Tiene buenas calles, anchas y bien trazadas, sin empedrado ni aceras,
y muchos callejones dentro del pueblo. Sin embargo, es lástima que
no se haya seguido el trazado de calles proyectado en 1875 después
del gran incendio. Así se hubieran cambiado los callejones con buenas
calles; pero el camino de Malabon á Manila se ha hecho famoso por su
mal estado en tiempo de aguas, especialmente en el istmo de Salitre.
El tranvía ha sustituirlo en parte á las muchas desvencijadas
carromatas que llevaban y traían pasajeros de aquel pueblo.
De la plaza de S. Gabriel (Binondo) parte de cuarto en cuarto de hora
un tranvía hácia la estación del á vapor para Malabon, situada en
Tondo. En el trayecto ha tres secciones, pagándose dos cuartos por cada
una, y de Tondo á Malabon, se paga por cada asiento de primera clase
una peseta, y media, si es de segunda; además á las seis de la mañana
sale de Malabon, y á las seis de la tarde de Tondo un tren de obreros
en que se paga seis cuartos por cada persona. De uno y otro extremo
hay tres secciones de Tondo á Meypaho, de Meypaho á Dulu y de Dulu
á Malabon, pagándose 12 cuartos por cada una, en 1.a, y en 2.a seis.
El servicio empieza en Tondo á las 5 y media de la mañana y termina
á las 7 y media de la noche; y en Malabon desde las 6 de la mañana
hasta las 8 de la noche, saliendo los trenes por la mañana de hora
en hora justa y desde la una y media varían las horas de salida,
pues que salen los trenes en las mitades de hora. Las tardes de días
festivos salen de media en media hora, si hay mucha gente.
Ir en carromato es incómodo y casi siempre algo más caro.
Muchos vienen á Manila en bancas especialmente cuando se trae algun
cargamento y se invierte en recorrer la vía fluvial ó marítima dos
horas y media. Cuando el mar está en calma, las bancas salen á él
para entrar en el Canal de la Reina é ir á parar en el estero de Jolo;
pero si está algo agitado, es espuesto navegar en sus riberas, porque
suele destrozar las embarcaciones, así bancas como cascos, aunque no
esté muy furioso; por eso entonces prefieren seguir un tortuoso brazo
de mar, de poco fondo, interior y paralelo á la playa. Este brazo
de mar pasa por terrenos de un particular, á quién se ha concedido
permiso para cobrar pasaje de cinco cuartos á cada banca y pagan
más los cascos; pero explotando la ignorancia y credulidad de los
pobres indígenas, el cobrador se ha colocado en el Canal de la Reina,
haciendo pagar no sólo á los que pasan por la vía interior, sino á
todos los que entran en el citado Canal, como si no hubiera sido éste
abierto por suscripción pública. Los clamores de la prensa hácia ésta
escandalosa exacción ilegal, fueron desatendidos. Y conste que deben
cobrar indebidamente unos cinco pesos diarios, pues muchas son las
bancas que pasan por la vía marítima, que es más corta, y rarísimas
las que van por la interior, á no ser cuando la marejada es gruesa.