Los ilocanos temen al Pugót que toma diversas formas; unas veces
la de un gato con ojos de fuego, que creciendo, se metamorfosea en
perro siniestro y aumentando más y más su bulto, se transforma en
un gigante negro de horripilantes dimensiones. Figúrese el lector
que sentado en el alfeizar de la ventana de una casa de 18 metros
de altura, sus piés tocan en el suelo y dice el vulgo que el Pugót
gasta cigarros de grandísimo tamaño.
Los naturales de Vigan aseguran que allá por los años 1865 á 67 cayó
una lluvia de piedra sobre una casa durante algunas noches y como se
atribuyera á incógnitos pillastres, se rodeó la casa y sus alrededores
de agentes de policía, cuya presencia no impidió la continuación
de la tirada de piedras y lo más curioso era que, según se dice,
no dañaban las piedras á quien tocaban, á pesar de que al parecer
eran tiradas con fuerza.
Según la versión ilocana, el Pugót (algunos españoles lo llaman
cafre) se alberga en las habitaciones desocupadas, en las casas en
construcción ó en las ruinas de un antiguo edificio. Por esto opino
que el Pugót es uno de los anitos caseros de la antigüedad.