Se ha proclamado la buena salud en todo. También el arte debe de
gozarla, aunque sin apelar mucho al deporte. Ni hambre ni sed:
Serenidad perfecta y pulsación normal. Con las recetas nuevas podemos
ya cocinar en el arte sin quemarnos los dedos, si sabemos dar el punto
de calor. Hay quien, por huir de la fiebre, nos sirve un témpano. Y
serenidad no es congelación. La nieve solo podría ser serena teniendo
dentro una brasa. Pero el arte seguirá teniendo un poco de fiebre,
aunque pudorosamente escondida. Fallarán a veces las recetas. Sí, el
arte seguirá teniendo siempre calentura.
Queda un camino: Abrir las ventanas al viento y al sol. Si nuestra obra
no se salva de la fiebre, se salvará al menos del moho —que tantos
confunden con la pátina—. Del moho y de la mueca trágica. A pleno sol,
baño y sonrisa. Limpieza y alegría pueden no ser serenidad, salud
perfecta; pero ya pueden ser arte, y arte nuevo.