Los katatao-an [6]. Son unos... no sé qué diré, si no anitos. Al
igual de los mangmangkík, ni son demonios ni fantasmas ó espectros;
son según la fábula ilocana, séres visibles unas veces, y otras nó;
suelen tomar las formas humanas ú otras de gigantescas proporciones
y tienen una barañgay (barca), en la cual viajan por el aire como
en globos aerostáticos, solo de noche. Cual piratas, cogen á los
que encuentren en parage despoblado así como los cadáveres humanos:
por cuyo motivo los ilocanos se desvelan guardando los cadáveres de
sus muertos, antes de enterrarse.
En Ilocos Norte no se conoce al katatao-an. En cambio tienen á
los llamados sangkabagí [7] que son análogos al primero y creo que
katatao-an y sangkabagí, indican un mismo anito, lo cual no será
extraño porque en Ilocos Norte hay palabras que no se entienden en
Ilocos Súr, como salaysay, kain, buyubuy etc. Hay en Ilocos Norte
curanderos que pretenden ser amigos de los sangkabagí y dicen que
por ningún valor se ganan el aprecio de los espresados anitos. Estos
se aparecen á media noche y sus escogidos en las ventanas ó en los
agujeros, desde donde les despiertan con voz apenas perceptible y les
hacen embarcarse en una barañgay ó nave aerostática, parecida á la
de los katatao-an, en la cual viajan por el espacio á la una de la
madrugada, dando en media hora la vuelta al rededor del mundo. El
vulgo ilocano dice que los sangkabagí se aparecen á muchos; pero
algunos hombres no aceptan su amistad, porque estos anitos prohiben
á sus amigos usar rosarios, oir misa, persignarse y cumplir con sus
obligaciones religiosas de cristiano, confesando los sangkabagí que no
pueden acercarse á sus amigos, si estos practican actos piadosos. [8]
Los sangkabagí se vengan de los que desdeñan su amistad, arrastrándoles
por el suelo, cuando están dormidos ó llevándoles á otros lugares
ó sacándoles el hígado, para llenar el hueco con yerbas. Y cuéntase
que los sangkabagí tienen una vista tan perspicaz, que pueden ver las
entrañas de los hombres vivos, al través de la piel. Y otras veces
hacen que el anay (ternes monoceros) ó el gorgojo destruyan las ropas,
el palay, el maiz y semillas de la persona que les haya causado
algún disgusto. En cambio, entregan á sus amigos más estimados,
un libro (llamado) de la compañía [9] y este libro les conducirá
con inconcebible prontitud á donde quieran aunque sea á lugares muy
lejanos, con solo señalar el sitio á donde deseen trasladarse. Se
cuenta que un viejo natural de Sarrat (Ilocos Norte) iba de su pueblo á
Laoag (cosa de una legua de distancia) á hacer compras y á los cuatro
minutos volvía con los objetos comprados. Y esto lo hacía todos los
días por la mañana, mediodía y noche. Los sangkabagí--dice además
el vulgo--enseñan á sus amigos á hacer relojes y les entregan raices
para curar en un momento cualquier enfermedad, con solo acercar esas
raices maravillosas á los pacientes.
El sangkabagí, como el mangmangkík, mora invisiblemente en los
árboles. Por eso, los curanderos, que dicen ser amigos de los
sangkabagí, cuando son llamados para curar á algun enfermo, llevan
una orquesta al pie del árbol, que se cree morada de los sangkabagí
y allí ofrecen una mesa [10] adornada con banderas, y repleta de
platos sin sal [11] (ésta no gusta á los anitos). Algo alejados
de la mesa, bailan hasta la puesta del sol. Prohiben acercarse á
la mesa, porque no agrada esto á los anitos obsequiados, sin que
nadie lo vea--dicen los charlatanes--los manjares y el basi, (vino)
desaparecen como por encanto, de los platos y copas. Probablemente
los mismos curanderos (pillastres) roban las viandas y el basi,
porque no se permite acercarse á las mesas, cuando comen los anitos,
es decir, los falsos amigos de los sangkabagí, Después de esta fiesta
dedicada á los sangkabagí, el curandero va á la casa del enfermo,
y cerca de la cama coloca dos ó cuatro asientos para los anitos y
prohibe sentarse en dichas sillas, puesto que están ocupadas por los
sangkabagí. Hechas estas ceremonias el curandero, al igual de las
antiguas pitonisas filipinas llamadas katalonan ó babailan, predice
si es curable ó no la enfermedad, señalando el mes y el día de la
completa curación ó la muerte del doliente.
Los palurdos de Ilocos Norte esparcen un poco de morisqueta y sal,
antes de sentarse á la mesa, diciendo: ¡vamos á comer! y creen que así
se evita que los sangkabagí les arrebaten la comida. Cuando trasnochan
en los bosques, valles, montañas ú otros lugares fuera de la casa,
fijan cruces en la cabecera de la cama, [12] en los costados y en el
lugar de los piés; con esta precaución--dicen--no pueden acercarse
los sangkabagí.
Y cuando improvisan una choza donde pasar la noche, fijan en la
puerta una cruz para el mismo objeto. En Ilocos tambien hay la
creencia de que cuando los gallos se asustan y chillan por la noche,
los consabidos anitos sangkabagí están robándolos y es fatal ir al
gallinero para averiguar la causa del susto. Cuentan los indígenas de
Ilocos Norte que uno que intentó ir a ver si había algún escamoteador,
murió repentinamente, apenas so movió de su sitio.