Íntayon!
A kuná ni mangod-odon;
Nabátinsa tay karkarmamon
Idiay bátogda ummindayon.
Kas la ngad ubíng
A no agibit [48] ket linglingayen;
«Kololot baá,» kunana manen;
Lumned ket tumpuar laeng.
Aoan semsem
Á mabati á laglagipen[#]
Beam lat mabátimon
Ta uray ket kukuanak, ket kuktuaka metten.
Traducción: «Vámonos!--Como dice el que vá al pueblo.--Parece
haberse quedado tú karkarmá [49] frente á la casa del umindayon
(ignoro su significación.)--Es como un niño que si llora, se pone
melancólico. --Kololot, baá, [50] dice y se oculta, para volver á
aparecer continuamente.--No queda tristeza en qué pensar; deja lo
que hayas dejado, que ya soy tuyo y eres mía.»
Llámanse tapát [51], las serenatas nocturnas que los galanes dedican á
sus amadas ó puramente amigas. Llevan en ellas un armonium ú orquesta
compuesta de una ó dos guitarras, alguna bandurria, acordion, violin,
flauta ó arpa. Después de tocar un paso-doble ó algún bailable,
frente á la casa de la agasajada, uno ó dos cantan; á veces van
cantarinas. Al canto sigue otra sonata, y después de dos ó tres
canciones, van á otras casas á hacer lo mismo.
Tocan los ilocanos una pequeña vihuela de cinco cuerdas llamada
kutibéng, advirtiendo que ya lo tenían á la llegada de los españoles,
aunque la antigua debía tener forma distinta de la actual, que se
parece mucho á las vihuelas europeas.
Hay varias clases de bailes en Ilocos, además de los europeos que
más usan: el kinnotón, ó baile de hormigas, cuyos bailarines remedan
á un atacado por muchos de estos insectos, y á un compás apresurado,
se rascan todas las partes del cuerpo.
El kinnal-logóng: una pareja de hombre y mujer se colocan frente á
frente; el primero no se mueve de su lugar, y la otra se acerca á él
cantando ó bailando solamente, moviendo un sombrero con dos manos,
como si lo ofreciese al galan; lo pasa por encima de la cabeza
de éste, como intentando varias veces ponérselo. Al fin, lo hace;
y ambos bailan, terminando con ésto el baile.
En las reuniones los ancianos suelen pedir que alguien cante un dal-lót
ó el curioso arikenken, que es una especie de zarzuela en un acto ó
baile con canto, cuya letra improvisan los actores, que son un baró
(soltero) y una balasang (casadera) de la reunión.
La letra es digna de conocerse. Se compone de estrofas de ocho versos;
que se conciertan entre sí, según la rima especial de los ilocanos,
que ya veremos lo que es, con el siguiente estribillo:
Dal-lang ayá daldal-lut.
Dal-lang ayá dumidinal-lot.
Lo trascribo, porque no sé traducirlo ni lo entiendo, á pesar de que
soy ilocano; parece que no significa nada.
Doy la traducción de una letra del consabido arikenken, que me facilitó
un ilocano.
Un mozo, frente á una jóven, con quien baila, canta en ilocano lo
siguiente:
«En este respetable concurso y muy apreciable reunión (la repetición
es propia de la poesía ilocana) soy el elegido para dar alegría á
la tristeza, pues si el corazón se halla bajo la sombra del pesar,
dolores caerán sobre nosotros como las olas del mar.--Bien que yo
comprenda mi poco valer, declaro, sin embargo, mi amor, ya que adorar
no está prohibido, pues dicen los sábios, que el amor es ciego,
(llama la atención que los filipinos, en general, saben, que Venus
y Cupido son dioses de la hermosura y del amor), que cautiva á los
ricos y pobres.--Por eso, vida de mi alma, clara y radiante motiá
(fuego fabuloso, que sale de la boca de los gallos privilegiados),
contesta pronto confirmando la certeza de que no son iguales el ciego y
el que tiene sana vista; vamos, contesta si es cierto lo que he dicho.»
A esta provocación, la jóven responde entonando versos ilocanos que
literalmente traducidos, dicen:
«Ya que pides mi opinión acerca de lo que acabas de decir, te
manifestaré que ciertamente el amor no escoge, y para él, tanto el
rico como el pobre valen lo mismo.--Pero hay muchas clases de amor:
hay engañoso, lo cual es crueldad, amor fraternal y amor universal,
siendo el más estimable el amor que enlaza á dos corazones, si se
sabe conservarlo.--La ley y nuestra dulce religión no lo prohiben,
y el sabio se vuelve necio, si este amor (conyugal) lo domina, por
eso este amor, repito, es el más apreciable, ante el cual los reyes
se hincan de rodillas.»
En ésto, ambos bailarines entonan á duo una estrofa, con la que ruegan
á los concurrentes disimulen la modestía de su zarzuela improvisada
ó arikenken.