Son estas unas piedrecitas á las que los ilocanos atribuyen virtudes
milagrosas. Su hallazgo es imposible, porque según la preocupación
ilocana, se encuentran en donde no hay posibilidad de hallarlas. Se
llaman babató en Ilocos Norte y ginginammul [20] en Ilocos Súr.
El corazón ó fruta embrionaria del plátano echa una piedra, que
metamorfosea en un Samson al que tuviere la dicha de encontrarla. Para
poseerla, debe uno situarse en su tronco por la noche, esperando que
en forma de fuego la arroje la flor del plátano, al inclinarse al
suelo; pero el que desee poseerla, debe armarse de valor, para hacer
frente á los diablos, que indefectiblemente aparecerán á arrebatarle
la piedra, y si la presencia de los demonios le infunde miedo, se
volverá loco. El hombre meterá en su boca la piedra, que teniendo él,
nunca se le vencerá.
--El limon tiene tambien una piedrecita milagrosa, la cual suele
encontrarse en las grietas de la cáscara. El poseedor de la piedra
será amado y disputado por las mujeres.
La piedra del limón es redonda y pequeñita con una mancha negra en
medio, como el ojo de un pescadito. Así lo dicen, como si hubieran
visto alguna.
--Las habas tienen tambien su babató, el cual aleja al poseedor de
los peligros y enemigos, moviéndose cuando estamos cerca de alguna
contingencia.
--El que consiga el babató del tabtabá (especie de lama), adquirirá
la especial virtud de penetrar en los lugares más impenetrables,
v. g. un cuarto cerrado.
--El huevo de la garza hace invisible á su poseedor.
--El babató de la anguila hace que su poseedor no pueda ser sujeto
con ligaduras, pues se evade siempre que quiera.