En 1872 había en este pueblo 145 cascos, 9 barotos y 250 bancas para
el comercio; pero á esta fecha se ha reducido el número de cascos.
Este pueblo está cruzado en muchas partes de esteros, y tiene
muchos depósitos que antes servían para guardar azúcar y arroz que
de Pampanga, Bataan, Bulacan y Nueva Ecija se traían á Manila. De
aquí la necesidad de muchas embarcaciones; pero ahora esos depósitos
están vacíos casi todos por la depreciación del azúcar y la general
crisis comercial. Solo sirven los cascos para el trasporte, de los
buques surtos en la bahía de Manila, á los muelles de la misma ciudad,
y vice-versa.
Es muy curioso ver la lucha entre los chinos y sus descendientes
los mestizos. Los primeros intentan apoderarse de todos los negocios,
abren muchas tiendas de telas y de sari-sari, venden aceite, papelería,
carne de cerdo, arroz etc., se encargan de las salinas, tintorerías y
fábrica de ron. Y ved aquí á las hacendosas mestizas chinas poner al
lado de las tiendas chínicas, también las suyas de quincalla, papel,
arroz y demás productos del país resistiendo tenazmente la competencia
de los invasores, ¡Oh! ¡si fueran todos los filipinos tan laboriosos
y listos como los de Malabon! Indudable sería el triunfo comercial
de estas islas.
Á pesar de esta ruda competencia, el ascendiente y el descendiente se
entienden: las mestizas aprecian á los chinos más que á cualquiera;
se casan muchas con ellos y están muy confiadas de ellos. Los chinos
las pagan en la misma moneda; se hacen lenguas de la laboriosidad
y honradez de las malabonesas, las regalan, las dán capitalitos si
necesitan; pero esto lo hacen por interés más bien que por hacerlas un
favor, porque ganan á costa de los esfuerzos del socio industrial. Por
lo regular, las dueñas de las pequeñas fábricas de tabacos de este
pueblo han recibido dinero de un chino amigo, socio capitalista.
Los chinos traen arroz de Saigon y colocan al fiado en las tiendas
de las mestizas. No parece si no que consideran paisanos ó hermanos
suyos á los de Malabon.
Éstos, como los chinos, acuden á los viveros de peces y á los corrales
de pesca de Navotas para comprar pescados, que luego revenden en
Manila ó en los mismos mercados de Malabon.
Diariamente los hay: uno, el principal, de nipa, con unas 40 tiendas
movibles de géneros etc. al costado de la Iglesia principal; y otros
en los barrios de la Concepción, Tinajeros, Tonsuya y Dampalit.