, y en las transaciones menores[6].

Mas el proyecto propone que se paguen estos derechos la mitad en plata

y la mitad en cobre; y fija para esto _seis ó nueve_ meses. Sancionado

que sea él, ¿como sabrá el comerciante y el acreedor del Estado cual de

los dos periodos elejirá el gobierno para empezar á cumplir la nueva

ley? ¿Como tomará sus medidas el primero para proveerse con tiempo del

cobre necesario para pagar los derechos; y el segundo las suyas para

dar destino á la moneda desacreditada que reciba en pago; si ni el

uno ni el otro saben con certeza el dia para que deben arreglar sus

cálculos? Necesariamente esta incertidumbre ha de ponerlos en una gran

confusion, ha de introducir una gran desconfianza en las operaciones

mercantiles; ha de exponer á todos á mil engaños perjudiciales; porque

mediando un periodo de tres meses, nada ménos, entre los dos plazos

fatales, ninguno podrá entrar con seguridad en una especulacion

extranjera como que no puede saber, si, en llegando sus mercancias á

puerto, habrá de pagar los derechos en plata, ó por mitad en cobre.

Todo esto es de una evidencia palpable; y cualquiera que tenga las

primeras nociones del comercio, sabe bien que nada puede emprenderse,

sin peligro, cuando no hay datos fijos para calcular.

[6] Ley de la Asamblea de 11 de julio de 1829.

Mucho podriamos extendernos en demostrar los perjuicios que esta

incertidumbre en las operaciones mercantiles acarrearia á todos los

consumidores de géneros de importacion; pero nos contentamos con

apuntar la idea porque es muy fácil concebirla en toda su extension; y

seguiremos examinando el artículo primero del proyecto.

Del mismo modo que no atinamos con las razones que hayan decidido

al gobierno á fijar dos plazos para empezar á cumplirse la ley que

propone, tampoco podemos concebir cuales son los resultados útiles

que espera de la medida que encierra este artículo. La hemos meditado

detenidamente, y solo hallamos que ella es diametralmente contraria al

objeto que se procura. No nos olvidemos de que este es la extincion de

la moneda de cobre. Bien, pues; el artículo primero, ni por sí solo,

ni combinado con los demas, puede propender á extinguirla; porque las

cantidades de cobre que, en fuerza de él, reciba el gobierno, en pago

de derechos, saldrán de sus arcas, para volver á la circulacion, en

virtud del artículo 13, que dispone que el gobierno hará sus pagos

en la idéntica proporcion que cobra los derechos. En consecuencia,

sancionado este artículo, permaneceria en circulacion cuando ménos, la

misma cantidad de cobre; y decimos cuando ménos, porque aun nos falta

que demostrar que circulará mucho mas.

Pero, si el artículo es inútil bajo este punto de vista, no lo es ménos

si se crée favorecer con él al comercio. En efecto, al comerciante

importa casi lo mismo pagar los derechos en plata que en cobre, (se

entiende cuando sabe con seguridad que ha de pagarlos en tal especie

determinada); porque, si los paga en plata, sus efectos se aforan

en esta moneda; y si en plata y cobre por mitad, el aforo se hace

guardando la proporcion del valor de ambas monedas, de modo que el

resultado siempre es igual para el introductor.

Es visto, pues, que el artículo primero ningun resultado útil puede

producir, ni en beneficio del comercio, ni para estinguir la moneda

aborrecida. Pero léjos de estinguirla, favorece poderosamente su

aumento; y en este concepto, el artículo es perniciosísimo. Vamos á

probarlo á la evidencia.

Nadie negará, al ménos con razon, que la moneda es una mercancia, como

todas las demas, sujeta á las mismas leyes, "y cuyo valor se determina

tambien por la proporcion que se encuentra entre su cantidad ofrecida

y su cantidad demandada"[7]; ó, lo que es lo mismo, que "su valor se

aumenta en razon de la necesidad que hay de ella, combinada con su

abundancia."[8] Tampoco podrá negarse que toda mercancia, inclusa la

moneda, acude mas á aquel mercado donde mas se necesita; y que todo

jénero es mas necesario, cuanto son mas multiplicados los usos que

de él se hacen. De estos principios invariables, y que son un axioma

para todos, resulta necesariamente este otro: que en el momento que se

destina un jénero cualquiera á un uso que antes no tenia, ese jénero

es mas solicitado, y por consiguiente acude mas al mercado donde se

necesita. Hagamos ahora la aplicacion de estos principios.

[7] Storch, _Curso de Econ. Polit._ lib. 5, cap. 6.

[8] Say. Lib. I. cap. 21, § 3.

Escritos políticos, económicos y literarios · 第 1 / 18 段