Tenemos los indígenas una tradición, que en ninguna crónica hallé
escrita y que sin embargo ningun ilocano ignora; según ella,
en un principio, ó sea antes de la creación del cielo, de la
tierra y del mar (no digo del hombre, pues según dicha tradición,
el hombre existió antes que el cielo etc.) había un gigante llamado
Angngaló--¿sería el citado por los PP. Buzeta y Bravo?--de formidables
proporciones. Figúrese el lector que de pié tocaba su cabeza en el
cielo y con un paso venía de Vígan á Manila, es decir, salvando cosa
de setenta y una leguas.
Angngaló cavó el suelo que antes era plano, y las tierras que extrajo
son hoy los montes, siendo las colinas las tierras que caían de los
agujeros que formaban sus dedos mal unidos.
Hecho un abismo, alivió su vejiga y formó los océanos y los mares;
pero no por eso sus aguas fueron saladas como la orina. Angngaló
tenía una mujer nombrada Aran, de la cual tuvo tres hijas. Estas
trataban de venir á Manila, para traer sal y rogaron á su padre las
trasportase. Angngaló accedió á ello; pero estando en medio del mar
cayeron con sus cargas al agua y desde entonces el mar se quedó salado.
Angngaló fué tambien el que colocó la bóveda del cielo, [24] el sol
y las estrellas.
Los ilocanos del campo todo lo materializan, efecto quizás de su
escasa penetración, por manera que para ellos el cielo no es mas que
esa bóveda azul y cóncava que nos cubre. Se figuran que la tierra no
es esférica, al igual de los antiguos geógrafos; es una circunferencia
plana sobre cuyos límites se levanta el cielo; y para ellos, es de
extensión muchísimo mayor que la real, de modo que para que uno pudiera
llegar á sus límites ó á los piés del cielo, necesitaria, desde que
nace hasta su vejez, correr sin cesar en dirección al horizonte.
Según esta tradición, pues, Angngaló y Aran fueron los primeros
hombres, y quizás los padres de los demás, como Adan y Eva; pero
debemos advertir que en esta tradición no se menciona la creación
del hombre, y que los ilocanos cuando quieren decir que aún no había
nacido Fulano en tal tiempo, expresan con esta frase metafórica: estaba
aún en el otro lado del mar, que viene á ser el Asia, lo cual parece
indicar que según creencia antigua, los hombres vienen del extrangero
como el trozo de caña arrojada por las olas á los piés del milano,
de que salieron los primeros hombres, según otra tradición antigua
de Filipinas, que mentan algunos historiadores. En Ilocos, cuando
uno dice en broma no haber nacido de mujer, le contestan:--Entonces
has salido de un trozo de caña.
En el monte de piedra, Bangbang, que hay en la bocana del Abra,
hay una huella muy grande al parecer de hombre, y otra, según dicen,
en la cumbre del Bul-lagao, Ilocos, ó en Cagayan, que se atribuyen
á Angngaló. [25] Lo cual nos recuerda la tradicional y fabulosa Bota
del Mandarín, que hay cerca de Fochow, más arriba de los puertos de
Mingan. Angngaló dejó estas huellas al subir al cielo.
En Abra hay un gran subterráneo que dicen ser de Aran, y cuyo agujero
llega á Cagayan, según la conseja, cual un tonel.
Angngaló fué el Criador; según la tradición ilocana, pero de órden
de un Dios cuyo nombre se ignora, y no hay noticia de que fuera
objeto del culto de los ilocanos, lo cual es incomprensible, puesto
que según todas las demás religiones de que tengo conocimiento, todo
Criador del Universo es Dios, y es acorde la creencia de que sólo la
omnipotencia de un Dios es capaz de obrar tantas maravillas como las
que encierra la creación.
¿O es que la actual conseja ilocana es aborto de un contubernio
de ideas religiosas, de las puramente ilocanas y de las extrañas,
quizás las chinas, introducidas después de la conquista?
Angngaló, por ser gigante (los mandayas de Mindanao hablan también de
un gigante llamado Tagamaling) se asemeja al Atlas ú Océano filipino
de los PP. Buzeta y Bravo.
Como en la conseja ilocana citada, no se menciona la filiación de
Aran y Angngaló, éstos pudieron haber sido los mismos hombres, que
salieran de dos cañutos expresados por el P. Colin. [26] Y por último,
hemos visto que las consejas relativas á las huellas de Angngaló son
semejantes á las chinas.
He aquí lo que sobre ésto me escribe el sábio Blumentritt:
«Mi muy querido amigo: acabo de recibir su muy, muy interesante
artículo sobre la cosmogonía ilocana [27]. No solo las Visayas sino
tambien otros pueblos de la raza malaya, dicen que los primeros
hombres salieron de un trozo de caña ó bambú. Así los indígenas de
las Islas de Mentawei (O. de Sumatra), los naturales de la parte
SE. de Borneo (Pasir), los de Holontalo y los alfuros de la Minahassa
(Célebes septentrional), los indígenas de la isla Kabroeang ó Abotean
(grupo Talaur entre Célebes y Filipinas), cuentan que el primer hombre
fué Hoera Boelauro (Hura Bulao). Este cortó en el monte un bejuco ó
rotang, y en este bejuco halló á un hombre y una muger, de quienes
proceden dichos insulares. Según la conseja, los reyes de los alfuros
de la isla de Ceram traen su orígen de árboles «Waringi» (especie de
balete) y otros de un cocotero. Algunas tribus de los indígenas de
Amboyna ó Ambueno descienden de trozos de bambú, otras de caimanes
ó anguilas. Hay tribus de alfuros de Ceram que cuentan los primeros
hombres deben su existencia á la cópula del cielo y de la tierra, y
los temblores son las tentativas de la tierra para restablecer dicho
statu quo anterior. La misma leyenda (muchas veces solo en rudimentos)
se encuentra en otros paises malayos. Los javaneses piden ó pidieron
al Bopo-Koso (Padre Cielo) y á la Ibu Pratiswi (madre tierra).
«Huellas de dioses, demonios y gigantes, como las de Angngaló, se
encuentran en todo el mundo y buscamos los etnólogos las leyendas que
se refieren á ellas, así es que mucho agradecemos á usted su artículo,
que traduciré al aleman y so publicará en una Revista científica de
Austria ó de Alemania, probablemente el mes de Junio próximo. En las
cercanías de Leitmeritz hay también en una piedra huellas (pero de
manos) del diablo, llamadas Teufelspratze (Teufel = diablo, y Pratze =
mano grande de un gigante ó pata de león ó tigre).