Hay gran diferencia entre el proscenio y la pista. Arte de proscenio
es arte de proyecciones, de enfoques, de bambalinas. Arte de dos
dimensiones. En el arte de proscenio, unas tiras de papel pintado
pueden dar al ingenuo la emoción de un bosque. El escenario puede
fiarlo todo a un plano.
Arte de pista es arte de irradiación, de limpieza y desnudez, de
músculos auténticos. Arte de tres dimensiones, de innumerables
perfiles. La luz, que en el proscenio podría ser para algún ser
raquítico túnica encantada, en la pista es un verdugo que lo desnuda
todo, implacablemente. En el ruedo, el arte se sumerge en un baño de
claridad y de sinceridad.
Por eso, en la pista, el arte ha de ser más reflexivo, más a prueba de
todas las flechas críticas. Allí el torbellino creador ha de ofrecerse
más cribado, y las gentiles acrobacias deben de gozar de ritmo más puro.