Cuando un soltero pide para sí la mano de una jóven y no desagrada á
los padres de ella, éstos requieren á veces al pretendiente que se
quede en su casa (la de la novia), á fin de sujetarle á toda clase
de pruebas penosas y examinar con éstas si es hacendoso, pacienzudo
y humilde; cualidades que debe reunir.
Las pruebas consisten en mandarle por agua, leña... en una palabra,
en tratarle como á criado. Y si muestra desobediencia, desfachatez
ó desidia, le despiden.
Las pruebas duran el tiempo estipulado de antemano. Si el pretendiente
logra con ellas satisfacer las exigencias de los padres de la
pretendida, éstos no sólo consienten en el proyectado enlace, sino
además se ofrecen á costear los gastos del casamiento.
Asimismo le prohiben comer frutas agrias; á fin de que sus futuros
hijos no sufran dolores de vientre y le prohiben también salir de
casa sin compañero.
Después de haberse presentado los casados al Párroco por los dichos y
ya en casa, bailan, tanto los más entusiastas jóvenes como los vejetes,
en acción de gracias.
En la ante-víspera van los novios acompañados de viejas á bañarse al
río. Antes del baño toman un tabo (vaso indígena) de legía de gogo
(Entada) que los filipinos usan como jabón y bailan y cantan al son
del kotibéng (vihuela de cinco cuerdas) algunos versos, cuya traducción
es la siguiente.
«¡Oh tú, gogo! te utilizamos para embalsamar las cabezas de los novios,
para que sean olorosos sus Cabellos.»
Acto continuo lavan con la legía la cabeza de los novios y comienza
el baño, concluido lo cual, regresan á su casa, yendo primero los
varones y detrás las mujeres. Esto es por la mañana.
Y por la tarde (á eso de la una) vuelven á reunirse para tomar vino
basi, y luego diez varones rodean un mortero de madera cargado de
palay, para descascarillarlo, ejecutando el panaggigintong, que es
una especie de esgrima sui géneris. Durante el panaggigintong las
viejas bailan alrededor, contoneándose al compás de un kotibéng.
Hecho el arroz para la boda, suben á la casa para bailar, á fin de
que con estas solemnidades los novios no tengan hijos sordos.
Por lo regular los zambaleños se casan en los días de lunes.
Antes de ir á la iglesia, bailan palmoteando todos los que estan en
la casa, donde ha de celebrarse la boda.
Después de la misa nupcial, los casados pasan al convento á besar
la mano al Párroco; después, deben llegar nueve viejas comisionadas
á recibir á los desposados. Aquellas llevan las sayas al revés,
es decir, que la cara de la saya, en vez de estar fuera, vá dentro,
adornándolas con una profusión de flores naturales. Las viejas llevan
además una corona de bejuco, adornada con plumas de gallo, hojas y
flores artificiales.
Antes de salir las viejas de la casa de la boda, se embriagan y
bailan; y acto seguido se ponen en el órden siguiente: 1.o vá una como
cabecilla, que se diferencia de las demás en el lujo de sus vestidos;
siguen tres viejas puestas en hilera; después van otras dos en hilera,
y por último cierran la comitiva las tres restantes. También éstas van
en hilera y la que está en el medio lleva una lata vacía de petróleo,
que toca como bombo, mientras caminan. Las demás viejas deben llevar
lanzas y banderolas.
Al llegar al pátio del convento, bailan, cantan é imitan el moro-moro,
descrito ya por otros autores.
En seguida se incorporan los recien casados y todos los que asistieron
á la boda, á la comitiva de las viejas, enderezando sus pasos á la
casa, donde ha de celebrarle el enlace con comilonas.
Por la tarde bajan de la casa y bailan alrededor de ella al son del
kotibeng (vihuela de cinco cuerdas).
En cuanto á supersticiones, sólo, podemos decir que los zambaleños
consideran de mal agüero que la embarazada cave la tierra.