Los ilocanos temen mucho á una ave fabulosa, invisible llamada kumao,
que según el vulgo, roba cosas y personas.
--El ilocano detiene sus pasos, cuando encuentra una culebra ó
estornuda, como los tinguianes.
--Dicen los ilocanos que el canto de la lagartija anuncia la llegada
de alguna visita, y los ahullidos de los perros, la presencia de
un espectro.
--El raton dá ó cambia los dientes, de modo que cuando les cae alguno,
lo arrojan al tejado del escusado, suplicando al raton lo cambie, y
cuidando de no reir, cuando miran al monte Gosing (mellado) de Ilocos
Súr, so pena, dicen, de que no crecerá el diente caido. ¿Podemos,
pues, opinar que el raton fué el anito de los dientes?
--La lechuza, según el vulgo ilocano, anuncia alguna muerte, como el
pájaro salaksak y la mariposa negra; pero esta preocupación parece
la han introducido los españoles.
--Si mal no recuerdo, en la vía fluvial de Ilocos Súr al Abra, hay
algunas piedras tradicionales, en cuyo obsequio tiran los viajeros,
morisqueta.
Pasando las aguas de Zambales en mayo de 1880 á bordo del vapor
Rómulus en dirección á Manila, á indicación de mis paisanos, nos
arrodillamos juntos para rezar delante de un peñasco en forma de
horno, y me dijeron que si no cumpliamos con aquella obligación,
habíamos de enfermar continuamente en Manila. En vista de todo esto,
debe ser cierto, que los ilocanos adoraron en promontorios y peñascos.
Tanbién veneraron á ciertos árboles, entre ellos el Bagao, según
los PP. Buzeta y Bravo. Hasta ahora temen al árbol llamado tigbeg,
pero si respetan este árbol, no es porque de suyo es sagrado, sino
porque so cree morada del consabido mangmangkik.