Pasemos á hablar de las tradicionales felicitaciones, con que los
ilocanos agasajan á los jefes de provincia ó alcaldes mayores [47].
Acuden á festejarles por sus días ó cumpleaños todos los
gobernadorcillos de la provincia.
Les acompañan sus respectivas bandas de música, graciosas pollitas
(por lo regular las más bonitas del pueblo) y la principalía.
Llevan delicados regalos, consistentes muchas veces en caprichosas
jaulas llenas de pájaros, palilleras, venados, dulces y mil frutas
delicadas.
En la víspera de la fiesta, despues del toque de las oraciones, acude
la flor y nata de la provincia á la Casa-Real, que así se llama la
residencia del alcalde, para saludarle.
De grupo en grupo se presentan los pueblos con el gobernadorcillo
respectivo al frente de la principalía; siendo el primero, en Vigan,
el del gremio de naturales, al que suele representar un jóven
elegantemente vestido á la europea, el cual pronuncia el discurso
de felicitación, terminando por ceñir la frente del alcalde con una
preciosa guirnalda de flores artificiales y por depositar en sus
brazos una perfumada palma.
Despues de la coronación, un coro de jóvenes y niñas de voz sonora,
entona un himno acompañado de orquesta ó armonium.
Sigue luego el gremio de mestizos, que siempre se distinguió por sus
discursos é himnos, escritos por ilocanos instruidos; por el lujo de
sus laureles y palmas, por el arte y primor con que los hacen.
Despues de las coronaciones y los cantos, suelen soltar, especialmente
los mestizos, algunos globos de caprichosas formas y quemar varias
piezas píricas, á las que sigue una ruidosa lluvia de cohetes.
A las nueve, se retira la principalía con las señoras sin hijas,
quedándose las pollitas con sus madres para el baile, que entonces
comienza entre los empleados, funcionarios y otras personas.
A las cuatro de la madrugada, las bandas de música recorren las calles
de la cabecera, tocando diana, para despertar al vecindario.
Poco antes de las ocho, los gobernadorcillos con sus tenientes,
alguaciles y bandas de música, se dirigen á la Casa-Real, desde donde
se trasladan á la Iglesia con el alcalde y todos los funcionarios
públicos de la provincia.
Oyen misa solemne y se canta el Te-Deum.
Llegada la noche, otro baile tiene lugar. Algunas veces por la tarde
hay cucañas, juegos de anillo, moro-moro y otras diversiones ilocanas.
Llámese como se quiera al que pronuncia discursos escritos por otros
y hablemos algo entre paréntesis de él. La presencia de ánimo suele
encontrarse entre los traviesos jóvenes, de los cuales se escoge un
orador. Sin embargo, varios de ellos se aturden en el acto y muchas
veces se olvidan del discurso al llegar á ciertos periodos: miran
entónces á los gobernadorcillos como si quisieran preguntarles algo;
pierden la palabra y.... allí fué Troya: ¡Plancha! ¡calabaza! se oyen
por todas partes, estallando una ruidosa tormenta de carcajadas y
voces de ¡fuera! ¡¡fuera!!
No solo á los alcaldes se felicita, sinó tambien á los Obispos y
provisores de la Diócesis. Recuerdo que en cierta ocasión, un orador
del pueblo de Cauayan... no hizo plancha, fué más que plancha aún:
ignoro quién le había enseñado aquellos exageradísimos ademanes que
no parecía sinó que estaba insultando al que entónces felicitaba.
Tambien varios alumnos del Seminario de Vigan felicitan á sus
superiores, pronunciando discursos. En estos casi siempre se
piden... no sé cuántas semanas de vacación de aulas.
Uno de estos oradores hizo plancha precisamente en aquello de
«vacaciones.»
Entonces el público le apuntó diciendo ¡vacación! ¡vacación!...
Todo esto en Ilocos Súr.
En Abra rarísimas veces se entonan himnos y en ese caso las cantoras
y cantores van de Vigan. La paga suele consistir en algunas bueyes
á cada individuo.
De los pueblos acuden igualmente la principalía y las indispensables
pollitas á saludar al gobernador de la provincia.
En Ilocos Norte los regalos suelen consistir en finísimos tejidos de
Ilocos, mantelería, pañuelos etc., etc.
Allí no faltan discursos, especialmente de los pueblos de S. Nicolás,
Bacarra y la cabecera.
Acuden también á festejar al alcalde la principalía con sus bandas
de música, lindas ilocanas y los graves gobernadorcillos con sus
subalternos.
Bailes en la Casa-Real, comilonas en el tribunal de la cabecera y
otros regocijos por todas partes, completan la fiesta. Raras veces
se cantan himnos.
Los ilocanos felicitan á sus alcaldesas mayores en sus días.
Lindas babbalasang (solteras) se reunen en la casa del gobernadorcillo
de cada gremio y al anochecer se dirigen á la Casa-Real.
En la sala de recepción, el gobernadorcillo presenta á la alcaldesa las
señoras de la principalía que tambien ván á saludar á la señora (así
se llama allí la esposa del alcalde); del bouquet ó grupo de bellezas,
se adelanta una jóven y felicita á la señora con un correcto discurso.
Despues de la felicitación, las bellas ilocanas entonan himnos.
Los discursos terminan con la consabida coronación, ciñendo la frente
de la alcaldesa con una guirnalda de flores artificiales y perfumadas,
y depositando en sus manos una palma.
Y no sólo se felicita á los Alcaldes mayores y sus señoras, sino
tambien á sus chiquitines. Los hijos (niños) de los Sres. Regidor
y Marzan, jefes que fueron de Ilocos Súr, fueron pomposamente
festejados en sus cumpleaños por la principalía de ambos gremios
de Vigan. Dos comitivas (naturales y mestizos) de chiquillos
uniformados con chaquetas, imitando á los tenientes de justicia, con
sus gobernadorcillos correspondientes al frente, y acompañándoles
sus respectivas bandas de música, acuden á la Casa-Real, donde uno
de ellos felicita y corona al niño ó niña.
Llama la atención la soltura con que los oradorcílos pronuncian
discursos en castellano.
Entre los diversos regocijos que los fernandinos dedican á sus jefes,
hemos citado los globos de artísticas formas. Tal vez ellos son los
que los confeccionan mejor en el Archipiélago.
Pabonar: se llama así la fiesta con que los gobernadorcillos celebran
el dia que toman el baston de tales. Varían las ceremonias según
los pueblos. De la Casa-Real, después de prestar juramento ante
el Gobernador de la provincia, se dirigen á la Iglesia á rezar, con
numerosa comitiva de tenientes y alguaciles, y banda de música. Después
van á la casa del nuevo pedáneo, donde se baila, canta y come.