Ilocos Súr. Cuando uno quiere contraer matrimonio manifiesta sus
deseos á sus padres, los cuales si las aprueban, ellos mismos, ó
buscan una persona de mucho valimiento con la familia de la jóven,
que pida la mano de ésta.
Sólo los del campo usan las donaciones propter nuptias que se llaman
sab-ong.
Y sin otras ceremonias, se toman los dichos.
Si se trata de pudientes, el Párroco vá á la casa de la novia, á donde
acude el futuro esposo acompañado de sus amigos y parientes varones. Y
si son de la clase media ó inferior, se llegan á la vicaría ó, como
llaman, convento del Cura Párroco.
Tratándose de clases acomodadas, el casamiento se celebra á las
cuatro de la madrugada. En esta provincia como en las demás ilocanas
[43], es costumbre casar en lunes, miércoles ó sábado. Antes de la
hora señalada, una banda de música recorre la población, tocando
pasos-dobles, para despertar á los invitados á las ceremonias
nupciales.
Celebrado el matrimonio, se retiran en dos grupos: vá primero el del
sexo feo y sigue el bello, no compañándoles ninguna banda de música.
Pero en la casa, donde se deben celebrar los festejos, les espera
una que, apenas los divisa, toca danzas.
Los del pueblo no gastan músicas.
Los del campo se casan á las siete de la mañana en grupo con los del
pueblo, si los hay; y se retiran á las ocho. A esta hora llega la banda
de música, que les conduce á sus lejanas casas. Y como en cada pueblo,
excepto el de Vigan, solo hay una banda y los desposados son muchos,
de aquí el que la única suele no acabar de conducirles hasta muy
entrado el día. En Ilocos Norte, hasta las 12 de la mañana. Cuando
el caso apura, la banda se divide en dos ó tres grupos compuestos de
seis ó siete músicos; pero todos con el indispensable bombo, pues no
gusta el poco ruido.
La comitiva se divide también en grupos y tras de ellos la música,
que les acompaña tocando ensordecedores pasodobles.
Es indispensable que el novio vista una chamberga ó chaqueta negra
ó de color.
Las ilocanas gastan mantos de tela negra y lustrosa, como ya hemos
dicho; pero tanto la novia como sus acompañantes no los usan en estos
casos, á diferencia de las mugeres de los principales, y los llevan
doblados encima de la cabeza con un quitasol cerrado.
Los festejos varían casi en cada pueblo ó barrio. En las afueras de
Cabugao, he visto en cierta ocasión á dos muchachas arrojar desde
la bóveda de la casa de la boda, al llegar los desposados, unas
golosinas que llamamos okilas; y todo el mundo las recogía á porfía
con grande algazara.
Ilocos Norte. A veces suelen los padres de familia celebrar
capitulaciones matrimoniales para sus hijos recien-nacidos, ó antes
aun del parto. Estos contratos se formalizan, á la edad de 10 ú
11, y de 12 ó 13, según que sea muger ó varón, y á veces se casan,
ocultando por supuesto sus verdaderas edades.
La mayor parte de los contratos esponsalicios se hacen sin el
conocimiento de los hijos y de aquí el que muchas jóvenes se casen
con disgusto y después de duras intimaciones. Es preocupación que el
enlace celebrado sin consentimiento paterno, es funesto.
Los de esta provincia no se atreven á pedir la mano de ninguna muger
sinó sólo en dias de jueves, sábado y domingo, creyendo aciagos
los demás.
Forman el comité de solicitala regularmente la madre, una tía y la
abuela, si aún vive alguna del novio, las cuales se cuidan, de no
encontrar en su camino mugeres en estado interesante, lo cual tienen
por mal agüero, como los chinos.
Al llegar á la casa de la jóven pretendida y al fin de preámbulos,
que tienden á ensalzar las cualidades del pretendiente, exponen el
objeto de la extraordinaria visita.
Los padres de la muger suelen contestar que explorarian antes la
voluntad de ésta.
Después de tres ó cuatro visitas, cuando los padres manifiestan aprobar
el proyectado enlace, las comisionadas del novio suelen entregar una
moneda de oro ó plata, llamada en esta provincia paminting, y palalian
en otras de la comarca ilocana; cuya moneda formaliza el sí ó la base
de la sucesiva capitulación matrimonial.
Esta se otorga en otra visita. Se tratará de los bienes, que el novio
debe aportar al matrimonio. Estos se llaman sab-ong, y los constituyan
cierta cantidad de dinero, si el pretendiente es rico, terrenos,
alhajas, valiosos vestidos, bonitas chinelas; si de pobres se trata,
bastan un arado montado y lo necesario para ganar modestamente la
subsistencia.
En la víspera de la boda, los parientes del novio se reunen en la casa
de éste y juntos, á veces con una orquesta al frente, se dirigen á la
casa de la novia para entregar el consabido sab-ong y unos cestillos
primorosos, que contienen finísimo algodon, un puñado de arroz de
primera clase, un salero, un tabo blanquísimo (corteza de la fruta
de coco, que les sirve de vaso para beber,) y varios caprichosos
cucharones de madera, llamados alló.
Sirve el algodon, según él vulgo, para que los futuros cónyuges no
carezcan durante su vida de buenos, vestidos; el arroz, para que
siempre tengan el necesario alimento, pues este cereal es su base;
el salero, á fin de que no les falten manjares; el tabo, para que no
perezcan de sed, y los cucharones, para que tengan todo lo necesario
para vivir.
Pocos días antes de la boda, prohiben al novio sus deudos pasear ó
ir á los campos, y según el vulgo, en este tiempo le amenazan muchos
peligros.
Hé aquí otras preocupaciones relativas á los casamientos.
Si la novia contesta en voz muy baja, cuando el sacerdote le pregunta
su nombre, los desposados no tendrán buena unión.
Si cae casualmente una de las arras en el acto de las ceremonias,
los cónyuges derrocharán el dinero.
Cuando los desposados se dán la mano, la novia suele pisar algún pié
de su futuro esposo, para que ella pueda dominarle después.
De los desposados, el que tenga vela más resplandeciente, tendrá vida
más larga.
Al llegar los novios de la Iglesia á la casa de los regocijos,
se detienen en la escalera. La comitiva á veces entona un
himno sui géneris, lleno de ¡Albricias!, arrojando flores á los
desposados. Después, van los padrinos por velas, que entregan á sus
ahijados y juntos suben. Es preocupación que si uno de los cónyuges
se adelanta al otro á subir, alguno de ellos cometerá adulterio y
tendrán una vida ruidosa.
Ya arriba todo el mundo, rezan delante de una imágen sagrada un Pater
noster, Ave María y Salve en acción de gracias, y acto continuo rezan
por el eterno descanso de las almas de sus difuntos parientes mas
cercanos. En este acto, según la preocupación, el desposado que tenga
vela, cuya luz no se agita, vivirá menos tiempo. También es creencia
que las bodas celebradas con excesiva pompa suelen resultar fatales,
siendo castigado por Dios su orgullo.
Los concurrentes que se sientan á la mesa deben tener todos camisa
blanca. Para sentarse uno de camisa rayada, necesita pareja que lleve
semejante vestido, siendo necesario que el número de los de camisa
rayada sea par. En la mesa principal no se admite á ninguno que vista
luto. Estos comen en la cocina ó mesa separada.
En la boda los novios comen mongos gordos, á fin de que la mujer
sea fecunda.
La fiesta se celebra en la casa del novio con libaciones, música,
tertulias y juegos á los naipes.
En la noche del casamiento, el novio duerme en la casa de sus suegros,
y la mujer en la de los suyos. Al dia siguiente se reunen de nuevo en
la iglesia, para oir misa, después de la cual se dirijen todos á la
casa de aquella y allí se celebra otro dayá (fiesta). Por la tarde
á eso de las cuatro, se interrumpen los bailes y otros regocijos,
y empiezan las algazaras del panagtutupák. Este consiste en hacer
sentar en cuclillas en medio de la casa á los desposados, rodeándoles
sus parientes en un gran círculo. Al lado de los novios y también en
el centro del círculo, se sientan los padrinos de boda. Cada uno de
los desposados lleva una copita y un frasco de basi.
Los parientes de la novia ofrecen á ésta, y los del novio á
él, cantidades de dinero, que van colocando en los platos que
respectivamente deben llevar los padrinos. En cambio de estas ofrendas,
los desposados dan varias copitas del consabido basi.
Los padrinos gritan alentando á los donantes, y éstos prorrumpen en
mil aclamaciones de alegría, armando gran bulla.
En la mañana del tercero dia, se reunen otra vez en la iglesia,
donde oyen misa, después de la cual se retiran á la casa del novio,
donde se celebra otra fiestecita, que llaman panag-guugas (limpieza
de los platos que se han usado).
Por la noche tienen lugar las ceremonias del panangikamén. En la hora
ya de dormir, extienden tres petates (esterillas) unidos, donde se
acuestan los desposados y una vieja en medio de ellos. Esta cicerone
pasa la noche sin dormir con una vela encendida en la mano. Después
la apaga.
En la mañana del siguiente sábado, cónyuges, padrinos y parientes
van al rio á bañarse todos. En la tarde del domingo siguiente á la
boda, en horas de las cinco, los deudos del novio llevan el ropaje
de éste á la casa donde se reunen las ropas del nuevo matrimonio,
disputándose el honor de tener mayor número de ellas. Finaliza la
función con un bailecito.
A todo ésto añadiremos las siguientes líneas, que me ha escrito uno
de Ilocos Norte:
«Los padres del novio llevan frascos del consabido basi á la casa
de la novia, para celebrar con libaciones la formalización de
las capitulaciones matrimoniales. Es de ver en estos actos á los
consuegros cambiarse sus copas llenas de basi brindando por la salud
del nuevo matrimonio.
Por lo regular, el novio viste en la boda camisa de lienzo Canton ó de
color crudo, chaqueta y pantalon de seda, rosario de cuentas gordas,
y salakót adornado de plata.
Y la muger, saya, camisa y kandonga lujosas, tapis de seda, peineta,
agujas, anillos y rosario de oro, tumbaga ó coral. En fin, de todo
menos de chinelas.
Cuando la boda se quiere celebrar con pompa se mete mucho ruido de
tambores y repiques de campana, pudiéndose decir que casi todos los
movimientos de los desposados se anuncian con tambores y campanadas.
Terminadas las funciones de Iglesia, el padrino y la madrina toman
de su cuenta una banda de música (en todo el Archipiélago los gastos
de bautizo, casorio y muerte de los ahijados, son costeados por los
padrinos), que irá delante de la comitiva.
En el camino se distinguen los recien casados por el lujo. El novio
cubre con un quitasol á su consorte y juntitos caminan despacio con
los ojos clavados en el suelo».
La Union. En esta provincia hay otra manera de pedir la mano. Cuando
uno desea casarse, lo dice á sus padres.
Éstos á su vez trasmiten los deseos de su hijo á la familia de
la pretendida y si aquella aprueba el casamiento proyectado, abre
las puertas de su casa al pretendiente, á fin de que éste implore
personalmente el consentimiento de la jóven. [44]
En lo demás, los usos semejan á los de Ilocos Súr.
Abra. En esta provincia, el consentimiento de los padres de la novia
se consigue con ciertas condiciones: es necesario que los padres del
novio se comprometan á dotar á los futuros cónyuges, de los bienes
que la familia de la jóven requiera.
El pretendiente dá una lista de los bienes que debe llevar al
matrimonio, la cual lista se formaliza en el dia de la boda con
testigos en un documento, que debe guardar la familia de la jóven,
para demandar ante el juez competente á los padres del novio en caso
de violarse después lo estipulado.
En Abra también se estila el consabido palalián, el cual suele
consistir allí en anillos ó varias monedas.
A veces se pide la mano, por medio de cartas.
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