Según se dice, es una criatura como de un año de edad; anda
automáticamente con piés puestos al revés, tiene una cabellera
extraordinariamente larga y vive invisiblemente en ciertas malezas;
rarísimas veces aparece, haciéndolo solo á sus amigos, pretendidas ó
novias. Hay muchos kaibaanes, son de dos sexos y procrean juntándose,
ó bien un kaibaan y una mujer humana.
Y cuando los kaibaanes se enamoran de una mujer, se aparecen á ella,
en forma de hombre con boca abierta, mostrando sus dientes, que
despiden una luz intensa que deslumbra á la mujer pretendida. Dá el
kaibaan serenatas con su guitarrita á su amada. Si la mujer humana
acepta el amor ofrecido, el kaibaan la regalará un capote de los
que tienen la especialidad de hacer invisibles á los kaibaanes y á
cuantos se vistan con él. La novia del kaibaan vendría pues á ser
invisible como su amante; participaría de su poder y no le faltará
el pan cuotidiano, porque valiéndose de su invisibilidad, irá á
hurtarlo. El kaibaan muere, y en ese caso irá la viuda (humana)
á llorar al lugar mortuorio, llevando un tabo [13] lleno de sal en
señal de luto. El dolor de la viuda, por lo regular, es premiado por
los kaibaanes sobrevivientes y parientes del difunto, entregándole
los bienes que hubiera dejado el finado.
El kaibaan posee un tabo llamado kiraod, que tiene la virtud de
producir arroz, siempre que se introduzca en una tinaja, aunque ésta
se halle vacía; y además una olla, que, sin embargo de su estremada
pequeñez, contiene de un modo misterioso cuatro chupas de arroz.
Cuando el kaibaan desea ganarse la amistad de algun hombre, le
agasaja con una serenata, permaneciendo invisible, y una vez ganada
la voluntad del amigo, le regala tinajas de oro, plata, esquisitos
manjares, el maravilloso tabo, el capote mágico y otros objetos
valiosos. El kaibaan á pesar de ser rico, tiene mucho gusto en hurtar
y encarga á sus amigos (hombres) que si desaparece algun objeto suyo,
no lo busquen; y si no cumplen este encargo, el kaibaan les arroja
un puñado de ciertos polvos, que les produce asquerosas enfermedades
de la piel, que son rebeldes á todo tratamiento. Los ilocanos tienen
miedo á los kaibaanes y siempre que derramen algun líquido caliente
en cualquier sitio, dicen ¡alejaos! antes de efectuarlo. La persona,
que les haga algun daño ó proporcione disgustos, padecerá tambien de
enfermedades cutáneas. Estas enfermedades se atribuyen casi siempre
á los kaibaanes, y abundan muchos crédulos, que van á las malezas á
decir: pakaoanennak kadi, Apo (perdóname, señor,) y creen que con
esta satisfacción, se obtiene el perdon del ofendido kaibaan, que
hará desaparecer los efectos de su venganza.